Capitulo 13
Nunca antes por su mente se le había cruzado ese
pensamiento o la idea de que ella pudiese estar relacionada de forma tan
estrecha e intima con él. Si quiero fue
un vago pensamiento que vino como una breve y fugaz ráfaga de viento, que
después simplemente dio el paso a admirarla tan solo por ser ella misma, tan
solo por su propia personalidad encantadora. Pero ahora, parecía que ese
misterio oculto tras aquel pensamiento
que había salido a la luz repentinamente por fin en su cabeza se había ordenado
todas las incógnitas y dándole a todo la calma que necesitaba dentro de sí.
Elliot finalmente entendía donde la había visto antes, la había visto en su
hermano. Los mismos rasgos, aunque en Damián no eran tan delicados, pero sin duda la forma de su cara, la misma
mirada y fuerza que Elliot había admirado por primera vez en Damián y después
en Evangeline. Aun no podía creerlo y de verdad no sabía si eso quizás se debía
a que quizás el haberlo descubierto vino como una mala noticia que el
recordarlo cada vez que pensaba en ella le hacía sentir un nudo en la garganta
y un dolor en el pecho por el hecho de que tendría que decirle a la dueña de
sus sueños que su hermano podría haber muerto. ¿Cómo hacerlo cuando hasta a él
le costaba aceptarlo y lloraba por él? Sentía que el hecho de decirlo en voz
alta lo hacía oficial y no podía hacerlo, no quería ceder a la realidad, que
ahora nuevamente le ponía otro pesar en su camino. Damián había sido un hermano
para él, su guía y el que le hizo sentirse querido y aceptado en un lugar, a
pesar de tener tres años de diferencia. Sin embargo el nunca hablaba de su
propia vida personal. Jamás al darle consejos le contaba anécdotas o cosas que
aprendió dentro de su familia. Tal parecía que solo lo sabía, que la sabiduría
había llegado a el por las manos del destino. El solo lo escuchaba y le daba
consuelo que era lo que en esos momentos mas necesitaba. Si lo hubiese podido
ver a través de sus ojos, si tan solo una vez hubiese pensado en él y no en si
mismo quizás hubiese podido descubrir algo dentro de aquel mar torrentosa que
escondía detrás de esa sonrisa bondadosa. Pero incluso haciendo esto no hubiese
descubierto mucho ya que a diferencia de otros amigos y compañeros, con Damián
era imposible adivinar lo que pensaba, su semblante era tan sereno que hubiese
sido como buscar una aguja en un pajar. Rehuía la mirada cuando le parecía ser
observado y también en aquellos días Elliot no tenía esa fuerza en la mirada de
la que ahora era tan temida y admirada.
Elliot suspiro desalentado y sintiendo como los recuerdos
de Damián, le herían mortalmente como una daga certera. Apretaba los puños
tratando de aguantar los sollozos, como si con eso quisiera espantar la pena.
No quería que los recuerdos de el quedaran manchados de nostalgia y el olvido.
No quería hacerlo, no podía. El tan solo pensar en lo que sufrió y que no pudo
ayudarlo le desgarraba el corazón, se sentía culpable. Pudo haber ido con él,
pero eligió quedarse. Se sentía hundida
en lo más profundo de una soledad que aumentaba cada segundo.
¡Maldición, maldición! No es justo.
