Capitulo 6
El disparo resonó y llego justo en el blanco. Damián
sintió como si ese disparo lo empujara a un profundo oyó. La pistola se le cayó
de las manos y cayo para atrás con unos ojos aterrorizados, llenos de sorpresa
y con una inocencia rota hace muy poco. Temblaba de pies a cabeza y todo a su
alrededor parecía haber desaparecido. Su mente era tal desorden que todos sus
recuerdos y pensamientos se enredaban y le causaban un agudo y penetrante dolor
de cabeza. En su interior se formaba una tormenta que aumentaba con cada segundo.
Los truenos eran todas las veces que había visto morir a sus compañeros frente
a sus ojos. Como ellos habían sido torturados y sus gritos llenos de dolor y
desesperación le eran indiferentes a las causantes de ellos. Como estos eran
como una daga filosa que se clavaba en su pecho sin importarle cuanto rogaba a
gritos que paraba porque ya no podía más. Pero lo peor fue lo que acababa de
ver, aquella persona… No podía ser verdad, no podía ser la realidad. Recordó
las palabras de su líder: “Alguien nos traiciono”. El suplicando y el otro
riéndose. Aquella risa que le era tan desconocida y alejada a la que él creyó
conocer y compartir, pero que le reveló la verdadera forma y el ser tan
miserable, oscuro y despreciable que se encontraba a través de la niebla que
imponía aquella persona para atrapar a sus víctimas, y que sin saber esto para
Damián había sido como un hermano para él. Se sentía humillado y burlado por
ser tan ingenuo y ciego. Se sentía cada vez mas hundido y ahogado en aquel
agujero que se abría cada vez más por no querer mirar lo que pasaba porque
tenía miedo de que todo empeorara y que la negrura que se esparcía por su
porvenir se hiciera más espesa.
De repente unos gritos terribles y llenos de horror lo
sacaron de aquella tortura. A sus ojos el muro de tierra que lo separaba de los
de arriba se derrumbaba y venía hacia él. Sus ojos que antes parecían haberse
vuelto ciegos por la situación cruda y amarga, se abrieron completamente
dominados por el espanto y la angustia. Se levanto rápidamente sin importarle
el dolor de la pierna. Estas temblaron y casaba la pérdida del equilibrio. Consciente
de que si no llegaba arriba moriría escalo con todas sus fuerzas la pared de
tierra que temblaba amenazadoramente. Sujetándose fuertemente de unas raíces
subió sintiendo aguantando el dolor y las lagrimas de rabia y pena que
intentaba salir de nuevo. De repente sintió como una de las raíces de las que
sujetaba se iba rompiendo. Se agarro con más potencia y subió lo más deprisa
posible, Unas rocas empezaron a caer, y una de ellas le cayó encima de la raíz
de que estaba agarrado pegándole en la mano. Damián soltó un grito ahogado,
mordiéndose los labios. Sintió que algo lo agarraba del pie y al volver la
cabeza en su cara se formo una expresión de odio inhumano cargado de desprecio
y furia.
Te olvidabas de mí
Dijo este con unos ojos que fingían inocencia. La forma
en que lo miro hizo que la ira de Damián aumentara. ¿Cómo podía ser tan
desarmado y descarado?, era un maldito mentiroso que no merecía vivir. Damián
le pateo la mano y este casi cae si no es porque se agarro de una roca
incrustada.
¡¿Qué te pasa?!
Le grito impactado y enojado. Damián sintió que algo
oscuro y que le hacía arder la sangre hizo que nuevamente lo pateara.
¡¿Por qué lo hiciste maldito infeliz?! , ¡¿Cómo pudiste?!
Le grito con todos aquellos sentimientos que le habían
torturado el alma. El que estaba abajo, puso una mirada de sorpresa que luego
cambio a una de burla y de desprecio.
Le respuesta es fácil ¿no? Ganar más matándoles que
ayudándoles.
Damián entonces lo
vio como era en realidad y esta verdad le causo un dolor insufrible que solo
pueden conocer los que han sufrido un desengaño, ya sea amoroso y de una amistad, ya que a pesar
de que los dolores sean diferentes se igualan en una cosa la perdida de algo
que tu corazón atesoraba y que te lo han arrebatado o que ha sido arrebatado
por la misma mano de la persona de la que creíste ser algo y que ella era para
ti también. El sufrimiento que se puede prolongar en ti como una tormenta en
los más profundos mares como lo es la humanidad es el que perdiste algo que
nunca existió lo que te hace ser el doble de miserable ya que ha sido solamente
engaño lo que ha llenado tu vida, sin ninguna gota de cariño que es lo que
todos necesitamos.
