sábado, 17 de diciembre de 2016

Capitulo 3: La brisa del destino

Elisa recorría el patio de atrás con la cabeza baja y tocando con las manos la reja que le transmitía una sensación invernal y que a la vez le producía un leve cosquilleo en el cuerpo. Estaba en invierno, lo sabía por el frio y el crujir de sus pies al tocar al suelo. Además de sentir sus huesos congelados,  estáticos y un calor abrazador que le producía la nieve luego de estar tanto tiempo  en su piel. En su cabeza se imaginaba un paraíso, todo cubierto de nieve. Soñaba con este cuadro ideal y esperaba abrir los ojos para poder contemplar si su ilusión le hacía justicia o no a las maravillas de las estaciones, pero solo había oscuridad.

Este mundo no te deja soñar y tampoco poder contemplar las cosas que quedan en tu vida, por mínimas que fueran. Te las arrebatan por miedo a que esas cosas te hagan sentir al menos feliz de recordar tu vida y querer seguir adelante. Todo eso te lo quitan pues si no vives a su manera no te dejan existir.

Pensaba triste. Se sentó en un banco y apoyo la cabeza en el respaldo. Dejo que sus mejillas fueran acariciadas por el suave viento y se creara en su mente una imagen solo para ella llena de cosas especiales que para otras personas serían insignificantes, como el resplandor de una rayo de sol en el amanecer sacando a todos del sueño de Morfeo acompañado por la brillantez y profundidad de un cielo y te calienta cada parte de tu alma y el fulgor y tranquilidad por la escena llena de matices y colores como la vida misma. Aunque en algunos casos solamente el negro pueda existir por causa de los errores de la humanidad. Elisa ansiaba poder solo ver al menos un segundo aquellos matices y colores y si era posible vivir en carne propia aquel momento único que debería ser pintado en el que un nuevo amanecer  en el ser y futuro de alguien que espera un porvenir que te diga por donde ir según donde tú quieras dirigirte y ser feliz. Lo deseaba con todas sus fuerzas, pero nunca podría. Jamás.

Nunca veré a mis hijos nacer, crecer. Si es que me caso, porque ¿Quién quería estar conmigo estando así?

Pensaba algunas veces. Cerró los ojos y se dejo transportar lejos de aquel mundo en el cual ya no se sentía perteneciente. Sintió que volaba junto con los pájaros sobre un inmenso mar que tenía luces doradas que mezcladas con los diversos toques de azul lo hacían irresistibles. El agua salida tocándole los labios y ese olor a sal que lo lleva el aire como si fuera su compañera y que te envuelve causando la necesidad de abrir la boca para recibir aquellas gotas para sentir si es la realidad. Bailaba con las brisas y las olas al ritmo de la música producida por las armonías constantes de la naturaleza y que con su vaivén te producen un estado hipnótico. Esta melodía se fue haciendo mucho más potente y su sonido era tan profundo, lleno de gracia, divinidad, dulzura y una hermosa textura que trasluce todo lo que en su interior guarda y que a los ojos pueden ser diversas cosas, por ejemplo lo que deseamos con todas nuestras fuerzas o los recuerdos tristes de una pérdida o la simple sensación de no sentirte en tu lugar por causa de opiniones externas. Este sonido con una belleza indescriptible y sumamente tentador. Elisa se dejo seducir. Al abrir los ojos parte de la fantasía desapareció, pero la música seguía vigente, no se iba. Elisa se levanto y siguió ese sonido como si él la hubiera envuelto en sus manos invisibles pero muy notables cuando te llenas de su encanto. Por primera vez en su vida, después de seis años algo la motivaba, una luz parecía parpadear en su camino y era tan deliciosa y llena de esperanza que Elisa no dudo en seguir y empezar de nuevo.

Es curioso como en algunos casos de la vida nos encontramos en una miseria. No me refiero a una económica ni material, creo que de hecho un poco de la segunda nos haría bien para poder evitar el ser ambiciosos, interesados o despreciadores por los que no poseen lo que otros creen digno y que te hacer ser parte del mundo en sí. Me refiero a una miseria sentimental, la tristeza, la rabia, la angustia y un contante abismo es en lo que consiste esa vida. Sientes que nunca saldrás, pero súbitamente y sin que te lo esperas algo cambia y de repente se produce un equilibrio y de a poco ese sentimiento que en tu corazón parecía no querer volver aparecer, vuelve lentamente hasta lograr que vuelvas a ser tu misma, pero más sabia y sabiendo que de las caídas se aprende y te hacer más fuerte. En el mundo actual es algo que pasa con normalidad y dependiendo de la situación puede tener arreglo. Pobres son los que sienten que su vida acabo aquel día en que se volvieron extraños para sí mismos y ya no se reconocen por todas las desgracias y desventuras que han padecido.

