jueves, 29 de diciembre de 2016

Capitulo 17

Evangeline veía a la persona en el espejo  y a pesar de todo tardo en asimilar que esa persona era ella. En el espejo se le podía ver con el cabello corto con una expresión en los ojos que encerraba una inesperada sorpresa, decisión, pero también sin embargo una pena que le oprimía el pecho al pensar que su hermano no estaría con ellas para compartir los momentos felices  felices y llenos de esperanza y amor que había soñado todos juntos en aquella casa. Aquella casa en la que habían pasado tantas cosas. Si bien Evangeline vio su caso como un lugar en el que se sentía apartada y despreciada, sin embargo también invadían recuerdos felices en que junto a sus hermanos habían logrado crearse un hogar particular para ellos, en el que se daban confianza, consuelo y el apoyo que tanto deseaban, Recuerdos de cuando Evangeline estaba asustada de dormir en aquella habitación sola, sin nadie que le deseara buenas noches y deseaba con todo el corazón que alguien le cantara una canción de cuan, que le acariciaran, que la quisieran. Empezaba a llorar en silencio, pero con cada ruido o algo que hacia que la luz de la vela se apagara su dresesperacion aumentaba y su llanto también. Hasta que como si hubiese escuchado el llamado de su hermana, aparecia Damian con una vela encnedida y le abrazaba y tranquilizaba con una voz tan serena y llena de un tono melosos y compasivo que hacia que poco a poco Evangeline se durmiera. O también cuando el le enseñaba a leer y inventaba cuentos y fantasias ocn todo lo que tenían alrededor. Evangeline y Damian compartían lo que cada uno tenía y así sin darse cuenta empezaron a formar una familia en la que ellos dos, hasta la llegada de Constance, eran los integrantes. Cuando Constance llego Evangeline supo que sería su turno y ansiosa la acogió en sus brazos cuando la niñera no miraba. Le contaba cuentos, pasaban las noches en vela hablando, contándose secretos, jugando y a veces solo con la compañía de una y en pleno silencio cada una metida en sus pensamientos se sentían felices y llenas de tranquilidad y no en soledad.

Evangeline sintió como sus manos temblaban y sus ojos se empezaban a empapar. Le dio la espalda al espejo y contemplo la habitación y pudo ver como todos los recuerdos volvia. Al verla sintió las lagrimas recorrerle el rostro y trato de espantar la pena. De repente sintió que alguien le tocaba el hombro. Tranquila sin alterarse, miro a Constance que también tenia perdida la mirada en la habitación.

Son tantas cosas las que he vivido aquí, parece que he vivido aquí toda mi existencia.

Dijo tanto para si misma como para su hermana. Evangeline medito las palabras de ella y sonrio con complicidad. La entendía perfectamanete. Veintidos años habían pasado ahí  y le parecía ser demasiado madura para su edad, llena de tantas experiencias tanto alegrtes como tristes. Pero en su mente y corazón acudieron las nuevas sensaciones y sentimientos que la habían hecho tan feliz y llena de vida. Tan llan de necesidad, de sentirse necesitada y querida por alguien, tan llena de amor. Los momentos con Elliot se encendiron en su corazón y como si fuera leña aumentaron el fuego y calidez en su pecho, haciéndole sentir un cosquilleo por todo el cuerpo y que sensación que la había acurrucada antes le llamaran con insistencia para que dejara de llorar y que fuera valiente. Tenia que serlo para seguir adelante y lograr sus sueños junto con todos los seres queridos que la rodeaban.

Pero la vida nos ofreció otras nuevas sensaciones que experimentar y deberíamos aferrarnos a ellas, porque el corazón nos los pide y guardar las expriencias buenas del pasado con cariño.

Aunque el no es…

Iba a decir Constance, pero se le ahogo la voz. Pensaba y sentía lo mismo que Evangeline. Mientras mas pensaba en Sebastian y la libertad que deseaba para vivir su amor, se sentía alentada y cada vez mas decidida, pero el recordar a su hermano hacia que sus ánimos recalleran y se sintiera desdichada. Evangeline pudo ver esto y parándose de la silla, le tomo el rostro con las manos y contemplo el corte de su hermana. Sonrió con dulzura y comprensión y le dijo con un leve temblor, pero también con determinación.

El esta con nosotras y siempre lo estará. Debemos pensar en lo que viene y asi le haremos justicia: siendo felices y lucnado por lo que el se sacrifico. Así podrá estar en paz.

Constance se quedo viéndola y se quedo pensado, buscando en su corazón la respuesta. Al sentir a este latir con ansiedad, pero ya sin angustia y dolor supo que estaba lista.

¿Preparada?

Le pregunto Evangeline con una mirada tranquilizadora y de animo. Constance asintió y dijo.

Hagamoslo.

Afuera de la habitación los guardias que vigilaban sin tanta atención y se estaban quedando dormidos, fueron repentinamente espantados por un grito y un ruido estremecedor. Atontados y con la piel de gallina por el susto, los guardias tomaron aire u a continuación escucharon.

