Capitulo 16: El momento esperado
El día siguiente
fue frio y la nieve deslumbraba junto con la luz invernal que parecía estar en
metamorfosis para transformarse en una luz primaveral. Eliza podía sentir el
frio bajo sus pies. Se dejo recorrer por esa sensación. Tanto tiempo arriba de
un auto, el pisar el suelo era como nacer de nuevo, al menos para tus piernas.
Una ansiedad, nerviosismo, pero también felicidad le llenaban el cuerpo con una
sensación calienta como sientes el café dulce entrar por tu garganta y que te
despierta del sueño en el que puedes caer. Detrás de ella, los demás bajaban
del auto inseguros y deslumbrados por aquel paisaje. Cualquier ruido hacia que
se pusieran en guardia. Johan los comprendía pues incluso para el que conocía
ese lugar la inquietud le era inevitable. Vio como Joana les daba mantas a
todos y cargaba fuera del auto las pocas latas, agua potable y abrigos que
habían conseguido agarrar antes de ser invadidos. Se acerco y le dijo.
Tenemos
lo necesario en casa, yo las cargara no te preocupes.
Joana le
sonrío agradecida, sonrojada por el esfuerzo.
Me calma
la inseguridad y la ansiedad. El usar mi fuerza es como su me desprendiera un
poco de esta sensación molesta.
Le
explico ella dejando una caja en el suelo y encumbrando los hombros. Johan rio
y asintió recordando a Elena, sabiendo que ella se encontraba a pocos pasos.
No solo
Eliza, se llevara bien con mi Elena, tu también.
Comento
este. Joana sonrió y fingió sentirse alabada por aquel comentario.
¿Es que
acaso soy de tu agrado?
Pregunto
encarnando una ceja con una expresión divertida e interrogatorio.
Mientras
no me critiques por no cortarme el pelo, estaremos a mano.
Le dijo
el moviendo el dedo índice. Joana se rio y miro a su hermana que jugaba con
Tessa en la nieve. Sonrío complacida y comento.
A veces
desearía ser ellas.
Johan
asintió y también las miro.
Te hacen
sentir que todo se puede lograr. Desearía tener la mitad de la confianza y
seguridad que tiene ella.
Dijo
Joana recordando como era su hermana antes de conocer a Isaac.
Gracias a
Dios que Isaac esta para ella.
Dijo ella
contenta de saber que su hermana tenía una buena y amada compañía.
Mejor
dicho, gracias a Dios que Isaac la pudo encontrar.
Dijo
Johan caminando hacia Eliza. Joana lo miro son entender, pero luego pensó en
sus palabras y sonrió encontrándole la razón a Johan. Al llegar donde Eliza que
tenía a Tessa en su espalda y giraba para hacerle caer en la nieve y haciéndole
cosquillas sonrió divertido. Eliza sentía el calor del jugar encenderle las
mejillas. Finalmente cayeron y Eliza tomando aire sonreía fascinada.
Tessa, ni
me ganas a mí que soy mayor que tu.
Le dijo a
su sobrina dejándose llevar por aquella atmosfera helada y que la nieve le
mojara el rostro. Tessa la miro tomando aire.
Eso está
más que confirmado.
Le dijo
divertida. Eliza fingió estar ofendida, se puso encima de ella y le dijo con
una voz ronca y juguetona.
Pagaras
por tus palabras.
Acto
seguido le empezó hacer cosquillas. Johan se divertía a muerte con esta escena
y lamentaba el hecho de que iba a pararla.
Lamento
interrumpir, pero es hora…
Estaba
diciendo, pero de repente se quedo mudo al
desviar la mirada y ver con quien se encontró.
Johan
Dijo una
voz femenina profunda y dulce como la miel, aliviada y llena de amor. Eliza
paro de inmediato y se quedo petrificada. Era ella, al fin la conoció.
Elena
Dijo
Johan radiante y sintiendo como su corazón palpitaba fuertemente al ori aquella
voz tan anhelada y amada por él. Fue donde ella y le abrazo levantándola en el
aire. Elena buco sus labios como si no supieran donde estaban. Sabía dónde
estaban, pero parecía haberlos perdido y necesitaba encontrarlos para sentir su
tacto y sabor que tanto le encantaba. Lo beso con dulzura y deseo.
Menos mal
que nada te ha pasado. Tú y tus manías arriesgadas. A veces creo que me sacaras
de quicio.
Dijo ella
reprochándole, pero en verdad no enojada sino tranquila y orgullosa.
