Capitulo 3
En la mesa reinaba un silencia total, como si una mano
con garras sedientas de quitar la habilidad de expresar o de mostrar al menos
la cortesía, modales que según las personas de quienes estoy hablando Constance
carecía, amabilidad, cariño, apoyo he incondicionalidad que los padres deben
demostrar cada día frente a sus hijos, tuviera un total y sin ninguna dudo una
éxito total. Con este retrato que se
muestra de la familia se puede ver la razón de las lágrimas y la desolación que
no solo afectaba a Constance sino también a
Evangeline y su hermano. Pero estos lo habían vivido desde que eran
pequeños cuando ya se formaron en un plan de tener mejores negocios, más lujos
y posibilidades de subir a un rango que no disminuiría lo poco agradables y
sinceros que eran consigo mismos y de lograr la victoria frente a los demás
competidores. Evangeline, aunque a pesar de que ese silencio también iba dirigido
a ella por no mostrase adecuadamente vestida como se exigía, no presto atención
y con toda tranquilidad e indiferencia se sentó junto con Constance que ahora
parecía lista para cualquier cosa que viniera, pero de todos modos agradecía
que su hermana estuviera a su lado para sujetarle cuando creyera creer rendida.
Una de las doncellas se acerco para servirle el té, pero Evangeline justo
cuando levantaba la tetera sin dejar de mirar a los padres de ella con ansiedad
y temblando levemente por la tensión que se hallaba en el aire, le tomo la mano
como si quisiera transmitirle la calma que ella tenía en su cuerpo y que
cuidaba que no se alterara por las miradas arrogantes y altivas de sus
progenitores. Con suavidad, pero a la vez con decisión tomó la tetera y dijo.
Francine, desde ayer en la hora del te dije que para mí
el ser una dama no involucra el dejar que te hagan todo, pues para algo tenemos
las manos que dios nos dio. No como otras personas piensan que sirven solo para
expresar desprecio y un ego que para los dueños de esta casa les recomiendo
bajarlo de nivel, pues no agradan ni a sus sirvientes, como ven y tampoco a los
de su propia sangre.
Miro a sus padres con una mirada desafiante y altiva con
unos ojos que expresaban un tanto de recelo y aguante de una sensación extraña
que surgía en su interior cada vez que enfrentaba a sus padres. Pero también
los miraba con regaño y un tanto avergonzada. Francine se quedo sin habla
frente a lo que dijo Evangeline y aunque al principio cuando miro a sus dos
amos insistió en servirle, pero esta vez fue Constance quien se la quito sin
ninguna explicación y se sirvió te. Miro a su hermana e ignorando las miradas
de estupefacción y de aguante de furia que ella conocía tan bien y que también
disfrutaba con deleite, de sus padres le sirvió te y después de tomar un sorbo de te dijo
triunfante y tranquila.
A pesar de los inconvenientes que hagan que este desayuno
no me sea muy ansiado cuando me levanto de la cama, el te sigue estando
exquisito. Te felicito Francine y no te preocupes por nosotras estamos
perfectamente bien. Y ve a sentarte tus piernas tiritan tanto que parece que te
piden a gritos que les des un descanso de estar parada tanto rato. Siéntate y
respira, que así podrás liberar toda la presión que te crean estas personas tan
mal educadas.
Francine se sonrojo y sonrió agradecida sin imaginarse
como sus sentimientos sean similares a los de Evangeline y cuanto diferían de
los demás miembros de la mesa. Evangeline se sentía orgullosa de su hermana y
también se aguantaba la risa ya que a pesar de que en su opinión estos hechos
hacían el desayuno una buena razón para levantarse en la mañana, sus padres
podían llegar a ser totalmente inaguantables
y no quería que el fastidio la inundara y la obligara a levantarse y buscar
un lugar para desayunar sin sentirse como un perro regañado. Solo sonrió y tomo
su te. El silencio duro un rato más, pero finalmente su padre hablo mostrando
claramente lo enojado que estaba aunque no sabía que a sus hijas les importaba
menos de lo que vivir con ellos significa.
He recibido una carta de Damián, al parecer la situación
ha empeorado y no me extraña pues ya se lo advertí y si no fuera su padre le
diría lo total confirmado tarado y el poco sentido que posee.
Evangeline miro con reprobación a su padre por su actitud
y con calma, pero no con menos sentimiento le dijo.
Pues en caso de aquello no dudo que Damián sería feliz,
pues de esa manera la dicha de vivir lo sucumbiría porque padre, y no temo
decirlo, ser tu hija no es precisamente algo de lo que se debe estar contento.
