sábado, 24 de diciembre de 2016

Capitulo 9: Un giro nuevo en la vida inesperado
La alarma y los ruidos fueron tan súbitos y bruscos que a Eliza, despertada por el pánico y la misma sensación tan dolorosa y que la comía por dentro, le parecía que se encontraba en un infierno y que la oscuridad lo hacía más aterrador.

¿David?

Preguntó con mido. De repente escuchó que la puerta se abría de golpe. Eliza grito de espanto, pero al escuchar la voz de su hermano se tranquilizo no sin antes todavía sintiendo el corazón en la mano lleno de terror e impotencia. Pero la oscuridad en que la habían puesto la situación, se esfumo. No estaba sola.
Ven, Eliza.

Le dijo él con un tono presuroso. A ella le alerto el tono de su hermano y antes de que pudiera preguntar qué pasaba sintió como su hermano la tomaba en brazos y se la llevaba.

¿David que pasa?

Le preguntó sin entender, pero con una sensación de peligro amenazante. No necesito que su hermano respondiera porque escucho.

¡Intruso!

Eliza sintió de repente como el mundo se detenía. El peligro amenazante se volvió presente. Eliza podía sentir el miedo en las voces de la gente y como caían al suelo de lo apresurados que estaban, como si los persiguiera el lobo. Eliza se aferro a los brazos de su hermano que respiraba agitadamente. Un intruso significaba el quiebre de todo, la entrada a un futuro sin salida, con tu sentencia de muerte dictada por unas marionetas perdidas en la locura de su dueño que desahogaba su odio contra los inocentes. Eliza pensó en Jules y Tessa. No las sentía ni oía sus voces. ¿Qué les habría pasado? Se desespero nuevamente al no poder nada, al verse impedida de su necesidad cuando más la necesitaba.

¿David, donde están Jules y Tessa?

Le preguntó con la voz temblorosa.

Ellas ya están en el consejo. Les avise antes.

Eliza sintió un alivio, pero que no le duro mucho porque pensó en Isaac.

¿Has visto a Isaac?

Le preguntó con el corazón temblando y el frio recorriéndole. David no le contesto. Eliza se sintió invadida por el pánico y se inquieto. Necesitaba saber que Isaac estaba bien. Se sentía mareada ya que todo el ambiente le recordaba a aquella fatídica noche.

¡David!

Se escucho gritar a una voz femenina. Eliza la reconoció de inmediato. Era Diane.
Ya falta poco para que inicie.

Le advirtió ella llegando donde ellos. Eliza podía oír el cansancio y  un tono agitado en su voz.

¿Dónde lo tienen?

Le preguntó David bajando a Eliza y tomándola de la mano. Eliza sintió el frio del piso recorrerle todo el cuerpo. El mareo se esfumo que si el viento se tratara.

Amarrado en el mismo consejo. Quieren interrogarlo.

Le dijo Diane caminando junto a él. David soltó una palabra de desprecio y dijo.
¿Qué quieren hacer?, ¿torturarlo?

Le preguntó irónicamente, pero con un tono que molesto a Diane.
Nunca nos bajaríamos a su nivel.

David la miro con comprensión, pero a la vez con incredulidad e interrogadora.
El odio puede cambiar a la gente.

Le dijo él con la mirada fija en el final de pasillo. Diane se quedo muda y templo de pavor y de las ansias que le recorrían el cuerpo.

Espero que esta vez no.

Comento con un suspiro. Eliza reflexionaba sobre lo que hablaban y dudaba de que uno de ellos quisiera hablar ya que eso significaba degradarse a las exigencias de los que consideraban sus inferiores por las ordenanzas de otro.

Al llegar al consejo, Eliza sintió como la atmosfera que los rodeaba  desde que se habían levantado se hacía más potente y bulliciosa. Se escuchaba gritar, golpear las mesas y como intentaban tranquilizar al público. Eliza se sintió nerviosa y con un nudo en el estomago. Sintió que su hermano le decía al oído.
Quédate acá, vuelvo enseguida.

Cuando quiso replicar, ya era demasiado tarde. David se había ido.
¡David!

