Capitulo 4
Al bajar se encontraron en la entrada con un joven alto y
de facciones moldeadas como cera y a la vez agudas. Su tono de piel media pálida,
pero a la vez sonrojado hacia que estas tomaran un matiz interesante y
atractivo además de muy apuesto. Tenía el cabello rebelde apenas si peinado
para atrás dejando que algunos mechones cayeran libremente a los lados y en la
frente. Estos eran de un color café oscuro con luces doradas al contacto con el
sol. Sus ojos de un gris claro parecían perdidos , como si no estuvieran en
otro lugar imaginando y explorando algo que solo estaba para ellos, pero a la
vez tenían una profundidad y brillo que hizo que Evangeline al verlos sintiera
una sensación extraña, como si una ráfaga de viento se levantara de repente y
sus manos temblaran ligeramente, pero también a la vez como sui un polen girara
a su alrededor causando que no pudiera despegar la mirada de aquellos ojos que
le parecían tan exóticos y divinos. Las dos hermanas se miraron extrañadas,
pues no esperaban visitas. Evangeline se le acerco aun con aquella sensación
revolviéndole el estomago y hacerla sentirse desorbitada, pero finalmente logro
dominarlos y que no afectaran a su caminar.
¿Necesita algo?
Le pregunto amablemente y esperando poder contemplar de
lleno aquella apariencia que la había cautivado sin saber la razón. El joven se
dio vuelta y la miro sorprendido y a la vez medio atontado, como si no esperar
a que personas tan jóvenes vivieran en aquella casa y menos personas tan bellas
y con un efecto acariciador y su cuerpo que trataba de mantener lo más tenso
posible, como si a través de eso quisiera demostrar lo madura y seria que era
su personalidad.
Busco al señor Bessette, ¿se encuentra?
Le dijo en tono serio y con un tono de desprecio que
acentuaba con sus ojos, que de repente a Evangeline le parecieron rencorosos. Este
gesto molesto a Evangeline e hizo que rotundamente como una gran piedra cae al
suelo, el sentimiento que tuvo al verlo por primera vez se fuera al fodotras
estar sepultado por la avalancha que se acercaba. Sabía que este gesto iba
dirigido a ella.
Si se encuentra, pero yo no lo molestaría si fuera usted.
Le dijo con orgullo y usando un tono que molesto a su
visitante. Este le dijo con el semblante arrugado y cortante.
Disculpe el atrevimiento, pero los asuntos de los que voy
a hablarle son importantísimos…
Pero Evangeline lo interrumpió con una sonrisa que fingía
compasión y cortesía y tratando de transmitir con su mirada odio y también
reto. Pero por alguna razón le complicaba mirarlo de esa forma pues sus ojos
poseían una fuerza que con cada mirar parecía querer dejar al desnudo lo que
pensaba y lo que por ese momento pasaba ella era una confusión por el primer
sentimiento que se aprecia súbitamente en su corazón al verlo y el reciente
desagrado que le provoca la forma de ser de él.
Si contara la cantidad de veces que en esta familia se ha
dicho esa frase y se les ha mandado al diablo de diferentes maneras me haría lo
suficientemente millonaria he importante para decirle que no pierda el tiempo
con personas que tiene cabeza solo para asuntos superficiales y sin tener en
cuenta las consecuencias de sus palabras. No pierda el tiempo hablando con
ellos, porque será como hablar con una piedra bien endurecida que rechazara
todas sus ideas sin siquiera pensarlo antes. Y además viéndolo puedo observar
que tiene un pésimo carácter con lo que le explique antes mezclándolo con este
defecto debo hacerle ver la realidad porque no quiero un jarrón roto cuando
llegue a mi casa. Sería el quinto en esta semana. ¿Me entiende señor?
El la miraba igual, pero con una mirada muy distinta en un sentido. La
forma en que esa chica le atraía y le tentaba con su forma de ser. Aquella
mujer que no tenía problemas en protegerse y dejarse pisotear hacia que en su
interior un fuego le quemara por querer seguir oyendo su voz y poder mirar sus
ojos y pintarlos en su memoria para poder hacer renacer aquel nuevo sentimiento
que le era tan agradable y totalmente fuera de lo normal. Tenía unas enormes
ganas de contestarle y no dejarse vencer, pero era su mirada la que lo truncaba
y hacia que su voz se enredara en la garganta.
Parece que a pesar de lo hombre que quiere que veamos que
es, la voz no le alcanza para contestarle a
una pobre muchacha.
Le dijo Evangeline con un tono burlón y triunfante con
una sensación creciente de calor. El joven se puso rojo y al ver que Constance
se reía detrás de su gorro le nació un valor para derrotar a aquella joven que de repente ya no le era
tan desagradable como creyó que le iba a ser.
¿En qué forma se refiere a pobre? Por supuesto que lo es
en el dinero pues nada de lo que posee es realmente suyo, ¿por su casa?,
tampoco pues también la pertenece a otra persona que puede echarla cuando
quiera. Ahora pasemos a algo mucho más delicado. Su valía que vale menos de lo
que cree pues la casaran y entonces pagaran el precio de lo que vale. Lo único
en que es realmente rica y que no carece de nada es en el ser engreída y
petulante pues si no mal recuerdo a las damas se les enseña a ser amables, cosa
que usted no es.
