lunes, 26 de diciembre de 2016

Capitulo 5

Sin darse cuenta había llegado su fin. El dolor que le recorría la pierna y como el humo causado por la pólvora le asfixiaba era algo menor comparado con el sentimiento que le oprimía el pecho. Lo que controlaba y dominaba su cuerpo por completo era el miedo, la frustración y la desesperación de no poder ser más ayuda, como siempre su padre se encargo de recordarle todos los días, que no servía más para dar problemas. Nunca le intereso que le pasara a él. Había dejado de amarse y luchar por él desde el momento en que su padre lo miro como un desconocido, como si él no fuera la nada misma tal y como un punto blanco en una negrura total y oscurecido por la frialdad humana y el egoísmo fue lo que hizo que Damián se sepultara a sí mismo y no dejara salir su verdadero yo. Pero sin embargo lo que creía que iba a doler  en verdad fue algo diminuto con la inigualable sensación de libertad que a partir de ahora disfrutaría y sería completamente suya. Jamás se había sentido unido o el hacer sentido algún sentimiento especial por su padre, el cual siempre lo había mirado de manera despectiva, con decepción y rabia. El no podía soportar aquello y sin darse cuenta poco a poco le fue importando menos lo que tardaba él pues tarde o temprano lo reconocerían de otra manera. Quizás no su familia, con excepción de sus hermanas, pero si el resto de la gente. Ya no lo mirarían más como si fuera un águila perdida en su vuelo, ni como un miserable. No lo reconocerían por la riqueza ya que sabía que eso solo le traería odio y rencor. Sería reconocido por sus valores, sus actos y por aquel espirito vigorizante que moría por ver un mundo en el cual nadie le dijera como actuar o pensar. Sin esperarlo esta oportunidad se presente gracias a una causa: la revolución. Su espíritu había crecido de manera tan significativa que no tenía miedo de enfrentar a algo tan poderoso como lo era la vida implantada en aquellos tiempos. Sin dudarlo se unió confiando plenamente en el éxito que tendría y como junto con otra gente lograría poder darle a los demás aquel sentimiento que se encontraba tan poco permitido y enjaulado en cada uno: vivir una vida con dignidad, el tener la capacidad de elegir, el mostrar quien soy, igualdad para todos y el no tener miedo de formar una familia por no poder darles lo que a los ojos de uno es lo mínimo que pueden merecer: un techo donde dormir y tener la calidez de un hogar no solo por el amor que uno puede poseer sino el apoyo incondicional que en el futuro rendirá frutos deliciosos ya que estarán cargados de felicidad. Todo esto eral sentimiento que Damián esperaba lograr, contrario al frio que recorría aquellos hogares que se merecían lo mejor, el calor que debían recibir en los días más fríos de invierno cuando crees que la vida no tiene sentido.

Un cañón retumbo y Damián cayó hacia adelante en el fango. Grito de agonía por su pierna herida y que parecía desgarrarse lentamente. Pedía ayuda a gritos desgarradores

¡Ayúdenme!, ¡socorro, no me dejen aquí por favor!

Pero todos corrían resbalándose y levantándose lo más rápido que podían para luego ser alcanzados por las balas arrebatadoras de la vida y del latir del corazón, para caer como piedras. Damián era algo invisible que sufría por el dolor de su cuerpo y el abandono.

¡¡Ayúdenme!!

Gritaba con más fuerza y sintiendo como el horror lo controlaba. Pensó en sus hermanas, sus queridas y adorables hermanas a las cuales quería más que a su vida pues eran su única familia. Las sonrisas y cariños en los días de verano, donde si al menos los dividía una mitad de sus padres podían contentarse jugando y soñando todos juntos sin importar lo que sus padres dijeran. Al recordar como en su despedida habían llorado por él, sintió la inmensidad del mundo caer sobre sus hombros y como el llanto de ellas resonaba en su cabeza. Todo a su alrededor parecía desvanecerse.