Grito llena de temor. Todo el bullicio de ahí le impedía orientarse y hacia que la cabeza le doliera. La oscuridad era completa y no tenía idea de cómo guiarse en su inmensidad. Necesitaba estar con alguien, cualquiera: Tessa, Jules necesitaba compañía. Su corazón solo pensaba y deseaba a Isaac. La angustia crecía en su interior cuando intentaba moverse, pero era empujada. Cuando creyó que se iba desmayar, sintió que alguien la tomaba de la mano con ternura y firmeza. Al sentir ese tacto, Eliza no necesito más.

Isaac.

Dijo ella abrazándolo. El se lo devolvió con creces. Estuvieron así varios minutos hasta recordar donde se encontraban.

Vamos donde tu hermano, lo vi hace unos minutos.

Le dijo Isaac. Ella asintió.

¿Dónde lo encontraron?

Le preguntó ella mientras caminaban.

Cayó de la pared en una pila de madera. Se hizo una herida y no pudo evitar gritar. Cuando lo encontramos este los miraba horrorizado con el dolor reflejado en la cara. No sé si le curaron la herida, pero muchos desean matarlo o mantenerlo encerrado. Al principio muchos estaban de acuerdo, pero entonces el dijo que sabía el paradero de un holocausto y que ahí se encontraban varios de nuestros familiares.

Le contesto Isaac con una voz ansiosa y expectante. Eliza se sorprendió de lo que oía. ¿Desde cuándo y cómo tan de repente el odio acérrimo y profundo personificado en los soldados le ofrecía ayuda justo a ellos?

Es muy probable que…

Estaba diciendo Isaac con un tono pensativo, como hablándose así mismo. Eliza se sintió extrañada de escuchar ese tono, que algo familiar le era y no sabía la razón.

¿Es probable qué?

Le preguntó tratando de entender con el cuerpo adolorido y sintiéndose agotada por los empujones y por sus pulmones que se sentían cada vez más ahogados. Pero todo eso pasó a segundo plano y toda su mente estaba pendiente de la respuesta que al parecer y en parte se lo esperaba no llegaría. Isaac la miró inseguro y con unos ojos indecisos y con una cercana culpa. El silencio era incomodo y nada agradable. Sentía que Isaac le escondía algo, pero por alguna razón creía que no era nada malo. Ahí entonces la razón de su pregunta que en ese momento se hacía.

¿Por qué entonces siento angustia y una tristeza que crece en mi interior?

Eliza, yo he pensado…

Estaba diciendo Isaac, pero no le salían las palabras. En el pecho de Isaac dominaba la incertidumbre, un ansia constante y un miedo muy grande de perder a la que había traído la música a su vida.

¿Qué pasa?


Le preguntó impaciente, con una sensación de pena y un tanto de molestia, la cual no sabía porque se había aparecido con Isaac. El se mordió el labio sin sacer como decírselo.
¡La charla va a iniciar! ¡¿Le teneos clemencia o leo dejamos en libertad?!

Escucho Eliza decir a su hermano con una voz que le desconocía y que la sacó del momento incomodo con Isaac, por el cual se sintió alejada de la realidad. El silencio fue instantáneo. Todos se quedaron mirando a David, el cual estaba con el semblante fruncido y con una seriedad que nunca nadie le había visto, pero que parecía compartir con todos los que se encontraban en aquella sala.

Que les quede claro una cosa: no le mataremos, ni torturaremos o cualquier cosa que nos lleve a su nivel. A pesar de lo que han hecho son seres humanos, que han caído en el engaño de la guerra. Si los torturamos les haríamos ver la realidad y quiero tanto como ustedes que si alguna vez la ven y la revivan va a hacer en el infierno.

Dijo David con una sinceridad tan clara como el agua y con una seguridad en la voz que dejo a todos callados por unos minutos.

¡Hagámosle la realidad el infierno, se merecen eso y mucho más!

Se escucho a alguien gritar. Esto causo nuevamente el caos.

Si hiciéramos eso nos convertiríamos en ellos.

Le dijo David. El que hablo se acerco y le dijo exaltado y con los ojos llenos de sufrimiento y rabia.

¿Qué me importa eso?, ellos mataron a mi esposa y por poco destrozan a mi hija con todo lo que se pudre en su interior, ¡¿por qué maldita sea no puedo hacerles lo mismo?!

Exclamo mirando con odio  al intruso y con desafío a David.

Porque te estaremos matando a ti mismo, matando a tu esposa nuevamente e hiriendo a tu hija más de lo que ya le hicieron esos desgraciados. Tu esposa se enamoro de un hombro bueno, razonable, honrado, cariñoso y trabajador que hace sacrificios por la gente que ama, no de un asesino.