Le dijo directamente con vehemencia y con una feroz
mirada que secretamente admiraba y deseaba aquellas facciones y esos ojos que
ahora recién se daba cuenta le cautivaron el corazón, al igual que las palabras que salían con aquella voz tan
musical y apasionada. Por un momento aquella mirada dejo helada a Evangeline,
sintiendo como un revoltijo de palabras mezclada con sensaciones se
atropellaban en su garganta causándole un nudo que trataba de aliviar tragando
saliva disimuladamente. Sin embargo no quería dejarse vencer.
No, no lo soy pues odio a ese tipo de mujeres que se
dejan criticar por hombres como usted y que se complican tanto por ellos, sin
saber que su opinión vale menos que un bledo. Me gusta ser yo y no ocultarme
detrás de una máscara que a otros les gusta tanto, aquellos hombres de corazón
de piedra y con la cabeza vacía. Si quiere una mujer así vaya donde mi madre.
Ella lo recibirá muy bien aunque quizás en el fondo lo deteste a muerte. De ese
modo no me vera, ya que la odio tanto a ella como lo estoy odiando a usted en
este momento. Y así no pisara la casa en todo el día ni siquiera para ver cómo
queda humillado, aunque me sea difícil pues eso sería el mayor de los gustos
para mí. Tendría que decir gusto en conocerlo, pero no me gusta mentir así que
buenas tardes y que se pierda donde le dé la gana.
Le dijo Evangeline poniendo en cada palabra la rabia y un
sentimiento acalorado tan potente que hacía que su corazón latiera con fuerza.
Sintió que al decir todo eso se liberaba de un carga, pero que volvía con
fuerza cada vez que lo miraba y el primer sentimiento que sintió por él le
impactaba con fuerza para luego hacerla perderse en el, como deseaba hacerlo en
los ojos del causante de aquél sentimiento. El joven la miraba incrédulo, con
una forma de mirar atrayente y llena de una llama que alborotaba la
tranquilidad en sus ojos y también con un deseo indescriptible que sin saberlo
era compartido por Evangeline que enojada consigo misma por sentir esa trataba de que sus
mejilla no se sonrojaran, aunque sabía que era imposible. Había una atracción
que ella no quería sentir, pero que la dominaba y hacia que su cabeza se
calentara y que sintiera un escalofrió causado por un cosquilleo agradable El
deseo de acercarse más a aquellos ojos y probar aquellos labios suaves y
delgados. Algo la impulsaba a querer quedar mirándolo por un tiempo indefinido,
y que esos ojos fueran dolo de ella.
Evangeline se despidió con la cabeza y se fue seguida por
Constance que tímidamente hizo lo mismo. Iba tratando de calmar aquella
sensación cuando escucho.
Le deseo lo mismo, pero la próxima vez deme su nombre
para que cuando me hablen de usted les diga lo que pienso sobre su persona.
Le dijo el divertido y dejándose llevar por la tormenta
que dominaba su alma y corazón. Al ver la cara toda roja y incrédula de
Evangeline sonrió triunfante, pero también hechizado pues se veía hermosa
enfadada, pero más bien enfadada como una niña que ha perdido un pelea.
Y usted el suyo para decirle lo imbécil que es.
Le dijo tratando de controlar el leve temblor que amenazaba
a su voz. Esperando que se enojara, el rostro se le ilumino cuando él fue donde
ella, tomo su mano y le dijo.
Elliot, un gran placer
Constance no podía estar más emocionada con esto y miraba
alternativamente a los dos. A Evangeline la invadía la sorpresa y unas ganas de
sonreír ante la audacia y graciosidad que poseía aquel joven, pero estas fueron
reprimidas por el odio que sentía hacia la arrogancia y pesadez, que también le
atraía.
Evangeline, y ahora haga el favor de irse de mi vista.
¿Me permite pensarlo un poco?
Le pregunto el acercándose y mirándola directamente a los
ojos con una sonrisa encantadora. Evangeline lo miro sin creerlo y sintiendo
como los nervios y la ansiedad la comían al tenerlo tan cerca se dio vuelta y
se fue junto con Constance aun sintiendo la mirada de él y resistiéndose las
ganas de devolvérsela. Constance le susurro al oído.
Se parece a ti.
Si claro y tú te pareces a mamá.
Le dijo Evangeline aun hirviendo de rabia o quizás
también por otra cosa. Constance se sorprendió ante el tono de su hermana y
dijo.
No es mi culpa que te guste.
¡No me gusta!
Exclamo ella aunque sintiendo totalmente lo opuesto en su
interior.
¿Entonces por qué estas colorada?
Le dijo Constance. Evangeline se toco las mejillas
avergonzada. Constance sonrió divertida y dijo.
Jamás había visto a alguien que es tan similar a ti ¿no
te parece?
Evangeline no supo que responderle y prefirió guardar
silencio y disimuladamente miro para atrás y vio que el aun la miraba. Volteo
enseguida y tratando de desenredar el nudo en su cabeza una sonrisa se le
escapo.
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