Grito golpeando la pared pensando en Evangeline y su
hermana. No podía darle esa noticia, se sentía débil de tan solo pensarlo. No
podía verla llorar, el solo quería verla sonreír, con esto podría hacer que la
alegría se fuera de su alma y corazón. Se quedo en esa posición hundiéndose mas
y mas en su pena, como su lo hubiesen quemado, un centenar de recuerdos le impactaron
y se enredaron en su cabeza. Recuerdos de ellos hablando, cuando la
personalidad de él cambiaba en un abrir y cerrar de ojos y su voz sonaba con
fuerza y dejaba a los demás atónitos. Recuerdos de cuando Elliot salía de su
casa lleno de rabia, pena, con un anhelo de cariño, consuelo y donde poder
refugiarse de las voces de su pasado que le recordaba lo trágico que era el
sentirse abandonado y ahogado en la pena y como Damián siempre con ese
semblante bondadoso y cálido le calmaba con palabras de comprensión y animo,
tal como hacia ella que sin apenas conocerlo lograba el mismo efecto que el de
su hermano: salvarlo. Al recordar a Evangeline desde esta nueva luz sentía como
le asaltaba una dulce fragancia, una suave caricia delicada y llena de calidez,
sintió que su corazón se llenaba de una dulzura indescriptible y que hacía que
todos aquellos sentimientos que le pisoteaban se esfumaban y eran derrotados
por la gracia apasionada y al mismo tiempo profundo que le causaba su amor por
ella. Las sensaciones que le traía el recuerdo de su encuentro, de tenerla
cerca, su voz, su tacto y sus ojos. Su todo. Poco a poco sintió que energía de
el profundo abismo en el que estaba cayendo. Sintió una oleada de valor, ánimo
y seguridad, mezclada con aquella frescura y locura que le causaba el saber que
ella estaba ahí y que deseaba protegerla con todas sus fuerzas. No podía
dejarla sola, jamás lo haría y se regaño a sí mismo por solo pensar en él y
encerrarse en una posición, cuando había tantas razones por las quería pelear y
no quedarse petrificado en aquellos sentimientos que solo lo llevaban a la
desgracia y lo alejaban de todo lo que él le había enseñado con tanto esmero y
sobre todo de ella. Pelearía por la libertad, por los ideales que su corazón y
alma apoyaban. Lucharía por ella, por los dos, por poder estar juntos a ella
eternamente y estaba seguro de que Damián estaría ahí, tanto en espíritu como
en cuerpo entero. Aquel sentimiento se le presento tan de repente que apenas se
dio cuenta y como siempre él le había dicho,
seguiría esa corazonada, que le hizo sentirse preparado. Ahora no tenía
miedo de decírselo, porque ¿Cómo podía estar tan seguro de que él estaba
muerto?, si él conocía la fuerza y las ganas de vivir que tenia él, no podía
quedarse tranquilo con el asumir su supuesta muerte. La esperanza se fue
infiltrando y le dio seguridad. Estaba seguro. El no había muerto, solo quería
que eso fuera lo que creyeran todos, para luego aparecer y ser el héroe que
todos querían. Con ese sentimiento en su pecho que ardía como un fuego
imparable se sentía capaz de seguir adelante y estar al lado de Evangeline
cuando le dijera la noticia. Damián volvería con ellos y entonces la familia
estaría completa.
Evangeline miraba por la ventana, sentada en el alfeizar
de esta, con una expresión perdida que hacía pensar que en su cabeza parecía
existir otro mundo, al que el resto de los seres vivientes que la rodeaban no
podían entrar. Aun en camisón, con su cabella castaño cayendo desordenadamente
en sus hombros y parte de la espalda, le daba el aspecto de una musa que
despertaba con las primeras luces del alba, para vigilar su reino y dar a su
corazón el consuelo de que aun existía. Tenía las piernas arriba, con las
rodillas flexionadas y la cabeza apoyada en el vidrio. La débil luz de del amanecer se volvía cada vez más intensa y
Evangeline dejaba que le calentara el rostro. En sus manos sostenía una carta
que ya había abierto hace mucho, una carta de Damián. Tras volver a leerla
anteriormente, se había quedado en el estado actual meditando. Había vuelto a
leer esa carta esperando tranquilizar aquella inquietud que durante todo el
resto del día de ayer no le dejo en paz. Sentía una angustia extraña y una ansiedad
indescriptible y todo eso era por su hermano. La sensación de que algo le había
pasado, de que necesitaba ayuda y miles de otros pensamientos habían brotado a
partir del momento en que Elliot y Sebastian las dejaron antes de irse. Al
verlos partir, la inquietud en que dejaron sus corazones hizo que Evangeline al
verlos alejarse viera reflejado a su hermano, como si reviviera el momento en
el que le vio partir temprano en la mañana, con la ilusión y la alegría en el
rostro, pero también triste por el hecho de dejar a sus hermanas. Evangeline sabía
que su hermano estaba metido en una sociedad, pero nunca profundizo mucho sobre
el tema, cosa que ahora lamentaba y hacia que su corazón se estrujara de pavor
y el tormento de que lo que había estado rondando por su cabeza fuera verdad.