Le dijo David. El hombre se quedo sin palabras y no supo responder. La gente susurraba aprobando a David, pero también en negación, aunque estos dudaban de sus propias palabras.

¿Acaso el pensó en eso cuando se unió a ellos?

Dijo este apuntando al soldado que con la cabeza gacha miraba a este con suplica y piedad.

¿Pensó este que al entrar en esa banda que se hace llamar justicia se estaba volviendo un asesino?

Siguió diciendo mirando más desafiante a David, pero a la vez con nostalgia.
Yo no soy un asesino soy uno de vosotros, déjenme…

Estaba diciendo él, pero el hombre le tomo de la camisa  y lo sacudió.
¡Tú y tus malditos compañeros sois asesinos, diablos en persona!

Gritaba desaforado. Varios hombros fueron donde él, y los separaron. El soldado sollozaba de aflicción y desesperación. Miraba a todos suplicante. Eliza al oír su voz no sintió la misma repugnancia que con los otros. En esta había algo distinto, algo en su tono que detonaba confianza y que decía la verdad.

Por favor escúchenme.

Suplicó este. David lo miro a los ojos y sintió como una extraña sensación le invadía, una indescriptible compasión que le hacía confiar en aquel chico.
Dinos los que sabes, así veremos si quieres cambiar o no y también salvaras vidas tanto de aquí como de afuera.

Le dijo David duramente, pero con un tono que invita a conversar. El chico le miro agradecido y dijo.

Los soldados se llevaron a un grupo de judíos a un holocausto. Creo que eran de la resistencia. Hay muchos encerrados ahí y no pude contenerme más. Los ayudare a encontrarlos si es que ustedes me dejan formar parte de la resistencia.

En esto último muchos reclamaron, pero David los cayo y dijo

Seriamos unos tontos so no aceptamos. ¿Es que acaso no ven que sería una oportunidad única? Salvaríamos a los nuestros y les ahorraríamos el sufrimiento que casi iguala al de nosotros al no saber nada de ellos.  Yo apoyo a este chico y estoy dispuesto a seguir en lo que me comprometí, ¿alguien me sigue?

Todos se quedaron callados, pero de uno en uno dieron levantando la mano. David asintió satisfecho y dijo.

¿Los más jóvenes también?

Todos dijeron que si, pero faltaba uno, alguien que para Eliza sería el ultimo al cual se le ocurriría hacer esto. Ya enojada por la decisión de David, pero a la vez orgullosa escucho a Isaac decir.

Si

Eliza sintió como el mundo se desplomaba y como su corazón gritaba, negándose a lo que acababa de pasar. Las lágrimas amenazaban con salir, pero no quería llorar. Estaba pasmada, confundida y sentía que le faltaba el aire. Necesitaba salir antes de lo que en su interior luchaba por mostrarse explotara. Pero tenía los pies pegados al piso. En ese momento sintió como él la tomaba de la mano. Algo se encendió produciéndole un dolor en pecho insufrible.

Eliza…

Dijo Isaac culpable y asustado por cómo estaba ella: pálida como el mármol y ardiendo. Se soltó bruscamente de la mano de él y su fue corriendo tropezando con la gente. Isaac fue tras ella desesperado. Eliza ardía de rabia y dolor. Cuando iba a cruzar la puerta sintió como él la agarraba de nuevo y la dejaba paralizada.

Eliza, por favor déjame…

Estaba rogándole Isaac con los ojos brillantes, pero Eliza miró de donde venía la voz y ya no aguantando las lagrimas le dijo con la voz temblorosa pero encendida de ira.

Déjame sola.

Se soltó y abrió la puerta. No sabía a dónde iba, todo ahora era peor. El mareo la embistió, su corazón latía más rápido y su pecho parecía arder en llamas. De repente llego donde una puerta, la abrió y la cerro violentamente. Se quedo petrificada con los ojos rojos y respirando agitadamente. La rabia estallo y entre sollozos grito, y golpeo la puerta mientras decía.

¡¿Por qué?!, ¡¿por qué me lo quitas todo?! ¿Por qué?

Lloro sin consuelo recordando a sus padres muertos en el piso. Una imagen de Isaac aprecio en su interior alejándose.

No te alejes de mí, por favor

Suplicaba en susurros.

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