lunes, 26 de diciembre de 2016

Capitulo 3
En la mesa reinaba un silencia total, como si una mano con garras sedientas de quitar la habilidad de expresar o de mostrar al menos la cortesía, modales que según las personas de quienes estoy hablando Constance carecía, amabilidad, cariño, apoyo he incondicionalidad que los padres deben demostrar cada día frente a sus hijos, tuviera un total y sin ninguna dudo una éxito total.  Con este retrato que se muestra de la familia se puede ver la razón de las lágrimas y la desolación que no solo afectaba a Constance sino también a  Evangeline y su hermano. Pero estos lo habían vivido desde que eran pequeños cuando ya se formaron en un plan de tener mejores negocios, más lujos y posibilidades de subir a un rango que no disminuiría lo poco agradables y sinceros que eran consigo mismos y de lograr la victoria frente a los demás competidores. Evangeline, aunque a pesar de que ese silencio también iba dirigido a ella por no mostrase adecuadamente vestida como se exigía, no presto atención y con toda tranquilidad e indiferencia se sentó junto con Constance que ahora parecía lista para cualquier cosa que viniera, pero de todos modos agradecía que su hermana estuviera a su lado para sujetarle cuando creyera creer rendida. Una de las doncellas se acerco para servirle el té, pero Evangeline justo cuando levantaba la tetera sin dejar de mirar a los padres de ella con ansiedad y temblando levemente por la tensión que se hallaba en el aire, le tomo la mano como si quisiera transmitirle la calma que ella tenía en su cuerpo y que cuidaba que no se alterara por las miradas arrogantes y altivas de sus progenitores. Con suavidad, pero a la vez con decisión tomó la tetera y dijo.
Francine, desde ayer en la hora del te dije que para mí el ser una dama no involucra el dejar que te hagan todo, pues para algo tenemos las manos que dios nos dio. No como otras personas piensan que sirven solo para expresar desprecio y un ego que para los dueños de esta casa les recomiendo bajarlo de nivel, pues no agradan ni a sus sirvientes, como ven y tampoco a los de su propia sangre.
Miro a sus padres con una mirada desafiante y altiva con unos ojos que expresaban un tanto de recelo y aguante de una sensación extraña que surgía en su interior cada vez que enfrentaba a sus padres. Pero también los miraba con regaño y un tanto avergonzada. Francine se quedo sin habla frente a lo que dijo Evangeline y aunque al principio cuando miro a sus dos amos insistió en servirle, pero esta vez fue Constance quien se la quito sin ninguna explicación y se sirvió te. Miro a su hermana e ignorando las miradas de estupefacción y de aguante de furia que ella conocía tan bien y que también disfrutaba con deleite, de sus padres le sirvió te y  después de tomar un sorbo de te dijo triunfante y tranquila.
A pesar de los inconvenientes que hagan que este desayuno no me sea muy ansiado cuando me levanto de la cama, el te sigue estando exquisito. Te felicito Francine y no te preocupes por nosotras estamos perfectamente bien. Y ve a sentarte tus piernas tiritan tanto que parece que te piden a gritos que les des un descanso de estar parada tanto rato. Siéntate y respira, que así podrás liberar toda la presión que te crean estas personas tan mal educadas.
Francine se sonrojo y sonrió agradecida sin imaginarse como sus sentimientos sean similares a los de Evangeline y cuanto diferían de los demás miembros de la mesa. Evangeline se sentía orgullosa de su hermana y también se aguantaba la risa ya que a pesar de que en su opinión estos hechos hacían el desayuno una buena razón para levantarse en la mañana, sus padres podían llegar a ser totalmente inaguantables  y no quería que el fastidio la inundara y la obligara a levantarse y buscar un lugar para desayunar sin sentirse como un perro regañado. Solo sonrió y tomo su te. El silencio duro un rato más, pero finalmente su padre hablo mostrando claramente lo enojado que estaba aunque no sabía que a sus hijas les importaba menos de lo que vivir con ellos significa.
He recibido una carta de Damián, al parecer la situación ha empeorado y no me extraña pues ya se lo advertí y si no fuera su padre le diría lo total confirmado tarado y el poco sentido que posee.
Evangeline miro con reprobación a su padre por su actitud y con calma, pero no con menos sentimiento le dijo.
Pues en caso de aquello no dudo que Damián sería feliz, pues de esa manera la dicha de vivir lo sucumbiría porque padre, y no temo decirlo, ser tu hija no es precisamente algo de lo que se debe estar contento.
Constance por un momento sintió que su corazón se aceleraba y que de repente una sensación punzante y que le hacía que la cabeza le doliera. Era como si las palabras de su hermana hubiese traído una ráfaga de verdades sin ninguna duda en demostrar la inmensidad de la verdad y por desgracia la razón que tenía su contenido. A pesar de que compartía la opinión de su hermana, no pudo evitar sorprenderse y sentir preocupación por lo que iba a suceder, pues si lo que antes ya parecía estar al filo de la cuerda esto podría desembocar en un tormentosa tormenta. El padre de Evangeline también se quedo incrédulo y esta vez denotando la rabia golpeo la mesa y dijo.