Volveré, lo prometo

Escucho dentro de su cabeza. Eran sus propias palabras. La rabia y la pena lo llenaron. Se arrastro tratando de llegar detrás de un cañón, pero en ese momento sintió que algo lo empujaba violentamente.  Se dio cuenta de que era uno de los soldados. Este lo miraba con burla y con una mueca de desdén y asco. En sus ojos había un odio inhumano que hacía que cada vez lo miraba Damián sentía que su mirada era como una daga enterrándose en su pecho. Este tomo a Damián de forma brusca y le dijo

¿Querías luchar?, aquí tienes tu recompensa

Y lo golpeo en el estomago. Damián no quería darle el gozo de escuchar sus suplicas y sollozos. Se quedo callado, sufriendo en silencio.

¿Con que muy valiente no?, vamos a ver si lo sigues siendo después de esto.

Dijo el soldado mientras lo empujaba con el pie. Damián se encontraba impotente y sentía que sus fuerzas estaban al límite. El sufrimiento que se le aplicaba sin compasión era mayor cuando recordaba a Evangeline y Constance. Juro no dejarlas solas. No quería perderlas, no quería dejarlas ir nunca. Vio como el soldado lo apunto y cerró los ojos, esperando su fin, pero al abrirlos vio al soldado tirado al lado y sintió como una mano dura, pero amable a la vez le agarraba el brazo. Al ver quién era, sus ojos soltaron lágrimas de alivio.

Vamos Damián, ayúdame a salvarte.

Dijo el  líder del ejército. Damián logro sacar la fuerza que hace poco creyó perdida.

Debemos llegar cuanto antes al refugio y de ahí a alertar a los demás. Nos han traicionado.

  Dijo el líder jadeando y llevando a Damián. Este escucho estas palabras con atención y no pudo evitar sentir un desea de vengarse de aquella persona que había causado aquella desgracia.

Todo a su alrededor era un caos que iba de mal en peor. Damián veía todo borroso y le cabeza le dolía enormemente ya que se había desgarrado cuando el soldado lo empujo. Un cañón retumbo y llego donde ellos. El temblor de la tierra los hizo perder el equilibrio y caer violentamente al piso que quedo temblando levemente como también lo estaban ellos con los ojos cerrados, como tratando de escapar de aquella pesadilla. Ambos inhalaban desesperadamente aire que luego hacia que sintieran nauseas. Lo que en verdad necesitaban respirar era tranquilidad y quietud, ya que presentían que nunca las volverían a sentir.

Damián, debes seguir tú

Le dijo el líder. Damián lo miro atónito, con horror y sin poder creer sus palabras. Al ver los ojos de él pudo darse cuenta de que no mentía y que en verdad le estaba pidiendo que lo abandonase a la merced de aquellos monstros que arrebataban algo tan cristalino y justo. El sentimiento de abrir las alas y lanzarte a lo que venga sin que nadie te detenga. Tal y como era así ese sentimiento también lo tendría que ser la vida.  Los ojos de Damián estaban fijos en la tierra y la piel se le puso pálida y agarraba la tierra con una sensación que le presionaba todo su cuerpo y un calor punzante que le causaba escalofríos. Estaba entre la espada y la pared. Unos sentimientos le ahogaron el pecho. Negó con la cabeza sintiendo la rabia y la tristeza, pero también el miedo enfriándole los huesos. La negación y la desesperación le nublaron la mente dejándolo en un estado de pérdida y resignación.

¡Damián, escúchame!

Le repitió sacudiéndolo, pero Damián parecía ausente. Las palabras le entraban claras por los oídos y le provocaban que un palpitante sentimiento de angustia. Sabía lo que venía y no estaba dispuesto hacerlo.

No lo dejare, ¡jamás en la vida! Si voy a morir será aquí. No lo haré nunca ¿me escucho? No quiero…

Estaba gritando ciego de ira y llorando, pero en ese momento el líder le dio una cachetada. Fue como si le hubieran tirado agua fría, como si una rama se hubiera roto causando un estruendoso ruido que saco a Damián del pozo donde el mismo se estaba metiendo.  Se quedo mirando el suelo lleno de confusión y asustado, sin siquiera atreverse a levantar la mirada al líder porque no podría sentir su mirada escrutadora, de decepción y dura que le castigaba duramente por lo que acababa de decir.

