martes, 27 de diciembre de 2016

Capitulo 11

Como el amor es el más grande y maravilloso regalo que nos da la vida, no se puede dar solamente el placer de expresar los sentimientos que llevan las riendas de tu corazón y tu alma a un nuevo destino a una sola persona, por lo que se podrá deslumbrar lo que paso en aquella cabaña. Mientras afuera se producía el inicio de una historia de amor, que en el caso de los protagonistas de este reflejo puro de lo que es amar con un corazón novato en temas del amor, pero que por las experiencias de la vida saben que el destino de cada ser en la tierra es responsabilidad de uno y si estos enamorados no lo sabían antes, lo supieron solo al mirarse a los ojos por primera vez y que estaban hechos el uno para el otro. ¿Saben a lo que me refiero?, la segunda pareja de esta historia que al igual que la otra luchan por lo que quieren sus corazones.

Constance simplemente no dormía al menos de la forma en que todos los hacen. Soñaba despierta y por primera vez los latidos de su corazón eran la música que ambientaban sus fantasías. Al igual que su hermana no podía creer como la vida le había cambiado tan solo en un día, como en un solo día había vuelta a nacer y sintiera que las penas de un pasado no tan lejano parecían esfumarse. Al igual que después de una tormenta un tu interior pareciera no detenerse daba paso a aquel sol, así se sentía ella. La intensidad del recuerdo, de lo que fue y de lo que en sus más íntimos deseos deseaba que siguiera siendo, por fin se quito ese sentimiento que aprisionaba una parte importante del corazón y que ahora dejaba volar sin amarrarlo a lo que ella consideraba la seguridad. Con tan solo recordar aquella, no podía evitar sentir que era la mujer más afortunada del mundo y que por fin había encontrado lo que buscaba, aquello que le faltaba. En él.
Poco a poco sus ojos se fueron abriendo y al principio parecían estar temerosos de abrirse y que el peligro no hubiera pasado. Constance todavía adormilada  con la sensación de que todo había sido un sueño, no se dio cuenta de cómo la puerta se abría lentamente. Al ver esto entro en pavor y revivió los acontecimientos en carne viva. El terror, la sensación inminente de una angustia punzante e incisiva que la comía viva y los escalofríos que la sacudían al ver aquellos ojos maliciosos escrutándola. El no ver a su hermana solo aumento su miedo y cuando la puerta se abrió grito del susto, dándole un susto de muerte al pobre Sebastian que le traía algo que comer. Este casi se cae del susto e incluso la copa de agua de metal (por suerte) y la comida volaron por los aires haciendo que este por el susto y al mismo tiempo el descontrol de todo se cayera de espaldas, justo detrás de la puerta.
No grite, no le voy hacer nada
Le grito el tratando de poner calma en la voz cuando lo cierto es que todo en su rostro pálido reflejaba como todo lo que sentía era un susto que le había quitado la calma en absoluto. Estaba ruborizado dándole un toque simpático al mismo tiempo por la palidez en algunas partos de su cara y con una voz que parecía no ser la suya ya que había salido con un tono infantil a la defensiva como diciendo no me coma por favor. Sentía que la vergüenza la carcomía por dentro. ¿Cómo es posible que grite así? Como si hubiese visto un monstro de las tinieblas a punto de tirársele encima. De repente la vergüenza se mezclo con la indignación, pero también tuvo que aceptar que el asunto no podría ser más cómico. Constance parecía petrificada por su propio grito. Le llego a impresionar cuan fuerte podía gritar y como había llegado a estar así de asustada y desorientada. Poco a poco fue recordando y calmando el oleaje de emociones fuertes y explosivas en su pecho y cuando creía estar aliviada, recordó lo que acababa de pasar hace unos segundos y se quedo con los ojos abiertos y con las manos se tapo la mitad del rostro, mientras este se volvía rojo como un tomate, mientras que con los ojos brillosos por aguantar una risa inexplicable pedía perdón silenciosos. Todo le ardía por dentro por la humillación, pero sin embargo a penas intento decir algo la risa le salió sin poder evitarlo y soltó todo lo que tenia dentro y sin poder parar. Reía y no sabía porque, pero la risa la hizo sentir y tan aliviada consigo misma y al mismo tiempo le era un relajo poco tradicional. Era como si le estuviesen haciendo cosquillas fugases por todas partes y fueran inalcanzables.

