Capitulo 13: Un descubrimiento y la retirada
Al
despertarse sintió que el colchón donde estaba se había vuelto duro y cuando se
iba a levantar sintió que algo le oprimía la boca. Se inquieto y trato de sacársela
de encima, pero entonces escucho que alguien le decía en susurro.
Tranquila.
Al
escuchar esa voz sintió calma. No sabía porque, pero la voz de Johan, el
soldado que había dado la información y que se había quedado con todas las
mujeres. Era tan calmada y tranquilizadora que pensaba que podría domar a la
fiera más grande.
No se
mueva
Le dijo
el aun poniéndole la mano en la boca. Eliza obedeció y por una vez no se sintió
llena de miedo al estar en una situación así. Desde que su hermano se había ido
sentía que decía ser fuerte, no dejarse llevar por el pánico y estar calmada en aquellos momentos
donde los más vulnerables se sienten en el infierno. Cada segundo y cada respiro
valía oro y si tu rompías aquel entorno, esa atmosfera tan tensa y transparente
podía sucumbir a una terrible escena, sobre todo en esos tiempos donde si no
permanecías en silencio, tu vida pagaría las consecuencias por cada palabra que
digas intencional o sin querer. Lo hacía por su familia, por ella y por Isaac.
El se había ido a enfrentar el peligro y ella que estaba escondida no podía
quedarse atrás, ni temblar aunque se viniera el mayor de los enfrentamientos.
Muy
pronto Eliza oyó ruido detrás de ella, susurros, murmuraciones llenas de
nerviosismo, angustia y de pavor que cada vez se hacían más potentes y el aire
que respiraban les ahogaba y tenían muchas ganas de vomitar o gritar para deshacerse
de aquel nudo apremiante en el estomago y pecho.
Esas
plagas se extienden tan rápido como se van.
Dijo una
voz. A Eliza se le paralizo el cuerpo. Se quedo de piedra y levemente mareada
al escuchar esa voz. Aquella voz era del soldado que había asesinado a su madre
y que la había golpeado disfrutando de cada lamente y sufrimiento. Sintió como
una ira iracunda e indomable le hervía la sangre. Su corazón le dolía y unas lágrimas
salían de sus ojos. Se intento soltar de Johan; este al principio no entendía
que pasaba, pero al ver la expresión de Eliza la comprendió y puso más fuerza.
¡Suéltame!
Le
susurraba enojada Eliza. Sentía unos deseos de golpear a aquel hombre que había
hecho su vida y la de su familia miserable durante seis años.
Eliza
Le decía
el tratando de calmarla, pero ella no escuchaba. Las palabras de Johan parecían
lejanas y se ahogaban en el mar de odia que crecía cada vez más al verse
impedida de desahogar aquella ira.
¡Te digo
que me sueltes!
Le dijo
de una forma aterradora, con una voz que no le pertenecía.
Créeme
que te entiendo, pero el hacer eso solo te traerá frustración y culpa, porque serás
igual a ellos. Aunque ellos eligieron, bueno no todos, pero al menos la gran
mayoría de los que se encuentran en este momento afuera si, ser monstros son
humanos y Dios se encargara de enseñarles su error.
Le dijo
el sin soltarla y tratando de apaciguarla poniendo al máximo su toque que lo
caracterizaba. Eliza al escucharlo sintió que algo en su interior cambiaba,
pero aún sentía su corazón palpitando, haciendo que sus entrañas ardieran.
¡No me
importa, arruino mi vida…!
Estaba
diciendo con voz llorosa recordando cada detalle de esa noche que la había
atormentado cada día en sus pesadillas hasta hoy.
¡¿Y tú
quieres arruinártela de nuevo?!
Le dijo
firmemente, haciendo que todos esos sentimientos que torturaban a Eliza cesaran
y todo se aclarara.
Si vas
allí te mataran, no tendrán compasión
aunque les ruegues. Ellos solo ansían cumplir el deber atroz y macabro
que se les ha encomendado y que algunos disfrutan. Justamente son ese tipo de
personas que están afuera. Ellos solo quieren reír del sufrimiento que les
producen a nuestros seres queridos. ¿Quieres que eso te pase a ti?, ¿quieres
hacerle eso a Isaac?
Le
reprocho él como una súplica cargado de seguridad y seriedad. Eliza respiraba
agitada y parecía confundida. Temblaba, se sentía mareada y a la vez extrañada.
¿Cómo
conoces a Isaac?
Le
preguntó olvidándose del soldado. Ella noto que su silencia traslucía un enigma,
que estaba nerviosos como si lo hubieran descubierto.
Es el
hermano del amor de mi vida.
Le dijo
después de una larga pausa. Eliza no lo entendía, pero luego fue como si un
balde de agua fría le impactara por completo. Recordó la historia del novio de
Elena, el cual había desaparecido y no se le había vuelta a ver causando la
depresión y angustia de la muchacha. Recordó cuando lo conoció y dijo.
¡Soy uno
de ustedes!
Después
lo que dijo Isaac sobre aquel sujeto que se había llevado a su hermano y
sobrina. Que se las había llevado un soldado, pero que este tenía unos ojos
distintos, con miedo, dolor y de perdón. La misma mirada que le describió su
hermano. Y ahora esto de que conocía a Isaac y que la razón de esto era porque…
Se quedo
de una pieza y hecho la cabeza atrás de donde venia la voz. Sentía su aliento
de ansias y temor de que todo saliera a la luz. Eliza no veía su mirada, pero
si la sentía.
Eres el…
Iba a
decir, pero en ese momento se escucho el ruido de un disparo. Las mujeres
gritaron y los niños que ya no aguantaban las ganas de llorar, soltaron lagrimas
a todo pulmón excepto Tessa que abrazada a su madre estaba escondía su cara en
el pecho de ella, para de repente lanzarle una mirada desafiante al causante
del terror de todos.