Que no se te ocurra decir eso. Tú eres nuestra esperanza, la oportunidad de poder lograr la promesa que hicimos. Tienes hermanas que te quieren y te aprecian mucho. Ellas te están esperando ¿y tú quieres dejarlas solas?, ¿eso quieres?

Le regañaba con dureza haciendo que Damián lo mirara. Este se quedo con la cabeza gacha sintiendo como las lágrimas en la cara le ardían y el dolor de la pierna le parecía inmune comparado con la decepción y enojo que le mostraba en ese momento aquel hombre que era como un padre para él.

No lo lograre, sin ayuda no podre. Comparado con los demás no soy nada, ¿Cómo podre hacerlo yo solo?

Sollozaba asustado y vulnerable. Sintió como un peso caía sobre el enterrándolo en lo profundo. Se sentía débil, sin fuerzas, como si le hubieran arrebatado la única por la que quería vivir.

Confía en ti, como yo lo hago. No tienes idea del gran valor que eres para nosotros. Sin tu fortaleza, ansias y valentía que te dominaba en todo momento. Ese espíritu luchador, justo y puro que ponías en cada reto que te imponía esta guerra. No lo pierdas Damián, eres más de lo que tú crees, no te des autoestimes. Amate a ti mismo lo suficiente para párate firme y seguir con tu vida. No es tiempo de auto compadecerte, sino pensar en lo que quieres lograr para ti y para tus seres queridos. Yo siempre creeré en ti y estaré contigo en cada momento aunque no sea en persona.

Le dijo él con un tono lleno de afecto, de sinceridad y la voz temblorosa. Damián se sintió abrazado por esas palabras, pero sabiendo lo que significaban, lo que vendría a continuación provocaban también que no quisiera oírlas. Sabía que no podría recuperarse nunca de lo que vendría.
No quiero dejarlo, vamos juntos, le prometo que hare todo lo que mi vida me permita y no me rendiré hasta lograr lo que deseamos para los demás, se lo juro, pero no me deje solo. Por favor.

Le suplicaba con un sentimiento que le retorcía la garganta. El líder se lo acerco y le dijo mirándolo directamente a los ojos.
No podemos los dos. Vive tú por mí. Se feliz y no olvides lo que es más importante Damián. La libertad porque con ella todo será mejor incluido el amor. Ahora vete Damián, ¡corre!

Le exclamo tratando de ocultar sus ojos que ya no aguantaban el ardor de las lagrimas y como su voz se iba haciendo poco audible, Damián negaba con la cabeza, pero de repente una bala por poco lo alcanzo y antes de que se diera cuenta se vio empujado hacia unos arbustos que daban a una bajada. Rodo entre la tierra y dio a caer en un hoyo, oculto de los soldados. La cabeza le ardía ya que la herida se había abierto más y sangraba. Se tapo la herida y se intento levantar, pero no pudo como si de repente fuera una marioneta a la cual se le hubiera cortado los hilos. Se arrastro y cuando quiso agarrarse de una raíz que crecía de la tierra cuando escucho  los gritos de líder. Un grito estruendoso, desgarrador y cargado de un insufrible dolor.

¡Déjenlo!

Gritaba Damián suplicante y con una voz ronca que no era nada suya. Los gritos aumentaron y resonaban en aquella prisión que aunque fuera irónico mantenía a salvo a Damián de aquel porvenir que le hubiese esperado se hubiese quedado. Damián sintió como esos gritos le apuñalaban el corazón y como el palpitar de este crecía en su interior causando un calor lleno de ira, desesperación y una sed de venganza. Trato de subir pero caía. Nuevamente lo intentaba sin importarle el dolor de la pierna.

¡Déjenlo malditos mal nacidos!

