Capitulo 10: Una unión y despedida
Eliza
despertó al sentir que alguien le acariciaba el rostro. Conocía muy bien ese toque,
así que nada más sentirlo intento levantarse e irse, pero él la agarro
firmemente.
No te
vayas, te lo suplico
Le dijo Isaac
casi como una orden, pero más como un rugo. Eliza se dio vuelta y le preguntó.
¿Entonces
por qué lo vas hacer tú?
Isaac la
acerco hacia él, pero Eliza lo empujó.
¿Para qué
te quieres ir?, ¿por qué?
Le
gritaba. Isaac la tomo de los hombros con firmeza y le dijo mirándole a los
ojos con profundo amor.
Yo jamás
te dejaría. Te amo, ¿es que no lo entiendes?
Eliza
lloraba y no sabía cómo parar.
Me vas a
dejar sola, siempre me dejan sola.
Dijo
ella. Isaac no soporto verla llorar, era un sufrimiento desgarrador que le
recorría todo el cuerpo y lo sacudía haciendo que le temblara el cuerpo y que
una sensación de soledad le punzara.
Voy por
nosotros, no me creas egoísta. Quiero que vivamos todos felices, no quiero
sufrimiento para nadir ni menos para ti la persona a la cual amo, admiro y
deseo con todo mi ser. Quiero que seas feliz, que sonrías durante toda la vida
y que ninguna lagrima salga de esos ojos si no es por felicidad. Pero eso nunca
se lograra con esta guerra.
Le dijo
poniendo su rostro cerca del de ella. Eliza sentía su tibio aliento que le
rozaba la cara y sus cabellos haciéndole cosquillas en la frente. La rabia fue
desapareciendo y su frágil corazón se lleno de amor hacia aquel joven que tanto
quería.
Quieres
ver a tu hermana.
Le dije
ella, no como acusación sino comprensivamente y con cariño. Isaac asintió
sorprendido, pero aliviado al ver el tono de la joven ya no estaba cargado de
furia. Todo lo que había dicho antes sin embargo era la pura verdad que al ver
que ella se iba lo empujo a seguirla. El la seguiría a todas partes, con tal de
solo sentir sus labios, su tacto y oír su voz. Ella era su vida.
Tú eres
mi todo, lo que me hace ser yo, mi vida entera, lo que me saco de la oscuridad
en que estaba. Pero aunque nunca jamás en mi vida había sido tan feliz,
necesito verlas, abrazarlas para que mi familia, incluyéndote, este completa.
Se
explico con lagrimas en los ojos y poniendo dulzura en cada palabra. Eliza le sonrió
con los ojos llorosos, aunque la pena y el amor hacían que su pecho le doliera solo deseaba
sentir lo primero por una persona, nada
más. Se reprocho lo egoísta que fue y lo cruel también. Para ella el que Isaac
fuera totalmente dichoso era un deseo muy potente y sin embargo cuando llega la
oportunidad ella solo piensa en sí misma y no en el corazón de aquel ser que es
indispensable para ella. El dolor de que también David se fuera había
incrementado más su pena e ira. Acaricio a Isaac y le dijo.
Estoy
contigo, no importa que pase. Siempre serás el único para mí, mi corazón va
estar contigo toda la vida.
Le dijo
con pasión y profundo deseo. Isaac la miro hechizado y totalmente perdidamente
enamorado.
Con tal
de que seas feliz, te seguiría a cualquier parte y siempre te tendré de la
mano.
Le dijo
ella sintiendo como un calor abrazador la rodeaba y le hacía hervir la sangre.
Su corazón palpitaba rápidamente. Se fue acercando a él tocándole la nariz.
Pero quédate
esta noche, no te apartes de mí.
Le
susurro al oído con suplica y ternura. Isaac le tomo el rostro y le seco las lágrimas.
Su corazón estaba inflado del amor tan inmenso que latía enérgicamente dentro de
él. Ese ángel tan celestial y divino le ofrecía su corazón y el no dudo en
responderle.
Jamás en
la vida.
Eliza le sonrió
y lentamente se acercaron y se besaron, abrazándose con fuerza como creyendo
que se desvanecerían en el aire. El beso se volvió más intenso, hambriento y
apasionado y su fuego interior los quemaba al igual como los unía. Isaac le
beso el cuello mientras le desabrochaba el camisón y Eliza la camisa. Isaac la
tomo en brazos y la acostó en un colchón que se encontraba al lado de la
ventana. La pasión y su deseo de ambos los tenía atrapados, pero jamás se había
sentido tan placentero y dichoso de estar atrapado como en eso momento. Se
separaron levemente e Isaac le dijo.
Te amo
Eliza
sentía que iba a llorar, ya que esa noche sería la última vez con hasta que sus
almas se encontraran otra vez. El amor la llenaba, le daba fuerzas y se sentía
capaz de lograrlo todo.
Con todo
mi corazón
Le
respondía ella con total cariño y dulzura. Se unieron nuevamente en aquellos
besos tan tentadores y de ensueño entregándose el uno al otro, en cuerpo y alma.
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