domingo, 25 de diciembre de 2016

Capitulo 13: Un descubrimiento y la  retirada

Al despertarse sintió que el colchón donde estaba se había vuelto duro y cuando se iba a levantar sintió que algo le oprimía la boca. Se inquieto y trato de sacársela de encima, pero entonces escucho que alguien le decía en susurro.

Tranquila.

Al escuchar esa voz sintió calma. No sabía porque, pero la voz de Johan, el soldado que había dado la información y que se había quedado con todas las mujeres. Era tan calmada y tranquilizadora que pensaba que podría domar a la fiera más grande.
No se mueva

Le dijo el aun poniéndole la mano en la boca. Eliza obedeció y por una vez no se sintió llena de miedo al estar en una situación así. Desde que su hermano se había ido sentía que decía ser fuerte, no dejarse llevar por  el pánico y estar calmada en aquellos momentos donde los más vulnerables se sienten en el infierno. Cada segundo y cada respiro valía oro y si tu rompías aquel entorno, esa atmosfera tan tensa y transparente podía sucumbir a una terrible escena, sobre todo en esos tiempos donde si no permanecías en silencio, tu vida pagaría las consecuencias por cada palabra que digas intencional o sin querer. Lo hacía por su familia, por ella y por Isaac. El se había ido a enfrentar el peligro y ella que estaba escondida no podía quedarse atrás, ni temblar aunque se viniera el mayor de los enfrentamientos.

Muy pronto Eliza oyó ruido detrás de ella, susurros, murmuraciones llenas de nerviosismo, angustia y de pavor que cada vez se hacían más potentes y el aire que respiraban les ahogaba y tenían muchas ganas de vomitar o gritar para deshacerse de aquel nudo apremiante en el estomago y pecho.

Esas plagas se extienden tan rápido como se van.

Dijo una voz. A Eliza se le paralizo el cuerpo. Se quedo de piedra y levemente mareada al escuchar esa voz. Aquella voz era del soldado que había asesinado a su madre y que la había golpeado disfrutando de cada lamente y sufrimiento. Sintió como una ira iracunda e indomable le hervía la sangre. Su corazón le dolía y unas lágrimas salían de sus ojos. Se intento soltar de Johan; este al principio no entendía que pasaba, pero al ver la expresión de Eliza la comprendió y puso más fuerza.

¡Suéltame!
Le susurraba enojada Eliza. Sentía unos deseos de golpear a aquel hombre que había hecho su vida y la de su familia miserable durante seis años.
Eliza
Le decía el tratando de calmarla, pero ella no escuchaba. Las palabras de Johan parecían lejanas y se ahogaban en el mar de odia que crecía cada vez más al verse impedida de desahogar aquella ira.

¡Te digo que me sueltes!

Le dijo de una forma aterradora, con una voz que no le pertenecía.

Créeme que te entiendo, pero el hacer eso solo te traerá frustración y culpa, porque serás igual a ellos. Aunque ellos eligieron, bueno no todos, pero al menos la gran mayoría de los que se encuentran en este momento afuera si, ser monstros son humanos y Dios se encargara de enseñarles su error.

Le dijo el sin soltarla y tratando de apaciguarla poniendo al máximo su toque que lo caracterizaba. Eliza al escucharlo sintió que algo en su interior cambiaba, pero aún sentía su corazón palpitando, haciendo que sus entrañas ardieran.

¡No me importa, arruino mi vida…!
Estaba diciendo con voz llorosa recordando cada detalle de esa noche que la había atormentado cada día en sus pesadillas hasta hoy.

¡¿Y tú quieres arruinártela de nuevo?!

Le dijo firmemente, haciendo que todos esos sentimientos que torturaban a Eliza cesaran y todo se aclarara.

Si vas allí te mataran, no tendrán compasión  aunque les ruegues. Ellos solo ansían cumplir el deber atroz y macabro que se les ha encomendado y que algunos disfrutan. Justamente son ese tipo de personas que están afuera. Ellos solo quieren reír del sufrimiento que les producen a nuestros seres queridos. ¿Quieres que eso te pase a ti?, ¿quieres hacerle eso a Isaac?

Le reprocho él como una súplica cargado de seguridad y seriedad. Eliza respiraba agitada y parecía confundida. Temblaba, se sentía mareada y a la vez extrañada.
¿Cómo conoces a Isaac?

Le preguntó olvidándose del soldado. Ella noto que su silencia traslucía un enigma, que estaba nerviosos como si lo hubieran descubierto.

Es el hermano del amor de mi vida.

Le dijo después de una larga pausa. Eliza no lo entendía, pero luego fue como si un balde de agua fría le impactara por completo. Recordó la historia del novio de Elena, el cual había desaparecido y no se le había vuelta a ver causando la depresión y angustia de la muchacha. Recordó cuando lo conoció y dijo.

¡Soy uno de ustedes!

Después lo que dijo Isaac sobre aquel sujeto que se había llevado a su hermano y sobrina. Que se las había llevado un soldado, pero que este tenía unos ojos distintos, con miedo, dolor y de perdón. La misma mirada que le describió su hermano. Y ahora esto de que conocía a Isaac y que la razón de esto era porque…

Se quedo de una pieza y hecho la cabeza atrás de donde venia la voz. Sentía su aliento de ansias y temor de que todo saliera a la luz. Eliza no veía su mirada, pero si la sentía.

Eres el…

Iba a decir, pero en ese momento se escucho el ruido de un disparo. Las mujeres gritaron y los niños que ya no aguantaban las ganas de llorar, soltaron lagrimas a todo pulmón excepto Tessa que abrazada a su madre estaba escondía su cara en el pecho de ella, para de repente lanzarle una mirada desafiante al causante del terror de todos.

