martes, 27 de diciembre de 2016

Capitulo 13

Nunca antes por su mente se le había cruzado ese pensamiento o la idea de que ella pudiese estar relacionada de forma tan estrecha e intima con él.  Si quiero fue un vago pensamiento que vino como una breve y fugaz ráfaga de viento, que después simplemente dio el paso a admirarla tan solo por ser ella misma, tan solo por su propia personalidad encantadora. Pero ahora, parecía que ese misterio oculto tras  aquel pensamiento que había salido a la luz repentinamente por fin en su cabeza se había ordenado todas las incógnitas y dándole a todo la calma que necesitaba dentro de sí. Elliot finalmente entendía donde la había visto antes, la había visto en su hermano. Los mismos rasgos, aunque en Damián no eran tan delicados,  pero sin duda la forma de su cara, la misma mirada y fuerza que Elliot había admirado por primera vez en Damián y después en Evangeline. Aun no podía creerlo y de verdad no sabía si eso quizás se debía a que quizás el haberlo descubierto vino como una mala noticia que el recordarlo cada vez que pensaba en ella le hacía sentir un nudo en la garganta y un dolor en el pecho por el hecho de que tendría que decirle a la dueña de sus sueños que su hermano podría haber muerto. ¿Cómo hacerlo cuando hasta a él le costaba aceptarlo y lloraba por él? Sentía que el hecho de decirlo en voz alta lo hacía oficial y no podía hacerlo, no quería ceder a la realidad, que ahora nuevamente le ponía otro pesar en su camino. Damián había sido un hermano para él, su guía y el que le hizo sentirse querido y aceptado en un lugar, a pesar de tener tres años de diferencia. Sin embargo el nunca hablaba de su propia vida personal. Jamás al darle consejos le contaba anécdotas o cosas que aprendió dentro de su familia. Tal parecía que solo lo sabía, que la sabiduría había llegado a el por las manos del destino. El solo lo escuchaba y le daba consuelo que era lo que en esos momentos mas necesitaba. Si lo hubiese podido ver a través de sus ojos, si tan solo una vez hubiese pensado en él y no en si mismo quizás hubiese podido descubrir algo dentro de aquel mar torrentosa que escondía detrás de esa sonrisa bondadosa. Pero incluso haciendo esto no hubiese descubierto mucho ya que a diferencia de otros amigos y compañeros, con Damián era imposible adivinar lo que pensaba, su semblante era tan sereno que hubiese sido como buscar una aguja en un pajar. Rehuía la mirada cuando le parecía ser observado y también en aquellos días Elliot no tenía esa fuerza en la mirada de la que ahora era tan temida y admirada.

Elliot suspiro desalentado y sintiendo como los recuerdos de Damián, le herían mortalmente como una daga certera. Apretaba los puños tratando de aguantar los sollozos, como si con eso quisiera espantar la pena. No quería que los recuerdos de el quedaran manchados de nostalgia y el olvido. No quería hacerlo, no podía. El tan solo pensar en lo que sufrió y que no pudo ayudarlo le desgarraba el corazón, se sentía culpable. Pudo haber ido con él, pero eligió quedarse. Se sentía hundida  en lo más profundo de una soledad que aumentaba cada segundo.

¡Maldición, maldición! No es justo.

