Capitulo 5
Sin darse cuenta había llegado su fin. El dolor que le
recorría la pierna y como el humo causado por la pólvora le asfixiaba era algo
menor comparado con el sentimiento que le oprimía el pecho. Lo que controlaba y
dominaba su cuerpo por completo era el miedo, la frustración y la desesperación
de no poder ser más ayuda, como siempre su padre se encargo de recordarle todos
los días, que no servía más para dar problemas. Nunca le intereso que le pasara
a él. Había dejado de amarse y luchar por él desde el momento en que su padre
lo miro como un desconocido, como si él no fuera la nada misma tal y como un
punto blanco en una negrura total y oscurecido por la frialdad humana y el
egoísmo fue lo que hizo que Damián se sepultara a sí mismo y no dejara salir su
verdadero yo. Pero sin embargo lo que creía que iba a doler en verdad fue algo diminuto con la inigualable
sensación de libertad que a partir de ahora disfrutaría y sería completamente
suya. Jamás se había sentido unido o el hacer sentido algún sentimiento
especial por su padre, el cual siempre lo había mirado de manera despectiva,
con decepción y rabia. El no podía soportar aquello y sin darse cuenta poco a
poco le fue importando menos lo que tardaba él pues tarde o temprano lo
reconocerían de otra manera. Quizás no su familia, con excepción de sus hermanas,
pero si el resto de la gente. Ya no lo mirarían más como si fuera un águila
perdida en su vuelo, ni como un miserable. No lo reconocerían por la riqueza ya
que sabía que eso solo le traería odio y rencor. Sería reconocido por sus
valores, sus actos y por aquel espirito vigorizante que moría por ver un mundo
en el cual nadie le dijera como actuar o pensar. Sin esperarlo esta oportunidad
se presente gracias a una causa: la revolución. Su espíritu había crecido de
manera tan significativa que no tenía miedo de enfrentar a algo tan poderoso
como lo era la vida implantada en aquellos tiempos. Sin dudarlo se unió
confiando plenamente en el éxito que tendría y como junto con otra gente
lograría poder darle a los demás aquel sentimiento que se encontraba tan poco
permitido y enjaulado en cada uno: vivir una vida con dignidad, el tener la
capacidad de elegir, el mostrar quien soy, igualdad para todos y el no tener
miedo de formar una familia por no poder darles lo que a los ojos de uno es lo
mínimo que pueden merecer: un techo donde dormir y tener la calidez de un hogar
no solo por el amor que uno puede poseer sino el apoyo incondicional que en el
futuro rendirá frutos deliciosos ya que estarán cargados de felicidad. Todo
esto eral sentimiento que Damián esperaba lograr, contrario al frio que
recorría aquellos hogares que se merecían lo mejor, el calor que debían recibir
en los días más fríos de invierno cuando crees que la vida no tiene sentido.
Un cañón retumbo y Damián cayó hacia adelante en el
fango. Grito de agonía por su pierna herida y que parecía desgarrarse
lentamente. Pedía ayuda a gritos desgarradores
¡Ayúdenme!, ¡socorro, no me dejen aquí por favor!
Pero todos corrían resbalándose y levantándose lo más
rápido que podían para luego ser alcanzados por las balas arrebatadoras de la vida
y del latir del corazón, para caer como piedras. Damián era algo invisible que sufría
por el dolor de su cuerpo y el abandono.
¡¡Ayúdenme!!
Gritaba con más fuerza y sintiendo como el horror lo
controlaba. Pensó en sus hermanas, sus queridas y adorables hermanas a las
cuales quería más que a su vida pues eran su única familia. Las sonrisas y
cariños en los días de verano, donde si al menos los dividía una mitad de sus
padres podían contentarse jugando y soñando todos juntos sin importar lo que
sus padres dijeran. Al recordar como en su despedida habían llorado por él,
sintió la inmensidad del mundo caer sobre sus hombros y como el llanto de ellas
resonaba en su cabeza. Todo a su alrededor parecía desvanecerse.
Volveré, lo prometo
Escucho dentro de su cabeza. Eran sus propias palabras.
