lunes, 26 de diciembre de 2016

Capitulo 16: El momento esperado

El día siguiente fue frio y la nieve deslumbraba junto con la luz invernal que parecía estar en metamorfosis para transformarse en una luz primaveral. Eliza podía sentir el frio bajo sus pies. Se dejo recorrer por esa sensación. Tanto tiempo arriba de un auto, el pisar el suelo era como nacer de nuevo, al menos para tus piernas. Una ansiedad, nerviosismo, pero también felicidad le llenaban el cuerpo con una sensación calienta como sientes el café dulce entrar por tu garganta y que te despierta del sueño en el que puedes caer. Detrás de ella, los demás bajaban del auto inseguros y deslumbrados por aquel paisaje. Cualquier ruido hacia que se pusieran en guardia. Johan los comprendía pues incluso para el que conocía ese lugar la inquietud le era inevitable. Vio como Joana les daba mantas a todos y cargaba fuera del auto las pocas latas, agua potable y abrigos que habían conseguido agarrar antes de ser invadidos. Se acerco y le dijo.

Tenemos lo necesario en casa, yo las cargara no te preocupes.

Joana le sonrío agradecida, sonrojada por el esfuerzo.

Me calma la inseguridad y la ansiedad. El usar mi fuerza es como su me desprendiera un poco de esta sensación molesta.

Le explico ella dejando una caja en el suelo y encumbrando los hombros. Johan rio y asintió recordando a Elena, sabiendo que ella se encontraba a pocos pasos.

No solo Eliza, se llevara bien con mi Elena, tu también.

Comento este. Joana sonrió y fingió sentirse alabada por aquel comentario.

¿Es que acaso soy de tu agrado?

Pregunto encarnando una ceja con una expresión divertida e interrogatorio.

Mientras no me critiques por no cortarme el pelo, estaremos a mano.

Le dijo el moviendo el dedo índice. Joana se rio y miro a su hermana que jugaba con Tessa en la nieve. Sonrío complacida y comento.

A veces desearía ser ellas.

Johan asintió y también las miro.

Te hacen sentir que todo se puede lograr. Desearía tener la mitad de la confianza y seguridad que tiene ella.

Dijo Joana recordando como era su hermana antes de conocer a Isaac.

Gracias a Dios que Isaac esta para ella.

Dijo ella contenta de saber que su hermana tenía una buena y amada compañía.

Mejor dicho, gracias a Dios que Isaac la pudo encontrar.

Dijo Johan caminando hacia Eliza. Joana lo miro son entender, pero luego pensó en sus palabras y sonrió encontrándole la razón a Johan. Al llegar donde Eliza que tenía a Tessa en su espalda y giraba para hacerle caer en la nieve y haciéndole cosquillas sonrió divertido. Eliza sentía el calor del jugar encenderle las mejillas. Finalmente cayeron y Eliza tomando aire sonreía fascinada.

Tessa, ni me ganas a mí que soy mayor que tu.

Le dijo a su sobrina dejándose llevar por aquella atmosfera helada y que la nieve le mojara el rostro. Tessa la miro tomando aire.

Eso está más que confirmado.

Le dijo divertida. Eliza fingió estar ofendida, se puso encima de ella y le dijo con una voz ronca y juguetona.

Pagaras por tus palabras.

Acto seguido le empezó hacer cosquillas. Johan se divertía a muerte con esta escena y lamentaba el hecho de que iba a pararla.

Lamento interrumpir, pero es hora…

Estaba diciendo, pero de repente se quedo mudo al  desviar la mirada y ver con quien se encontró.

Johan

Dijo una voz femenina profunda y dulce como la miel, aliviada y llena de amor. Eliza paro de inmediato y se quedo petrificada. Era ella, al fin la conoció.

Elena

Dijo Johan radiante y sintiendo como su corazón palpitaba fuertemente al ori aquella voz tan anhelada y amada por él. Fue donde ella y le abrazo levantándola en el aire. Elena buco sus labios como si no supieran donde estaban. Sabía dónde estaban, pero parecía haberlos perdido y necesitaba encontrarlos para sentir su tacto y sabor que tanto le encantaba. Lo beso con dulzura y deseo.

Menos mal que nada te ha pasado. Tú y tus manías arriesgadas. A veces creo que me sacaras de quicio.

Dijo ella reprochándole, pero en verdad no enojada sino tranquila y orgullosa.