¡Ya no vale la pena vivir!, ¡apartate si no quieres que te mate también!
¡No Constance no lo hagas!

Gritaban las dos hermanas. Los guardias inseguros se miraron sin saber que hacer, pero al escuchar un chillido desgarrador y como alguien caia al suelo, entraron a la habitación de inmediaro, dandoun portazo. Al entrar encontraron un enorme jarron roto en el piso y muchas otras cosas esparcidas. En medio de la habitación de espaldas estaba Evangeline tirada en el piso con los cabellos esparcidos por el suelo. Tenia roda la cara palida y los ojos abiertos. Los guardias que consternados miraban esta escena, no se dieron cuenta de que Constance escondida en un rincón avanzaba hacia ellos con un pesado libro en las manos y justo antes de que levantaron la mirada, Constance les dio con todas sus fuerzas en la cabeza para noquearlas. Los guardias cayeron a un lado uno encima de el otro inconcientes. Evangeline se levanto sacandose los cabellos que había amarrado formando una peluca, miro a los guardias y les tomo el pulso. Constance los escrutaba ansiosa y temerosa de que se le hubiera pasado la mano.
¿Estan bien no?

Pregunto nerviosa, bajando los brazos y dejando caer el libro en la cama. Evangeline le tomo el pulso al otro y le dijo de forma tranquilizadora.

Solo estan inconcientes, tranquila no les pasa nada.

Constance suspiro aliviada. Evangeline se para y le apuro.

Apresurate, saquemosle la ropa antes de que vuelvan en si.

Constance se quedo pasmada por un segundo, pero volviendo a la realidad le empezó a sacar la ropa al uno de los guardias con los ojos entrecerrados y tratando de que no le temblaran las manos. Evangleine hacia los mismo con el otro, pero de forma tan rápida que cuando Constance había terminado con el otro, ella ya se estaba desvistiendo. Constance se maravillo de su rapidez, pero no dijo nada y la imito. Después de diez minutos, sus vestidos estaban tirados en la cama y se miraban con un leve sonrojo, pero al mismo tiempo serias. Tomaron a los guardias y los arrastraron por los abrazos a los postes de la cama. Tomaron unas cintas para el pelo del velador de Evangeline y los ataron a ellos de las manos, para después atarles los pies. Evangeline fue la primera en avanzar seguida de Constance que trataba de que el estomago le dejara de crujir de nerviosismo. Abrieron la puerta con lentitud y antes de salir vieron de un lado a otro de pasillo y una vez que se aseguraron de que no hubiera nadie salieron. Constance saco del bolsillo del uniforme algo de maquillaje que había tomado antes de irse y le susurro a Evangeline.

Hora de completar el disfraz.

Así maquillo como hombre a Evangeline lo mejor que pudo y luego a ella misma. Una vez listas avanzaron por el pasillo con un paso firme y atentas a todo. Bajaron las escaleras apretando las manos y tragando saliva. Cuando llegaron recibidor alguien las detuvo en la puerta. Evangeline reconoció esa voz y se le erizo toda la piel y sintió que una súbita oleada de rabia la invadía. Era el soldado que la había golpeado.

¿A dónde se dirigen?

Les pregunto con tono imperativo. Evangeline y Constance al principio callaron y se dieron vuelta para ser interrogadas. Con la mirada ligeramente baja, para que no las reconociera del todo, Evangeline respondió con una voz ronca.

Las señoritas no se sienten muy bien, parecen estar enfermas.
Ellas nos pidieron ir en busca de un medico.

Le apoyo Constance también con voz ronca. Tratando de eliminar el temblor en la voz
¿Y se puede saber quien les dios permiso para que se retiraran sin  sin el consentimiento de sus superiores?

Le pregunto con desconfianza y agudeza el  soldado. Evangeline y Constance se quedaron mudas, pero en ese momento escucharon.
Yo, joven.

Evangeline y Constance miraron de donde venia la voz y casi no pudieron evitar lanzar una exclamación. Su madre había hablado, las estaba ayudando. Constance con la sorpresa y la extrañeza en el rostro miro disimuladamente a su hermana. Ella no supo devolverle la mirada, estaba muy tensa y miraba a su madre y al soldado.

¿Disculpe madame?

Le pregunto el soldado educadamente, pero igualmente atonito. La madre de Evangeline y Constance con el semblante frio y sereno le dijo con 
imperatividad.

Yo les estoy dando permiso, ¿es acaso raro?

No, pero su marido nos dijo…

Estaba explicándose el soldado, pero esta le interumpio con un tono cortante y que no dejaba lugar a replicas.

No  me importa. La salud de mis hijas es mas importante que esto. Al final y al cabo van a buscar un doctor ¿no?

Esto ultimo lo dijo mirándolas a las dos. Estas se miraron y al unisono dijeron.

Por supuesto.

Su madre miro de nuevo al soldado y le dijo

¿pueden irse? , antes de eso quiero que me dije a solas con ellos, para decirles donde queda el doctor.

El soldado miraba a esta con perplejidad y dudo un segundo, pero al ver la mirada de advertencia asintió y dijo.