¡Te quería como un hermano, te admiraba y respetaba como
un buen ser humano y eras muy importante para mí!, pero como siempre nunca es
verdad lo que uno desea. No eres más que un gusano que se arrastra por tierras
inmundas y que con su propio veneno se dará su sentencia de muerte
Exclamo con una voz ronca y cargada de amargura y de una
lluvia de odio y desprecio, pero a la vez aguantando las ganas de dejarse
desmoronar por la tristeza que cada vez se volvía más fuerte, y con una fuerza
nueva le pego en el pecho y este se soltó de la piedra y cayó hacia el mar de
tierra que llevaba consigo muchas almas. Damián sentía que se ahogaba al verlo
caer, el sentimiento de amistad, aunque débil se le aparecía y la causaba un
sentimiento de remordimiento y culpa que luchaba con la rabia en su corazón
como un fuego ardiente y potente. Cerró los ojos y siguió subiendo sin darse
cuenta de que aquel que creyó muerto respiraba aún y tenía una sed inmensa de
venganza como lo era la oscuridad en su corazón.
Cuando toda la pared iba a caer, Damián se impulso con
los pies y salto hacia afuera cayendo bruscamente en el suelo y dejándolo
atontado con una sensación de calor agobiante y mareo. Quedo de espaldas
contemplando el cielo nublado. Así veía su vida, sin camino alguno que seguir
con una niebla inminente que no tenía compasión por él. Respiraba agitadamente
y sentía que en cualquier momento su corazón se le detendría y que moriría
contemplando el desastre de la situación en que había llegado a su fin. Se
levanto y gateando se acerco al oyó, el cual estaba lleno de rocas y tierra
causándole la muerte a hombres que ni idea tenían donde se habían metido, al
igual que él.
Se ha acabado
Suspiro sin creerlo el mismo y tomando bocazas de aire
como si aquello fuera el tesoro más preciado que le pudieran dar. El estar vivo
sin duda alguno resultaba un premio, pero también una maldición porque se
hallaba en una encrucijada de destinos que lo mareaba y que le llenaba de una
inseguridad aterradora. De repente sintió unos pasos detrás de él y antes de que
se pudiera dar vuelta un dispara casi le llega a la espalda.
¿No me digas que creías que se iba a quedar así?
Dijo aquella voz. Este tenía la locura reflejada en ellos
y la forma en que lo miraba hizo que Damián sintiera un escalofrió. Cuando
trato de moverse otro disparo resonó. Damián no podía mover musculo, ya que si
lo hacía perdería la vida.
Vamos Damián, hablemos. No me dejes hablando solo.
Dijo este. Damián estaba mudo, pero no supo de donde saco
una llama que lo animo a defenderse de aquel monstruo.
Hablemos entonces. Te diré lo que pienso de ti.
Le dijo con la misma voz ronca que antes lo había
poseído. Este sonrió con burla y gozando de aquel momento.
Eres un miserable descarado, un imbécil, traidor y una
bueno para nada.
Damián sabía que estas palabras no causaban ningún
efecto, que era como hablarle a una roca, hablar solo, pero necesitaba
desahogar todo aquel odio y dolor de saber la verdad, una de las cuantas
crueldades que la vida la había impuesto.
Y a pesar de eso me considerabas como tu hermano, como un
amigo. Debes pensar en lo que dices comparado con lo de ahora. Debo agradecer
que seas tan ingenuo y fácil de engañar. Sin ti nunca hubiese podido integrarme
y realizar mi objetivo. Te felicito, los traicionaste a todos.
Dijo este paseándose alrededor de él, con una mirada despectiva,
desdeñosa, perversa y también amenazante con una sed de poder que a Damián se
le hacía conocida. Este se quedo callado ante esas palabras, era verdad. Él lo
había integrado a la misión, había hecho que todos los demás confiaran en
aquella persona. Era su culpa.