La rabia y la pena lo llenaron. Se arrastro tratando de llegar detrás de un cañón,
pero en ese momento sintió que algo lo empujaba violentamente. Se dio cuenta de que era uno de los soldados.
Este lo miraba con burla y con una mueca de desdén y asco. En sus ojos había un
odio inhumano que hacía que cada vez lo miraba Damián sentía que su mirada era
como una daga enterrándose en su pecho. Este tomo a Damián de forma brusca y le
dijo
¿Querías luchar?, aquí tienes tu recompensa
Y lo golpeo en el estomago. Damián no quería darle el
gozo de escuchar sus suplicas y sollozos. Se quedo callado, sufriendo en
silencio.
¿Con que muy valiente no?, vamos a ver si lo sigues
siendo después de esto.
Dijo el soldado mientras lo empujaba con el pie. Damián
se encontraba impotente y sentía que sus fuerzas estaban al límite. El
sufrimiento que se le aplicaba sin compasión era mayor cuando recordaba a
Evangeline y Constance. Juro no dejarlas solas. No quería perderlas, no quería
dejarlas ir nunca. Vio como el soldado lo apunto y cerró los ojos, esperando su
fin, pero al abrirlos vio al soldado tirado al lado y sintió como una mano
dura, pero amable a la vez le agarraba el brazo. Al ver quién era, sus ojos
soltaron lágrimas de alivio.
Vamos Damián, ayúdame a salvarte.
Dijo el líder del
ejército. Damián logro sacar la fuerza que hace poco creyó perdida.
Debemos llegar cuanto antes al refugio y de ahí a alertar
a los demás. Nos han traicionado.
Dijo el líder jadeando y llevando a Damián.
Este escucho estas palabras con atención y no pudo evitar sentir un desea de
vengarse de aquella persona que había causado aquella desgracia.
Todo a su alrededor era un caos que iba de mal en peor. Damián
veía todo borroso y le cabeza le dolía enormemente ya que se había desgarrado
cuando el soldado lo empujo. Un cañón retumbo y llego donde ellos. El temblor
de la tierra los hizo perder el equilibrio y caer violentamente al piso que
quedo temblando levemente como también lo estaban ellos con los ojos cerrados,
como tratando de escapar de aquella pesadilla. Ambos inhalaban desesperadamente
aire que luego hacia que sintieran nauseas. Lo que en verdad necesitaban
respirar era tranquilidad y quietud, ya que presentían que nunca las volverían a
sentir.
Damián, debes seguir tú
Le dijo el líder. Damián lo miro atónito, con horror y
sin poder creer sus palabras. Al ver los ojos de él pudo darse cuenta de que no
mentía y que en verdad le estaba pidiendo que lo abandonase a la merced de
aquellos monstros que arrebataban algo tan cristalino y justo. El sentimiento
de abrir las alas y lanzarte a lo que venga sin que nadie te detenga. Tal y
como era así ese sentimiento también lo tendría que ser la vida. Los ojos de Damián estaban fijos en la tierra
y la piel se le puso pálida y agarraba la tierra con una sensación que le
presionaba todo su cuerpo y un calor punzante que le causaba escalofríos.
Estaba entre la espada y la pared. Unos sentimientos le ahogaron el pecho. Negó
con la cabeza sintiendo la rabia y la tristeza, pero también el miedo
enfriándole los huesos. La negación y la desesperación le nublaron la mente
dejándolo en un estado de pérdida y resignación.
¡Damián, escúchame!
Le repitió sacudiéndolo, pero Damián parecía ausente. Las
palabras le entraban claras por los oídos y le provocaban que un palpitante
sentimiento de angustia. Sabía lo que venía y no estaba dispuesto hacerlo.
No lo dejare, ¡jamás en la vida! Si voy a morir será
aquí. No lo haré nunca ¿me escucho? No quiero…
Estaba gritando ciego de ira y llorando, pero en ese
momento el líder le dio una cachetada. Fue como si le hubieran tirado agua
fría, como si una rama se hubiera roto causando un estruendoso ruido que saco a
Damián del pozo donde el mismo se estaba metiendo. Se quedo mirando el suelo lleno de confusión y
asustado, sin siquiera atreverse a levantar la mirada al líder porque no podría
sentir su mirada escrutadora, de decepción y dura que le castigaba duramente
por lo que acababa de decir.
