Capitulo 15: Aparece la pesadilla, con ella el miedo y con él una historia
de amor que en espera quedo
Te amo
Le
susurro con pasión y dulzura al oído Isaac. Eliza se dejo abrazar sintiendo como todo a su alrededor se
calentaba y hacia que su corazón palpitara rápidamente. Cuando Eliza se quiso
apoyar tiernamente en su pecho y dejarse dormir por la inigualable y hermosa
música que fluía y resaltaba cada vez que el corazón de Isaac palpitaba, sintió
un escalofrío que la sacudió por completo y que por un momento le hizo sentirse
desorientada. De repente se dio cuenta de que estaba sola y que algo oscuro y
profundo crecía a su alrededor haciéndola sentir sola. Eliza temblaba de miedo
e inseguridad.
¿Isaac?
Murmuro
nerviosa, pero nada. Su voz resonaba en aquel ambiente tan extraño y frio que
tanto atemorizaba a Eliza. El horror y un temor gigantesco la azotaron y
murmuro una vez más sintiéndose cada vez mas enterrada por aquellos
sentimientos.
¿Isaac?
Cada vez
más nerviosa empezó a preocuparse. Se sentía sola ahí, no había calidez ni nada
que le diera calma. Sintió como los ojos le ardían por las lágrimas y justo
cuando se creyó perdida escucho unos pasos que resonaban. Eliza vio esto como
una especie de esperanza en su interior y avanzando lentamente dijo.
¿Isaac?
No, no,
no
Dijo una
voz burlona y perversa. Eliza se detuvo al instante. Cuando quiso correr sus
piernas no se movieron. Desesperada intentaba mover si quiera un pie, pero en
ese instante perdió el equilibrio y cayó. Cerró los ojos y espero lo que venía.
Al no sentir nada los abrió y en ese momento oyó la voz que decía.
Hasta
nunca.
Y el
sonido de la bala retumbo. Eliza se despertó respirando agitadamente y
sintiendo como poco a poco su mente volvía a la realidad.
Eliza,
¿qué te pasa?
Le
preguntó Joana preocupada acariciándole la espalda y poniendo la otra mano en
la de Eliza. Ella aún no podía hablar, su voz parecía haber desaparecido y las
palabras de su hermana eran lejanas. En su cabeza recuerdos le causaban una
migraña incontrolable. La muerte de sus padres, mezclada con el sonido de la
bala hacían que temblara y los escalofríos la atravesaban como flechas directamente
en el corazón haciendo que todo a su alrededor fuera confuso y que un mareo la
retuviera en aquel estado tan ahogante y torturador. Tardo un buen rato en contestar o si quiera
escuchar la pregunta de su hermana que
recién ahora escuchaba como si todo ese rato hubiese estado sumergida en un mar
o rio que la amarraba sin querer dejarla escapar. Joana se dio cuenta y se
quedo callada.
¿Ellos
están bien no es cierto?
Le
preguntó de repente Eliza. Joana la miro sin saber que decir y desviando la
mirada con una expresión de dolor devolvió la pregunta.
David e Isaac
Le dijo
Eliza con una voz que parecía desvanecerse. El miedo la invadía, su corazón
deseaba que le dijeran que si, a pesar de que en verdad podría no ser la
realidad. No trato de seguir insistiendo, pues mientras más lo hacía más
tormento se causaba a sí misma. El silencio que se produjo entre las dos
hermanas fue sepulcral y difícil de romper.
Perdón
por preguntártelo, pero es que no puedo… dejar de pensar que cuando nos
despedimos no fue temporal sino para siempre. No quiero perderlos los quiero
tanto que solo esa idea me deja en verdad sin nada por lo que vivir.
Le
explico Eliza, sintiendo como los latidos de su corazón se aceleraban y la
forma en que le latía le causaba un dolor insufrible en el pecho. Joana tenía
la mirada distraída aunque cargada de un sufrimiento profundo y también lleno
de nostalgia y odio. Suspiró y miro a su hermana.
