Capitulo 20
Muy cerca de aquel sueño que se volvía cada vez mas arrebatador, inevitable y sumamente llena de amor incondicional, el amor de otros jóvenes también florecía y liberaba sus propias notas musicales, su propia voz, esencia e historia de manera calmada, pero que en igual manera igualaba a la inmensidad e indescriptible latir de corazones. Sebastian miraba embelesado y hechizado el rostro angelical e inocente de Constance que dormía a su lado apoyada en su pecho. Durmiendo con esa tranquilidad y placidez que sabía que encontraría a un lado de el y que su ser había anhelado desesperadamente y que ahora estaba solo para él. Unas lagrimas secas dejaban marcas en sus mejillas sonrojadas y sus pestañas todavía humedas brillaban a la luz del sol, pero sonreía con ternura y placer. La sonrisa de Sebastian era igual y su mirada revelaba una madurez que aquella noche se le había presentado sin aviso como otras cosas en la vida. Todo lo que había pasado le había brindado sabiduría y una calma que antes no habría logrado conseguir, pero que ligada a la situación, el deber y el deseo de proteger a Constance había surgido sin necesidad de rogar. Como un regalo del cielo y también otra cosa que si bien había sido un sueño, algo que estaba decidido a lograr y que era ahora un hecho lo abrazaba con suavidad y por la cual daría hasta su vida. Esto ya lo he mencionado muchas veces y seguramente les hará sentir cierto dellavu, pero no se puede evitar volver a aquellos sentimientos después de todas las situaciones, tragedias y deseos por los que han pasado esta noche y en toda su vida. Renovar y adorar esos sentimientos es algo inevitable al ver después de un momento tenso y fugaz tu destino y los miedos que se presentan. Aquella noche, Sebastian había visto que su vida no sería tranquila y placida, pero la presencia de Constance desde que había aparecido hasta ahora le era tan necesaria como el respirar. Ella le daba esa valentía, esa fuerza y pasión, pero también la ternura, dulzura, la inocencia compartida y el deseo tímido de vivir el amor. Los dos se complementaban y eso era algo que él nunca creyó que iba a encontrar en su vida que tantas cosas le había negado y quitado. El ahora, era un regalo que ambos jóvenes defenderían sin nada que los detuviera, con fuerza y fervor incluso sin que la muerte los separara ya que les quedaría el recuerdo. Su amor seguiría igual de fuerte y vigente que siempre ya que se sabían destinados, al igual que Evangeline y Elliot.
Muy cerca de aquel sueño que se volvía cada vez mas arrebatador, inevitable y sumamente llena de amor incondicional, el amor de otros jóvenes también florecía y liberaba sus propias notas musicales, su propia voz, esencia e historia de manera calmada, pero que en igual manera igualaba a la inmensidad e indescriptible latir de corazones. Sebastian miraba embelesado y hechizado el rostro angelical e inocente de Constance que dormía a su lado apoyada en su pecho. Durmiendo con esa tranquilidad y placidez que sabía que encontraría a un lado de el y que su ser había anhelado desesperadamente y que ahora estaba solo para él. Unas lagrimas secas dejaban marcas en sus mejillas sonrojadas y sus pestañas todavía humedas brillaban a la luz del sol, pero sonreía con ternura y placer. La sonrisa de Sebastian era igual y su mirada revelaba una madurez que aquella noche se le había presentado sin aviso como otras cosas en la vida. Todo lo que había pasado le había brindado sabiduría y una calma que antes no habría logrado conseguir, pero que ligada a la situación, el deber y el deseo de proteger a Constance había surgido sin necesidad de rogar. Como un regalo del cielo y también otra cosa que si bien había sido un sueño, algo que estaba decidido a lograr y que era ahora un hecho lo abrazaba con suavidad y por la cual daría hasta su vida. Esto ya lo he mencionado muchas veces y seguramente les hará sentir cierto dellavu, pero no se puede evitar volver a aquellos sentimientos después de todas las situaciones, tragedias y deseos por los que han pasado esta noche y en toda su vida. Renovar y adorar esos sentimientos es algo inevitable al ver después de un momento tenso y fugaz tu destino y los miedos que se presentan. Aquella noche, Sebastian había visto que su vida no sería tranquila y placida, pero la presencia de Constance desde que había aparecido hasta ahora le era tan necesaria como el respirar. Ella le daba esa valentía, esa fuerza y pasión, pero también la ternura, dulzura, la inocencia compartida y el deseo tímido de vivir el amor. Los dos se complementaban y eso era algo que él nunca creyó que iba a encontrar en su vida que tantas cosas le había negado y quitado. El ahora, era un regalo que ambos jóvenes defenderían sin nada que los detuviera, con fuerza y fervor incluso sin que la muerte los separara ya que les quedaría el recuerdo. Su amor seguiría igual de fuerte y vigente que siempre ya que se sabían destinados, al igual que Evangeline y Elliot.
Constance se había quitado el uniforme de soldado y se había
quedado con una camisa que Sebastian usaba para dormir. Le quedaba grande y le
llegaba hasta las caderas. Pese a ello Sebastian podía sentir su piel, su calor
y su pureza que hacía que la sangre se le calentara y que unas pequeñas
corrientes eléctricas lo sacudieran por el deseo, pero no el mismo que Elliot y
Evangeline, que no era menos puro y profundo sino que había llegado a un nivel
diferente, su amor era más maduro y sus deseos e ilusiones también, ellos
habían deseado secretamente ese momento y esperado que la situación se diera
naturalmente. El deseo de Sebastian era de simplemente tenerla cerca, abrazarla,
sentir su tacto, suavidad y calor en todo momento ya que era como miel para su
corazón. Todos los sentimientos tristes en su pecho se apaciguaban y le daba
serenidad y amor. La estrujo suavemente contra él y se dio vuelta junto con
ella. Sebastian le acariciaba los brazos, mientras tenía su cabeza apoyada en
la de ella. Constance sintió esto en sus sueños y le tomo la mano
correspondiendo por igual a aquellos sentimientos. Sebastian sonrió agradecido
y cerró los ojos para unirse en el sueño de su enamorada seguro de que aquella
noche seria tranquila, que nada les molestaría y de que estaba hecha solo para
los dos, para compartir , soñar y vivir en sus sueños el amor que ambos se
tenían el uno al otro.
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