Que no se te ocurra decir eso. Tú eres nuestra esperanza,
la oportunidad de poder lograr la promesa que hicimos. Tienes hermanas que te
quieren y te aprecian mucho. Ellas te están esperando ¿y tú quieres dejarlas
solas?, ¿eso quieres?
Le regañaba con dureza haciendo que Damián lo mirara.
Este se quedo con la cabeza gacha sintiendo como las lágrimas en la cara le
ardían y el dolor de la pierna le parecía inmune comparado con la decepción y
enojo que le mostraba en ese momento aquel hombre que era como un padre para él.
No lo lograre, sin ayuda no podre. Comparado con los
demás no soy nada, ¿Cómo podre hacerlo yo solo?
Sollozaba asustado y vulnerable. Sintió como un peso caía
sobre el enterrándolo en lo profundo. Se sentía débil, sin fuerzas, como si le
hubieran arrebatado la única por la que quería vivir.
Confía en ti, como yo lo hago. No tienes idea del gran
valor que eres para nosotros. Sin tu fortaleza, ansias y valentía que te
dominaba en todo momento. Ese espíritu luchador, justo y puro que ponías en
cada reto que te imponía esta guerra. No lo pierdas Damián, eres más de lo que tú
crees, no te des autoestimes. Amate a ti mismo lo suficiente para párate firme
y seguir con tu vida. No es tiempo de auto compadecerte, sino pensar en lo que
quieres lograr para ti y para tus seres queridos. Yo siempre creeré en ti y estaré
contigo en cada momento aunque no sea en persona.
Le dijo él con un tono lleno de afecto, de sinceridad y
la voz temblorosa. Damián se sintió abrazado por esas palabras, pero sabiendo
lo que significaban, lo que vendría a continuación provocaban también que no
quisiera oírlas. Sabía que no podría recuperarse nunca de lo que vendría.
No quiero dejarlo, vamos juntos, le prometo que hare todo
lo que mi vida me permita y no me rendiré hasta lograr lo que deseamos para los
demás, se lo juro, pero no me deje solo. Por favor.
Le suplicaba con un sentimiento que le retorcía la
garganta. El líder se lo acerco y le dijo mirándolo directamente a los ojos.
No podemos los dos. Vive tú por mí. Se feliz y no olvides
lo que es más importante Damián. La libertad porque con ella todo será mejor
incluido el amor. Ahora vete Damián, ¡corre!
Le exclamo tratando de ocultar sus ojos que ya no
aguantaban el ardor de las lagrimas y como su voz se iba haciendo poco audible,
Damián negaba con la cabeza, pero de repente una bala por poco lo alcanzo y
antes de que se diera cuenta se vio empujado hacia unos arbustos que daban a
una bajada. Rodo entre la tierra y dio a caer en un hoyo, oculto de los
soldados. La cabeza le ardía ya que la herida se había abierto más y sangraba.
Se tapo la herida y se intento levantar, pero no pudo como si de repente fuera
una marioneta a la cual se le hubiera cortado los hilos. Se arrastro y cuando
quiso agarrarse de una raíz que crecía de la tierra cuando escucho los gritos de líder. Un grito estruendoso,
desgarrador y cargado de un insufrible dolor.
¡Déjenlo!
Gritaba Damián suplicante y con una voz ronca que no era
nada suya. Los gritos aumentaron y resonaban en aquella prisión que aunque
fuera irónico mantenía a salvo a Damián de aquel porvenir que le hubiese
esperado se hubiese quedado. Damián sintió como esos gritos le apuñalaban el
corazón y como el palpitar de este crecía en su interior causando un calor
lleno de ira, desesperación y una sed de venganza. Trato de subir pero caía. Nuevamente lo intentaba sin importarle el dolor de la pierna.
¡Déjenlo malditos mal nacidos!
Gritaba sollozando con todas sus fuerzas y un odio
palpitante. Tenía los ojos cubiertos de lágrimas. Un disparo sonó y los gritos
pararon así como también lo hizo el corazón de Damián.