Si así lo desea madame.

Se retiro y entonces el cambio en su madre termino por acabar ya con los limites de la sorpresa y el desconcierto. Corrió hacia ellas y disimuladamente las abrazo para que el otro soldado no sospechara. Las abrazo con un cariño y calidez como nunca antes lo había hecho, al menos no en sus recuerdos mas lejanos.

Perdonenme por haber sido así todos estos años, lo lamento tanto. Todos estos años siendo así de poco cariñosa y hasta creo que mala con ustedes, cuando en realidad es que las quiero con locura. No tiene sentido y tienen todo el derecho a odiarme, pues no merezco el ser su madre. Pero en parte fui así, porque no supe defenderlas de aquel desgraciado, porque yo misma tenia miedo de que haciéndolo el se desquitara mas con ustedes para hacerme daño. Su padre me camio de la peor forma. Cuando me case con el, yo no lo amaba en absoluto, pero yo no tenia la valentía y el amor propio que se tienen ustedes. Crecí viendo a mis padres comportarse de la misma forma, por lo que para mi el expresar el cariño siempre fue una dificultad y cuando viví con su padre no hubo mucho cambio. Se que no es una excusa, pero les juro que aunque parecía que no me importaban siempre las denfendí cuando no miraban, porque para mi ustedes son lo mas sagrado y lo único que ha valido la pena vivir, al igual que Damian. Yo las adoro y siempre lamentare no haber podido ser la madre que ustedes se merecían. Lo lamento tanto.

Les susurro con la  voz tomada y entre sollozos aguantados. Evangeline miro a los ojos a su madre, esos ojos arrepentidos que siempre para ela habían sido frios, pero que ahora mostraban un cariño que no creyó que pudieran transmitir con tanta pureza y profundidad. Pensó en todos los momentos con ella y dándose cuenta de algo que nunca antes se le había ocurrido. Su madre bien pudo haber sido poco cariñosa, dura y fría, pero en verdad nunca las había despreciado como su padre. Ella solo estaba en silencio y parecía que estaba de acuerdo con todo lo que su esposo hacia, pero ahora se daba cuenta de que no era así. También recordó cuando ella las había intentado defender de su padre y como había sido tratada. La marco de su intención desesperada por ayudarlas y protegerlas estaba reflejada en su rostro, donde había quedado la marca de una mano sin compasión ni afecto y le herid en su cabeza que le hizo ver que quizá no era la primera vez que recibía un golpe de su marido. Los corazones de Evangeline y Constance estaba aun mas impresionado y emocionado, que todos los conflictos que habían tenido con su madre se disolvieron por esta revelación tan especial e intima. Sus corazones se llenaron de compasión, amor y perdón para su mamá. Ahora pudieron ver que su madre también vivía presionara de su vida y se sentía triste y miserable. Evangeline y Constance le correspondieron el abrazo con fuerza y en silencio lloraron de emoción junto con su mama. Esta se sintió feliz al recibir el perdón de sus hijas y también de que ahora pudieran comprenderla. Jamas podría perdonar lo que su esposo le había hecho a Damian. Ese dolor en el pecho no la dejaría nunca, la acompañaría hasta el día de su muerte. No podía dejar que sus hijas se fueran sin aclararles todo y pedirles perdón. Se quedaron unidas en ese tierno abrazo hasta que su madre se separo y mirándolas con alivio, afecto y orgullos les dijo.

Estoy muy orgullosa de ustedes. Las quiero mucho, son lo mejor que me ha pasado en la vida, al igual Damian. Nunca lo olviden.

Evangeline y Constance sintieron que sentimientos que soñaron, pero que nunca pensaron iban a vivir con su madre florecían como capullos en una fresca y hermosa primavera, Sintieron una alegría sin limites y también congojo por el momento. La miraron con una mirada llena de terneza y amor.

Las quiero y quiero que sepan que sea cual sea el destino que elijan ese amor nunca disminuirá.

Les dijo su madre con la voz cortada y débil. Evangeline y Constance la abrazaron otra vez y la besaron con ternura, pero decidieron que eso fuero el ultimo abrazo.

Ahora vayan, sean libres.

Les dijo su madre sonriendo. Les acaricio el rostro y les beso la frente con mimo. Evangeline y Constance a duras penas podían aguantar el llanto, pero dócilmente se separaron y abrieron la puerta. Antes de salir Evangeline le dijo a su madre mirándola a los ojos.

Volveremos por ti mama.

Le dijo Evangeline y Constance agrego con dulzura y seguridad.

Te lo prometemos.

Su madre les sonrió llena de felicidad con los ojos brillosos.

Las quiero.

Les dijo

Nosotras también.


Dijieron al unisono las dos y se fueron. Al salir, sintieron el viento frio invadiéndoles el cuerpo y serenándoles el corazón. Subieron a sus caballos que había dejado a disposición de los soldados. De repente vieron que otro grupo de soldados se iban en una carreta. Evangeline y Constance se miraron, se asintieron y empezaron a seguir a los soldados. Agarradas fuertemente de las riendas se dirigieron a su destino.

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