Capitulo 16
Poco a poco Evangeline sentía como iban llegando a la
casa de sus padres. Los susurros de la gente, el ruido de otros caballos y como
otras sombras llenaban el lugar haciendo que le presencia del sol fuera mas
potente, pero para Evangeline nada importaba. Las murmuraciones de la gente
pasaban a ser polvo, nada en su mente. Todos sus pensamientos estaban repletos
de una sensación de pena, de culpabilidad, pero sobre todo de ira y rencor
contra el causante de todas sus desgracias. Tenia la cabeza gacha y los ojos
abiertos, sintiendo cómo sus manos se sacudían por la rabia y como apretaba los
labios con fuerza. Nunca el haber llegado a aquella casa le había causado la
sensación de asco, desagrado y de una sed de venganza como la que en aquel
entonces bramaba su corazón a gritos. Cuando la carreta para, fue como si le
hubiesen encendido la mecha, se paro firme y tomo a su hermana de la mano. Esta
compartía los mismos sentimientos, pero que estaban repletos de una tristeza y
dolor profundos. Evangeline al ver que los soldados se les acercaban sin
pensarlo y llevada por aquellos sentimientos golpeo fuertemente al soldado en
el rostro y le dijo con voz grave y recordando como las había maltratado.
No te atrevas a tocarnos
Avanzo hacia la puerta y la abrió con furia, para luego
cerrarla de un portazo. Evangeline fue hacia la sala de estar y una vez ahí,
aun de la mano de Constance se paro delante de sus padres. Su madre la miraba
conmocionada y con una preocupación creciente, pero Evangeline la ignoro y
mirando únicamente a su padre con una furia sin limites y odio le dijo con un
sentimiento de repulsión y dolor.
Eres de lo peor, lo peor de la raza humana.
Su padre la miro con tranquilidad, pero con el sentimiento
de rabia reflejado en los ojos.
Lo mismo digo
Dijo el.
No tienes perdón, eres inhumano. ¡¿Qué te han hecho ellos
a ti?! , ¡¿qué te han hecho?!
Bramo con lagrimas en los ojos. Constance también le miro sin miedo con una mezcla de sentimientos saliendo de su interior.
La pregunta me parece tan estúpida, pensé que eras mas
inteligente, pero eres igual de estúpida que tu hermano. Porque no te permitiré
que te mezcles con esa calaña de peste, ¡¿me escuchaste?!
Le rugió su padre parándose amenazante. Evangeline no
sintió ningún miedo. Había llegado el momento de la verdad y no iba a
retroceder. Tomando aire le grito con el corazón en la mano.
¡Tu no tienes ningún derecho a mandarme! Jamas has sido
un buen padre, ¿Quién te crees para decidir con quien tenemos que estar? Tu no
eres nada para mi.
¡Si que lo soy, sin mi no eres nada!
Le dijo su padre furiosos y con un brillo amenazador en
los ojos.
¡Mentira, no te necesito. Jamas te he necesitado, porque
en todo momento siempre hemos estado solas y ustedes jamás nos dieron nada!
Le dijo ella recordando todos los momentos dolorosos.
¿Crees que acaso se lo merecían? Son la peor decepción
que he tenido que cargar.
Le dijo su padre con un tono de desprecio. Evangeline
evadió el dolor y con los ojos brillosos le dijo con toda tranquilidada, pero
con todos sus sentimientos puestos en cada palabra.
Me alegro de ser una decepcion, me alegra saber que soy
diferente a tu, porque ser como ty , ser basura de la humanidad ¡es lo pear que
me podía pasar!
La cachetada le llego fugazmente. Casi la hizo caer por
la fuerza con la que fue dada. Evangeline sentía como le ardía la mejilla y
apretaba los ojos para no llorar.
Que te has creído…
Estaba diciendo su padre dispuesto a darle otro golpe,
pero fue empujado por Constance que se puso delante de su hermano y lo miraba
con desafío y sin temor. Evangeline la miro sorprendida, admirada y agradecida.
Ayudada por ella, se pudo levantar, ya que al sentir el dolor no pudo
mantenerse de pie. Su padre que había impactado contra la mesa botando libros y
otros objetos las miraba de forma siniestra y sin misericordia, Las dos
hermanas lo miraban sin temor y agarradas de las manos.
Vosotras dos sois una peste, una de las peores y en
cuando todo termine, me encargare de ustedes como lo hice con su hermano.