Era como un ángel que te guía fielmente y nunca te suelta la mano. Elisa no sentía desde la muerte de sus padres ese sentimiento reconfortante, cálido y agradable. Sus pies se movían solos como si otra persona la hiciera moverse. De repente el sonido se hizo mucho más potente. Elisa sintió unas ganas de abrazar a aquel espíritu que le había vuelto a hacerla sentir nuevamente en vida. Se apoyo en una puerta de madera rallada y gastada. Lentamente, temiendo que con un tan solo ruido y descuido aquella magia tan repentina desapareciese, la fue abriendo y con delicadeza se fue moviendo. Se sentó en el suelo y cerró los ojos. Una ola caliente la recorría el pecho y se sentía volar, lejos hacia el cielo. Miles de sentimientos la movían hacia una luz deslumbrante. Al tocarla vio a su madre. Esta le sonreía alentándola a que le tomara la mano. Elisa hechizada por esa imagen que nunca más en su vida creyó volver a ver, le tomo la mano y sintió el cálido calor y suavidad de su madre. Levanto la vista y vio los ojos de ella, unos ojos castaños oscuros y profundos. Todo parecía de ensueño, nada las rodeaba aunque a Elisa no le importaba nada. Su madre le seguía sonriendo y cuando Elisa quiso abrazarla no sintió nada. Su madre se desvanecía, estaba desapareciendo.

Mamá…

Dijo Elisa insegura y al mismo tiempo temerosa. En ese momento una luz amarilla e inquietante se aparecía por detrás. Elisa la reconoció de inmediato. Era la misma luz de hace seis años.

¡Mamá!

Grito alertándola, pero su mamá no estaba.

¿Dónde te fuiste?, ¡mamá!

Pregunto desconcertada. En ese momento se escucho un disparo y Elisa vio como todo se desaparecía y con ello su vista. Abrió los ojos esperando que fuera una pesadilla, pero era la cruel realidad. La música tampoco estaba.

No sabía que la música además de felicidad te podía traer visitas tan agradables.
Escucho decir. Elisa se sobresalto y se fue a la pared.

No te asustes, no fue mi intención, pero es que nunca tengo compañía  y sinceramente el tener a alguien que disfruta tanto de la música es un placer inigualable. No te vayas por favor.

Dijo la voz. Por alguna razón esta voz le traía confianza. Elisa sintió que el susto y la impresión se iban yendo y entraba una lluvia de sentimientos que nunca antes había vivido. Esa voz tan grave y dulce que te invitaba a confiar. Elisa se acerco hacia donde provenía la voz y le dijo.

Me encanta como tocas

¿Enserio?

Pregunto el alagado. El se sentía igual o incluso mucho más tranquilo y alegre. Esa joven tenía una aura deslumbrante y unos ojos tan hermosos que parecía ver todo tu ser y tu alma a la luz del sol. En ese momento las almas de ambos estaban unidas por un lazo indescriptible, pero ninguno de los dos lo sabía.

Si, desde hace tiempo jamás me había sentido tan feliz escuchando algo así. Era como si mi antigua yo o mejor dicho alguien totalmente diferente se hubiese aparecido. Mi vida se ilumino.

Le dijo Elisa. El muchacho sonreía. Era una sonrisa encantadora y enamoradiza. Algo había en esa joven que la hacía distinta a las demás.

Gracias, no sé qué decir después de eso. Jamás he recibido un cumplido así. Siempre he pensado y siento que la música puede cambiar vidas, llevarlas a nuevos destinos, pero nunca me imagine que yo podría lograrlo. Eso solo lo puede hacer Dios, yo solamente soy uno de los tantos que en su reino adorno el gris con colores de estaciones transmitidas a través de diversas piezas. Me considero un humilde servidor que espera lograr tener éxito en la misión que se me encomendó,

Dijo el al principio con un tono de sorpresa, pero luego pensativo y orgulloso, aunque la última frase parecía un tanto insegura.

