jueves, 29 de diciembre de 2016

Capitulo 16

Poco a poco Evangeline sentía como iban llegando a la casa de sus padres. Los susurros de la gente, el ruido de otros caballos y como otras sombras llenaban el lugar haciendo que le presencia del sol fuera mas potente, pero para Evangeline nada importaba. Las murmuraciones de la gente pasaban a ser polvo, nada en su mente. Todos sus pensamientos estaban repletos de una sensación de pena, de culpabilidad, pero sobre todo de ira y rencor contra el causante de todas sus desgracias. Tenia la cabeza gacha y los ojos abiertos, sintiendo cómo sus manos se sacudían por la rabia y como apretaba los labios con fuerza. Nunca el haber llegado a aquella casa le había causado la sensación de asco, desagrado y de una sed de venganza como la que en aquel entonces bramaba su corazón a gritos. Cuando la carreta para, fue como si le hubiesen encendido la mecha, se paro firme y tomo a su hermana de la mano. Esta compartía los mismos sentimientos, pero que estaban repletos de una tristeza y dolor profundos. Evangeline al ver que los soldados se les acercaban sin pensarlo y llevada por aquellos sentimientos golpeo fuertemente al soldado en el rostro y le dijo con voz grave y recordando como las había maltratado.

No te atrevas a tocarnos

Avanzo hacia la puerta y la abrió con furia, para luego cerrarla de un portazo. Evangeline fue hacia la sala de estar y una vez ahí, aun de la mano de Constance se paro delante de sus padres. Su madre la miraba conmocionada y con una preocupación creciente, pero Evangeline la ignoro y mirando únicamente a su padre con una furia sin limites y odio le dijo con un sentimiento de repulsión y dolor.
Eres de lo peor, lo peor de la raza humana.
Su padre la miro con tranquilidad, pero con el sentimiento de rabia reflejado en los ojos.

Lo mismo digo
Dijo el.

No tienes perdón, eres inhumano. ¡¿Qué te han hecho ellos a ti?! , ¡¿qué te han hecho?!

Bramo con lagrimas en los ojos. Constance también le miro sin miedo con una mezcla de sentimientos saliendo de su interior.

La pregunta me parece tan estúpida, pensé que eras mas inteligente, pero eres igual de estúpida que tu hermano. Porque no te permitiré que te mezcles con esa calaña de peste, ¡¿me escuchaste?!

Le rugió su padre parándose amenazante. Evangeline no sintió ningún miedo. Había llegado el momento de la verdad y no iba a retroceder. Tomando aire le grito con el corazón en la mano.

¡Tu no tienes ningún derecho a mandarme! Jamas has sido un buen padre, ¿Quién te crees para decidir con quien tenemos que estar? Tu no eres nada para mi.

¡Si que lo soy, sin mi no eres nada!

Le dijo su padre furiosos y con un brillo amenazador en los ojos.

¡Mentira, no te necesito. Jamas te he necesitado, porque en todo momento siempre hemos estado solas y ustedes jamás nos dieron nada!

Le dijo ella recordando todos los momentos dolorosos.

¿Crees que acaso se lo merecían? Son la peor decepción que he tenido que cargar.

Le dijo su padre con un tono de desprecio. Evangeline evadió el dolor y con los ojos brillosos le dijo con toda tranquilidada, pero con todos sus sentimientos puestos en cada palabra.

Me alegro de ser una decepcion, me alegra saber que soy diferente a tu, porque ser como ty , ser basura de la humanidad ¡es lo pear que me podía pasar!

La cachetada le llego fugazmente. Casi la hizo caer por la fuerza con la que fue dada. Evangeline sentía como le ardía la mejilla y apretaba los ojos para no llorar.

Que te has creído…

Estaba diciendo su padre dispuesto a darle otro golpe, pero fue empujado por Constance que se puso delante de su hermano y lo miraba con desafío y sin temor. Evangeline la miro sorprendida, admirada y agradecida. Ayudada por ella, se pudo levantar, ya que al sentir el dolor no pudo mantenerse de pie. Su padre que había impactado contra la mesa botando libros y otros objetos las miraba de forma siniestra y sin misericordia, Las dos hermanas lo miraban sin temor y agarradas de las manos.
Vosotras dos sois una peste, una de las peores y en cuando todo termine, me encargare de ustedes como lo hice con su hermano.