Es difícil aceptarlo ¿no? No te preocupes, yo me
encargare de cuidar a tu querida hermana.
Dijo este preparando el arma. Esto fue como una mecha que
se quemaba y que lo saco de la oscuridad en que las palabras de aquel villano
casi lo habían sucumbido. La fuerza que creía agotada resurgió como un fuero
interno que le incendio la garganta. Nunca incluso si moría dejaría que aquel
descarado se acercara y si quiera respirara cerca de su hermana ya que era el
mismo diablo en persona.
Suerte en el infierno
Dijo este apuntando al pecho de Damián. Este se echó para
atrás tratando de controlar aquel ardor y odio para pensar fríamente y proteger
lo último que le quedaba. De repente sintió que tocaba algo frio lo tocaba,
disimuladamente miro lo que era y se dio cuenta con alivio de que era una
espada. Se hecho más para atrás manchándose de lodo. Había empezando a llover y
esto hacia que su visión se complicara, pero también para su oponente. Cuando
Damián tomo la espada fue como si algo en su interior despertara, algo que lo
asustaba, pero que le causaba placer, se había descubierto a sí mismo. Miro a
su oponente y pensó en lo desgraciado que era vivir así y en como lo odiaba por
lo que había hecho, no podía perdonarlo. La imagen del capitán se le apareció
aumentando las llamas que lo consumían. Apretó los labios y el mango de la
espada, levantándose lentamente.
Nunca
Susurro y de un momento a oreo Damián se levanto y dijo
respondiendo a lo que el otro había dicho.
¡Para ti también!
Le golpeo la pistola, con una fuerza que él desconocía,
pero que no le sorprendió. Ya no era el mismo, ni lo volvería hacer. Al
golpearle la pistola causo que la mano de su contrincante su fracturara. Fue
entonces cuando comenzó el verdadero enfrentamiento, el momento en que se
desvelaron los lados de las personalidades de los dos, solamente que en el caso
de aquel siniestro ser abarcaba toda su personalidad. Damián no podía evitar
sentir dolor y decepción por todos aquellos recuerdos tan repletos de un sentimiento
de amistad que a Damián más de una vez le hizo sentirse feliz y comprendido, una
unión fraternal que él creyó que nunca iba a romperse, que estaba colmada de
risas y conversaciones en las que Damián pudo decir todo lo que había encerrado
durante tiempo, pensando que le escuchaban realmente, que no le miraban en
menos y que le apoyaba, pero ahora con pena y sufrimiento descubría que era una
farsa, que nada había sido verdad y que ahora todo el pasado se había
desgarrado. El odio, división que les
corría por las venas y los dominaba, pero de distintas maneras. A Damián el
odio parecía incrementar cada vez que lo golpeaba, su mano temblaba y sentía el
frio recorriéndole todo el cuerpo, pero no le importaba ya que algo caliente e
inmin4ente le tenía dominado. Se sentía controlado por sus emociones, la
tristeza, la furia, desesperanza y todo esto acomplejado por sentirse
abandonado, solo. El otro lo saco de encima y lo empujo donde árbol. El impacto
fue como si lo quemaran con carbón, este lo golpeaba y Damián trataba de
defenderse lo mejor posible, pero sus manos parecían dormidas, entumecidas por
la desesperanza y el desconsuelo que no
podía evitar sacar a luz. Deseaba escapar de ahí, huir de aquella soledad y
muerte en que se había puesto, quería fugarse de esa persona que alguna vez, o
al menos eso creía fue su amigo y enterrar aquellos sentimientos que le
causaban una tortura y no le dejaban tranquilo.
¿Qué te pasa cobarde?, ¿te echaste para atrás?
Le dijo el otro ya completamente transformado y
desprotegido de la máscara y mostrando un ser demoniaco, monstruoso con un
brillo despiadado en los ojos y de crueldad. Golpeo fuertemente a Damián en el
estomago, Damián sintió que el dolor junto con el que sentía en su corazón se
incremento. Damián lloro como un niño, sintiéndose totalmente vulnerable. Se
sentía atrapado y no sabía cómo salir, la vida lo había encarcelado y sentía
que se burlaba cruelmente sin compasión sabiendo que aquel ser nunca saldría,
ya que no tenía la valentía para hacerlo.