Constance por un momento sintió que su corazón se
aceleraba y que de repente una sensación punzante y que le hacía que la cabeza
le doliera. Era como si las palabras de su hermana hubiese traído una ráfaga de
verdades sin ninguna duda en demostrar la inmensidad de la verdad y por
desgracia la razón que tenía su contenido. A pesar de que compartía la opinión
de su hermana, no pudo evitar sorprenderse y sentir preocupación por lo que iba
a suceder, pues si lo que antes ya parecía estar al filo de la cuerda esto
podría desembocar en un tormentosa tormenta. El padre de Evangeline también se
quedo incrédulo y esta vez denotando la rabia golpeo la mesa y dijo.
Evangeline, de no ser porque sin mi hospedaje nadie te
querría ni si quiera tus más cercanos parientes te haría ver las consecuencias
de tus palabras echándote de casa.
Y no sabes cómo espero aquel momento
Dijo ella sintiendo un temor inexplicable por el tono de
su padre, pero también sabía que no
lograría que su voz temblara y no saliera a la luz.
Evangeline mide tus palabras. Por Dios parece como si un
cualquiera te hubiera educado, ¿Dónde están tus modeles?
Le regaño su madre y Constance llevada por el
resentimiento, sintiendo que la herida hecha en su corazón ardía fuerza y sin
ni siquiera mirarla dijo tomando su te.
Quizás los guardo en alguna parte porque considero que
eran innecesarios y extremadamente estúpidos.
¡Constance!, juro que si me vuelves hablar así…
Estaba diciendo su madre, pero Evangeline la interrumpió.
¿Qué vas hacer?, ¿golpearla?, ¿cómo has hecho con todos los que te
demuestran una verdad que duele? Si la gente viera la realidad, el tipo de
madre que eres no tendría dudas en afirmar al igual que yo cuanto nos menosprecian
y el poco cariño que les guardan a sus hijos.
¡Suficiente!
Exclamo su padre ya sin poder aguantar más. Miro a su
hija con desprecio y esta le devolvió la mirada con creces.
Si tienes la educación que te dimos nosotros entonces
quédate en la mesa y deja de hablar cosas que espero Dios no te castigue por
dejar que salieran de tu boca, a la hora de tu muerte.
Le dijo su padre sintiéndose dominador. Tomo un pedazo de
tarta de su fruta listo para celebrar deleitando su lengua con el triunfo que
había logrado a través de los dulces. Al levantar la mirada vio que el puesto
de Evangeline estaba vacío. Esta se dirigía con paso firme a la salida y
después fue seguida por su hermana. Antes de abrir la puerta escucho a su padre
irritado y sin entender gritar.
¿¡Y ahora dónde vas!?
Evangeline le miro con unos ojos voraces y fríos que
dejaron pasmada y levemente con la cabeza gacha a su padre, como si fuera un
látigo potente que por primera vez golpea al que con el abuso a inocentes que
en su opinión no merecían perdón.
Tu dijiste que me quedara si tenía la educación que me
habían dado, pero ya que y lastima por ti no es la situación ya que no me han
dado ninguna educación y no deseo poseerla nunca. Me marcho para vestirme y
darme aires por aquí me siento ahogada con tanto falsedad y mentira. Que tengan
muy buen día, “queridos padres”.
Dijo ella con el semblante serio y relajado y con una osada sensación de felicidad y
victoria que la hacía regodearse como un niño al conseguir lo que quería.
Evangeline estaba parada detrás de Constance mientras le
arreglaba el cabello. Estaban con los vestidos medio abrochados y con el corsé
medio abierto. No se lo habían anudado siquiera como a ellas les gustaba ya que
antes de perder la imagen de una dama elegante, que siempre estaban obligadas a
dar, preferían al menos respirar como un ser humano. Evengeline y Constance no
eran el tipo de jóvenes que en aquella época se acostumbraba, a quienes les
gustaba pasar horas vistiéndose con los más finos vestidos y haciéndose
arreglos en el cabello que después no tenían idea de cómo desenredarlos.
Generalmente, ellas se vestían de la forma más simple y cómoda posible y ponían
cuidado en algunos detalles, a pesar del fastidio que les representaba. Sin
embargo, ahora, después de lo sucedido en el desayuno, cada una estaba enfrascada
en sus pensamientos de tal manera que Evangeline ni siquiera se daba cuenta de
lo que le estaba haciendo al cabello de su hermana.
Las imágenes de la persona que con tanta facilidad había
destruido unos sueños que el mismo creó se le aparecían constantemente. Algunas
felices, que ahora a Evangeline le traían tristeza, pues nunca más las volvería
a vivir. Igualmente algunas tristes, ya que muchas veces recién ahora
Evangeline se daba cuenta de estas cosas: cuando la trataba como si fuera un
objeto de diversión, cuando ella lo miraba con ojos llenos de ilusión y
admiración y él le devolvía una mirada superficial como burlándose de ella. Al
igual que otros hombres, la trató como una de las cosas de la vida que a los
hombres les parece tienen derecho de manejar a su manera. El empezar o terminar
un sentimiento que para las mujeres no nos es para nada fácil de olvidar.