Evangeline, de no ser porque sin mi hospedaje nadie te querría ni si quiera tus más cercanos parientes te haría ver las consecuencias de tus palabras echándote de casa.
Y no sabes cómo espero aquel momento
Dijo ella sintiendo un temor inexplicable por el tono de su padre, pero también sabía que no  lograría que su voz temblara y no saliera a la luz.
Evangeline mide tus palabras. Por Dios parece como si un cualquiera te hubiera educado, ¿Dónde están tus modeles?
Le regaño su madre y Constance llevada por el resentimiento, sintiendo que la herida hecha en su corazón ardía fuerza y sin ni siquiera mirarla dijo tomando su te.
Quizás los guardo en alguna parte porque considero que eran innecesarios y extremadamente estúpidos.
¡Constance!, juro que si me vuelves hablar así…
Estaba diciendo su madre, pero Evangeline la interrumpió.
¿Qué vas hacer?, ¿golpearla?,  ¿cómo has hecho con todos los que te demuestran una verdad que duele? Si la gente viera la realidad, el tipo de madre que eres no tendría dudas en afirmar al igual que yo cuanto nos menosprecian y el poco cariño que les guardan a sus hijos.
¡Suficiente!
Exclamo su padre ya sin poder aguantar más. Miro a su hija con desprecio y esta le devolvió la mirada con creces.
Si tienes la educación que te dimos nosotros entonces quédate en la mesa y deja de hablar cosas que espero Dios no te castigue por dejar que salieran de tu boca, a la hora de tu muerte.
Le dijo su padre sintiéndose dominador. Tomo un pedazo de tarta de su fruta listo para celebrar deleitando su lengua con el triunfo que había logrado a través de los dulces. Al levantar la mirada vio que el puesto de Evangeline estaba vacío. Esta se dirigía con paso firme a la salida y después fue seguida por su hermana. Antes de abrir la puerta escucho a su padre irritado y sin entender gritar.
¿¡Y ahora dónde vas!?
Evangeline le miro con unos ojos voraces y fríos que dejaron pasmada y levemente con la cabeza gacha a su padre, como si fuera un látigo potente que por primera vez golpea al que con el abuso a inocentes que en su opinión no merecían perdón.
Tu dijiste que me quedara si tenía la educación que me habían dado, pero ya que y lastima por ti no es la situación ya que no me han dado ninguna educación y no deseo poseerla nunca. Me marcho para vestirme y darme aires por aquí me siento ahogada con tanto falsedad y mentira. Que tengan muy buen día, “queridos padres”.
Dijo ella con el semblante serio y relajado  y con una osada sensación de felicidad y victoria que la hacía regodearse como un niño al conseguir lo que quería.
Evangeline estaba parada detrás de Constance mientras le arreglaba el cabello. Estaban con los vestidos medio abrochados y con el corsé medio abierto. No se lo habían anudado siquiera como a ellas les gustaba ya que antes de perder la imagen de una dama elegante, que siempre estaban obligadas a dar, preferían al menos respirar como un ser humano. Evengeline y Constance no eran el tipo de jóvenes que en aquella época se acostumbraba, a quienes les gustaba pasar horas vistiéndose con los más finos vestidos y haciéndose arreglos en el cabello que después no tenían idea de cómo desenredarlos. Generalmente, ellas se vestían de la forma más simple y cómoda posible y ponían cuidado en algunos detalles, a pesar del fastidio que les representaba. Sin embargo, ahora, después de lo sucedido en el desayuno, cada una estaba enfrascada en sus pensamientos de tal manera que Evangeline ni siquiera se daba cuenta de lo que le estaba haciendo al cabello de su hermana.
Las imágenes de la persona que con tanta facilidad había destruido unos sueños que el mismo creó se le aparecían constantemente. Algunas felices, que ahora a Evangeline le traían tristeza, pues nunca más las volvería a vivir. Igualmente algunas tristes, ya que muchas veces recién ahora Evangeline se daba cuenta de estas cosas: cuando la trataba como si fuera un objeto de diversión, cuando ella lo miraba con ojos llenos de ilusión y admiración y él le devolvía una mirada superficial como burlándose de ella. Al igual que otros hombres, la trató como una de las cosas de la vida que a los hombres les parece tienen derecho de manejar a su manera. El empezar o terminar un sentimiento que para las mujeres no nos es para nada fácil de olvidar.
La rabia y el reproche la invadieron al recordar lo ingenua que había sido. No quería aceptar que había caído en la trampa de alguien que parecía sincero, pero que, en verdad, decía puras mentiras.
¿Estás pensando en él, verdad?
Le pregunto de pronto Constance a Evangeline.  Esta cerró los ojos y sacudió la cabeza para despejarse de aquellos pensamientos que le ahogaban el pecho y, aún con la cabeza mareada, le respondió
¿Qué decías?
Constance se dio vuelta y la miró con los ojos entrecerrados
Sabes que cuando estás así de pensativa y en las nubes es porque piensas en él. No tengo ningún problema con eso, pero el hacer que mi cabello quede demasiado alto no te va a llevar a él, ¿o sí?
Evangeline no entendió, pero luego vio el cabello de su hermana y se sonrojó más de lo que ya estaba. El cabello era un desastre. Varios mechones de pelo estaban despeinados y caían desordenados sobre su espalda y las trenzas que le estaba haciendo parecían llegar al techo.
No está mal, pero prefiero el peinado de todos los días, si no te molesta
 Bromeó Constance, divertida ante la expresión de su hermana.
Creo que si hubiera seguido así de seguro hubiera hecho una escalera para llegar al cielo
 Dijo Evangeline. Ambas se rieron mientras Constance se desenredaba el cabello.
Hoy sí que es nuestro día. Estamos pensando en la inmortalidad del cangrejo. Claro que en tu caso piensas en ella y a la vez en otra persona que cada vez que se menciona tu nombre tus ojos parecen dejarse llevar por un ensueño.
 Dijo Constance en tono de broma, contrario al sonrojo que esperaba lograr. Evangeline mudó de color y en su cara se dibujó una expresión seria y cargada de nostalgia. Constance no sabía que había dicho para provocar eso. Hasta ayer esas bromas habían hecho que su hermana estuviera llena de alegría y ¡ahora este cambio rotundo!
