Capitulo 9: Un giro nuevo en la vida inesperado
La alarma
y los ruidos fueron tan súbitos y bruscos que a Eliza, despertada por el pánico
y la misma sensación tan dolorosa y que la comía por dentro, le parecía que se
encontraba en un infierno y que la oscuridad lo hacía más aterrador.
¿David?
Preguntó
con mido. De repente escuchó que la puerta se abría de golpe. Eliza grito de
espanto, pero al escuchar la voz de su hermano se tranquilizo no sin antes
todavía sintiendo el corazón en la mano lleno de terror e impotencia. Pero la
oscuridad en que la habían puesto la situación, se esfumo. No estaba sola.
Ven,
Eliza.
Le dijo él
con un tono presuroso. A ella le alerto el tono de su hermano y antes de que
pudiera preguntar qué pasaba sintió como su hermano la tomaba en brazos y se la
llevaba.
¿David
que pasa?
Le
preguntó sin entender, pero con una sensación de peligro amenazante. No
necesito que su hermano respondiera porque escucho.
¡Intruso!
Eliza
sintió de repente como el mundo se detenía. El peligro amenazante se volvió
presente. Eliza podía sentir el miedo en las voces de la gente y como caían al
suelo de lo apresurados que estaban, como si los persiguiera el lobo. Eliza se
aferro a los brazos de su hermano que respiraba agitadamente. Un intruso
significaba el quiebre de todo, la entrada a un futuro sin salida, con tu
sentencia de muerte dictada por unas marionetas perdidas en la locura de su
dueño que desahogaba su odio contra los inocentes. Eliza pensó en Jules y
Tessa. No las sentía ni oía sus voces. ¿Qué les habría pasado? Se desespero
nuevamente al no poder nada, al verse impedida de su necesidad cuando más la
necesitaba.
¿David,
donde están Jules y Tessa?
Le
preguntó con la voz temblorosa.
Ellas ya están
en el consejo. Les avise antes.
Eliza
sintió un alivio, pero que no le duro mucho porque pensó en Isaac.
¿Has
visto a Isaac?
Le
preguntó con el corazón temblando y el frio recorriéndole. David no le
contesto. Eliza se sintió invadida por el pánico y se inquieto. Necesitaba
saber que Isaac estaba bien. Se sentía mareada ya que todo el ambiente le
recordaba a aquella fatídica noche.
¡David!
Se
escucho gritar a una voz femenina. Eliza la reconoció de inmediato. Era Diane.
Ya falta
poco para que inicie.
Le
advirtió ella llegando donde ellos. Eliza podía oír el cansancio y un tono agitado en su voz.
¿Dónde lo
tienen?
Le
preguntó David bajando a Eliza y tomándola de la mano. Eliza sintió el frio del
piso recorrerle todo el cuerpo. El mareo se esfumo que si el viento se tratara.
Amarrado
en el mismo consejo. Quieren interrogarlo.
Le dijo
Diane caminando junto a él. David soltó una palabra de desprecio y dijo.
¿Qué
quieren hacer?, ¿torturarlo?
Le
preguntó irónicamente, pero con un tono que molesto a Diane.
Nunca nos
bajaríamos a su nivel.
David la
miro con comprensión, pero a la vez con incredulidad e interrogadora.
El odio
puede cambiar a la gente.
Le dijo él
con la mirada fija en el final de pasillo. Diane se quedo muda y templo de
pavor y de las ansias que le recorrían el cuerpo.
Espero
que esta vez no.
Comento
con un suspiro. Eliza reflexionaba sobre lo que hablaban y dudaba de que uno de
ellos quisiera hablar ya que eso significaba degradarse a las exigencias de los
que consideraban sus inferiores por las ordenanzas de otro.
Al llegar
al consejo, Eliza sintió como la atmosfera que los rodeaba desde que se habían levantado se hacía más
potente y bulliciosa. Se escuchaba gritar, golpear las mesas y como intentaban
tranquilizar al público. Eliza se sintió nerviosa y con un nudo en el estomago.
Sintió que su hermano le decía al oído.
Quédate acá,
vuelvo enseguida.
Cuando
quiso replicar, ya era demasiado tarde. David se había ido.
¡David!
Grito
llena de temor. Todo el bullicio de ahí le impedía orientarse y hacia que la
cabeza le doliera. La oscuridad era completa y no tenía idea de cómo guiarse en
su inmensidad. Necesitaba estar con alguien, cualquiera: Tessa, Jules
necesitaba compañía. Su corazón solo pensaba y deseaba a Isaac. La angustia crecía
en su interior cuando intentaba moverse, pero era empujada. Cuando creyó que se
iba desmayar, sintió que alguien la tomaba de la mano con ternura y firmeza. Al
sentir ese tacto, Eliza no necesito más.