Gritaba sollozando con todas sus fuerzas y un odio palpitante. Tenía los ojos cubiertos de lágrimas. Un disparo sonó y los gritos pararon así como también lo hizo el corazón de Damián.

Era como si le hubieran disparado a él. Se dejo resbalar y se quedo como piedra, sintiendo como todo a su alrededor se distorsionaba el sonido del dispara aun resonaba en sus oídos, sin poder creer que fuera real. Tenía la mirada perdida, murmuraba cosas en susurros y todo su cuerpo temblaba. Todo era una mezcla que incrementaba y que estaba por explotar. Damián lo sabía y quería liberarse de aquello y también vengarse. Se levanto lentamente con una mirada oscura y amenazadora y con lágrimas en el rostro.

Si creen que esto va a terminar así, están muy equivocados.
Dijo con un odio creciente y desprecio, pero también cargado de un dolor que junto con la sensación de abandono y soledad le oprimía el pecho. Sin darse cuenta empezó a caminar torpemente, pero de a poco a poco con pasos firmes. Su mente estaña lejos de aquel lugar, lo único en que podía pensar era en la mirada que le dirigió el líder entes de quedarse atrapado en aquel rincón. Cojeaba y el dolor le era del todo presente, pero nunca sería igual a la ira que crecía cada vez más rápido en su corazón. De repente tropezó con una piedra y cayo rasguñándose el brazo. Con la vista nublada vio lo que había arriba suyo. Todo le parecía borroso y le parecía que un martillo le golpeaba la cabeza sin compasión alguna. Imágenes de sus compañeros muriendo ante sus ojos y su líder que le había salvado la vida muerto  y sin ninguna esperanza de seguir adelante  se le aparecían en la mente de una forma tan clara y desgarradora que parecía revivir el momento en carne viva. Sintió como un nuevo fuego se prendía en su interior. Sintió como un derrumbe sucedía dentro de él arrasando con todas las sonrisas y alegrías que le había producido su nuevo hogar, que finalmente termino siendo el único en que se sentía querido y admirado, a excepción de sus hermanas, el lugar donde había encontrado su camino y deseos. La piel le hervía y daba sacudidas y le costaba respirar por la opresión que le causaba aquella sensación. Sin embargo sintió que esto le daba fuerzas, que esto lo empujaba a levantarse y hacia que de repente todo su cuerpo se llenara de un fuego nuevo para él.

Nunca se los perdonare

Susurraba con una voz profunda y escalofriante. Lagrimas de pena y desesperación, pero de una rabia sin límites le corrían por el rostro. Se paro y miro un árbol en el vual varias rocas estaban apiñadas. La rama que los sujetaba estaba a punto de ceder y de se rompía os soldados de allá arriba estarían enterrados. Sintió como un ansia se unía con el sentimiento anterior y le hacía más difícil la terea de respirar. Sus pulmones pedían auxilio, pero callaban ante el estruendo de las olas que el mar de emociones no dejaba de estrenar. Su corazón latía más rápido y al tomar su arma entre las manos sintió que estas temblaban de miedo y expectación. De repente vio a uno de ellos riéndose con una voz despreciable y desdeñosa. Al verlo mejor Damián sintió que su corazón se paralizaba y todo el color del rostro que le quedaba desaparecía tomando su tez un color mortal por la noticia que acababa de recibir por sus ojos, y que se le hundía con crueldad en el pecho que cargado de heridas ya estaba.

No puede ser.

Susurro de nuevo con su voz, sintiendo como todo el calor en su cuerpo desaparecía como si una cachetada le hubiera golpeado. Su cuerpo se sintió débil, pero sus manos seguían sujetando el arma. Los ojos se le llenaron de lagrimas y los cerro como tratando de despertar de una pesadilla. Miro de nuevo y sintió que algo le desgarraba el corazón y el sentimiento de incredulidad y nostalgia se transformo en un odio que nunca había sentido. Se paro firme y aun temblando miro de nuevo al hombre y con unos ojos cargados de nostalgia, ira y dolor, por no solo la pérdida de su líder, sino por una amistad dijo.


Así será.

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