Le dijo lentamente y avanzando hacia ellas. Aquellos fue
como un balde de agua fría para Evangeline, Constance y su madre que había
estado contemplando todo aquello con horror, aturdida y sin saber como calmar a
su esposo. Evangeline se sintió paralizada, sintiendo como todo se desvanecía y
tambaleándose sintió cómo el corazón se le oprimía y empezaba a ver a través de
esa oscuridad. Aquella misión a la que su hermano había ido, la noticia que
habían recibido Elliot y Sebastian y lo que había pasado. Poco a poco
Evangeline fue armando aquel rompecabezas que encerraba aquella mounstrosa y
terrible verdad.
Lo mataste
Murmuro sin aliento. Constance sintió como unos
escalofríos le recorrían de pies a cabeza. No podía creerlo. Su pecho le dolía
y se sentía morir.
Le di muchas opciones y no hizo caso. Era un estorbo.
Dijo su padre de forma cruel y venenosa. Evangeline no
podía aceptarlo. Imágenes de su hermano le invadían la mente y sentía en carne
viva como eran destruidas por aquella revelación fatal. Las ultimas palabras de
su padre fue la gota que colmo el vaso. Se avalanzo contra el con un odio
indescriptible, seguida por Constance.
¡Eres un mousntro! Te odio eres un diablo!, ¡¿Cómo
pudiste?!, esa tu hijo.
Bramaba Evangeline entre sollozos tratando de golpear a
su padre. Constance forzaba contra él , temblando de rabia y pena. Este las
agarro con brutalidad del os brazos y las sacudió.
Porque como tu dijiste yo no soy su padre y ustedes no
son mis hijas..
De repente se tambaleo
y las soltó, cayo hacia atrás y pudo ver quien lo había golpeado. Su
esposa tenia ne las menos un candelabro y lo miraba con los ojso rojos por la
desolación, tristeza infinita y sufrimiento por la verdad revelada y también
furia contra ese ser odioso y malvado. El la miro con sorpresa, pero también
con los ojos ardiendo de ira.
No vas a tocarlas nunca más. Mataste a mi hijo desgraciado
canalla. Tu eres la peor de las pestes eres un miserable. ¡Déjalas en paz, apártate
de ellas!
Exclamo su madre con la voz desgarrada y llena de dolor,
avanzando hacia él, pero él la empujo violentamente haciendo que esta se golpear
en la cabeza y quedara inconciente.
¡Mama!
Exclamaron alarmadas Evangeline y Constance mientras
forzaban con su padre que las había agarrado nuevamente. Este las agarro con
furia y las arrastro fuera de la habitación gasta las escaleras donde las
obligo a subir. Evangeline y Constance lo empujaban con vehemencia y se
agarraban de la barandilla, pero su padre era más fuerte. Las arrastro hasta la
habitación de Evangeline, abrió la puerta y antes de que pudieran levantarse su
padre les dijo.
No me estropearan esto.
Y cerro la puerta con llave. Evangeline, corrió hacia la
puerta y sacudió la manija.
¡Abreme desgraciado! ¡Sacanos de aquí!
Golpeaba la puerta con fuerza, Constance también gritaba.
¡Auxilio, saquenos por favor!
Poco a poco las dos fueron perdiendo fuerzas y se
derrumbaron en el suelo llorando sin consuelo y sin saber que hacer.
¡Damián no. No, no, no!
Sollozaban Evangeline y Constance sintiéndose mas solas e
inútiles que nunca.
El pasar de las horas era frustrante y agobiante. Por
cada segundo que pasaba parecía que la habitación se volviera cada vez mas
pequeña y que el aire fuera imposible de respirar. Para Evangeline era como
estar encerrada en esa jaula, de la que creyó haberse librado, a la que la
había puesto mas candados y la habían dejado en la oscuridad absoluta. Su
cuerpo estaba entumecido y pesado como el plomo y sentía que el peso de andar y
que viera en cada parte lo mismo le estrujara el espíritu y que se retorciera
las manos. Su cabeza estaba aturdida y afectada
por aquellas emociones tan fuertes que se intensificaban cada vez mas
con los recuerdos que las llevaron a la luz. Evangeline se sentía cada vez mas
insegura, angustiada e inquieta, pero sobre todo con una pena que acongojaba y
ensombrecía cada rincón de su corazón. Sentía que estaba llegando a su limite y
que su corazón pararía de latir en cualquier momento. No podía aceptarlo, no
podía creerlo, le dolía el alma de tan solo verlo en su mente. No podía se que
Damian estuviera muerte, era imposible. El dijo que regresaría, no podía
simplemente ser así. Evangeline apretó los ojos, pero no así podía retener las
lagrimas y sus sollozos. Cada vez que recordaba el modo en que su padre hablo
de Damian, el como no le importaba y el desprecio que había puesto en sus
palabras al decir que el había sido el causante de…
¡No, no,no!