La rabia y el reproche la invadieron al recordar lo
ingenua que había sido. No quería aceptar que había caído en la trampa de
alguien que parecía sincero, pero que, en verdad, decía puras mentiras.
¿Estás pensando en él, verdad?
Le pregunto de pronto Constance a Evangeline. Esta cerró los ojos y sacudió la cabeza para
despejarse de aquellos pensamientos que le ahogaban el pecho y, aún con la cabeza
mareada, le respondió
¿Qué decías?
Constance se dio vuelta y la miró con los ojos
entrecerrados
Sabes que cuando estás así de pensativa y en las nubes es
porque piensas en él. No tengo ningún problema con eso, pero el hacer que mi
cabello quede demasiado alto no te va a llevar a él, ¿o sí?
Evangeline no entendió, pero luego vio el cabello de su
hermana y se sonrojó más de lo que ya estaba. El cabello era un desastre.
Varios mechones de pelo estaban despeinados y caían desordenados sobre su
espalda y las trenzas que le estaba haciendo parecían llegar al techo.
No está mal, pero prefiero el peinado de todos los días,
si no te molesta
Bromeó Constance,
divertida ante la expresión de su hermana.
Creo que si hubiera seguido así de seguro hubiera hecho
una escalera para llegar al cielo
Dijo Evangeline.
Ambas se rieron mientras Constance se desenredaba el cabello.
Hoy sí que es nuestro día. Estamos pensando en la
inmortalidad del cangrejo. Claro que en tu caso piensas en ella y a la vez en
otra persona que cada vez que se menciona tu nombre tus ojos parecen dejarse
llevar por un ensueño.
Dijo Constance en
tono de broma, contrario al sonrojo que esperaba lograr. Evangeline mudó de
color y en su cara se dibujó una expresión seria y cargada de nostalgia. Constance
no sabía que había dicho para provocar eso. Hasta ayer esas bromas habían hecho
que su hermana estuviera llena de alegría y ¡ahora este cambio rotundo!
Pero, ¿qué te pasa? Dios mío, ¿porqué tengo esta boca?
Por primera vez le encuentro razón a nuestra madre. No te entiendo, ¿pasa
algo?, dímelo por favor,
Le dijo acercándose a Evangeline que ya no pudo aguantar
el llanto. Constance estaba consternada al ver a su hermana así. Siempre la
veía como una figura fuerte que jamás parecía tener miedo a nada y a nadie. El
verla destrozada y cargada de un dolor que a ella le era conocido, pero por
alguna razón era diferente al que muchas veces le había acarreado a ella a los
sueños más perturbadores y desoladores. El dolor de su hermana se parecía algo
al suyo, como si fueran dos pares de cartas, pero con diferencias que pueden
hacer ver realmente el trasfondo que a veces se quiere ocultar. Sintió que una
sensación de culpabilidad empezaba a surgir dentro de su corazón, junto con la
inquietud de haber provocado aquel llanto en su hermana, que de todos modos
rogaba por salir. Sentó a su hermana en la cama y la miró comprensivamente y
con extrañeza. Solo entonces comprendió la razón de su llanto silencioso, cuyas
lágrimas no dejaban ninguna duda acerca de su causa.
Evangeline, ¿qué te hizo? No te lo guardes, dímelo por
favor, apremiaba Constance con delicadeza, pero con un fuego abrazador en su
interior que la impulsaba a soltar maldiciones y malas vibras a quien había
sido el causante de la desdicha de su hermana. Evangeline no sabía si decirlo o
no. Había decidido guardarse el dolor y el sufrimiento para ella sola, por vergüenza y porque él solo decirlo le
causaba la sensación de que era la realidad. Pero también deseaba con
vehemencia contarle a alguien lo que sentía y quien menos podría serlo que su
hermana, con la cual sentía un fuerte lazo. Parecía que la parte que quería
decirlo competía con el nudo en la garganta y las constantes lágrimas que
empañaban sus ojos.
Soy una tonta y de lo peor, dijo finalmente con la voz
quebrada.
Constance se acercó más a su hermana y le levantó
suavemente el rostro diciéndole dímelo. Evangeline la miraba como si su hermana
hubiera nacido de nuevo, como si fuera otra persona enfrente de ella. Bajó la
mirada y dijo entrecortadamente
No es lo que pensé lo que creí que era ya ahora pago por
querer enamorarme de una persona que nuca existió.