Era como
verse a sí misma hace unos años. Ese corazón
cargado de tiernas y únicas esperanzas y sueños que deseaba compartir con
aquella persona que era la más importante, que había cautivado tu corazón y con
el cual deseabas fervientemente seguir el rumbo tan desconocido y tentador que
es la vida, tomados de la mano para no separarse nunca, pues si pasaba era como
si tu alma se deslumbrara lentamente, con desesperación y con dolor pues sabes
que nunca se volverá a iluminar, su presencia y hablar que hace que tu respirar
sea sereno e inalterado como el cielo en un verano resplandeciente y en que las
nubes no se atreven a tapar el sol que resalta en el mar, o en las montañas o
en cualquier paisaje en que después de la tormenta viene la alegría y paz. Se
recordaba a ella junto con Ian cuando se declararon su amor en el patio de
atrás que en aquel entonces estaba iluminado por las suaves pinceladas del
atardecer. El paisaje era tan hermoso y sin igual que con solo poder mirarlo
juntos y apartarse de las escenas que dominaban su vida cada día y hacer una
que fuera de ellos dos, les era suficiente. El estar uno junto al otro, sentir
su calor y el tomar la mano del otro era lo más sagrado e importante. Recordó que en aquella tarde se sentía especialmente
contenta. Jamás en su vida se había sentido enamorada y nunca creyó que lo
estaría ya que en la situación en que se encontraba, entre el odio y el
desprecio y la ruptura que se abría cada vez más teniendo como consecuencia la
muerte y desgracias de todos por ambas partes y que además seguía creciendo
como si la ceguera se les hubiera impuesto ya que era la manera de ahuyentar la
culpabilidad que muy sigilosa crecería por ellos hasta formar un peso que no
serían capaces de cargar y que es igual a las muertes que han producido, a
pesar de que estas para ellos también fueran terribles ya que hay realidades
que viven todos y esta es una de ellas.
Con todo esto, le parecía imposible que pudiera nacer el amor, un
sentimiento tan fuerte, puro, especial y diferente a la vista de uno pues
dependiendo de la persona solo hay uno y diverso amor, pero que de igual manera
te hace sentir diferente, te hace volar, te hace soñar. Aquel joven tan dulce
comprensivo, honesto, tan tierno y caballeroso que estaba a su lado era un
nuevo sendero que solo quería recorrer y experimentar todo lo que el destino le
preparaba, solo con él. Sus ojos la aprisionaban y su corazón tan endurecido
frente a los demás cuando se trataba de proteger a su familia, pero que al oír
su voz pastosa, ronca y clara a su lado se lo derretía por completo y no paraba
de chocar contra su pecho por cuanto deseaba a aquel joven que se había
apropiado totalmente de sus sentimientos más puros. Esa tarde Ian la miraba
diferente y le sonreía con más cariño y dulzura que lo normal. Tomándole la
mano le dijo.
No sé
cómo pudiste aparecer en mi vida y te juro por lo más sagrado que jamás he
sentido esto por ninguna persona. Eres mi estrella, que nunca deja de vivir y
deslumbrar mi corazón, el cual te pertenece completamente.
Joana le
sonrió con dulzura y se le encendieron las mejillas de tal manera que le
parecía imposible hacer que el rubor se notara menos.
Tan poeta
que eres y yo ni siquiera puede decir lo que siento cuando me tocas la mano sin
ponerme nerviosa.
Le dijo
ocultando sus mejillas y mirando por el rabillo del ojo a Ian que se rio un tanto
alabado y con ternura por la vergüenza de esa joven tan especial para él.
No me
sale natural, lo estuve ensayando por horas con alguien que no ayudaba mucho en
la situación.
Le dijo
el mirando hacia adelante contemplando el atardecer y mirando discretamente a
Joana. Esta lo miró de forma interrogadora y a la vez interesada. Se acerco a
Ian y lo miró a los ojos. Ian al ver que lo miraba así y al sentir su suave
contacto que parecía seda deslizándose y una mezcla de fragancias y plumas acariciándole,
trago saliva y empezó a levantar de arriba abajo el pie. A Joana le encantaba
cuando lo ponía nervioso. Primero, porque se comportaba de una forma tan cómica
y dulce que Joana no sabía si reírse o mirarlo con cariño aunque finalmente
terminaba haciendo ambas.