Pero, ¿qué te pasa? Dios mío, ¿porqué tengo esta boca? Por primera vez le encuentro razón a nuestra madre. No te entiendo, ¿pasa algo?, dímelo por favor,
Le dijo acercándose a Evangeline que ya no pudo aguantar el llanto. Constance estaba consternada al ver a su hermana así. Siempre la veía como una figura fuerte que jamás parecía tener miedo a nada y a nadie. El verla destrozada y cargada de un dolor que a ella le era conocido, pero por alguna razón era diferente al que muchas veces le había acarreado a ella a los sueños más perturbadores y desoladores. El dolor de su hermana se parecía algo al suyo, como si fueran dos pares de cartas, pero con diferencias que pueden hacer ver realmente el trasfondo que a veces se quiere ocultar. Sintió que una sensación de culpabilidad empezaba a surgir dentro de su corazón, junto con la inquietud de haber provocado aquel llanto en su hermana, que de todos modos rogaba por salir. Sentó a su hermana en la cama y la miró comprensivamente y con extrañeza. Solo entonces comprendió la razón de su llanto silencioso, cuyas lágrimas no dejaban ninguna duda acerca de su causa.
Evangeline, ¿qué te hizo? No te lo guardes, dímelo por favor, apremiaba Constance con delicadeza, pero con un fuego abrazador en su interior que la impulsaba a soltar maldiciones y malas vibras a quien había sido el causante de la desdicha de su hermana. Evangeline no sabía si decirlo o no. Había decidido guardarse el dolor y el sufrimiento para ella sola,  por vergüenza y porque él solo decirlo le causaba la sensación de que era la realidad. Pero también deseaba con vehemencia contarle a alguien lo que sentía y quien menos podría serlo que su hermana, con la cual sentía un fuerte lazo. Parecía que la parte que quería decirlo competía con el nudo en la garganta y las constantes lágrimas que empañaban sus ojos.
Soy una tonta y de lo peor, dijo finalmente con la voz quebrada.
Constance se acercó más a su hermana y le levantó suavemente el rostro diciéndole dímelo. Evangeline la miraba como si su hermana hubiera nacido de nuevo, como si fuera otra persona enfrente de ella. Bajó la mirada y dijo entrecortadamente
No es lo que pensé lo que creí que era ya ahora pago por querer enamorarme de una persona que nuca existió.
Lloro sintiendo como al decir esas palabras, su corazón se hacía trizas haciendo que todos los esfuerzos de Evangeline de tenerlo al menos disimuladamente arreglado y que no fuera visible la herida, no sirviera para nada. Constance estaba incrédula, con una pena y que se incrementaba al ver a su hermana sufrir de esa manera y también una gran ira contra Vincent, el causante de todo. Abrazó a su hermana y le susurro.
Tú eres alguien única y especial. Sensible, inteligente, aguda con tus opiniones, con la mente abierta y tan valiente que yo a tu lado parezco menos que nada. Si él no vio lo que hay en tu interior, una atracción en tus ojos que solo el más grande de los poetas podría describir ya que no son normales como los demás sino profundos y exóticos como la que los posee, es porque no te merece. No es digno de ti y nunca lo será porque su corazón no es apasionado con el tuyo y sus sueños no son tan altos, por lo cual siempre vera todo negro sin esperanza alguna. Tú necesitas a alguien que te quiera a pesar de todo. Necesitas encontrar a tu alma gemela el verdadero amor de tu vida que nunca te dejara sola pues te ama pase lo que pase. Ahora todo lo ves muy negro y te entiendo porque no se puede obligar a una persona a olvidar al que toco tu corazón por primera vez, aunque este no sea merecedor de tu cariño. Veras muy pronto que una luz que parpadea al principio, pero que luego se hará más potente como un faro apuntando en la oscuridad de la noche que rodea un mar azul y profundo como tus penas ahora también lo son. Esta luz se aparecerá en el camino y te llevara a tus sueños con la persona indicada que te hará sonreír y no llorar. Con el vivirás vida segundo de tu vida. Confía en mí, a t nunca te faltara el amor.
Evangeline no sabía que decir. Su mente divagaba entre las palabras de su hermana y el sentimiento que en otros tiempos creía compartir con otra persona con mutuo afect0 y cariño, y que ahora le oprimía el corazón de una forma cruel  y desarmada, al igual que el dueño que causo esto. Evangeline sufría, pues por más de que se trataba de convencer a si misma que no lo amaba, cada vez que alguien lo mencionaba o  recordaba cuando su hermano lo describía en sus cartas el sentimiento se volvía más fuerte y la torturaba de tal manera que deseaba no existir.
Constance no esperaba que hablara. Nunca había sentido algo parecido a lo que Evangeline sentía por aquel hombre. Nunca le intereso pues no quería encadenarse a un sentimiento que bien podía traerle felicidad, también podía traerle desgracias que podían hundirla. Prefirió leer aquellos sentimientos, ver como otras personas los vivían, ya que así no le afectaba de una manera tan directa. Si alguna vez se enamorara, su amor sería burlado o no correspondido ya que como tan diferente y especial era ella no esperaba se comprendía por nadie (con excepción de su hermana y hermano). Deseaba, pero al mismo tiempo se resistía a enamorarse ya que no quería sentirse desdichada y tan enjaulada en un tristeza interminable que parecía que el que tía la llave era el que la había encerrado ahí. Le bastaba con ver a su hermana ser feliz y desear que nada malo le pasar. Pero ahora se sentía perdida pues sin darse cuenta al ver a su hermana así deseaba deshacer su rabia gritándole y siendo cruel con el culpable y llorar de reproche e incomprensión por sí misma. La razón de esto es porque ahora su corazón deseaba aquel sentimiento más que nada, pero también lo rechazaba y finalmente se convertía en una agonía que la agobiaba pues ni si quiera su corazón le daba lo que necesitaba en aquél momento: tranquilidad.