El pensamiento de que quizás Elliot perteneciera también a esa sociedad, pues
todo lo que le hablo y la manera en que lo hizo le recordó a Damián y cuando
Sebastian vino con una mala noticia relacionada con algo que todavía no lograba
descubrir que era, Evangeline recordó que su hermano hablar de una misión
secreta, quizás las dos cosas estuvieran relacionadas y Damián podría estar…
¡No, no, no y mil veces no!, tiene que ser otra cosa,
¿pero qué?
Pensaba Evangeline espantando los malos augurios meneando
fuertemente la cabeza y apretando con todas sus fuerzas la carta contra su
pecho, como si quisiera que su hermano traspasara la tranquilidad y la paz que
tanto quería alcanzar. Deseaba con una intensidad que le era poderosa y
desconocida que aquel presentimiento no fuera verdadero, pero mientras más
trataba de buscar otra explicación se sentía abatida y perdida. Si bien quería
eliminar esa posibilidad, al mismo tiempo su corazón no la dejaba, porque era
la única noticia que tenia de su hermano. Ya no había llegado más cartas y al
pensar en ello, la negatividad la hacía sentirse inútil y sin saber cómo
reaccionar o que hacer. Damián no podía estar muerto, eso estaba descartado
desde el principio, pero algo le había pasado y necesitaba saber que para hacer
alfo y estar tranquila. Deseaba tanto que en aquel momento Elliot estuviera con
ella y le explicara que pasaba, para así estar segura por el simple hecho de que si volvía, seria
la señal de que había remedio para lo que hubiera sucedido. La verdad más
pura y sensata era que necesitaba su
hombro para apoyarse y calmar su inquietud, que su calor la embriagara y
pudiera estar sin ese frio de mala muerte recorriéndole la sangre y quitándole
las ganas de sonreír. Necesitaba verlo para calmar la tormenta en su corazón,
necesitaba saber de Damián. Necesitaba saber que pasaba, sino el abismo que se
profundizaba en su ser se llenaría de desesperación y no conseguiría respirar.
Los necesito tanto.
Pensó anhelante y con la garganta hecha un nudo. Sus ojos
ardían del agobia que atormentaba sus pensamientos y una pena inexplicable
hacían que unas lagrimas silenciosas, pero profundas empezaran a aparecer.
Apoyo le frente en la ventana y dejo que el cristal frio le calmara el ardor de
sus pensamientos y el dolor del pecho para pensar que hacer. Lo único que en
ese momento se le ocurría era ir donde Elliot y preguntarle todo acerca de la
sociedad. Pensó en Constance y decidió que ella le acompañaría. Eso haría.
Evangeline levanto la cabeza y se bajo del alfeizar, se paro firme y respiro
hondo, para llenarse de confianza y determinación. Cuando estaba a punto de
ponerse la bata, escucho unos golpes en la puerta de entrada. Se quedo quieta
mientras el desconcierto iba en aumento. ¿Quién seria a estas horas de la
mañana?, pensó con el ceño fruncido y con las manos en el cuello de la bata.
Los golpes volvieron a sonar y esta vez con más insistencia y apremio. Esto
hizo que Evangeline se alarmara, no era Elliot de seguro, pero entonces quien
seria. Con cuidado de no hacer ruido, salió de la habitación, únicamente con
todos los sentidos concentrados en la puerta de entrada y en la persona que
estaba produciendo ese alboroto. Avanzo con cuidado en los pasillos y al bajar
las escaleras, agacho la cabeza respirando con calma o tratando de hacerlo.
Cuando se estaba acercando a la puerta oyó unos pasos que venían del pasillo
donde se entraba a la habitación de sus padres. Evangeline por un momento se
quedo paralizada por el susto y una desorientación la abatió por unos segundos
sin saber donde esconderse. Al sentir los pasos cada vez más cerca, fue al
pasillo de la izquierda y se escondió detrás de un mueblo donde tenía la vista
de la entrada al vestíbulo. Evangeline estiro un poco el cuello para ver de
quien se trataba. Su padre, que iba en camisón llego a la puerta y con una
mirada escrutadora miro por ambos lados para asegurarse de que el ambiente
fuera seguro y nadie estuviera escuchando. Evangeline aparto bruscamente la
mirada, sintiendo la penetrante mirada de su padre como una luz potente que le
atravesaba el cuerpo. En la mirada de su padre había algo siniestro y oscuro
que la atemorizo. Sin respirar, ni hacer el menor ruido se oculto lo más que
pudo y no saco la cabeza. Cuando oye que su padre abría la puerta, se sintió a
salvo, había logrado escapar de aquellos ojos que por primera vez a Evangeline
le parecía desconocidos y peligrosos. Como una daga en las manos de un perverso
asesino.