¿Qué
pasa?
Le
pregunto Ian tratando de controlar el temblor en su voz y pisando su pie izquierdo para calmarlo.
Joana arqueo una ceja y le pregunto más bien como una orden que como una
petición.
¿Puede
saber quien fue esa persona?
Ian al escuchar
esa pregunta sintió como algo de desplomaba en su interior causándole una
sensación de alivio aunque a medias también de sorpresa, diversión e interés
por lo que iba a decir ella si elegía no responder eso.
Claro,
pero ¿por qué tanto interés, si siempre me dices que mis amigas son tus
amigas?, ¿no será que estas celosa?
Joana lo
miro con una expresión incrédula con los ojos en blanco, aunque en su forma de
ocultar la mirada Ian pudo ver que acertó completamente y se sintió un tanto
triste.
No, ¿por qué
iba a estar celosa? Sabes que yo no soy así, yo se que tu tampoco eres de anda
diciendo cosas bonitas a otras mujeres que no conoces, ¿o me equivoco?
Le dijo
Joana sintiéndose acalorada y con el estomago lleno de cosquillas. No se
atrevía a mirar a Ian ya que este con tan solo mirarla a los ojos sabría lo que
estaba pensando, cosa que a veces la ponía en desventaja. Las mejillas le
ardían y trataba de mirar a Ian sin que este se diera cuenta de lo que bajo su
expresión se encontraba era lo que él creía. Pero Ian estaba callado, parecía
que su voz se había apagado y solo sus ojos transmitían lo que sentía. Joana se
olvido completamente de lo que pasaba y lo miró.
Pudo ver
que en sus ojos había una felicidad, lo que hizo que se preguntara si ya se
había dado cuenta de la verdad, pero también pudo notar una inesperada
tristeza. Se asusto y la preocupación y la culpabilidad la invadieron.
Tomo su
mano lentamente y la agarro con fuerza. Ian la miro como si despertara de un
trance.
Perdón,
enserio si metí la pata no te enojes. Por favor, no te enfades conmigo. No lo
podrían soportar. Lamento si hice algo malo, pero es que es la primera vez que
me siento de esta manera. Nunca en mi vida pensé que lograría encontrar a
alguien tan único, encantador y maravillosa como tú y el simple hecho de que te
alejes de mi me causa una depresión y soledad en mi corazón que nada podría
curar.
Ian la
miraba con dulzura y con unos ojos llenos de una tierna inocencia de quien se
enamora por primera vez, de ilusión creciente y deseo. El verla así tan
afligida le causaba un dolor en el pecho que hacía que este latiera mil veces
más rápido que cuando tomaba su mano. Le estaba diciendo todas esas cosas tan
hermosas a el que no lo merecía, mientras que ella… Dios mi ella era excepcional,
hecha para él, hechizante, inteligente, tierna y con una mirada tan diferente a
la de los demás, unos ojos que lo habían apresado desde el primer momento que
los vio y de los cuales esperaba ser su prisionero toda la vida.
Lo
siento, en verdad…
Dijo Joana suplicante con esos ojos que tanto le gustaban a Ian. Este le tomo el rostro,
Joana sintió que todo a su alrededor daba vueltas y que pequeñas luces de
diversos colores empezaban a llenar cada parte de su cuerpo, alma y finalmente
todo a su alrededor. Una calidez la lleno por aquel maravilloso momento. Ella
solo quería ser para él, el único hombre al que le pertenecía su corazón, piel
y lagrimas. Todo lo que en ella vivía y sentía lo amaba con todas sus fuerzas.
No digas
nada, no digas lo siento porque no merezco nada tuyo. Solo quiero tu corazón y
si no puedo, déjame poder velarte, mirarte y decirte cuanto te amo y deseo
pasar mi vida contigo. Déjame… besarte.