¿Damián sabes que sería perfecto? , que te fueras al
infierno y te dieras cuenta de lo inservible que eres.
Dijo el otro mirando con desprecio y una sonrisa horripilante. Damián se sentía
morir y cada golpe que le daba era como un látigo que lo enterraba en lo
profundo. De repente abrió los ojos, pues deseaba que todo aquello fuera una
pesadilla y se encontró con su capitán que lo miraba compasivo y con la
seriedad de un padre.
Damián levántate
Le dijo con una voz que parecía bálsamo para el dolor de
Damián. Este lo miraba sin creerlo y maravillado. El capitán sonrió
comprendiéndolo.
Estoy muerto y estoy en tu mente, no enloquezcas
Damián trago saliva y sacudió la cabeza, respiro hondo y
se levanto. El dolor de su pierna había desaparecido y sentía que apenas tocaba
el piso, todo a su alrededor estaba repleto de una suave y cálida luz que
parecía acariciarle y llenarlo de una esencia que a él le parecía conocida.
Entonces supo porque era la esencia de sus hermanas de sus compañeros y del
capitán. Pero tambi8en había un tacto diferente y un perfume que él ansiaba
conocer. Era de aquella mujer que Damián esperaba algún día conocer para no
estar nunca más solo, sino acompañado por una persona por la cual sentiría el
sentimiento más puro y hermoso que existió y que el ser humano por alguna razón
trataba de evitar.
Damián ¿te das
cuenta de lo que estaba pasando?
Damián bajo la cabeza sintiéndose forzado a recordar. Su
mente sufría un dolor agudo y no quería
recordar, pero sin aviso se le presentaron de un flechazo hiriente en su cabeza
una imagen de él poseído por el odio. No podía creer que era él, imposible, era
otra persona. Pero a pesar de esto Damián sabía que era él, pero no quería
aceptar que se había convertido al igual que su enemigo, en un monstruo manipulado
por los malos sentimientos que pudrían el corazón. Miro a su capitán y su
mirada calmada, pero penetrante y dijo con un hilo de voz quebrada.
Lo… lo siento
Las lágrimas afloraron
y sollozo silenciosamente repitiendo lo mismo. Una mano le toco el
hombro y Damián levanto el rostro con los ojos llorosos.
Lo has reconocido, ese es el primer paso.
Le dijo con comprensión y afecto el capitán. Damián se
sintió tranquilo, pero aun con la culpabilidad punzante.
Me sentía tan lleno de rabia y dolor y al verlo todo empeoro.
Lo odio por lo que hizo, por lo que nos hizo
Trataba de explicarse, pero entonces el capitán lo
interrumpió
Por lo que te hizo
Damián asintió con la pena recorriéndole el corazón.
No merecía perdón, no podía perdonarlo. Lo detestaba y me
deje dominar por el odio ya que me sentía menos débil. No quería quedarme solo,
no quiero.
Sollozo como un niño dejando salir lo que hace mucho tiempo lo acongojaba y que
ahora era una realidad. Apretó las manos y se dejo caer en el piso. Con la
cabeza gacha dijo con un tono de arrepentimiento y reproche.
No sirvo para esto.
El capitán le miraba con compasión y cariño, pero sus
ojos estaban inundados en una preocupación que no parecía tener fin. Se
arrodillo junto a él y le dijo como un padre a su hijo.
Si te dijera que lo que viene ahora será fácil y no sufrirás
te mentiría. No me perdonaría jamás haberlo hecho ya que lo que en verdad
quiero es transmitirte la verdad de cada caso, lo que quería mejor dicho.
Paro y dijo su mirada en Damián escrutando su mirada que
parecía padecer un infierno.
En la vida Damián las cosas son así. Hay felicidad,
tristeza, rabia y sorpresas que pueden causarnos desgracias que creemos
irreparables y sobre todo pérdidas. Pero el odio, Dios mío ese es un camino que
al igual que nos seduce, nos apuñala por la espalda y te llevaron al precipicio
y esa es la razón por la cual también lo rechazamos. Tu corazón estaba tan
vulnerable en aquel momento que se dejo llevar por ese sentimiento que mas que
ayudarte te llevo a lo más profundo de aquel infierno frio lleno de oscuridad.
Te diste cuenta de ello, y so es el primer paso, que tu amigo no quiso tomar.