¿Por qué noto ese tono?

Le pregunto ella de manera caprichosa e inquisitiva, pero a la vez de broma.

¿Por qué eres tan distinta?

Le devolvió la pregunta el de la misma forma, aunque con un toque de verdadero interés y expectación. Elisa se sintió un tanto tímida la voz como si la voz se hubiese esfumado. Tardo unos segundos en reaccionar y sorpresivamente esta pregunta no le resulto nada extraña. Vagaba en una respuesta que parecía quedar dar a flote, pero aun retenida por la duda e inseguridad de Elisa. Era la pregunta que siempre había estado escondida en su ser y que por miedo a causar más interrogativas no salía. Sintió una seguridad  invadiéndola y mirando de frente, por primara vez sintiendo que a través de esa oscuridad veía con claridad una respuesta que estaba dispuesta a dar le dijo.

Porque soy ciega.

Eso ya lo sabía

Dijo la voz tranquila y con un tono tierno y suave. Elisa se dio cuenta de su error. El ser ciega era algo que quedaba muy claro a los ojos de cualquiera ya que tú tienes la vista fijada en un punto vacio y ni siquiera miras hacia donde te habla la persona. Ahora se daba cuenta de que aquel error había sido cometida por su destierro de los demás, el hacerse a sí misma invisible, como si fuera parte de la pared o que fuera algo que a la gente no le interese ver por ser simplemente distinto. Todo ese tiempo culpándose y compadeciéndose de ella misma, la había hecho engañarse y el hacerle daño a seres tan queridos como su familia con la cual raramente recordaba haber sido agradable en los últimos seis años. El ser diferente, pero el antes el haber sido normal era algo difícil de afrontar, pero la pura verdad es que nunca existió diferencia. No me refiero al simple hecho de que los ciegos no puedan ver, como un sordo no puede oír si no a que incluso el que posee todas estas cualidades puede llegar a ser tan infeliz como el que no las posee o las ha perdido. Todo ser humano llora, tiene rencor, rabia, envidia, felicidad, alegría, excitación y sorpresa. Si me permiten decir, es mas la ultima ya que la vida te trae varias sorpresas como si fueran aves que migran en el invierno, pero que vienen especialmente a traernos nuevas aventuras o desventuras y que dependiendo de la forma de ser de cada uno afronta según le parezca apropiado. Elisa teniendo más desventuras se dio cuenta de que estaba siendo absurda al ser así de esquiva con las personas que solo querían ayudarla. No estaba sola, ahora lo sabía. Incluso en ese momento la compañía de aquel joven con su voz cautivante le hacía sentirse acompañada y no vacía. Era como si con el simple oír de su voz le llenara aquel espacio que ella misma se había creado. Una especia de sensación mezclada con un sentimiento palpitante y renovador hizo que Elisa empezar a sentir a aquel hombre de forma diferente. Deseaba poder quedarse con él y compartir, por el simple placer que le provocaba su magia a la hora de tocar aquel instrumento y poder dejarse llevar por aquella voz seductora y la vez exquisita y acogedora.

Los ciegos tienen algo muy especial en la mirada.

Dijo la voz. Elisa pudo detectar un deje de tristeza, como si estuviera recordando a alguien.

¿A qué te refieres?

Le pregunto Elisa intrigada acercándose más, sintiendo que aquel sentimiento inicial se volvía más insistente y le producía un calor que iba aumentando. No se alejo, ese calor la atraía de una forma extraña y impresionantemente le parecía grato y complaciente que le provocaba unas ganas de sonreír para liberar aquellos sentimientos como si una flor en primavera lista para soltar sus deliciosos aromas se tratase.

Porque aunque ellos no lo sepan ven mucho más de lo que la gente otra gente que se cree normal es capaz.

Esto fue como un susurro. Elisa sintió una corriente eléctrica mezclada con un viento con fragancias la invadía. Sintió que su pulso se aceleraba y que su cuerpo exigía moverse. Sus manos temblaban y toda su atención estaba dirigida a él. Los labios de aquella persona le rozaba el oído. De repente algo tibio le tomo con delicadeza el mentón y sintió como algo penetrante e intenso la observaba. Un aliento caliente le rozaba el rostro y de repente sintió que el apoyaba su frente en la sombra haciendo que Elisa sintiera un escalofrió que se detuvo al instante cuando él le acaricio la mejilla con ternura y adoración.
.
¿Qué vez en mí?