Mira a
quienes encontré. A las ratas y a su porquería de ayudante.
Eliza
sintió que los brazos de Johan la soltaba y miro hacia el vacio con ira y
poniéndose delante de su hermana.
Siempre
me pareciste lo peor.
Le dijo
este con desdén y burla a Johan.
Por
primera vez pensamos igual.
Le dijo
el desafiante. El soldado vio a Tessa y sonreía de forma maliciosa y perversa.
¿Qué te
pasa mocosa?, ¿no te enseñaron a respetar a tus superiores?
Le
preguntó y se abalanzo sobre ella, pero en ese instante Johan lo empujo fuera
del camión y lo tiro al suelo poniéndose encima de él y golpeándolo con todas
sus fuerzas. Otros fueron donde las mujeres que estaban dentro del camión, pero
Eliza la cual tentando en el suelo de este había encontrado un rifle, daba
golpes amenazantes en el aire.
Joana pon
en marcha el camión.
Le dijo
Eliza sin parar de dar golpes, con la adrenalina recorriéndole el cuerpo.
Pero
Johan…
Iba a
alegar esta, pero Eliza con sus ojos ciegos le lanzo una mirada que no admitía
replicas. Joana dejo a Tessa a cargo de una amiga y se fue al asiento del
conductor. Eliza seguía golpeando amenazadoramente. Sintió una llama repleta de
valentía, perseverancia, pero también un miedo de que todo empeorara. Cuando
Johan gritaba de dolor ya que el soldado le tenía el brazo encima se la
espalda, la angustia crecía en ella como el odio en las personas. De repente
sintió que le daba a algo.
¡Desgraciada!
Le grito
alguien, Eliza por un momento no supo qué hacer, pero al sentir los gritos de
horror de la gente siguió golpeando en el aire, nuevamente dando otro golpe a
uno de ellos. Los demás soldados al ver a sus compañeros heridos y sangrando,
aunque no gravemente, sintieron que la piel se les ponía de gallina. Eliza se
sentía dominante y con una fiera sensación de protección. Le había prometido a
David que cuidaría a su familia y así lo haría porque todas aquellas personas
que sufrían la injusticia y perversidad de los hombres era parte de ella.
Los
soldados se fueron alejando. Eso fue un momento de distracción para el soldado
que estaba golpeando a Johan y este aprovecho para tirarlo con una fuerza
potente. Lo hizo tan de repente que el soldado a penas si tuvo tiempo de
levantarse antes de que un golpe en la cabeza lo dejara aturdido.
Que Dios
te perdona y que tu vida no sea completamente un infierno. Aunque te lo
merezcas.
Le dijo
Eliza con desprecio. Johan se levante tambaleándose de un lado a otro, con
sangre corriendo de su boca y el brazo adolorido.
Es
probable que Dios te haya perdonado, pero más vale que tú puedas hacerlo porque
ahí sí que tu vida será un infierno en carne viva
Le dijo
Johan tomando aire a bocazas y con los pulmones hinchados de dolor. Al ver que
se acercaban soldados tomo a Eliza del brazo y quitándole el arma apunto a los
otros que sin armas estaban pues pensaban que solo habría mujeres.
Espero
que a los “pobres” no les hagan daño, aunque con el monstro de líder que tienen
no lo daría por seguro. ¡Aléjense si no quieren que yo los mate antes mal
nacidos! Lo he deseado desde que me hicieron la vida miserable, pero no quiero
rebajarme a que tú desquiciado líder llama raza aria. Antes prefiero vivir con
aquellos que ustedes consideran inferiores, pero que son mucho más decentes que
todos ustedes juntos.
Dio un
disparo en el aire asustando a los demás. Eliza se sobresalto al escuchar
aquello.
Pero no pudo estar más de acuerdo con Johan. Nunca los perdonaría por
lo que habían hecho y esperaba que sufrieran para que los entendieran a ellos
que tan solo eran seres humanos al igual que ellos, hasta que el demonio en
persona los separo. Ya eran completamente distintos y nada los podría cambiar,
jamás.
Joana que
no se había atrevido a partir, había retrocedido para que subieran. Estos lo
hicieron y Joanalo puso en marcha aun perturbada por lo que había presenciado,
pero a la vez sorprendida, aliviada y orgullosa porque su hermana había tenido
una valentía asombrosa que ella no. Aunque ella era la mayor y Eliza la menor,
sabía que le faltaba mucho por aprender de ella, mucho más d lo que pensaba.
Poniéndose
en camino y sintiendo como toda la energía flameante y sus temblores se
calmaron, Eliza sonrió porque al fin eran libres. Al fin sus familias estaban a
salvo por un tiempo y porque había encontrado lo último que flotaba para
completar la felicidad de su amado. Tomándole la mano a Johan le preguntó.
¿Cómo
esta Elena?
Johan la
miro sorprendido he impresionado. Eliza encumbro los hombros y dijo.
No puedes
engañar a una ciega. No vemos con los ojos, pero si con el corazón.
Johan la miró
lleno de incredulidad y admiración y dijo con dulzura.
Ella está
muy bien, solo le falta su hermano para ser feliz y formar…
Nuestra
familia
Completo
la frase Eliza llena de felicidad y firmeza. El se rio y asintió.
Nunca
podría haber estado más de acuerdo.
Le dijo
él. Ambos se rieron y entonces Eliza sintió que alguien la abrazaba.
Gracias
por todo.
Era Tessa
que con la cara llena de lágrimas, con una angustia que iba desapareciendo y
con una alegría que lentamente se avecinaba la abrazaba fuertemente a su tía.
Eliza le devolvió el abrazo y dijo.
Te dije
que no estabas sola.
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