Disculpe, ¿puedo pasar?

Le pregunto Sebastián que por un momento quedo atontado por aquella risa tan simpática, melodiosa y llena de una sensación primaveral que llenaba el aire de aquella habitación dejándolo prendado también por su inocencia, y que también era extraordinariamente contagiosa.

No temas, que no soy un lobo

Le dijo Constance de la forma más natural, pero tratando de mantener su risa y deseando que el calor que le hacía arder las mejillas se detuviera. Sebastian salió poco a poco, pero basto para que mostrara simplemente sus ojos para que Constance quedara flechada por Cupido y no hubiese nadie más en aquella habitación, salvo los dos. Simplemente aquella mirada que traía, le hizo sentir de repente atrapada en su encanto. Aquella mirada con un toque tiernamente gracioso por la timidez, pero al mismo tiempo inevitablemente atractiva, inocente y al mismo tiempo con una madurez que le daba un toque nostálgico e interesante. Tenía la tez bronceada, unos ojos café claro con un toque de ámbar en el iris, los cabellos ligeramente ordenados, pero con la rebeldía en los mechones que le caían en la frente. Esta rebeldía que se reflejaba en sus ojos también hacía imposible que para una chica como Constance fuera imposible enamorarse. De repente su garganta parecía haber quedado seca, sin ningún indicio de su voz. Ahora todo el calor que sentía en su cuerpo aumento y su corazón no se quedaba atrás, rugía de una forma excitante y tierna, exigiendo que el causante de sus suplicas se acercara  mas para estar seguro de que era real.
Para Sebastian fue como estar mirando a un personaje de los cuentos de hadas, a una ninfa de las leyendas de la antigua Grecia que tanto le gustaban y de las cuales quedaba perdidamente enamorado. Todas aquellas deidades se unieron para formar a aquella dama que de forma tan cautivadora y sin intención alguna lo había atraído con su melodiosa risa. El verla sonreír de tal modo, aquel tono tan dulce, agradable y al mismo tiempo lleno de gracia y relajación eran nuevos para él, que por primera vez se había enamorado de verdad  en su vida. Aquel rostro levemente sonrojado con aquellos ojos color miel y aquel cabello sedoso que le caía por la espalda con matices rojizos y castaños brillando con singularidad eran un espectáculo indescriptible para sus ojos y su corazón. No podía dejar de mirarla, desde ahora sabia que sus ojos no podrían mirar a nadie más, salvo a aquella chica. Ella era su dueña.

Lamento haberla asustado, yo solo…

Estaba explicándose el, pero ella le interrumpió sin saber cómo pudo hablar ahora, pero tropezándose con sus propias palabras.

No digas nada, fue mi culpa. Estaba reviviendo un momento en el momento menos indicado

A Sebastian le gusto la forma en que hablo, esa forma tan apresurada, pero con ese algo especial que se le da a la persona que te dejo encantado por tan solo ser ella misma.

Muy buena expresión

Le dijo sonriendo. Constance se sonrojo y de repente ya nada la parecía difícil. Se sentía tranquila y llevada por una corriente suave y dulce.

Gracias, si quieres te la presto.

Le dijo ella, ambos se rieron. Sebastian se acerco un poco mas y mirando el suelo, buscando algo que decir, no se dio cuenta de cómo Constance ansiaba tenerlo más cerca, a su lado. 

Menos mal que fue eso, por un momento creo que me tomaste por una bestia.
Dijo el tratando de que el temblor nerviosos en su voz no se notara.
¿Tu una bestia? Todo lo contrario, si eres como el salvador de las muchachas y que las salva del peligro. Pero esta vez yo fue un peligro.

Dijo Constance mirándolo fijamente y con el corazón latiendo a mil por hora con una sonrisa clara y pura. Sebastian rio sintiendo que con cada sonrisa acompañada por su dulce y deslumbrante mirada hacia que involuntariamente se fuera acercando lentamente.

Pues en mi opinión creo que el que cumplió su rol mal fui yo ya que un caballero se hubiera presentado de forma más delicada y elegante ¿no crees?

Le dijo este mirándola. Constance bajo la mirada y le dijo con un tono lleno de seguridad y deseo.

Lo perfecto está sobrevalorado

A  Sebastian esta respuesta le sorprendió, pero sin pensarlo le dijo.
Para mí la perfección no es algo que exista o se pueda lograr, creo que la esta es algo que cada uno ve a su manera y para mí no ha habido una dama mas especial y única que tú en la largo vida que llevo hasta ahora.
Constance se quedo sobrecogida y anonadada, pero sobre todo tan sorprendida y maravillada por como aquel  joven le decía esas palabras tan especiales y dulces que nunca pensó que nadie le diría. De repente sin darse cuenta su cuerpo se movía solo y antes de que pudiera darse cuenta estaba parada a unos centímetros de Sebastian, que tenía una expresión de anhelo, ensueño encandilado que hacía que sus latidos fueran de una fuerza que él nunca se imagino que podrían llegar a tener. De repente parecía que un furor indomable, una brisa delicada lo empujaba hacia aquella joven, era como di delante de él tuviera un ser mágico que le cautivaba en extremo. Deseaba sentir su tacto, sentir su calor para asegurarse de que no estaba soñando y así no apartarse de su lado. Constance se acerco lentamente solo mirándolo a él con el rostro de un calor cálido y reconfortante, pero que ardía en secreto de deseo y un amor floreciente. Todo a su alrededor se transformo y todo su cuerpo sentía cosquillas. Se sentía consumida por un fuego que la empujaba a acercarse a lo cual sería lo que haría que aquel fuego en su interior se uniera al que deseaba de igual manera que fueran uno solo. De repente estaban a un centímetro el uno del otro y Sebastian tímidamente, pero seguro la tomo de la cintura y la acerco mas a él. Al tocarla sintió que la suavidad y candidez de su cuerpo le causaba escalofríos agradables y mil sensaciones que le hacían arder la cabeza y que su corazón latiera con más fuerza. Constance sintió lo mismo y con lentitud fue acariciando con las manos el pecho sintiendo sus latidos y su agitada respiración. Sus manos se deslizaron hacia su cuello y se entrelazaron. Mirándose a los ojos descubrieron universos nuevos que habían estado hasta ese momento desde que llegaron al mundo ocultos en los más recóndito de su ser. ¿Cómo es que se demoraron tanto en encontrarse? eso no importaba ahora solo importaba el porvenir de los dos.

En las novelas, este momento siempre me ponía triste ya que pensaba que no había nadie en el mundo para mí, pero veo que me equivoque. Tu estas aquí y me basta con tan solo verte o sentirte para darme cuenta de que eres el único para mi, nadie más podría hacer que mi corazón lata de esta manera y que se sienta tan lleno de amor.

Le dijo Constance sintiendo  como esos labios la llamaban a gritos. Sebastian sintió aquellas palabras como un bálsamo para su agitado corazón.
Es lo mínimo que te mereces, aunque me gustaría darte todo el universo.
Le dijo oeste. Ella sonrió y le dijo

Nunca he pedido mucho, contigo me basta, aunque falta algo.

¿Qué?

Le pregunto atontado y sonriente

Tu nombre

Le dijo ella riendo, pro con el deseo desgarrándole el pecho.

Sebastian rio  estrechándola más apoyando  su frente en la de ella y le dijo susurrando.

Sebastian

Constance sitio unas cosquillas recorriéndole su cuerpo. Su respiración se hacía más entrecortada y sentía como su rostro se sonrojaba.

Constance

Le dijo ella. Sebastian saboreo aquel nombre y sintió que era 
maravillosamente bello.

Ahora nuestra presentación esta completa

Le dijo él y lentamente se acerco cerrando sus ojos. Constance trago saliva y se acerco también. Sus cuerpos ser unieron con más fuerza y al momento en que sus labios se tocaron se sintieron flotar llevados por fragancias indescriptibles. Aquel beso era dulce, tierno y puro en toda su expresión, pero también apasionada y con un deseo que se volvía cada vez más fuerte y potente. Aquel símbolo de amor mostraba el inicio de otra historia de amor que iba al compas con lo que pasaba afuera. Constance y Sebastian eran los seres mas felices y dichosos del mundo en aquel instante, su felicidad era infinita.


Finalmente, después que ambas hermanas terminaran de recordar aquellos momentos se durmieron con las mismas sensaciones. Alivio por descubrir que no era un sueño y una inexplicable inquietud por lo último que pasó y que les llevaba a pensar en la misma persona: Damián.

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