Isaac.
Dijo ella
abrazándolo. El se lo devolvió con creces. Estuvieron así varios minutos hasta
recordar donde se encontraban.
Vamos
donde tu hermano, lo vi hace unos minutos.
Le dijo
Isaac. Ella asintió.
¿Dónde lo
encontraron?
Le
preguntó ella mientras caminaban.
Cayó de
la pared en una pila de madera. Se hizo una herida y no pudo evitar gritar.
Cuando lo encontramos este los miraba horrorizado con el dolor reflejado en la
cara. No sé si le curaron la herida, pero muchos desean matarlo o mantenerlo
encerrado. Al principio muchos estaban de acuerdo, pero entonces el dijo que
sabía el paradero de un holocausto y que ahí se encontraban varios de nuestros
familiares.
Le
contesto Isaac con una voz ansiosa y expectante. Eliza se sorprendió de lo que
oía. ¿Desde cuándo y cómo tan de repente el odio acérrimo y profundo
personificado en los soldados le ofrecía ayuda justo a ellos?
Es muy
probable que…
Estaba
diciendo Isaac con un tono pensativo, como hablándose así mismo. Eliza se
sintió extrañada de escuchar ese tono, que algo familiar le era y no sabía la
razón.
¿Es
probable qué?
Le
preguntó tratando de entender con el cuerpo adolorido y sintiéndose agotada por
los empujones y por sus pulmones que se sentían cada vez más ahogados. Pero
todo eso pasó a segundo plano y toda su mente estaba pendiente de la respuesta
que al parecer y en parte se lo esperaba no llegaría. Isaac la miró inseguro y
con unos ojos indecisos y con una cercana culpa. El silencio era incomodo y
nada agradable. Sentía que Isaac le escondía algo, pero por alguna razón creía
que no era nada malo. Ahí entonces la razón de su pregunta que en ese momento
se hacía.
¿Por qué
entonces siento angustia y una tristeza que crece en mi interior?
Eliza, yo
he pensado…
Estaba
diciendo Isaac, pero no le salían las palabras. En el pecho de Isaac dominaba
la incertidumbre, un ansia constante y un miedo muy grande de perder a la que
había traído la música a su vida.
¿Qué
pasa?
Le preguntó
impaciente, con una sensación de pena y un tanto de molestia, la cual no sabía
porque se había aparecido con Isaac. El se mordió el labio sin sacer como
decírselo.
¡La
charla va a iniciar! ¡¿Le teneos clemencia o leo dejamos en libertad?!
Escucho
Eliza decir a su hermano con una voz que le desconocía y que la sacó del
momento incomodo con Isaac, por el cual se sintió alejada de la realidad. El
silencio fue instantáneo. Todos se quedaron mirando a David, el cual estaba con
el semblante fruncido y con una seriedad que nunca nadie le había visto, pero
que parecía compartir con todos los que se encontraban en aquella sala.
Que les
quede claro una cosa: no le mataremos, ni torturaremos o cualquier cosa que nos
lleve a su nivel. A pesar de lo que han hecho son seres humanos, que han caído
en el engaño de la guerra. Si los torturamos les haríamos ver la realidad y
quiero tanto como ustedes que si alguna vez la ven y la revivan va a hacer en
el infierno.
Dijo
David con una sinceridad tan clara como el agua y con una seguridad en la voz
que dejo a todos callados por unos minutos.
¡Hagámosle
la realidad el infierno, se merecen eso y mucho más!
Se
escucho a alguien gritar. Esto causo nuevamente el caos.
Si
hiciéramos eso nos convertiríamos en ellos.
Le dijo
David. El que hablo se acerco y le dijo exaltado y con los ojos llenos de sufrimiento
y rabia.
¿Qué me
importa eso?, ellos mataron a mi esposa y por poco destrozan a mi hija con todo
lo que se pudre en su interior, ¡¿por qué maldita sea no puedo hacerles lo
mismo?!
Exclamo
mirando con odio al intruso y con desafío
a David.
Porque te
estaremos matando a ti mismo, matando a tu esposa nuevamente e hiriendo a tu
hija más de lo que ya le hicieron esos desgraciados. Tu esposa se enamoro de un
hombro bueno, razonable, honrado, cariñoso y trabajador que hace sacrificios
por la gente que ama, no de un asesino.
