sábado, 24 de diciembre de 2016

Capitulo 10: Una unión y despedida

Eliza despertó al sentir que alguien le acariciaba el rostro. Conocía muy bien ese toque, así que nada más sentirlo intento levantarse e irse, pero él la agarro firmemente.

No te vayas, te lo suplico

Le dijo Isaac casi como una orden, pero más como un rugo. Eliza se dio vuelta y le preguntó.

¿Entonces por qué lo vas hacer tú?

Isaac la acerco hacia él, pero Eliza lo empujó.

¿Para qué te quieres ir?, ¿por qué?

Le gritaba. Isaac la tomo de los hombros con firmeza y le dijo mirándole a los ojos con profundo amor.

Yo jamás te dejaría. Te amo, ¿es que no lo entiendes?

Eliza lloraba y no sabía cómo parar.

Me vas a dejar sola, siempre me dejan sola.

Dijo ella. Isaac no soporto verla llorar, era un sufrimiento desgarrador que le recorría todo el cuerpo y lo sacudía haciendo que le temblara el cuerpo y que una sensación de soledad le punzara.

Voy por nosotros, no me creas egoísta. Quiero que vivamos todos felices, no quiero sufrimiento para nadir ni menos para ti la persona a la cual amo, admiro y deseo con todo mi ser. Quiero que seas feliz, que sonrías durante toda la vida y que ninguna lagrima salga de esos ojos si no es por felicidad. Pero eso nunca se lograra con esta guerra.
Le dijo poniendo su rostro cerca del de ella. Eliza sentía su tibio aliento que le rozaba la cara y sus cabellos haciéndole cosquillas en la frente. La rabia fue desapareciendo y su frágil corazón se lleno de amor hacia aquel joven que tanto quería.

Quieres ver a tu hermana.

Le dije ella, no como acusación sino comprensivamente y con cariño. Isaac asintió sorprendido, pero aliviado al ver el tono de la joven ya no estaba cargado de furia. Todo lo que había dicho antes sin embargo era la pura verdad que al ver que ella se iba lo empujo a seguirla. El la seguiría a todas partes, con tal de solo sentir sus labios, su tacto y oír su voz. Ella era su vida.

Tú eres mi todo, lo que me hace ser yo, mi vida entera, lo que me saco de la oscuridad en que estaba. Pero aunque nunca jamás en mi vida había sido tan feliz, necesito verlas, abrazarlas para que mi familia, incluyéndote, este completa.

Se explico con lagrimas en los ojos y poniendo dulzura en cada palabra. Eliza le sonrió con los ojos llorosos, aunque la pena y el amor hacían  que su pecho le doliera solo deseaba sentir  lo primero por una persona, nada más. Se reprocho lo egoísta que fue y lo cruel también. Para ella el que Isaac fuera totalmente dichoso era un deseo muy potente y sin embargo cuando llega la oportunidad ella solo piensa en sí misma y no en el corazón de aquel ser que es indispensable para ella. El dolor de que también David se fuera había incrementado más su pena e ira. Acaricio a Isaac y le dijo.

Estoy contigo, no importa que pase. Siempre serás el único para mí, mi corazón va estar contigo toda la vida.
Le dijo con pasión y profundo deseo. Isaac la miro hechizado y totalmente perdidamente enamorado.

Con tal de que seas feliz, te seguiría a cualquier parte y siempre te tendré de la mano.
Le dijo ella sintiendo como un calor abrazador la rodeaba y le hacía hervir la sangre. Su corazón palpitaba rápidamente. Se fue acercando a él tocándole la nariz.

Pero quédate esta noche, no te apartes de mí.

Le susurro al oído con suplica y ternura. Isaac le tomo el rostro y le seco las lágrimas. Su corazón estaba inflado del amor tan inmenso que latía enérgicamente dentro de él. Ese ángel tan celestial y divino le ofrecía su corazón y el no dudo en responderle.
Jamás en la vida.

Eliza le sonrió y lentamente se acercaron y se besaron, abrazándose con fuerza como creyendo que se desvanecerían en el aire. El beso se volvió más intenso, hambriento y apasionado y su fuego interior los quemaba al igual como los unía. Isaac le beso el cuello mientras le desabrochaba el camisón y Eliza la camisa. Isaac la tomo en brazos y la acostó en un colchón que se encontraba al lado de la ventana. La pasión y su deseo de ambos los tenía atrapados, pero jamás se había sentido tan placentero y dichoso de estar atrapado como en eso momento. Se separaron levemente e Isaac le dijo.

Te amo

Eliza sentía que iba a llorar, ya que esa noche sería la última vez con hasta que sus almas se encontraran otra vez. El amor la llenaba, le daba fuerzas y se sentía capaz de lograrlo todo.

Con todo mi corazón


Le respondía ella con total cariño y dulzura. Se unieron nuevamente en aquellos besos tan tentadores y de ensueño entregándose el uno al otro, en cuerpo y alma. 

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