Lloro sintiendo como al decir esas palabras, su corazón
se hacía trizas haciendo que todos los esfuerzos de Evangeline de tenerlo al
menos disimuladamente arreglado y que no fuera visible la herida, no sirviera
para nada. Constance estaba incrédula, con una pena y que se incrementaba al
ver a su hermana sufrir de esa manera y también una gran ira contra Vincent, el
causante de todo. Abrazó a su hermana y le susurro.
Tú eres alguien única y especial. Sensible, inteligente,
aguda con tus opiniones, con la mente abierta y tan valiente que yo a tu lado
parezco menos que nada. Si él no vio lo que hay en tu interior, una atracción
en tus ojos que solo el más grande de los poetas podría describir ya que no son
normales como los demás sino profundos y exóticos como la que los posee, es
porque no te merece. No es digno de ti y nunca lo será porque su corazón no es
apasionado con el tuyo y sus sueños no son tan altos, por lo cual siempre vera
todo negro sin esperanza alguna. Tú necesitas a alguien que te quiera a pesar
de todo. Necesitas encontrar a tu alma gemela el verdadero amor de tu vida que
nunca te dejara sola pues te ama pase lo que pase. Ahora todo lo ves muy negro
y te entiendo porque no se puede obligar a una persona a olvidar al que toco tu
corazón por primera vez, aunque este no sea merecedor de tu cariño. Veras muy
pronto que una luz que parpadea al principio, pero que luego se hará más
potente como un faro apuntando en la oscuridad de la noche que rodea un mar
azul y profundo como tus penas ahora también lo son. Esta luz se aparecerá en
el camino y te llevara a tus sueños con la persona indicada que te hará sonreír
y no llorar. Con el vivirás vida segundo de tu vida. Confía en mí, a t nunca te
faltara el amor.
Evangeline no sabía que decir. Su mente divagaba entre
las palabras de su hermana y el sentimiento que en otros tiempos creía
compartir con otra persona con mutuo afect0 y cariño, y que ahora le oprimía el
corazón de una forma cruel y desarmada,
al igual que el dueño que causo esto. Evangeline sufría, pues por más de que se
trataba de convencer a si misma que no lo amaba, cada vez que alguien lo
mencionaba o recordaba cuando su hermano
lo describía en sus cartas el sentimiento se volvía más fuerte y la torturaba
de tal manera que deseaba no existir.
Constance no esperaba que hablara. Nunca había sentido
algo parecido a lo que Evangeline sentía por aquel hombre. Nunca le intereso
pues no quería encadenarse a un sentimiento que bien podía traerle felicidad,
también podía traerle desgracias que podían hundirla. Prefirió leer aquellos
sentimientos, ver como otras personas los vivían, ya que así no le afectaba de
una manera tan directa. Si alguna vez se enamorara, su amor sería burlado o no
correspondido ya que como tan diferente y especial era ella no esperaba se
comprendía por nadie (con excepción de su hermana y hermano). Deseaba, pero al
mismo tiempo se resistía a enamorarse ya que no quería sentirse desdichada y
tan enjaulada en un tristeza interminable que parecía que el que tía la llave
era el que la había encerrado ahí. Le bastaba con ver a su hermana ser feliz y
desear que nada malo le pasar. Pero ahora se sentía perdida pues sin darse cuenta
al ver a su hermana así deseaba deshacer su rabia gritándole y siendo cruel con
el culpable y llorar de reproche e incomprensión por sí misma. La razón de esto
es porque ahora su corazón deseaba aquel sentimiento más que nada, pero también
lo rechazaba y finalmente se convertía en una agonía que la agobiaba pues ni si
quiera su corazón le daba lo que necesitaba en aquél momento: tranquilidad.
Es irónico, considerando todo lo que te digo de soportar
las penas y llevar a cabo tus sueños y metas y yo aquí llorando como una
magdalena.
Le dijo Evangeline limpiándose las lágrimas sonriendo
débilmente y mirando a su hermana. Constance sonrió y le dijo de manera
divertida.
¿No has escuchado que las mujeres se ven hermosas cuando
lloran?
Evangeline rió y dijo
Creo que no porque típicamente ese es algo que dicen los
Don Juanes y yo ya no quiero nada con ellos.
Constance encumbro los hombros y dijo
Si, mejor búscate a un escritor. Va más con tu estilo.
¿Qué quieres decir con eso?
Le pregunto Evangeline extrañada
Hermana, cuando escribes parece que te trasladas a otro
mundo, pues acabas con tu tinta y la mía
Le dijo Constance de manera obvia y con fingido reproche.
Evangeline meneo la cabeza sonrojada y abrochándose su vestido dijo
Hay más tinta en casa
Constance la miro con broma y viendo como su hermana trataba
de abrocharse el vestido, le quito las manos de él y se lo abrocho ella.
Evangeline la miro sorprendida y Constance encumbro los hombros y dijo
Debo agradecerte el peinado al menos
No hay comentarios.:
Publicar un comentario