Le
susurro él, de una forma tan atractiva y profunda que hizo que a Joana el
aliento se le cortara y que el sentimiento tan mágico y especial que le
profesaba Joana a ese hombre llegara a su punto más alto. Se fue acercando
lentamente a Ian, este le acaricio el rostro y al tener esos labios delante de
él se acerco a ellos sintiendo como miles de chispazos le tocaban la piel y
hacían que las ansias le apresuraran y que las emociones que le calentaban el
rostro pusieran a toda potencia el poder que se les caracterizaba. La
respiración de cada uno era como una cálida brisa en un día de verano que tantas
felicidades trae. Sus narices se tocaron y de un momento a otro sus labios se
habían unido en algo tan hermoso como el primer beso. Al besarlo Joana sintió
que algo la elevaba hacia una luz potente y que las luces que ya de por cierto
estaban a todo su fulgor entraran en ella y le hicieran cosquillas en todo el
cuerpo haciendo que un sentimiento recorriera su interior y le hiciera sentirse
en otro mundo. Su corazón no dejaba de latir. No quería que aquello terminara,
le abrazo el cuello y se aferro a él temiendo que todo fuera una ilusión aun
sintiendo que lo tocaba, que era suyo. El abrazo se estrecho mucho más,
sintiendo cada uno los temblores que los asediaban, sintiendo la piel y el
contacto que deseaban tanto. No había otro lugar mejor, se hallaban en el
paraíso. Se separaron lentamente, sintiendo el aliento de cada uno como el
despertar de una ilusión embriagadora.
Porque
nadie te iguala, porque eres la luz y las estrellas que guían mi camino, nunca
me separare de ti mi querida dama.
Le
murmuro con afecto y con la respiración agitada por el recobrar el aliento,
después de que los labios de aquella joven a la que le pertenecía su corazón se
hayan unido a los suyos. Joana sintió que esas palabras le causaban lágrimas y
avivaban el gran sentimiento por él.
Seré tuya
siempre, siempre…
Le
susurro en el oído antes de besarle de nuevo y dejarse dominar por el calor de
aquel y lo que llegaría hacer la noche más especial de su vida.
Todo era
como si hubiera sido ayer, unos hermosos recuerdos que conserva y conservaría
siempre a pesar de que con el que quería compartir aquellos recuerdos podría no
estar con vida. Eliza en todo ese rato no dijo nada, deseaba poder ver en ese momento para observar lo que
pasaba en la expresión de su hermana, pero entonces recordó las palabras de
Isaac.
“Tú ves
el interior”
Esas
palabras le iluminaron y le mostraron la verdad. Su hermana parecía tan fuerte
y sin darse cuenta había tocado un punto tan delicado como lo era el amor en
espera de Joana.
La verdad
es que de responderte no creo que podría ser de mucha ayuda.
Dijo
Joana con dolor pensando en David y Ian como una daga que se le clavaba en el
corazón. Al escuchar el tono de voz de ella, el corazón de Eliza se unió al de
Joana y tomándole la mano, lo cual hizo que ella la mirara con ojos llorosos.
Eliza sonrío y dijo con profundo cariño.
Ayudémonos
juntas.
Joana sintió que la pena en su corazón se aliviaba y daba rienda suelta. Apoyo su
rostro en el hombro de su hermana y lloro desahogando todo el dolor que le
torturaba el pecho cuando palpitaba. Eliza le abrazo y lloro con ella
comprendiendo sus sentimientos y compartiendo los suyos sin reserva alguna.
Volverán,
ellos volverán, no pensemos en otra cosa ¿vale?
Dijo
Eliza sollozando y con lagrimas en el rostro. Su voz era segura y a pesar del
llanto no perdía el encanto ni la claridad que tiene la voz de una mujer
enamorada. Joana se sentía como una niña, en brazos de su madre. Extrañaba
tanto aquellos días en que la vida era ligera como el viento, cuando la marea
era suave, deliciosa y el sabor salado parecía un bálsamo en las heridas que no
llegaban nunca a volverse más profundas, cuando una paz que parecía
imperturbable como el océano cuya inmensidad y colores parecen ser pintados por
la mano divina de Dios y que con el tiempo se ha encargado de que su hermosura
sea tan notable como la capacidad de perdón y paciencia de su creador. Así
sentía que era su vida junto a su familia, los abrazos cálidos, comprensivos,
consoladores, la seguridad y la felicidad que se siente al saber que alguien va
a estar ahí para ti. Pero aquella noche, que Joana recordaría y recuerda como
una en que vivió el infierno y donde en su corazón las imagines de la crueldad,
descaro y perversidad de esos asesinos quedarían incrustados los sentimientos
de dolor y odio que permanecerían siempre ya que el perdón nunca llegaría como
el supuesto mundo perfecto que cada uno se imagina según lo que desean o lo que
quien para los demás y que son imposibles de lograr por los mismos vicios y
defectos de los que lo desean. Le habían arrebatado sin comprensión alguna,
algo de lo que no tenían derecho: su familia. El sufrimiento que la acongojo
desde que tuvieron que irse de ahí y dejar a sus padres sin vida fue como si
cayera de un precipicio y mientras más trataba de agarrarse más profundo caía.