Pero si
eso es lo que te gusta de mí.
Le
susurro el dulcemente. Elena le sonrío y le dijo.
Le sé,
por eso te amo tanto.
En ese
momento oyó unos pasos y llevada por este sonido fue hacia donde provenía. Iba
hacia Eliza la cual estaba insegura y apretaba las manos tratando de tragarse
él nuda de su garganta. Elena le tomo la mano y le pregunto.
¿Quién
está ahí?
Que te lo
diga ella.
Le dijo
Johan yendo donde Eliza sin soltarle la mano a Elena y acercándola a esta.
Eliza se sorprendió al sentir el tato de él, pero no hizo fuerzas cuando le
tomo la mano para que no estuviera lejos. De repente su menta estaba en blanco
y no parecía tener voz.
Hola,
¿Cómo te llamas?
Le
preguntó Elena con la vista fija y con un tono de ternura y aliento.
Eliza le
respondió temblorosa.
Eliza
La
prometida de tu hermano.
Le dijo
Johan al oído a Elena. Eliza se sonrojo ante estas palabras, pero soltó una
discreta sonrisa. Elena s quedo con la boca abierta, sin creerlo.
¿Es
verdad?
Le
pregunto. Eliza sintió esa voz en la oscuridad con el mismo efecto que le
causaba la de Isaac: seguridad.
Se tu
nombre de antes, porque él me dijo que te quería al igual que a mí. Y yo también a él.
Le dijo
con ansiedad ya desbordada y lentamente para no tropezarse con sus palabras.
Elena sonrío recordando a su hermano y de repente sintió un repentino afecto
con esa chica. Sabía que era ciega, pues no sentía su mirada. Entendía de
alguna manera porque su hermano se había enamorado de ella, No era alguien
normal, era una de las pocas personas en este mundo que poseía algo que los
demás anhelaban: la pureza. Podía sentir eso en la voz de Eliza, como también
la inocencia. Le abrazo de manera acogedora y le dijo afectuosamente.
Me alegra
que seas tú, ya que tenemos algo en común, el cariño por Isaac y una facultad
que se nos prohibió, que es la razón por la que no te veo, pero te siento.
Eliza se
quedo pasmada. Era ciega al igual que ella. Ahora entendía, cuando conoció a
Isaac lo que le dijo, era por su hermana. Las dos estaban unidas por ese
problema, que cada uno supero con el tiempo.
Bienvenida
a la familia.
Le dijo
Elena. Eliza sintió que una alegría inmensa le llenaba al igual que la
incredulidad. Sonrió agradecida y dijo.
Gracias
Isaac
desearía que estuvieras en este momento
Pensó
Eliza ahora calmada, como si hubiera pasado una prueba que nunca existió.
Capitulo 17: La gota que colmo el vaso
Las
reflexiones que siguieron después de aquel encuentro tan cariñoso y compatible
pueden ser obvias. El reproche de Elia por asustarse tanto, como si la hermana
de Isaac fuera un ogro cuando en verdad era la copia de él, pero en versión
femenina. Entendía porque Johan la amaba tanto, al igual como tenía por
asegurado que aquellos hermanos tenían una capacidad que no conocían, pero que
utilizaban todo el tiempo y que había cautivado dos corazones y que eran
completamente suyos. Algo que la tenía
incluso más sorprendida y atónita era el hecho de que Elena era ciega y que eso
haya sido la razón para que el viera en ella algo que lo cautivo, que le
recordó a un ser querido y que al final termino por querer a la persona misma.
Mientras
más analizaba las conversaciones que habían tenido, trataba de buscar en ellas
algún indicio de que él le hubiese dicho que Elena era ciega y finalmente tras
repasar cada palabra se dio cuenta de que lo había dejado claro, aunque no
directamente. En ningún momento cuando le cinto la separación entre él y su
hermana, hablo sobre la mirada de ella, nunca se refirió a esos términos y esto
hizo que Eliza se diera cuenta de cuan perdida estaba en su enamoramiento que
no se fijo en esto.
Todo
parecía cambiar con el simple hecho de estar con ella, su presencia despedía la
misma esencia de Isaac y para Eliza era como tenerlo en el aire, lo respiraba y
se sentía en su hogar. Su hogar era Isaac. Elena sin lugar a dudas era la copia
de él y tenía tantas virtudes y un corazón tan puro que aunque no viera con los
ojos, veía a través del sentir, cosa que Eliza conocía muy bien. El convivir
con ella, Johan y su hija en cierta manera la hacía sentir culpable y deseaba
poder ir donde Isaac y contarle la gran noticia, para tenerlo cerca y no dejarlo
ir nunca más. Toda la gente que se había trasladado de la resistencia a la casa
de Johan y Elena, aun parecían aturdidos y no parecían querer acostumbrarse.
