lunes, 26 de diciembre de 2016

Capitulo 18: En el territorio enemigo

Habían pasado a otra dimensión, a otra vida otro mundo que estuvo presente todos esos años y que aterrorizaba hasta el más valiente. Era como estar en un lugar húmedo, espantosamente oscuro y deprimente lleno de muerte y con la esencia del miedo y el terror en el aire como un modo de advertencia y a la vez como de reconocimiento. En mi opinión si hablamos de infierno y sé que varios van a estar de acuerdo conmigo los campos de concentración es uno de los tantos que crea el ser humano para torturar cruelmente tanto a sí mismo como a inocentes. Johan sintió que esta atmosfera se le clavaba en el pecho y hacia que una sensación frio le hiciera doler la cabeza. Era como embestirse a un gran gigante, sin mucha ayuda, pero con la intención de ganar y dar todo, incluso si pierdes tu vida. No le importaría que terminara como una tragedia griega, Elena y su hija no pagarían el precio de ello. Eliza estaba quieta tratando de que no saliera a la luz el pavor que le provocaba aquel ambienta venenoso y mortal. Se sentía apretada y con  el pecho retorcido. Apretaba las manos, hiriéndose con las uñas y no paraba de temblar los pies. Estaba pálida como el mármol. Por un momento sentía que aquella ola la vencería, pero al igual que Johan pelearía, a pesar de que durara un minuto. Cuando se detuvo el coche entre un montón de matorrales, Johan se quedo aún con las manos en el volante y con la rente apoyada en el. Eliza y el parecían uno ahora cada uno con los mismos pensamientos, miedos y decisiones.

Si no salimos con vida, tendremos el placer de ver felices a los demás, ese a mi me basta y me sobra.

Dijo de repente como un susurro. Eliza trago saliva y asintió.

De alguna manera creo que esta sentencia la tienen todos los que aman a alguien. Los que tienen el corazón valiente sufren por lo que se atreven y por lo que pierden. Creo que me encuentro preparada, pero no para decirles adiós.

Dijo al final con la voz temblorosa. Johan le tomo la mano y le dijo.

Entonces no nos rindamos. No me importa terminar ciego, o sin poder caminar, con tal de vivir la vida en plenitud junto con mis seres queridos es todo para mí.

Eliza se seco las lágrimas y dijo.

Yo ya ciega estoy, si me quieren quitar otra cosa adelante, pero a ellos no los tocan.
Ambos se apoyaron apretándose las manos como si también fuera de buena suerte y una despedida. Se abrazaron y Johan le dijo.

Es hora.

Eliza apretó los labios y se fue para atrás del camión. El rescate comenzaría y ella era la principal pieza para lograr el éxito. Johan bajo y se arrodillo en el piso que estaba lleno de lodo. Estaba empezando a lloviznar y podía saborear un sabor de expectación y angustia. Sacudió la cabeza y se dirigió a la puerta trasera del camión. Miro a ambos lados vigilando que no hubiera nadie. Cuidadosamente toco la puerta y En dos minutos, salió un soldado. Johan le hizo agacharse y cuidando de no hacer ruido y de que no se notara su presencia llegaron a una de los lados del muro. Johan dejo al soldado en un rincón y subió hasta donde estaban los alambres. Tratando de respirar normal y controlar el temblor en sus manos, empezó a cortarlos con gran habilidad. Una vez hecho, bajo y tomo al soldado de la mano y lo subió a sus hombros. Este se subió al muro y tomando un gran respiro salto al otro lado. Johan se quedo mirándolo y dijo con un tono de angustia contenida, pero de buenos deseos y esperanzas.


Buena suerte cuñada.

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