¿Qué noticias traes?
Murmuro su padre dejando entrar al sujeto, pero
manteniéndose en la entrada. Este suspiro y dijo con un tono malicioso y
escalofriante que hizo que a Evangeline se le pusiera la piel de gallina.
Fue un éxito
El padre de Evangeline lanzo una suave carcajada, cruel y
llena de desdén. Evangeline sintió que esa conversación se encontraba
relacionada con ese presentimeinto que la venia persiguiendo y se apretujo las
contra la pared y trago saliva lista para segur escuchando.
Perfecto, ahora deben estar como unos pobres
desgraciados, buscando la salida como unos condenados
Es lo mas seguro, con esa gran cantidad de vidas perdidas
y además el hecho de que todos sus planes de vinieron abajo, deben estar
peleándose entre ellos por saber quien es el traidor entre ellos. Es la
oportunidad perfecta para derrotaros.
Dijo el otro con tono burlon y asqurosamente soncarron.
Evangeline hizo una mueca, mientras en su corazón unas piezas empezaban a
encajar y su presentimietno se empezaba a ver mas claro. Traicion, planes
arruinados, las expresiones de Elliot y Sebastian, el hecho de que Damian no
volviera y otras cosas mas se empezaban a unir y Evangeline sentía una mezcla
de sentimeintos: rabia, sorpresa, temor y ansiedad. Se apretó las piernas para callarlos.
¿En cuantos días será el ataque?
Le pregunto el padre de Evangeline.
En tres días, no se lo esperaran. Será en la madrugada,
empezaremos por el lado oeste y el resto el al oeste de su refugio.
Explico el otro. Evangeline grabo esa conversación y la
repitió para mantenerla en su cabeza.
Perfecto. Para ese entonces tendremos suficientes hombres
para reducirlos a la nada.
Lamentaran haberse querdo hacerse los justicieron cuando
no les convenia.
Dijo su padre. Evangeline sintió que el tono de su padre
al decir esas palabras era como una balde de agua fría. Ese tono amenazante,
lleno de odio, cruel y vengativo le hizo sentir un dolor en el pecho. Su padre
iba a matar a aquellos hombre, iba a matar a Elliot y Sebastian. Sus ojos se
abrieron con horror y espero que aquel hombre se fuera. Luego escucho como su
padre se reia satisfactoriamente yse quedo sentada ahí meditando lo que había
pasado. No podía permitirlo, tenia que avisarles. Tenia que aclararlo todo, no
les permitiría triunfar en aquel plan tan mounstrosos y barbaro. Se levanto lentamente y con cuidado, pero con
firmeza, subió las escaleras y llego al cuarto de su hermana. Abrió la puerta y
se acerco a la cama. Con suavidad, pero también con impaciencia la sacudió para
despertarla. Constance frunció el ceño y abrió lentamente los ojos. Al ver a su
hermana, puso una expresión de extrañada y de incomprensión, pero al ver la
mirada seria y como el semblante de Evangeline estaba ensombrecido se alarmo y
le pregunto.
¿Qué pasa?
Elliot y Sebastian están en peligro y Damian también.
Le constesto Evangeline. Constance sintió unos terribles
escalofríos y también que el pánico la invadía. Evangeline lo pudo ver, le tomo
las manos y le dijo tratando de poner calma, serenidad y firmeza para que
pudiera trasnmitirle la valentía que necesitaban para lo que se venia.
Te lo voy a explicar, pero no puedes decir nada,
atuaremos enseguida ¿entiendes?, somos las únicas que podemos ayudarlos.
Constance asintió y respiro para llenarse de valor. Miro
a su hermana segura y Evangeline le sonrio.
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