Capitulo 3: La brisa del destino
Elisa
recorría el patio de atrás con la cabeza baja y tocando con las manos la reja
que le transmitía una sensación invernal y que a la vez le producía un leve
cosquilleo en el cuerpo. Estaba en invierno, lo sabía por el frio y el crujir
de sus pies al tocar al suelo. Además de sentir sus huesos congelados, estáticos y un calor abrazador que le producía
la nieve luego de estar tanto tiempo en
su piel. En su cabeza se imaginaba un paraíso, todo cubierto de nieve. Soñaba
con este cuadro ideal y esperaba abrir los ojos para poder contemplar si su
ilusión le hacía justicia o no a las maravillas de las estaciones, pero solo
había oscuridad.
Este
mundo no te deja soñar y tampoco poder contemplar las cosas que quedan en tu
vida, por mínimas que fueran. Te las arrebatan por miedo a que esas cosas te
hagan sentir al menos feliz de recordar tu vida y querer seguir adelante. Todo
eso te lo quitan pues si no vives a su manera no te dejan existir.
Pensaba
triste. Se sentó en un banco y apoyo la cabeza en el respaldo. Dejo que sus
mejillas fueran acariciadas por el suave viento y se creara en su mente una
imagen solo para ella llena de cosas especiales que para otras personas serían insignificantes,
como el resplandor de una rayo de sol en el amanecer sacando a todos del sueño
de Morfeo acompañado por la brillantez y profundidad de un cielo y te calienta
cada parte de tu alma y el fulgor y tranquilidad por la escena llena de matices
y colores como la vida misma. Aunque en algunos casos solamente el negro pueda
existir por causa de los errores de la humanidad. Elisa ansiaba poder solo ver
al menos un segundo aquellos matices y colores y si era posible vivir en carne
propia aquel momento único que debería ser pintado en el que un nuevo amanecer en el ser y futuro de alguien que espera un
porvenir que te diga por donde ir según donde tú quieras dirigirte y ser feliz.
Lo deseaba con todas sus fuerzas, pero nunca podría. Jamás.
Nunca
veré a mis hijos nacer, crecer. Si es que me caso, porque ¿Quién quería estar
conmigo estando así?
Pensaba
algunas veces. Cerró los ojos y se dejo transportar lejos de aquel mundo en el
cual ya no se sentía perteneciente. Sintió que volaba junto con los pájaros
sobre un inmenso mar que tenía luces doradas que mezcladas con los diversos
toques de azul lo hacían irresistibles. El agua salida tocándole los labios y
ese olor a sal que lo lleva el aire como si fuera su compañera y que te
envuelve causando la necesidad de abrir la boca para recibir aquellas gotas
para sentir si es la realidad. Bailaba con las brisas y las olas al ritmo de la
música producida por las armonías constantes de la naturaleza y que con su
vaivén te producen un estado hipnótico. Esta melodía se fue haciendo mucho más
potente y su sonido era tan profundo, lleno de gracia, divinidad, dulzura y una
hermosa textura que trasluce todo lo que en su interior guarda y que a los ojos
pueden ser diversas cosas, por ejemplo lo que deseamos con todas nuestras
fuerzas o los recuerdos tristes de una pérdida o la simple sensación de no
sentirte en tu lugar por causa de opiniones externas. Este sonido con una
belleza indescriptible y sumamente tentador. Elisa se dejo seducir. Al abrir
los ojos parte de la fantasía desapareció, pero la música seguía vigente, no se
iba. Elisa se levanto y siguió ese sonido como si él la hubiera envuelto en sus
manos invisibles pero muy notables cuando te llenas de su encanto. Por primera
vez en su vida, después de seis años algo la motivaba, una luz parecía parpadear
en su camino y era tan deliciosa y llena de esperanza que Elisa no dudo en
seguir y empezar de nuevo.
Es curioso
como en algunos casos de la vida nos encontramos en una miseria. No me refiero
a una económica ni material, creo que de hecho un poco de la segunda nos haría
bien para poder evitar el ser ambiciosos, interesados o despreciadores por los
que no poseen lo que otros creen digno y que te hacer ser parte del mundo en sí.
Me refiero a una miseria sentimental, la tristeza, la rabia, la angustia y un contante
abismo es en lo que consiste esa vida. Sientes que nunca saldrás, pero
súbitamente y sin que te lo esperas algo cambia y de repente se produce un
equilibrio y de a poco ese sentimiento que en tu corazón parecía no querer
volver aparecer, vuelve lentamente hasta lograr que vuelvas a ser tu misma,
pero más sabia y sabiendo que de las caídas se aprende y te hacer más fuerte.