Parecía que en vez de ver el presente, el entorno que los rodeaba tenían frente
a sus ojos solo el ayer y el deseo de volver allí. Parecían animalitos
sobrecogidos y muertos del susto el sentirse totalmente fuera de lugar. Sentían
que en cualquier momento la paz se derrumbaría y que pronto estarían junto con
las demás victimas de aquellas masas controladas por un montón de dirigentes
ciegos por el poder.
Poco a
poco esta atmosfera se fue haciendo cada vez más pesado y afecto el humor de
Eliza. La ansiedad la carcomía y cada día que pasaba pensamientos desastrosos
le ahogaban el pecho y trataba de calmarlos, solamente para después caer de
nuevo en sus embrujos. El no tener noticias, de lo que estaba pasando, por lo
que pasaban y que vendría la angustiaba e Isaac y David no paraban de ser los
protagonistas. Johan también estaba nerviosos y hacia vigilias nocturnas,
ayudada por Jules, Elena y Eliza. Pero las noches eran oscuras y cuando Johan
trataba de encontrar tropas a las cuales unirse disimuladamente por unos
minutos para conseguir información, solo encontraba espacios desérticos, sin
ninguna alma rondando excepto por los que las buscaban. La tensión crecía y
Eliza no sabía porque razón algo le decía que hacía un trasfondo detrás de la
situación y que debía hacer algo, porque algo malo estaba por suceder. Al
principio trato de evitarlo, pero era más fuerte y muy pronto ya no aguanto
más. Una tarde decidió contar lo que pensaba y entonces sucedió lo que sería el
principio del fin, solamente que Eliza lamentaba que hubiera comenzado con un
hecho tan nefasto.
La tarde
parecía sumergida en un silencio inquebrantable. Ese silencio que te crispa los
nervios y no hace más que mantenerte inquieto y con una ansiedad mortal. Eliza
sentía que el aliento se le cortaba y tragaba saliva haciendo que su garganta
le doliera ya que habían salido de excursión y se sentía perdida y mareada por
la sensación creciente en su estomago. El no oír o sentir algo más que aquel
tormento la desorientaba. Sintió que alguien le apretaba la mano y entonces
escucho la voz de Johan.
No me
gusta nada, las tropas siempre rondan por estos territorios. Tal parece que se
los ha tragado la tierra.
Eliza
asintió y vio esto como una oportunidad.
¿No crees
que hay algo más oculto tras esto?, me parece extraño, tal parece que todo ha
terminado.
Le
comento esperando la respuesta tratando de mantenerse alerta. Johan permaneció
silencioso pensando en las palabras de Eliza y dándose cuenta de que algo de
razón había. Pero en ese momento su cabeza estaba ardiendo y no podía pensar en
otra cosa más que buscar y buscar, a pesar de que se había presentado una duda
sobre si valía la pena. Eliza no busco que le respondiera, pues notaba su
concentración y fue por eso que la asalto el que le hablara.
Creo que
tienes razón, pero hay algo que me incomoda. Quizás ahora se la razón, pero
todavía siento que hay algo oculto, algo que no sé porque me dice que no ha
acabado aún.
¿Lo
sientes tú también?
Le
pregunto Eliza sorprendida y sin apartarse de él. Johan asintió y dijo.
Presiento
que planean algo y que todo esto no es
más que una trampa. Su intención quizás es que estemos tranquilos.
Pues no
les funciono. Es increíble que crean que ese plan va a funcionar. Después de
tantos años ocultándonos y escapando ¿acaso creen que estaremos tranquilos sin
tener señal alguno de un fin?
Dijo
incrédula Eliza, pero de repente una idea se le paso como un rayo y se paro.
Al menos
que…
Dijo
dudando y pensando en lo que iba a decir. Tenía un revoltijo de pensamientos
que chocaban entre si y le aturdían la idea que trataba de sacar a luz. Esta
desaparición tan extraña e inquietante, el hecho de llegar a un plan tan poco
pensado ye incluso un poco desesperado, como si se encontraran en las últimas y
quisieran eliminar…
Estén
perdiendo.