Le murmuro dulcemente con una gran esperanza y temblor en la voz por la tentación que le producían aquellos labios rosados y delgados. Elisa busco su mano y cuando la encontró esta la aprisiono y se la acerco a su pecho.

¿Qué vez tú en mí?

Le devolvió la pregunta. El se quedo callado, apretando la mano suavemente y tomándola de la cintura le dijo.

A alguien que busca ayuda, para no perderse.

Elisa trago saliva y también se le acerco.

Veo en ti a una persona que puede ayudarme, veo en ti una fuerza y una esperanza que me cautivan y me producen una sensación de embrujo que es sabrosa y cálida, eres un camino nuevo. Tú buscas un camino nuevo, pero yo ya he encontrado mi sendero, mi destino la luz que me guiara por el resto de mis días. Eres tú.

Le dijo apasionadamente y de una forma lenta  y tranquila, a pesar de que su corazón latía tan rápido y fuerte que en cualquier momento no podría retenerlo más y demostraría el ardor que le quemaba la sensación del tacto de aquel joven en los oídos del joven. En sus manos sentía hormigueos y en la que le tenía sujeta un calor la tenía presa. Pero era un calor tan irresistible y de tanto placer que no se dejo liberar.

¿Me permites no apartarme de ti y ser tu guía?

Le pidió casi como una súplica cargada de frenesí, ilusión e hipnotizado. Este no podía aguantar más. La tenía tan cerca y no quería que se fuera de su vida. Ella era la única que había tocado el fondo de su corazón con tan solo ver sus oj0os. En ellos vio algo que lo llamaba a gritos, que le insistía en liberar aquellas emociones que había dejado encerradas. No quería dejarla ir, la amaba sin duda, ese fuego abrazador que le envolvía y como todo a su alrededor se distorsionaba y se calentaba. El éxtasis que sentía al ori su voz hacia que su corazón estuviera al mismo tiempo que el de la dueña de su corazón. Ella era su todo y siempre lo seria, aunque fuera la primera vez que le haya visto ya se sentía unida con ella para la eternidad. La deseaba con todas sus fuerzas. Era un deseo que había surgido de repente, pero era tan potente y más fuerte que el que se dejaba llevar y ansiaba a toda costa oír la respuesta de aquella criatura que era la razón que ahora su alma encontraba tan llena de dicha, esperanza y amor y que esperaba conservar hasta soltar el último aliento.

Quédate por toda la eternidad.

Le dijo Elisa sonriendo y sintiendo un arrebato acerco sus labios de él y dulcemente y tímidamente le beso. El se lo devolvió y poco a poco se fueron abrazando sintiendo que en su cuerpo todo parecía volar y arder. Elisa sentía que volaba, que flotaba y que la música volvía a sonar. Un mar de emociones hacia que con todas sus fuerzas se afirmara del cuello de aquel joven que acababa de conocer, pero al cual le había dado su corazón. Se fue apretujando más a su pecho con deseo y ternura. Este la atrajo hacia él, mientras ponía una mano en su espalda y otra en la cabeza mientras lentamente la levantaba levemente y la abrazaba con más fuerza. Ambos se sentían en el paraíso y deseaban que nunca terminara. Lentamente se fueron separando y Elisa sintió como la miraba con  terneza. Cerró los ojos con gusto al sentir como le acariciaba la mejilla.

¿Cómo te llamas?

Le pregunto bajo el. Ella sonrió y le respondió

Elisa, ¿y tú?

Isaac, todo tuyo.

Dijo él con un tono lleno de amor y fidelidad

Gracias a Dios

Dijo Elisa apoyándose en su pecho. Ambos se rieron, se tomaron de la mano y Elisa le pregunto.

¿Me permite escuchar su música caballero?

Isaac se rio y le dijo con un sonrisa

Contigo a mi lado  tocaría siempre, porque tú eres mi música


Elisa sonrió y lo volvió a besar. En ese momento una nueva vida se abrió e ella no dudaría en entrar en ella, a pesar de todos los hechos desafortunados y afortunados que le podría traer, no le importaba porque con Isaac a su lado sabía que nada le era imposible.

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