Le dijo lentamente y avanzando hacia ellas. Aquellos fue como un balde de agua fría para Evangeline, Constance y su madre que había estado contemplando todo aquello con horror, aturdida y sin saber como calmar a su esposo. Evangeline se sintió paralizada, sintiendo como todo se desvanecía y tambaleándose sintió cómo el corazón se le oprimía y empezaba a ver a través de esa oscuridad. Aquella misión a la que su hermano había ido, la noticia que habían recibido Elliot y Sebastian y lo que había pasado. Poco a poco Evangeline fue armando aquel rompecabezas que encerraba aquella mounstrosa y terrible verdad.
Lo mataste

Murmuro sin aliento. Constance sintió como unos escalofríos le recorrían de pies a cabeza. No podía creerlo. Su pecho le dolía y se sentía morir.
Le di muchas opciones y no hizo caso. Era un estorbo.

Dijo su padre de forma cruel y venenosa. Evangeline no podía aceptarlo. Imágenes de su hermano le invadían la mente y sentía en carne viva como eran destruidas por aquella revelación fatal. Las ultimas palabras de su padre fue la gota que colmo el vaso. Se avalanzo contra el con un odio indescriptible, seguida por Constance.

¡Eres un mousntro! Te odio eres un diablo!, ¡¿Cómo pudiste?!, esa tu hijo.

Bramaba Evangeline entre sollozos tratando de golpear a su padre. Constance forzaba contra él , temblando de rabia y pena. Este las agarro con brutalidad del os brazos y las sacudió.

Porque como tu dijiste yo no soy su padre y ustedes no son mis hijas..

De repente se tambaleo  y las soltó, cayo hacia atrás y pudo ver quien lo había golpeado. Su esposa tenia ne las menos un candelabro y lo miraba con los ojso rojos por la desolación, tristeza infinita y sufrimiento por la verdad revelada y también furia contra ese ser odioso y malvado. El la miro con sorpresa, pero también con los ojos ardiendo de ira.

No vas a tocarlas nunca más. Mataste a mi hijo desgraciado canalla. Tu eres la peor de las pestes eres un miserable. ¡Déjalas en paz, apártate de ellas!

Exclamo su madre con la voz desgarrada y llena de dolor, avanzando hacia él, pero él la empujo violentamente haciendo que esta se golpear en la cabeza y quedara inconciente.

¡Mama!

Exclamaron alarmadas Evangeline y Constance mientras forzaban con su padre que las había agarrado nuevamente. Este las agarro con furia y las arrastro fuera de la habitación gasta las escaleras donde las obligo a subir. Evangeline y Constance lo empujaban con vehemencia y se agarraban de la barandilla, pero su padre era más fuerte. Las arrastro hasta la habitación de Evangeline, abrió la puerta y antes de que pudieran levantarse su padre les dijo.

No me estropearan esto.

Y cerro la puerta con llave. Evangeline, corrió hacia la puerta y sacudió la manija.

¡Abreme desgraciado! ¡Sacanos de aquí!

Golpeaba la puerta con fuerza, Constance también gritaba.

¡Auxilio, saquenos por favor!

Poco a poco las dos fueron perdiendo fuerzas y se derrumbaron en el suelo llorando sin consuelo y sin saber que hacer.

¡Damián no. No, no, no!

Sollozaban Evangeline y Constance sintiéndose mas solas e inútiles que nunca.

El pasar de las horas era frustrante y agobiante. Por cada segundo que pasaba parecía que la habitación se volviera cada vez mas pequeña y que el aire fuera imposible de respirar. Para Evangeline era como estar encerrada en esa jaula, de la que creyó haberse librado, a la que la había puesto mas candados y la habían dejado en la oscuridad absoluta. Su cuerpo estaba entumecido y pesado como el plomo y sentía que el peso de andar y que viera en cada parte lo mismo le estrujara el espíritu y que se retorciera las manos. Su cabeza estaba aturdida y afectada  por aquellas emociones tan fuertes que se intensificaban cada vez mas con los recuerdos que las llevaron a la luz. Evangeline se sentía cada vez mas insegura, angustiada e inquieta, pero sobre todo con una pena que acongojaba y ensombrecía cada rincón de su corazón. Sentía que estaba llegando a su limite y que su corazón pararía de latir en cualquier momento. No podía aceptarlo, no podía creerlo, le dolía el alma de tan solo verlo en su mente. No podía se que Damian estuviera muerte, era imposible. El dijo que regresaría, no podía simplemente ser así. Evangeline apretó los ojos, pero no así podía retener las lagrimas y sus sollozos. Cada vez que recordaba el modo en que su padre hablo de Damian, el como no le importaba y el desprecio que había puesto en sus palabras al decir que el había sido el causante de…

¡No, no,no!