Pero si eso es lo que te gusta de mí.

Le susurro el dulcemente. Elena le sonrío y le dijo.

Le sé, por eso  te amo tanto.

En ese momento oyó unos pasos y llevada por este sonido fue hacia donde provenía. Iba hacia Eliza la cual estaba insegura y apretaba las manos tratando de tragarse él nuda de su garganta. Elena le tomo la mano y le pregunto.

¿Quién está ahí?

Que te lo diga ella.

Le dijo Johan yendo donde Eliza sin soltarle la mano a Elena y acercándola a esta. Eliza se sorprendió al sentir el tato de él, pero no hizo fuerzas cuando le tomo la mano para que no estuviera lejos. De repente su menta estaba en blanco y no parecía tener voz.

Hola, ¿Cómo te llamas?

Le preguntó Elena con la vista fija y con un tono de ternura y aliento.

Eliza le respondió temblorosa.

Eliza

La prometida de tu hermano.

Le dijo Johan al oído a Elena. Eliza se sonrojo ante estas palabras, pero soltó una discreta sonrisa. Elena s quedo con la boca abierta, sin creerlo.

¿Es verdad?

Le pregunto. Eliza sintió esa voz en la oscuridad con el mismo efecto que le causaba la de Isaac: seguridad.

Se tu nombre de antes, porque él me dijo que te quería al igual que a mí. Y yo  también a él.

Le dijo con ansiedad ya desbordada y lentamente para no tropezarse con sus palabras.

Elena sonrío recordando a su hermano y de repente sintió un repentino afecto con esa chica. Sabía que era ciega, pues no sentía su mirada. Entendía de alguna manera porque su hermano se había enamorado de ella, No era alguien normal, era una de las pocas personas en este mundo que poseía algo que los demás anhelaban: la pureza. Podía sentir eso en la voz de Eliza, como también la inocencia. Le abrazo de manera acogedora y le dijo afectuosamente.

Me alegra que seas tú, ya que tenemos algo en común, el cariño por Isaac y una facultad que se nos prohibió, que es la razón por la que no te veo, pero te siento.

Eliza se quedo pasmada. Era ciega al igual que ella. Ahora entendía, cuando conoció a Isaac lo que le dijo, era por su hermana. Las dos estaban unidas por ese problema, que cada uno supero con el tiempo.

Bienvenida a la familia.

Le dijo Elena. Eliza sintió que una alegría inmensa le llenaba al igual que la incredulidad. Sonrió agradecida y dijo.

Gracias

Isaac desearía que estuvieras en este momento

Pensó Eliza ahora calmada, como si hubiera pasado una prueba que nunca existió. 

Capitulo 17: La gota que colmo el vaso

Las reflexiones que siguieron después de aquel encuentro tan cariñoso y compatible pueden ser obvias. El reproche de Elia por asustarse tanto, como si la hermana de Isaac fuera un ogro cuando en verdad era la copia de él, pero en versión femenina. Entendía porque Johan la amaba tanto, al igual como tenía por asegurado que aquellos hermanos tenían una capacidad que no conocían, pero que utilizaban todo el tiempo y que había cautivado dos corazones y que eran completamente suyos.  Algo que la tenía incluso más sorprendida y atónita era el hecho de que Elena era ciega y que eso haya sido la razón para que el viera en ella algo que lo cautivo, que le recordó a un ser querido y que al final termino por querer a la persona misma.

Mientras más analizaba las conversaciones que habían tenido, trataba de buscar en ellas algún indicio de que él le hubiese dicho que Elena era ciega y finalmente tras repasar cada palabra se dio cuenta de que lo había dejado claro, aunque no directamente. En ningún momento cuando le cinto la separación entre él y su hermana, hablo sobre la mirada de ella, nunca se refirió a esos términos y esto hizo que Eliza se diera cuenta de cuan perdida estaba en su enamoramiento que no se fijo en esto.