Quería desahogarse y demostrar su dolor, pero ahí estaba su hermana, tan
indefensa, con una palidez mortal y sintiendo como sollozaba de pavor y
angustia.
No puedo.
Se dijo
mirándola con ternura y nostalgia. ¿Cómo podía ella sumergirse en un
sufrimiento así y dejar a su hermana sin protección? No lo haría, jamás. Aunque
le doliera y suplicara en salir, no lo haría nunca, daría la vida por su
familia. Pero ahora en esta situación recordando y compartiendo el mismo temor
de su hermana, de perder la oportunidad que nuevamente les abría las puertas de
esperanza, ilusión, sueños y deseos de vivir que a veces parecía menos por la
niebla y frialdad que desgarraba su alma sin piedad cuando se presentaba la
ocasión. Lloraba con todo su ser desahogándose en los brazo de Eliza. Esta no
podía controlar sus lágrimas que caían como lluvia. Sentía que su corazón se
ahogaba y que su garganta le ardía. Cerró los ojos reteniendo las lágrimas y le
acaricio el pelo a su hermana, no dejándose intimidar por la oscuridad que ya
hacia frente en la oscuridad de su mirada y que parecía agrandarse más por los
cursos que designaba el destino y que a ella le había tocado vivir. Sus labios
temblaban y la voz no le salía, pero trataba de amortiguar esos sentimientos.
No se dejaría caer, ella y toda su familia lograrían ser felices sin importar
cuantas piedras y acantilados inadvertidos se les atravesaran por el camino.
Ellos
volverán, no hay duda.
Dijo ya
con firmeza. Su hermana movió la cabeza haciéndole entender a su hermana que la
apoyaba. Eliza sonrió con nostalgia, recordando aquella noche tan sublime,
placentera y cálida que había pasado con Isaac. Le mando todo su apoyo, amor,
deseos de bien, buena aventura y tranquilidad desde su corazón.
Durmamos
tranquilas y confiemos Joana. Dios nos ayudara, pues aunque el tiempo demore el
brindara su ayuda a quienes se lo merezcan. Soñemos con ellos, pero con la vida
que viviremos, incluidos nuestros padres a pesar de que ellos no estén
presentes, pero lo estarán en nuestra alma y vivencias fuera y tanto como
dentro de la realidad. Podrás abrazarlos las veces que quieras a mamá y ella te
corresponderá y nunca te dejara sola al igual que yo. Nunca estarás sola
hermana, te lo dice alguien que lo sabe muy bien, estamos aquí para ti para
siempre.
Le dijo
Eliza con un tono seguro, cariñoso y tierno. Joana levanto la mirada y vio a su
hija dormir a su lado. Sonrío con dulzura y contemplo como su rostro se volvía
angelical al estar en el vuelo del sueño infantil.
Lo sé,
ahora lo sé. Gracias
Le dijo
abrazando a Eliza. Se quedaron asó hasta que las tres vivieron el mismo sueño
lleno de felicidad y claridad, alejados de la amenaza de la realidad s la cual
no tendrían miedo de enfrentar mañana. Johan miraba a Eliza con admiración.
Te toco
un ángel Isaac, cuídalo bien. Elena…
Pensó él,
también dejándose cautivar por el placer del soñar que ofrecía Morfeo. Después
de todo el descansar no hace mal, sobre todo si se trata sobre la calma en el
corazón.
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