En el mundo actual es algo que pasa con normalidad y dependiendo de la
situación puede tener arreglo. Pobres son los que sienten que su vida acabo
aquel día en que se volvieron extraños para sí mismos y ya no se reconocen por
todas las desgracias y desventuras que han padecido.
Era como
un ángel que te guía fielmente y nunca te suelta la mano. Elisa no sentía desde
la muerte de sus padres ese sentimiento reconfortante, cálido y agradable. Sus
pies se movían solos como si otra persona la hiciera moverse. De repente el
sonido se hizo mucho más potente. Elisa sintió unas ganas de abrazar a aquel
espíritu que le había vuelto a hacerla sentir nuevamente en vida. Se apoyo en
una puerta de madera rallada y gastada. Lentamente, temiendo que con un tan
solo ruido y descuido aquella magia tan repentina desapareciese, la fue
abriendo y con delicadeza se fue moviendo. Se sentó en el suelo y cerró los
ojos. Una ola caliente la recorría el pecho y se sentía volar, lejos hacia el
cielo. Miles de sentimientos la movían hacia una luz deslumbrante. Al tocarla
vio a su madre. Esta le sonreía alentándola a que le tomara la mano. Elisa
hechizada por esa imagen que nunca más en su vida creyó volver a ver, le tomo
la mano y sintió el cálido calor y suavidad de su madre. Levanto la vista y vio
los ojos de ella, unos ojos castaños oscuros y profundos. Todo parecía de
ensueño, nada las rodeaba aunque a Elisa no le importaba nada. Su madre le
seguía sonriendo y cuando Elisa quiso abrazarla no sintió nada. Su madre se
desvanecía, estaba desapareciendo.
Mamá…
Dijo Elisa
insegura y al mismo tiempo temerosa. En ese momento una luz amarilla e
inquietante se aparecía por detrás. Elisa la reconoció de inmediato. Era la
misma luz de hace seis años.
¡Mamá!
Grito
alertándola, pero su mamá no estaba.
¿Dónde te
fuiste?, ¡mamá!
Pregunto
desconcertada. En ese momento se escucho un disparo y Elisa vio como todo se
desaparecía y con ello su vista. Abrió los ojos esperando que fuera una
pesadilla, pero era la cruel realidad. La música tampoco estaba.
No sabía
que la música además de felicidad te podía traer visitas tan agradables.
Escucho
decir. Elisa se sobresalto y se fue a la pared.
No te
asustes, no fue mi intención, pero es que nunca tengo compañía y sinceramente el tener a alguien que
disfruta tanto de la música es un placer inigualable. No te vayas por favor.
Dijo la
voz. Por alguna razón esta voz le traía confianza. Elisa sintió que el susto y
la impresión se iban yendo y entraba una lluvia de sentimientos que nunca antes
había vivido. Esa voz tan grave y dulce que te invitaba a confiar. Elisa se
acerco hacia donde provenía la voz y le dijo.
Me
encanta como tocas
¿Enserio?
Pregunto
el alagado. El se sentía igual o incluso mucho más tranquilo y alegre. Esa
joven tenía una aura deslumbrante y unos ojos tan hermosos que parecía ver todo
tu ser y tu alma a la luz del sol. En ese momento las almas de ambos estaban
unidas por un lazo indescriptible, pero ninguno de los dos lo sabía.
Si, desde
hace tiempo jamás me había sentido tan feliz escuchando algo así. Era como si
mi antigua yo o mejor dicho alguien totalmente diferente se hubiese aparecido.
Mi vida se ilumino.
Le dijo Elisa.
El muchacho sonreía. Era una sonrisa encantadora y enamoradiza. Algo había en
esa joven que la hacía distinta a las demás.
Gracias,
no sé qué decir después de eso. Jamás he recibido un cumplido así. Siempre he
pensado y siento que la música puede cambiar vidas, llevarlas a nuevos
destinos, pero nunca me imagine que yo podría lograrlo. Eso solo lo puede hacer
Dios, yo solamente soy uno de los tantos que en su reino adorno el gris con
colores de estaciones transmitidas a través de diversas piezas. Me considero un
humilde servidor que espera lograr tener éxito en la misión que se me
encomendó,
Dijo el
al principio con un tono de sorpresa, pero luego pensativo y orgulloso, aunque
la última frase parecía un tanto insegura.