Es irónico, considerando todo lo que te digo de soportar las penas y llevar a cabo tus sueños y metas y yo aquí llorando como una magdalena.

Le dijo Evangeline limpiándose las lágrimas sonriendo débilmente y mirando a su hermana. Constance sonrió y le dijo de manera divertida.

¿No has escuchado que las mujeres se ven hermosas cuando lloran?

Evangeline rió y dijo

Creo que no porque típicamente ese es algo que dicen los Don Juanes y yo ya no quiero nada con ellos.

Constance encumbro los hombros y dijo

Si, mejor búscate a un escritor. Va más  con tu estilo.

¿Qué quieres decir  con eso?

Le pregunto Evangeline extrañada

Hermana, cuando escribes parece que te trasladas a otro mundo, pues acabas con tu tinta y la mía

Le dijo Constance de manera obvia y con fingido reproche. Evangeline meneo la cabeza sonrojada y abrochándose su vestido dijo

Hay más tinta en casa

Constance la miro con broma y viendo como su hermana trataba de abrocharse el vestido, le quito las manos de él y se lo abrocho ella. Evangeline la miro sorprendida y Constance encumbro los hombros y dijo

Debo agradecerte el peinado al menos

Ambas rieron y finalmente luego de peinarse nuevamente y recogido yodos los libros, mantas y gorros que necesitaban se fueron tomadas del brazo ambos ideándose ya el lugar en donde pasarían la tarde, alejadas del ajetreo para meterse de lleno en los diferentes autores que crean mundos  y imágenes distintas para cada quien que las vea y por lo cual gracias a ello Constance y Evangeline podían huir del mundo real y pensar y sentir con los personajes a través de los cuales los escritores demostraban sus ideas y aspiraciones, que desgraciadamente no podían comunicar abiertamente por la cadena que mantenía atada la libertad de expresión a tu vehemente corazón. 

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