Le dijo
David. El hombre se quedo sin palabras y no supo responder. La gente susurraba
aprobando a David, pero también en negación, aunque estos dudaban de sus
propias palabras.
¿Acaso el
pensó en eso cuando se unió a ellos?
Dijo este
apuntando al soldado que con la cabeza gacha miraba a este con suplica y piedad.
¿Pensó
este que al entrar en esa banda que se hace llamar justicia se estaba volviendo
un asesino?
Siguió
diciendo mirando más desafiante a David, pero a la vez con nostalgia.
Yo no soy
un asesino soy uno de vosotros, déjenme…
Estaba
diciendo él, pero el hombre le tomo de la camisa y lo sacudió.
¡Tú y tus
malditos compañeros sois asesinos, diablos en persona!
Gritaba
desaforado. Varios hombros fueron donde él, y los separaron. El soldado
sollozaba de aflicción y desesperación. Miraba a todos suplicante. Eliza al oír
su voz no sintió la misma repugnancia que con los otros. En esta había algo
distinto, algo en su tono que detonaba confianza y que decía la verdad.
Por favor
escúchenme.
Suplicó
este. David lo miro a los ojos y sintió como una extraña sensación le invadía,
una indescriptible compasión que le hacía confiar en aquel chico.
Dinos los
que sabes, así veremos si quieres cambiar o no y también salvaras vidas tanto
de aquí como de afuera.
Le dijo
David duramente, pero con un tono que invita a conversar. El chico le miro
agradecido y dijo.
Los
soldados se llevaron a un grupo de judíos a un holocausto. Creo que eran de la
resistencia. Hay muchos encerrados ahí y no pude contenerme más. Los ayudare a encontrarlos
si es que ustedes me dejan formar parte de la resistencia.
En esto último
muchos reclamaron, pero David los cayo y dijo
Seriamos
unos tontos so no aceptamos. ¿Es que acaso no ven que sería una oportunidad
única? Salvaríamos a los nuestros y les ahorraríamos el sufrimiento que casi
iguala al de nosotros al no saber nada de ellos. Yo apoyo a este chico y estoy dispuesto a seguir
en lo que me comprometí, ¿alguien me sigue?
Todos se
quedaron callados, pero de uno en uno dieron levantando la mano. David asintió satisfecho
y dijo.
¿Los más
jóvenes también?
Todos
dijeron que si, pero faltaba uno, alguien que para Eliza sería el ultimo al
cual se le ocurriría hacer esto. Ya enojada por la decisión de David, pero a la
vez orgullosa escucho a Isaac decir.
Si
Eliza
sintió como el mundo se desplomaba y como su corazón gritaba, negándose a lo
que acababa de pasar. Las lágrimas amenazaban con salir, pero no quería llorar.
Estaba pasmada, confundida y sentía que le faltaba el aire. Necesitaba salir
antes de lo que en su interior luchaba por mostrarse explotara. Pero tenía los
pies pegados al piso. En ese momento sintió como él la tomaba de la mano. Algo
se encendió produciéndole un dolor en pecho insufrible.
Eliza…
Dijo
Isaac culpable y asustado por cómo estaba ella: pálida como el mármol y
ardiendo. Se soltó bruscamente de la mano de él y su fue corriendo tropezando
con la gente. Isaac fue tras ella desesperado. Eliza ardía de rabia y dolor.
Cuando iba a cruzar la puerta sintió como él la agarraba de nuevo y la dejaba
paralizada.
Eliza,
por favor déjame…
Estaba
rogándole Isaac con los ojos brillantes, pero Eliza miró de donde venía la voz
y ya no aguantando las lagrimas le dijo con la voz temblorosa pero encendida de
ira.
Déjame
sola.
Se soltó
y abrió la puerta. No sabía a dónde iba, todo ahora era peor. El mareo la
embistió, su corazón latía más rápido y su pecho parecía arder en llamas. De
repente llego donde una puerta, la abrió y la cerro violentamente. Se quedo
petrificada con los ojos rojos y respirando agitadamente. La rabia estallo y
entre sollozos grito, y golpeo la puerta mientras decía.
¡¿Por
qué?!, ¡¿por qué me lo quitas todo?! ¿Por qué?
Lloro sin
consuelo recordando a sus padres muertos en el piso. Una imagen de Isaac
aprecio en su interior alejándose.
No te
alejes de mí, por favor
Suplicaba
en susurros.
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