¿Por qué
noto ese tono?
Le
pregunto ella de manera caprichosa e inquisitiva, pero a la vez de broma.
¿Por qué
eres tan distinta?
Le
devolvió la pregunta el de la misma forma, aunque con un toque de verdadero
interés y expectación. Elisa se sintió un tanto tímida la voz como si la voz se
hubiese esfumado. Tardo unos segundos en reaccionar y sorpresivamente esta
pregunta no le resulto nada extraña. Vagaba en una respuesta que parecía quedar
dar a flote, pero aun retenida por la duda e inseguridad de Elisa. Era la
pregunta que siempre había estado escondida en su ser y que por miedo a causar
más interrogativas no salía. Sintió una seguridad invadiéndola y mirando de frente, por primara
vez sintiendo que a través de esa oscuridad veía con claridad una respuesta que
estaba dispuesta a dar le dijo.
Porque
soy ciega.
Eso ya lo
sabía
Dijo la
voz tranquila y con un tono tierno y suave. Elisa se dio cuenta de su error. El
ser ciega era algo que quedaba muy claro a los ojos de cualquiera ya que tú
tienes la vista fijada en un punto vacio y ni siquiera miras hacia donde te
habla la persona. Ahora se daba cuenta de que aquel error había sido cometida
por su destierro de los demás, el hacerse a sí misma invisible, como si fuera
parte de la pared o que fuera algo que a la gente no le interese ver por ser
simplemente distinto. Todo ese tiempo culpándose y compadeciéndose de ella
misma, la había hecho engañarse y el hacerle daño a seres tan queridos como su
familia con la cual raramente recordaba haber sido agradable en los últimos
seis años. El ser diferente, pero el antes el haber sido normal era algo
difícil de afrontar, pero la pura verdad es que nunca existió diferencia. No me
refiero al simple hecho de que los ciegos no puedan ver, como un sordo no puede
oír si no a que incluso el que posee todas estas cualidades puede llegar a ser
tan infeliz como el que no las posee o las ha perdido. Todo ser humano llora,
tiene rencor, rabia, envidia, felicidad, alegría, excitación y sorpresa. Si me
permiten decir, es mas la ultima ya que la vida te trae varias sorpresas como
si fueran aves que migran en el invierno, pero que vienen especialmente a
traernos nuevas aventuras o desventuras y que dependiendo de la forma de ser de
cada uno afronta según le parezca apropiado. Elisa teniendo más desventuras se
dio cuenta de que estaba siendo absurda al ser así de esquiva con las personas
que solo querían ayudarla. No estaba sola, ahora lo sabía. Incluso en ese
momento la compañía de aquel joven con su voz cautivante le hacía sentirse
acompañada y no vacía. Era como si con el simple oír de su voz le llenara aquel
espacio que ella misma se había creado. Una especia de sensación mezclada con
un sentimiento palpitante y renovador hizo que Elisa empezar a sentir a aquel
hombre de forma diferente. Deseaba poder quedarse con él y compartir, por el
simple placer que le provocaba su magia a la hora de tocar aquel instrumento y
poder dejarse llevar por aquella voz seductora y la vez exquisita y acogedora.
Los
ciegos tienen algo muy especial en la mirada.
Dijo la
voz. Elisa pudo detectar un deje de tristeza, como si estuviera recordando a
alguien.
¿A qué te
refieres?
Le
pregunto Elisa intrigada acercándose más, sintiendo que aquel sentimiento
inicial se volvía más insistente y le producía un calor que iba aumentando. No
se alejo, ese calor la atraía de una forma extraña y impresionantemente le
parecía grato y complaciente que le provocaba unas ganas de sonreír para
liberar aquellos sentimientos como si una flor en primavera lista para soltar
sus deliciosos aromas se tratase.
Porque
aunque ellos no lo sepan ven mucho más de lo que la gente otra gente que se
cree normal es capaz.
Esto fue
como un susurro. Elisa sintió una corriente eléctrica mezclada con un viento
con fragancias la invadía. Sintió que su pulso se aceleraba y que su cuerpo exigía
moverse. Sus manos temblaban y toda su atención estaba dirigida a él. Los
labios de aquella persona le rozaba el oído. De repente algo tibio le tomo con
delicadeza el mentón y sintió como algo penetrante e intenso la observaba. Un
aliento caliente le rozaba el rostro y de repente sintió que el apoyaba su
frente en la sombra haciendo que Elisa sintiera un escalofrió que se detuvo al
instante cuando él le acaricio la mejilla con ternura y adoración.