Era como si le hubieran disparado a él. Se dejo resbalar
y se quedo como piedra, sintiendo como todo a su alrededor se distorsionaba el
sonido del dispara aun resonaba en sus oídos, sin poder creer que fuera real.
Tenía la mirada perdida, murmuraba cosas en susurros y todo su cuerpo temblaba.
Todo era una mezcla que incrementaba y que estaba por explotar. Damián lo sabía
y quería liberarse de aquello y también vengarse. Se levanto lentamente con una
mirada oscura y amenazadora y con lágrimas en el rostro.
Si creen que esto va a terminar así, están muy
equivocados.
Dijo con un odio creciente y desprecio, pero también
cargado de un dolor que junto con la sensación de abandono y soledad le oprimía
el pecho. Sin darse cuenta empezó a caminar torpemente, pero de a poco a poco
con pasos firmes. Su mente estaña lejos de aquel lugar, lo único en que podía
pensar era en la mirada que le dirigió el líder entes de quedarse atrapado en
aquel rincón. Cojeaba y el dolor le era del todo presente, pero nunca sería
igual a la ira que crecía cada vez más rápido en su corazón. De repente tropezó
con una piedra y cayo rasguñándose el brazo. Con la vista nublada vio lo que
había arriba suyo. Todo le parecía borroso y le parecía que un martillo le
golpeaba la cabeza sin compasión alguna. Imágenes de sus compañeros muriendo
ante sus ojos y su líder que le había salvado la vida muerto y sin ninguna esperanza de seguir adelante se le aparecían en la mente de una forma tan
clara y desgarradora que parecía revivir el momento en carne viva. Sintió como
un nuevo fuego se prendía en su interior. Sintió como un derrumbe sucedía
dentro de él arrasando con todas las sonrisas y alegrías que le había producido
su nuevo hogar, que finalmente termino siendo el único en que se sentía querido
y admirado, a excepción de sus hermanas, el lugar donde había encontrado su
camino y deseos. La piel le hervía y daba sacudidas y le costaba respirar por
la opresión que le causaba aquella sensación. Sin embargo sintió que esto le
daba fuerzas, que esto lo empujaba a levantarse y hacia que de repente todo su
cuerpo se llenara de un fuego nuevo para él.
Nunca se los perdonare
Susurraba con una voz profunda y escalofriante. Lagrimas
de pena y desesperación, pero de una rabia sin límites le corrían por el
rostro. Se paro y miro un árbol en el vual varias rocas estaban apiñadas. La
rama que los sujetaba estaba a punto de ceder y de se rompía os soldados de allá
arriba estarían enterrados. Sintió como un ansia se unía con el sentimiento
anterior y le hacía más difícil la terea de respirar. Sus pulmones pedían auxilio,
pero callaban ante el estruendo de las olas que el mar de emociones no dejaba
de estrenar. Su corazón latía más rápido y al tomar su arma entre las manos
sintió que estas temblaban de miedo y expectación. De repente vio a uno de
ellos riéndose con una voz despreciable y desdeñosa. Al verlo mejor Damián
sintió que su corazón se paralizaba y todo el color del rostro que le quedaba desaparecía
tomando su tez un color mortal por la noticia que acababa de recibir por sus
ojos, y que se le hundía con crueldad en el pecho que cargado de heridas ya
estaba.
No puede ser.
Susurro de nuevo con su voz, sintiendo como todo el calor
en su cuerpo desaparecía como si una cachetada le hubiera golpeado. Su cuerpo
se sintió débil, pero sus manos seguían sujetando el arma. Los ojos se le
llenaron de lagrimas y los cerro como tratando de despertar de una pesadilla.
Miro de nuevo y sintió que algo le desgarraba el corazón y el sentimiento de
incredulidad y nostalgia se transformo en un odio que nunca había sentido. Se
paro firme y aun temblando miro de nuevo al hombre y con unos ojos cargados de
nostalgia, ira y dolor, por no solo la pérdida de su líder, sino por una
amistad dijo.
Así será.
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