El ya eligió y no hay modo de convencerlo de lo contrario, por más de que le
regañes y lo odies o le reclames el no va a cambiar porque su ser ya está
contaminado con las malicias y sombras de la vida que son creadas por los seres
humanos que a veces deseamos evitar o tener. Damián, tu eres diferente. Nunca
dude de ti, de tus deseos, tus ilusiones, ese corazón tan rebosante de energía y
solidaridad que está decidido a seguir el camino correcto, aunque muchos te
digan que no lo es.
Le dijo el mirando a Damián fijamente mientras ponía sus
dos manos en los hombros del muchacho y se los apretaba de una forma
reconfortante, amable y animoso.
Ese eres tú
Le dijo con una voz solemne y con los ojos llorosas. Damián
sintió que algo le empujaba de aquel sufrimiento que le retorcía el alma y
hacia que le costara respirar. Apretó las manos con una indecisión que le
quemaba la garganta y ansias de seguir adelante, pero también miedo, que no
paraba de perseguirlo y producirle un constante golpe en todo su pecho, como si
le golpearan con algo contundente., como un frio viento de invierno que se le
incrustaba en la piel y le dejaba perdido en la oscuridad del desastre.
Ahora es diferente, nadie esta conmigo
Estaba diciendo, pero el capitán se lo acerco, mientras
oprimía sus hombros con más fuerza, como si de esa manera pudiera transmitir
toda la buenaventura, las bendiciones y las energías que quería que Damián
tuviera y que no se siguiera ahorcando en esa cuerda que al muchacho le
agobiaba tanto y también poder mantener sus lagrimas en sus ojos.
No estás solo, yo estoy contigo, lo estaré siempre en un
lugar donde nunca me perderás: en tu corazón, el cual sabe mejor que tu quien
tiene a su lado. Tus hermanas te esperan y añoran tu compañía y cariño, no
puedes rendirte ahora. No cuando estás
tan cerca de lograr ser feliz. Eres alguien maravilloso y eres un hijo para mi,
el que siempre quise tener y no quiero
que vuelvas a dudar de ti mismo porque tu puedes, puedes lograr cosas nunca
antes vistas, la valentía y la fuerza que desearía tener yo. No dejes que nadie
te subestime, que nadie te desprecie, porque tú eres alguien importante en la
vida de los demás, un ser que merece ser querido y amado.
No lo olvides Damián
por favor.
Le dijo con lagrimas en los ojos y acariciando los
hombres de el chico. Damián se sentía alejado de esa sensación fría que lo tenía
encerrado y lo abrazaba una calidez, algo suave y lleno de una sensación
agradable. Con las lagrimas recorriéndole el rostro, le sonrió, pero aun
llorando abrazo al capitán y le suplico farfullando.
Tengo miedo no se vaya.
El capitán lo abrazo y le dijo
Nunca me iré, jamás
Le dijo con voz temblante, seguridad y cariño. Damián no
quería dejar de sentir aquello, pero de repente tuvo la seguridad de que esa
sensación nunca lo abandonaría. Pensó en sus hermanas, sus queridas hermanas
riendo, sonriendo y llenas de felicidad y todo lo que el soñaba: una vida llena
de aventuras, paz y repleta de amor. No iba a morir, no quería morir y de
ningún motivo permitiría que le quitaran la vida. Se separo del líder
controlando los sollozos y una vez más como una forma de poder enfrentar lo que
venía le pidió.
Prométame que estará conmigo
El capitán sonrió con afabilidad y ternura y le dijo en
un susurro.
Tómame la mano y estaremos unidos por siempre, no temas
yo estaré contigo en todo momento.
Damián sonrió y le dijo con la voz llena de energía y alegría
rebosante en su interior que le causaba cosquillas y parecía que le empujaba a
levantarse y a correr, vivir.
Gracias, señor
Estoy orgulloso y siempre lo estaré hijo mío.
Le dijo el capitán y se abrazaron por última vez,
preparándose para lo que venía. Damián ya no tenía miedo, se sentía rejuvenecido
como si hubiese nacido de nuevo, su verdadero yo había visto la luz y lo
llenaba por completo y rogaba por mostrarse al mundo, de empezar la vida de la que tanto tiempo había mantenido
distancia. Damián era otro y para bien.
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