Todo parecía cambiar con el simple hecho de estar con ella, su presencia despedía la misma esencia de Isaac y para Eliza era como tenerlo en el aire, lo respiraba y se sentía en su hogar. Su hogar era Isaac. Elena sin lugar a dudas era la copia de él y tenía tantas virtudes y un corazón tan puro que aunque no viera con los ojos, veía a través del sentir, cosa que Eliza conocía muy bien. El convivir con ella, Johan y su hija en cierta manera la hacía sentir culpable y deseaba poder ir donde Isaac y contarle la gran noticia, para tenerlo cerca y no dejarlo ir nunca más. Toda la gente que se había trasladado de la resistencia a la casa de Johan y Elena, aun parecían aturdidos y no parecían querer acostumbrarse. Parecía que en vez de ver el presente, el entorno que los rodeaba tenían frente a sus ojos solo el ayer y el deseo de volver allí. Parecían animalitos sobrecogidos y muertos del susto el sentirse totalmente fuera de lugar. Sentían que en cualquier momento la paz se derrumbaría y que pronto estarían junto con las demás victimas de aquellas masas controladas por un montón de dirigentes ciegos por el poder. 

Poco a poco esta atmosfera se fue haciendo cada vez más pesado y afecto el humor de Eliza. La ansiedad la carcomía y cada día que pasaba pensamientos desastrosos le ahogaban el pecho y trataba de calmarlos, solamente para después caer de nuevo en sus embrujos. El no tener noticias, de lo que estaba pasando, por lo que pasaban y que vendría la angustiaba e Isaac y David no paraban de ser los protagonistas. Johan también estaba nerviosos y hacia vigilias nocturnas, ayudada por Jules, Elena y Eliza. Pero las noches eran oscuras y cuando Johan trataba de encontrar tropas a las cuales unirse disimuladamente por unos minutos para conseguir información, solo encontraba espacios desérticos, sin ninguna alma rondando excepto por los que las buscaban. La tensión crecía y Eliza no sabía porque razón algo le decía que hacía un trasfondo detrás de la situación y que debía hacer algo, porque algo malo estaba por suceder. Al principio trato de evitarlo, pero era más fuerte y muy pronto ya no aguanto más. Una tarde decidió contar lo que pensaba y entonces sucedió lo que sería el principio del fin, solamente que Eliza lamentaba que hubiera comenzado con un hecho tan nefasto.

La tarde parecía sumergida en un silencio inquebrantable. Ese silencio que te crispa los nervios y no hace más que mantenerte inquieto y con una ansiedad mortal. Eliza sentía que el aliento se le cortaba y tragaba saliva haciendo que su garganta le doliera ya que habían salido de excursión y se sentía perdida y mareada por la sensación creciente en su estomago. El no oír o sentir algo más que aquel tormento la desorientaba. Sintió que alguien le apretaba la mano y entonces escucho la voz de Johan.
No me gusta nada, las tropas siempre rondan por estos territorios. Tal parece que se los ha tragado la tierra.

Eliza asintió y vio esto como una oportunidad.

¿No crees que hay algo más oculto tras esto?, me parece extraño, tal parece que todo ha terminado.

Le comento esperando la respuesta tratando de mantenerse alerta. Johan permaneció silencioso pensando en las palabras de Eliza y dándose cuenta de que algo de razón había. Pero en ese momento su cabeza estaba ardiendo y no podía pensar en otra cosa más que buscar y buscar, a pesar de que se había presentado una duda sobre si valía la pena. Eliza no busco que le respondiera, pues notaba su concentración y fue por eso que la asalto el que le hablara.

Creo que tienes razón, pero hay algo que me incomoda. Quizás ahora se la razón, pero todavía siento que hay algo oculto, algo que no sé porque me dice que no ha acabado aún.
¿Lo sientes tú también?

Le pregunto Eliza sorprendida y sin apartarse de él. Johan asintió y dijo.
Presiento que planean algo  y que todo esto no es más que una trampa. Su intención quizás es que estemos tranquilos.

Pues no les funciono. Es increíble que crean que ese plan va a funcionar. Después de tantos años ocultándonos y escapando ¿acaso creen que estaremos tranquilos sin tener señal alguno de un fin?

Dijo incrédula Eliza, pero de repente una idea se le paso como un rayo y se paro.

Al menos que…

Dijo dudando y pensando en lo que iba a decir. Tenía un revoltijo de pensamientos que chocaban entre si y le aturdían la idea que trataba de sacar a luz. Esta desaparición tan extraña e inquietante, el hecho de llegar a un plan tan poco pensado ye incluso un poco desesperado, como si se encontraran en las últimas y quisieran eliminar…

Estén perdiendo.