Exclamaba con la voz tomada por el llanto desquitándose con las sillas de la habitación con una sensación de soledad y nostalgia, pero también de odio. Constance la veía y sentía que se hundía cada vez mas en aquel poso de la perdición. Damian era un ser tan preciado para ella, era su hermano, su padre, su protector. No podía creerlo. No aceptaba el hecho de que nunca mas vería su sonrisa, que no volvería a escuchar su voz, que no lo abrazaría nunca mas. Escondio el rostro entre los brazos y lloro amargamente. Evangeline se dio cuenta de esto y se arrepintió de haberse creído sola en su dolor. Fue donde Constance, se sentó a su lado, pe paso el brazo por los hombros y la abrazo. Sintió sus latidos y los temblores de ella y lloro junto con ella abrazandola fuertemente, ya que necesitaba apoyarse en alguien, ya no podía aguantar mas.

¿Por qué Evangeline? , ¿por qué nuestra vida es tan injusta? , ¿por qué Dios nos dio padres así? , no lo entiendo, te juro que no.

Lamentaba  Constance con la respiración interferida por el dolor en su pecho y lagrimas. Evangeline no podía hablar, era como si todas las desgracias que habían pasado le hubieran quitado la compasión. El silencio fue lo que siguió a las preguntas de Constance.

No es justo, ¿por qué tenía que ser él?

Sollozaba Constance. Evangeline poco a poco sintió como la pena se mezclaba  con aquel sentimiento de fortaleza y pensó en Elliot y Sebastian. En como los habían quitado de su lado y como podían perderlos, así como a Damian. El que nunca pudiera volver a ver a Elliot, el no poder estar en sus brazos nunca mas y compartir tantos momentos de su vida, fue como si una daga se le clavara en el corazón, pero también fue lo que la hizo darse cuenta de que no podía quedarse así nomas y dejar las cosas así. Jamas le permitiría a su padre que otra vez le arrebataran algo tan querido, nunca mas. Lo haría por su hermano, le vengaría de una vez por todas y asi por fin podría descansar en paz. Poco a poco, aun con lagrimas en los ojos, pero también con una mirada segura y decidida, tomo a su hermana de los hombros y con dulzura la aparto para mirarla a los ojos. Constance apenas podía retener el llanto, pero al sentir que su hermana hacia eso, abrió los ojos y la miro. Sentía la ternura y la seguridad de su hermana como algo tibio que le recorría la piel y como su corazón empezaba a serenarse y que cada vez le era menos difícil para de llorar. Ambas hermanas se miraron compartiendo el dolor, pero también una decisión: la de nunca rendirse.
Tenemos que hacerlo por Damian, por Elliot y Sebastian y sobre todo por Damian, ya sino lo hacemos su muerte hubiera sido en vano.

Le dijo con firmeza y suavidad al mismo tiempo Evangeline. Constance pensó en Sebastian y se negó a que se desvaneciera de sus sueños. Asintio y sonrio, pero después esta flaqueo al darse cuanta de algo.

¿Qué vamos hacer?

Le pregunto esta.  Evangeline se quedo ocn los ojos abiertos y apretó los labios. En su mente surgían miles de ideas, todas muy buenas, pero no sabia como hacerlas realidad, algo que lograra ponerlas en curso. Justo en aquel momento paseándose por la habitación con la mirada en el piso como si ahí encontrara la respuesta, el sol hizo resplandecer un objeto. Aquel resplandor le llamo la atención y al tomarlo y ver que eran unas tijeras, de repente sintió como si un rayo le iluminara sus pensamientos. Poco a poco todo se fue organizando y con un brillo de satisfacción e ilusión en los ojos, miro a Constance. Esta le sonreía encantada y ansiosa.

¿Cuál es el plan?

Le pregunto tomándole las manos. Evangeline sonrio y dijo.

El plan es que desde aquí dentro causemos un revuelo, algo que llame la atención de los soldados que custodian la puerta. Entonces tomamos su vestimenta y asó nos escapamos. Nos infiltramos con el resto y llegaremos a donde tienen cautivos a Elliot y Sebastian.

A Constance se le ilumino el rostro de la emoción, pero después frunciendo el ceño dijo.

Pero hay un problema, nos reconocerán.

Bueno , ahí esta la primera parte del plan.

Le dijo de forma cómica, pero al mismo tiempo temerosa. Constance frunció el ceño extrañada y sin entender. Evangeline le mostró las tijeras y Constance abrió los ojos como platos y retrocedió. Evangeline le sonrio, pero con unos ojos que no bromeaban y de urgencia. Con esa mirada Constance trago saliva y le dijo.

La de la idea primero.


Evangeline rio y le paso las tijeras. Se fue donde el espejo donde resaltaban las luces del atardecer.

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