.
¿Qué vez
en mí?
Le
murmuro dulcemente con una gran esperanza y temblor en la voz por la tentación
que le producían aquellos labios rosados y delgados. Elisa busco su mano y
cuando la encontró esta la aprisiono y se la acerco a su pecho.
¿Qué vez
tú en mí?
Le
devolvió la pregunta. El se quedo callado, apretando la mano suavemente y
tomándola de la cintura le dijo.
A alguien
que busca ayuda, para no perderse.
Elisa
trago saliva y también se le acerco.
Veo en ti
a una persona que puede ayudarme, veo en ti una fuerza y una esperanza que me
cautivan y me producen una sensación de embrujo que es sabrosa y cálida, eres
un camino nuevo. Tú buscas un camino nuevo, pero yo ya he encontrado mi
sendero, mi destino la luz que me guiara por el resto de mis días. Eres tú.
Le dijo
apasionadamente y de una forma lenta y
tranquila, a pesar de que su corazón latía tan rápido y fuerte que en cualquier
momento no podría retenerlo más y demostraría el ardor que le quemaba la
sensación del tacto de aquel joven en los oídos del joven. En sus manos sentía
hormigueos y en la que le tenía sujeta un calor la tenía presa. Pero era un
calor tan irresistible y de tanto placer que no se dejo liberar.
¿Me
permites no apartarme de ti y ser tu guía?
Le pidió
casi como una súplica cargada de frenesí, ilusión e hipnotizado. Este no podía
aguantar más. La tenía tan cerca y no quería que se fuera de su vida. Ella era
la única que había tocado el fondo de su corazón con tan solo ver sus oj0os. En
ellos vio algo que lo llamaba a gritos, que le insistía en liberar aquellas
emociones que había dejado encerradas. No quería dejarla ir, la amaba sin duda,
ese fuego abrazador que le envolvía y como todo a su alrededor se distorsionaba
y se calentaba. El éxtasis que sentía al ori su voz hacia que su corazón
estuviera al mismo tiempo que el de la dueña de su corazón. Ella era su todo y
siempre lo seria, aunque fuera la primera vez que le haya visto ya se sentía
unida con ella para la eternidad. La deseaba con todas sus fuerzas. Era un
deseo que había surgido de repente, pero era tan potente y más fuerte que el
que se dejaba llevar y ansiaba a toda costa oír la respuesta de aquella
criatura que era la razón que ahora su alma encontraba tan llena de dicha,
esperanza y amor y que esperaba conservar hasta soltar el último aliento.
Quédate
por toda la eternidad.
Le dijo Elisa
sonriendo y sintiendo un arrebato acerco sus labios de él y dulcemente y
tímidamente le beso. El se lo devolvió y poco a poco se fueron abrazando
sintiendo que en su cuerpo todo parecía volar y arder. Elisa sentía que volaba,
que flotaba y que la música volvía a sonar. Un mar de emociones hacia que con
todas sus fuerzas se afirmara del cuello de aquel joven que acababa de conocer,
pero al cual le había dado su corazón. Se fue apretujando más a su pecho con
deseo y ternura. Este la atrajo hacia él, mientras ponía una mano en su espalda
y otra en la cabeza mientras lentamente la levantaba levemente y la abrazaba
con más fuerza. Ambos se sentían en el paraíso y deseaban que nunca terminara.
Lentamente se fueron separando y Elisa sintió como la miraba con terneza. Cerró los ojos con gusto al sentir
como le acariciaba la mejilla.
¿Cómo te
llamas?
Le
pregunto bajo el. Ella sonrió y le respondió
Elisa, ¿y
tú?
Isaac,
todo tuyo.
Dijo él
con un tono lleno de amor y fidelidad
Gracias a
Dios
Dijo Elisa
apoyándose en su pecho. Ambos se rieron, se tomaron de la mano y Elisa le
pregunto.
¿Me
permite escuchar su música caballero?
Isaac se
rio y le dijo con un sonrisa
Contigo a
mi lado tocaría siempre, porque tú eres
mi música
Elisa sonrió
y lo volvió a besar. En ese momento una nueva vida se abrió e ella no dudaría en
entrar en ella, a pesar de todos los hechos desafortunados y afortunados que le
podría traer, no le importaba porque con Isaac a su lado sabía que nada le era
imposible.
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