Termino de decir. Johan se quedo petrificado y la miro. Ahora todo tenía sentido y súbitamente los invadió una alarma y terror. Empezaron a correr desesperadamente tropezándose en la nievo. Eliza pensaba en Joana, Tessa en todos los demás. Su corazón latía fuertemente y sentía que todo se nublaba. Una sensación punzante y caliente le quemaba y hacia que escalofríos la sacudieran. Sus pies parecían ser los de otra persona y se enredaban, pero aún así corría. Johan parecía compartir los mismos sentimientos. Ya casi no le quedaba aire y sus piernas estaban adoloridas y mojadas. Pero no le importaba, tenía que llegar, no podía sr, no lo permitiría. Al llegar a la casa, se le cayó el alma a los pies al ver la escena que se les presentaba. Eliza no lo pudo ver, pero al sentir que se habían parado el oír los vidrios romperse y llantos le pareció que todo se detenía. Se los llevaban.

Los soldados sacaban a toda la gente a empujones y los metían bruscamente en una furgoneta. La gente luchaba por liberarse y recibían fuertes golpes que los dejaban aturdidos. Eliza oía los gritos y sentía el miedo, paralizada y se asusto cuando sintió que algo la tiraba para abajo bruscamente. Forzó, pero entonces recordó a Johan que temblaba de ira y trataba de controlarse a si mismo apretando a Eliza. Esta no podía respirar y sentía que se hundía. La desesperación la invadía y cuando oyó a su hermana una fuerza la hizo levantarse y hacer que Johan cayera para atrás, pero justo para agarrarla por detrás y sujetarle los brazos. La hizo caer al suelo. Eliza se sacudía le dolían los ojos por las lagrimas que retenía. Johan agradeció que estuviera ciega, como lamento el poder no estarlo. Aquel cuadro era espeluznante y torturador. A Joana la sacaron tomándola de los cabellos, mientras que otros le golpeaban la espalda para que se moviera. Joana luchaba y golpeaba con los pies, dándole a uno de ellos. Tessa iba detrás de ella, sujetada violentamente por uno de ellos. Lloraba a mares y gritaba desesperada, hasta que el que la retenía le pusieron un trapo en la nariz y cayó adormecida. Joana se alarmo y suplico que le dejaran, pero antes de que pudiera volver a hablar, le hicieron lo mismo y cayo inconsciente. Johan no podía resistirlo y por un momento estuvo a punto de liberar a Eliza, más incluso cuando vio a Elena. Esta forzaba mientras le tenían agarrados los brazos, pero al ver que tomaban a Lin, se dejo tomar y pidió que se la dieran. Al ver esta actitud, los soldados dudaron, pero Elena parecía tan fría y firme que decidieron desistir y se la dieron. Elena la tomo y odio la oscuridad que la dominaba. Necesitaba verlo, quería estar con Johan. Los lamentos de la gente le eran un escarmiento permanente y se sentía asqueada y angustiada de estar en una situación asó, sintiendo todo aquel sufrimiento creciente. Johan la miro fijamente temblando y soltando lágrimas. Elena entonces sintió su presencia y trato de enviarle su auxilio y amor. La subieron y los soldados buscando en los alrededores por última vez se fueron dejando a Eliza y Johan realmente solos esta vez.
Una vez que su fueron, Johan soltó a Eliza y esta se quedo en el suelo, golpeándolo y llorando de rabia. Johan se levanto y se tomaba la cabeza en las manos tratando de controlar la furia e idear un plan. Eliza estaba bloqueada y por un buen rato se sintió enterrada en sus dudas. De repente sintió que una corriente eléctrica la recorrió y alejo aquella niebla. Se levanto y  busco a Johan. Cuando lo encontró lo hizo darse vuelta y le dijo.

No nos quedemos aquí, los van a matar si no hacemos algo.


Johan se quedo impactado al oírle esa voz tan desconocida, pero Eliza logro traspasarle esa energía decisiva que la había poseído y sin dudar Johan la toma de la mano y fueron al camión. Eliza sentía que aquel pensamiento que había estado en su cabeza se hacía presente nuevamente. Ese pensamiento de que algo se avecinaba y que estaba vez ella se dirigía a él. Se sentó al lado de Johan. Este tenía un uniforme en sus piernas y una pistola oculta. Sentía los nervios recorriéndole, pero no les hizo caso y empezó a manejar seguro de que donde iban todo acabaría, de una vez por todas. Este era el enfrentamiento final.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario