Capitulo 13: Compartiendo con un futuro miembro de la familia mis miedos y
sueños
El
silencio parecía eterno. El frio le congelaba todo el cuerpo y recién entonces
se dio cuenta de que iba a pies descalzos y apenas con una chaqueta de lana.
Era como si un dolor lento y sumamente escabroso estuviera creciendo en su
interior y quedándose ahí durante horas torturándola. Eliza tenía las manos frías
y le tiritaba descontroladamente todo el cuerpo. Aquel silencio la incomodaba,
pero por alguna razón no sabía porque. Después de lo que había pasado, todas
las mujeres parecían haberse encerrado en sí mismas. Tessa dormía en el asiento
delantero con Joana. Habían estacionado el camión en un rincón del bosque que
rodeaba la carretera. Habían cerrado atrás para que el frío no empeorara, pero
la verdad y teniendo como prueba a la protagonista, con o sin la puerta cerrada
daba igual. El frio parecía burlarse de sus intenciones de protegerse de él,
como también de los sentimientos que aún los tenían sobrecogidos, incrédulos y
tensos. Además, como era de esperarse habían generado otras sensaciones iguales
o menores que las primeras dependiendo de las personas que las vivieran. De interrogación,
angustia, expectación y un constante temor de que nuevamente fueran invadidos y
no tuvieran escapatoria. Habían estado tanto tiempo encerrados en un mismo
lugar, no es de extrañar que este súbito salto, este avance que nadie les había
avisado aún no les fuera real. Que la libertad se encontraba a pocos pasos. Quizás
no fáciles, pero al menos ya no parecía un punto distante tanto para ver como
para alcanzar. La luna inundaba a través de la ventana del conductor, los
rincones oscuros del camión, como
queriendo incitar a la gente que dejaran salir esos sentimientos, pero como la
mayoría sabemos, la terquedad es un sentimiento muy fuerte, sobre todo en esta
época y nada los pudo convencer.
Nada servía
de lo que hicieran, lo que le congelaba los huesos y hacia que sus dedos de las
manos y de los pies no se pudieran mover seguía presente. Nadie traía más que
algunos sacos de dormir, todo había sido tan rápido que no tuvieron si quiera
tuvieron un poco de tiempo para sacar sus cosas. Eliza trataba de hacer que su
cuerpo no se congelara moviéndose de atrás para adelante. Mientras lo hacía,
pensaba que harían ahora. Johan solo le había dicho donde ir a Joana, no el
lugar. Eliza sabía que ahí se encontraba Elena, pero no sabía cómo se dirigiría
a ella, o si ella le creería. La preocupación fue invadiéndola y parecía no conformarse
con que Eliza se balanceara de atrás para adelante más rápido, como una forma
ya para aliviar el frio como de expulsar aquel sentimiento. La preocupación
seguía intacta.
¿Qué te
pasa?
Le
preguntó Johan poniéndole su chaqueta encima. Eliza se quedo sin saber que
decir y tocando la chaqueta se la quiso devolver, pero Johan le dijo.
Si te
quedas dormida mientras te balanceas, en algún momento algo pasara y no quiero
oírte gritar.
Ante eso
Eliza no insistió más. Se sintió más cálida y con menos temblores. Los dos se
quedaron callados, cada uno pensando en lo que vendría y como sería.
¿Te crees
que ella me crea cuando le diga que conozco a Isaac?
Le
preguntó de repente Eliza, sin rodeos y con la expectación en el más alto
nivel. Johan la miró extrañado y con las cejas fruncidas. Eliza pudo sentir su
extrañeza ya que el ambiente se había incomodado más de lo normal.
No
entiendo porque no lo haría
Le respondió
el sin entender, pero con una voz interrogadora. Eliza suspiró y se reprochó a sí
misma el haber hecho esa pregunta que la había metido en un lio y ahora ni
siquiera podía responder. Frunció los labios y dijo lentamente.
Es que…
no es normal ni tampoco de fiar que se aparezca una persona que dice conocer a
Isaac, pero tú no la conoces a ella. Podría estar engañándola y ya por causa de
la guerra la desconfianza a llegada a un punto alto y que es imposible de bajar
al menos hasta que la misma fuera llegue a su fin.
Johan no
supo que decir. Entendía el nerviosismo de ella, pero él sabía que Elena, sabía
que cualquier persona que le dijera que conocía a Isaac, no le importaría si
fuera el enemigo porque nunca se sabe si puede llevarte donde la persona que
más quieres.
Te
encuentro razón, yo mismo he llegado a ser desconfiado, incluso con mi gente.
Mi costo tanto volver a confiar en alguien después de que mi mejor amigo me
entregara por dinero y por un honor sucio, por la sangre que aquellos que sería
derramada según otros por justicia, cuando en verdad es un terrible e
irremediable error de aquellos que creen que hacen lo correcto. Pero Elena…,
ella es otra cosa. Nunca había visto a una persona que luchara tanto no menos
por dos personas. Ha deseado tanto encontrar a Isaac, poder abrazarlo sin temor
a que se lo lleven lejos y que todo vuelva a ser como antes. De que no te vaya
a creer, yo al menos no simpatizo con esa idea. Tú eres su luz en el camino,
una esperanza que creyó perdida hace mucho tiempo.
Le dijo
Johan con un tono comprensivo, nostálgico y cariñoso. Eliza sonrió y pensó que
tanto ella como el no podrían estar más enamorados de aquellos dos hermanos. En
su interior algo no se calmaba. Sentía la inquietud y un miedo mezclado con
rabia contra sí misma hacia que su respiración fuera más rápida.
¿Cómo le
diré cómo es?, se que me creerá, pero si me pregunta como esta, si ha cambiado,
¿qué le diré?, si nunca jamás lo he visto.
Dijo con
la voz temblante y tratando de no llegar al llanto. Johan lo noto, le puso una
mano en el hombro y le dijo.
Para ella
lo de adentro es lo que importa. Desde que la guerra empezó se dio cuenta de
que las apariencias engañan que hay que ver con los ojos. ¿Tú crees que ella
alguna vez cuando habla de Isaac se refiere al exterior? Habla de lo dulce,
fiel, claro, cálido, talentoso y de la persona tan buena y sin igual que es u
no hablemos también de la capacidad que tiene para conquistar corazones y
conmoverlos.
Eliza
sonrió con las mejillas ruborizadas recordando a Isaac.
Háblale
de cómo es, de lo que te enamoraste. Deja que tu corazón hable y el miedo déjalo
atrás.
Le dijo él.
Eliza asintió y recordó todas las cosas que le habían enamorado. Todas aquellas
cosas que hacían que Isaac fuera el único hombre de su vida. Sonrió y dijo.
Tal
parece que tú lo conocías muy bien.
Johan se
rio y asintió.
El es
como el hermano menor que nunca tuve. Le tengo mucho aprecio y lo admiro mucho,
pero ¿quién no lo haría?
Le dijo
Johan. Eliza sonrió y se quedaron callados, aunque esta vez el silencio no les
era incomodo. Eliza se fue durmiendo lentamente esperando soñar algo que le
diera esperanzas y energías para el día de mañana ya que una nueva aventura en
busca de la felicidad eterna y una existencia llena de tranquilidad, calidez y
con la tristeza a penas rozándole su corazón, empezaba.
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