Mira a quienes encontré. A las ratas y a su porquería de ayudante.

Eliza sintió que los brazos de Johan la soltaba y miro hacia el vacio con ira y poniéndose delante de su hermana.

Siempre me pareciste lo peor.

Le dijo este con desdén y burla a Johan.

Por primera vez pensamos igual.

Le dijo el desafiante. El soldado vio a Tessa y sonreía de forma maliciosa  y perversa.
¿Qué te pasa mocosa?, ¿no te enseñaron a respetar a tus superiores?
Le preguntó y se abalanzo sobre ella, pero en ese instante Johan lo empujo fuera del camión y lo tiro al suelo poniéndose encima de él y golpeándolo con todas sus fuerzas. Otros fueron donde las mujeres que estaban dentro del camión, pero Eliza la cual tentando en el suelo de este había encontrado un rifle, daba golpes amenazantes en el aire.

Joana pon en marcha el camión.

Le dijo Eliza sin parar de dar golpes, con la adrenalina recorriéndole el cuerpo.

Pero Johan…


Iba a alegar esta, pero Eliza con sus ojos ciegos le lanzo una mirada que no admitía replicas. Joana dejo a Tessa a cargo de una amiga y se fue al asiento del conductor. Eliza seguía golpeando amenazadoramente. Sintió una llama repleta de valentía, perseverancia, pero también un miedo de que todo empeorara. Cuando Johan gritaba de dolor ya que el soldado le tenía el brazo encima se la espalda, la angustia crecía en ella como el odio en las personas. De repente sintió que le daba a algo.

¡Desgraciada!


Le grito alguien, Eliza por un momento no supo qué hacer, pero al sentir los gritos de horror de la gente siguió golpeando en el aire, nuevamente dando otro golpe a uno de ellos. Los demás soldados al ver a sus compañeros heridos y sangrando, aunque no gravemente, sintieron que la piel se les ponía de gallina. Eliza se sentía dominante y con una fiera sensación de protección. Le había prometido a David que cuidaría a su familia y así lo haría porque todas aquellas personas que sufrían la injusticia y perversidad de los hombres era parte de ella.

Los soldados se fueron alejando. Eso fue un momento de distracción para el soldado que estaba golpeando a Johan y este aprovecho para tirarlo con una fuerza potente. Lo hizo tan de repente que el soldado a penas si tuvo tiempo de levantarse antes de que un golpe en la cabeza lo dejara aturdido.

Que Dios te perdona y que tu vida no sea completamente un infierno. Aunque te lo merezcas.
Le dijo Eliza con desprecio. Johan se levante tambaleándose de un lado a otro, con sangre corriendo de su boca y el brazo adolorido.

Es probable que Dios te haya perdonado, pero más vale que tú puedas hacerlo porque ahí sí que tu vida será un infierno en carne viva

Le dijo Johan tomando aire a bocazas y con los pulmones hinchados de dolor. Al ver que se acercaban soldados tomo a Eliza del brazo y quitándole el arma apunto a los otros que sin armas estaban pues pensaban que solo habría mujeres.

Espero que a los “pobres” no les hagan daño, aunque con el monstro de líder que tienen no lo daría por seguro. ¡Aléjense si no quieren que yo los mate antes mal nacidos! Lo he deseado desde que me hicieron la vida miserable, pero no quiero rebajarme a que tú desquiciado líder llama raza aria. Antes prefiero vivir con aquellos que ustedes consideran inferiores, pero que son mucho más decentes que todos ustedes juntos.

Dio un disparo en el aire asustando a los demás. Eliza se sobresalto al escuchar aquello. 


Pero no pudo estar más de acuerdo con Johan. Nunca los perdonaría por lo que habían hecho y esperaba que sufrieran para que los entendieran a ellos que tan solo eran seres humanos al igual que ellos, hasta que el demonio en persona los separo. Ya eran completamente distintos y nada los podría cambiar, jamás.

Joana que no se había atrevido a partir, había retrocedido para que subieran. Estos lo hicieron y Joanalo puso en marcha aun perturbada por lo que había presenciado, pero a la vez sorprendida, aliviada y orgullosa porque su hermana había tenido una valentía asombrosa que ella no. Aunque ella era la mayor y Eliza la menor, sabía que le faltaba mucho por aprender de ella, mucho más d lo que pensaba.

Poniéndose en camino y sintiendo como toda la energía flameante y sus temblores se calmaron, Eliza sonrió porque al fin eran libres. Al fin sus familias estaban a salvo por un tiempo y porque había encontrado lo último que flotaba para completar la felicidad de su amado. Tomándole la mano a Johan le preguntó.

¿Cómo esta Elena?

Johan la miro sorprendido he impresionado. Eliza encumbro los hombros y dijo.
No puedes engañar a una ciega. No vemos con los ojos, pero si con el corazón.

Johan la miró lleno de incredulidad y admiración y dijo con dulzura.

Ella está muy bien, solo le falta su hermano para ser feliz y formar…

Nuestra familia   

Completo la frase Eliza llena de felicidad y firmeza. El se rio y asintió.

Nunca podría haber estado más de acuerdo.

Le dijo él. Ambos se rieron y entonces Eliza sintió que alguien la abrazaba.

Gracias por todo.

Era Tessa que con la cara llena de lágrimas, con una angustia que iba desapareciendo y con una alegría que lentamente se avecinaba la abrazaba fuertemente a su tía. Eliza le devolvió el abrazo y dijo.


Te dije que no estabas sola.

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