Exclamaba con la voz tomada por el llanto desquitándose con las sillas de la habitación con una sensación de soledad y nostalgia, pero
también de odio. Constance la veía y sentía que se hundía cada vez mas en aquel
poso de la perdición. Damian era un ser tan preciado para ella, era su hermano,
su padre, su protector. No podía creerlo. No aceptaba el hecho de que nunca mas
vería su sonrisa, que no volvería a escuchar su voz, que no lo abrazaría nunca
mas. Escondio el rostro entre los brazos y lloro amargamente. Evangeline se dio
cuenta de esto y se arrepintió de haberse creído sola en su dolor. Fue donde
Constance, se sentó a su lado, pe paso el brazo por los hombros y la abrazo.
Sintió sus latidos y los temblores de ella y lloro junto con ella abrazandola
fuertemente, ya que necesitaba apoyarse en alguien, ya no podía aguantar mas.
¿Por qué Evangeline? , ¿por qué nuestra vida es tan injusta?
, ¿por qué Dios nos dio padres así? , no lo entiendo, te juro que no.
Lamentaba
Constance con la respiración interferida por el dolor en su pecho y
lagrimas. Evangeline no podía hablar, era como si todas las desgracias que
habían pasado le hubieran quitado la compasión. El silencio fue lo que siguió a
las preguntas de Constance.
No es justo, ¿por qué tenía que ser él?
Sollozaba Constance. Evangeline poco a poco sintió como
la pena se mezclaba con aquel
sentimiento de fortaleza y pensó en Elliot y Sebastian. En como los habían
quitado de su lado y como podían perderlos, así como a Damian. El que nunca
pudiera volver a ver a Elliot, el no poder estar en sus brazos nunca mas y
compartir tantos momentos de su vida, fue como si una daga se le clavara en el
corazón, pero también fue lo que la hizo darse cuenta de que no podía quedarse
así nomas y dejar las cosas así. Jamas le permitiría a su padre que otra vez le
arrebataran algo tan querido, nunca mas. Lo haría por su hermano, le vengaría
de una vez por todas y asi por fin podría descansar en paz. Poco a poco, aun
con lagrimas en los ojos, pero también con una mirada segura y decidida, tomo a
su hermana de los hombros y con dulzura la aparto para mirarla a los ojos.
Constance apenas podía retener el llanto, pero al sentir que su hermana hacia
eso, abrió los ojos y la miro. Sentía la ternura y la seguridad de su hermana
como algo tibio que le recorría la piel y como su corazón empezaba a serenarse
y que cada vez le era menos difícil para de llorar. Ambas hermanas se miraron
compartiendo el dolor, pero también una decisión: la de nunca rendirse.
Tenemos que hacerlo por Damian, por Elliot y Sebastian y
sobre todo por Damian, ya sino lo hacemos su muerte hubiera sido en vano.
Le dijo con firmeza y suavidad al mismo tiempo Evangeline.
Constance pensó en Sebastian y se negó a que se desvaneciera de sus sueños.
Asintio y sonrio, pero después esta flaqueo al darse cuanta de algo.
¿Qué vamos hacer?
Le pregunto esta. Evangeline se quedo ocn los ojos abiertos y
apretó los labios. En su mente surgían miles de ideas, todas muy buenas, pero
no sabia como hacerlas realidad, algo que lograra ponerlas en curso. Justo en
aquel momento paseándose por la habitación con la mirada en el piso como si ahí
encontrara la respuesta, el sol hizo resplandecer un objeto. Aquel resplandor
le llamo la atención y al tomarlo y ver que eran unas tijeras, de repente
sintió como si un rayo le iluminara sus pensamientos. Poco a poco todo se fue
organizando y con un brillo de satisfacción e ilusión en los ojos, miro a
Constance. Esta le sonreía encantada y ansiosa.
¿Cuál es el plan?
Le pregunto tomándole las manos. Evangeline sonrio y
dijo.
El plan es que desde aquí dentro causemos un revuelo,
algo que llame la atención de los soldados que custodian la puerta. Entonces
tomamos su vestimenta y asó nos escapamos. Nos infiltramos con el resto y
llegaremos a donde tienen cautivos a Elliot y Sebastian.
A Constance se le ilumino el rostro de la emoción, pero
después frunciendo el ceño dijo.
Pero hay un problema, nos reconocerán.
Bueno , ahí esta la primera parte del plan.
Le dijo de forma cómica, pero al mismo tiempo temerosa.
Constance frunció el ceño extrañada y sin entender. Evangeline le mostró las
tijeras y Constance abrió los ojos como platos y retrocedió. Evangeline le
sonrio, pero con unos ojos que no bromeaban y de urgencia. Con esa mirada
Constance trago saliva y le dijo.
La de la idea primero.
Evangeline rio y le paso las tijeras. Se fue donde el
espejo donde resaltaban las luces del atardecer.
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