Termino
de decir. Johan se quedo petrificado y la miro. Ahora todo tenía sentido y
súbitamente los invadió una alarma y terror. Empezaron a correr
desesperadamente tropezándose en la nievo. Eliza pensaba en Joana, Tessa en
todos los demás. Su corazón latía fuertemente y sentía que todo se nublaba. Una
sensación punzante y caliente le quemaba y hacia que escalofríos la sacudieran.
Sus pies parecían ser los de otra persona y se enredaban, pero aún así corría.
Johan parecía compartir los mismos sentimientos. Ya casi no le quedaba aire y
sus piernas estaban adoloridas y mojadas. Pero no le importaba, tenía que llegar,
no podía sr, no lo permitiría. Al llegar a la casa, se le cayó el alma a los
pies al ver la escena que se les presentaba. Eliza no lo pudo ver, pero al
sentir que se habían parado el oír los vidrios romperse y llantos le pareció
que todo se detenía. Se los llevaban.
Los
soldados sacaban a toda la gente a empujones y los metían bruscamente en una
furgoneta. La gente luchaba por liberarse y recibían fuertes golpes que los
dejaban aturdidos. Eliza oía los gritos y sentía el miedo, paralizada y se
asusto cuando sintió que algo la tiraba para abajo bruscamente. Forzó, pero
entonces recordó a Johan que temblaba de ira y trataba de controlarse a si
mismo apretando a Eliza. Esta no podía respirar y sentía que se hundía. La
desesperación la invadía y cuando oyó a su hermana una fuerza la hizo
levantarse y hacer que Johan cayera para atrás, pero justo para agarrarla por
detrás y sujetarle los brazos. La hizo caer al suelo. Eliza se sacudía le
dolían los ojos por las lagrimas que retenía. Johan agradeció que estuviera
ciega, como lamento el poder no estarlo. Aquel cuadro era espeluznante y
torturador. A Joana la sacaron tomándola de los cabellos, mientras que otros le
golpeaban la espalda para que se moviera. Joana luchaba y golpeaba con los
pies, dándole a uno de ellos. Tessa iba detrás de ella, sujetada violentamente
por uno de ellos. Lloraba a mares y gritaba desesperada, hasta que el que la
retenía le pusieron un trapo en la nariz y cayó adormecida. Joana se alarmo y
suplico que le dejaran, pero antes de que pudiera volver a hablar, le hicieron
lo mismo y cayo inconsciente. Johan no podía resistirlo y por un momento estuvo
a punto de liberar a Eliza, más incluso cuando vio a Elena. Esta forzaba
mientras le tenían agarrados los brazos, pero al ver que tomaban a Lin, se dejo
tomar y pidió que se la dieran. Al ver esta actitud, los soldados dudaron, pero
Elena parecía tan fría y firme que decidieron desistir y se la dieron. Elena la
tomo y odio la oscuridad que la dominaba. Necesitaba verlo, quería estar con
Johan. Los lamentos de la gente le eran un escarmiento permanente y se sentía
asqueada y angustiada de estar en una situación asó, sintiendo todo aquel
sufrimiento creciente. Johan la miro fijamente temblando y soltando lágrimas.
Elena entonces sintió su presencia y trato de enviarle su auxilio y amor. La
subieron y los soldados buscando en los alrededores por última vez se fueron
dejando a Eliza y Johan realmente solos esta vez.
Una vez
que su fueron, Johan soltó a Eliza y esta se quedo en el suelo, golpeándolo y llorando
de rabia. Johan se levanto y se tomaba la cabeza en las manos tratando de
controlar la furia e idear un plan. Eliza estaba bloqueada y por un buen rato
se sintió enterrada en sus dudas. De repente sintió que una corriente eléctrica
la recorrió y alejo aquella niebla. Se levanto y busco a Johan. Cuando lo encontró lo hizo
darse vuelta y le dijo.
No nos
quedemos aquí, los van a matar si no hacemos algo.
Johan se
quedo impactado al oírle esa voz tan desconocida, pero Eliza logro traspasarle
esa energía decisiva que la había poseído y sin dudar Johan la toma de la mano
y fueron al camión. Eliza sentía que aquel pensamiento que había estado en su
cabeza se hacía presente nuevamente. Ese pensamiento de que algo se avecinaba y
que estaba vez ella se dirigía a él. Se sentó al lado de Johan. Este tenía un
uniforme en sus piernas y una pistola oculta. Sentía los nervios recorriéndole,
pero no les hizo caso y empezó a manejar seguro de que donde iban todo
acabaría, de una vez por todas. Este era el enfrentamiento final.
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