Grito golpeando la pared pensando en Evangeline y su hermana. No podía darle esa noticia, se sentía débil de tan solo pensarlo. No podía verla llorar, el solo quería verla sonreír, con esto podría hacer que la alegría se fuera de su alma y corazón. Se quedo en esa posición hundiéndose mas y mas en su pena, como su lo hubiesen quemado, un centenar de recuerdos le impactaron y se enredaron en su cabeza. Recuerdos de ellos hablando, cuando la personalidad de él cambiaba en un abrir y cerrar de ojos y su voz sonaba con fuerza y dejaba a los demás atónitos. Recuerdos de cuando Elliot salía de su casa lleno de rabia, pena, con un anhelo de cariño, consuelo y donde poder refugiarse de las voces de su pasado que le recordaba lo trágico que era el sentirse abandonado y ahogado en la pena y como Damián siempre con ese semblante bondadoso y cálido le calmaba con palabras de comprensión y animo, tal como hacia ella que sin apenas conocerlo lograba el mismo efecto que el de su hermano: salvarlo. Al recordar a Evangeline desde esta nueva luz sentía como le asaltaba una dulce fragancia, una suave caricia delicada y llena de calidez, sintió que su corazón se llenaba de una dulzura indescriptible y que hacía que todos aquellos sentimientos que le pisoteaban se esfumaban y eran derrotados por la gracia apasionada y al mismo tiempo profundo que le causaba su amor por ella. Las sensaciones que le traía el recuerdo de su encuentro, de tenerla cerca, su voz, su tacto y sus ojos. Su todo. Poco a poco sintió que energía de el profundo abismo en el que estaba cayendo. Sintió una oleada de valor, ánimo y seguridad, mezclada con aquella frescura y locura que le causaba el saber que ella estaba ahí y que deseaba protegerla con todas sus fuerzas. No podía dejarla sola, jamás lo haría y se regaño a sí mismo por solo pensar en él y encerrarse en una posición, cuando había tantas razones por las quería pelear y no quedarse petrificado en aquellos sentimientos que solo lo llevaban a la desgracia y lo alejaban de todo lo que él le había enseñado con tanto esmero y sobre todo de ella. Pelearía por la libertad, por los ideales que su corazón y alma apoyaban. Lucharía por ella, por los dos, por poder estar juntos a ella eternamente y estaba seguro de que Damián estaría ahí, tanto en espíritu como en cuerpo entero. Aquel sentimiento se le presento tan de repente que apenas se dio cuenta y como siempre él le había dicho,  seguiría esa corazonada, que le hizo sentirse preparado. Ahora no tenía miedo de decírselo, porque ¿Cómo podía estar tan seguro de que él estaba muerto?, si él conocía la fuerza y las ganas de vivir que tenia él, no podía quedarse tranquilo con el asumir su supuesta muerte. La esperanza se fue infiltrando y le dio seguridad. Estaba seguro. El no había muerto, solo quería que eso fuera lo que creyeran todos, para luego aparecer y ser el héroe que todos querían. Con ese sentimiento en su pecho que ardía como un fuego imparable se sentía capaz de seguir adelante y estar al lado de Evangeline cuando le dijera la noticia. Damián volvería con ellos y entonces la familia estaría completa.

Evangeline miraba por la ventana, sentada en el alfeizar de esta, con una expresión perdida que hacía pensar que en su cabeza parecía existir otro mundo, al que el resto de los seres vivientes que la rodeaban no podían entrar. Aun en camisón, con su cabella castaño cayendo desordenadamente en sus hombros y parte de la espalda, le daba el aspecto de una musa que despertaba con las primeras luces del alba, para vigilar su reino y dar a su corazón el consuelo de que aun existía. Tenía las piernas arriba, con las rodillas flexionadas y la cabeza apoyada en el vidrio. La débil luz de  del amanecer se volvía cada vez más intensa y Evangeline dejaba que le calentara el rostro. En sus manos sostenía una carta que ya había abierto hace mucho, una carta de Damián. Tras volver a leerla anteriormente, se había quedado en el estado actual meditando. Había vuelto a leer esa carta esperando tranquilizar aquella inquietud que durante todo el resto del día de ayer no le dejo en paz. Sentía una angustia extraña y una ansiedad indescriptible y todo eso era por su hermano. La sensación de que algo le había pasado, de que necesitaba ayuda y miles de otros pensamientos habían brotado a partir del momento en que Elliot y Sebastian las dejaron antes de irse. Al verlos partir, la inquietud en que dejaron sus corazones hizo que Evangeline al verlos alejarse viera reflejado a su hermano, como si reviviera el momento en el que le vio partir temprano en la mañana, con la ilusión y la alegría en el rostro, pero también triste por el hecho de dejar a sus hermanas. Evangeline sabía que su hermano estaba metido en una sociedad, pero nunca profundizo mucho sobre el tema, cosa que ahora lamentaba y hacia que su corazón se estrujara de pavor y el tormento de que lo que había estado rondando por su cabeza fuera verdad. El pensamiento de que quizás Elliot perteneciera también a esa sociedad, pues todo lo que le hablo y la manera en que lo hizo le recordó a Damián y cuando Sebastian vino con una mala noticia relacionada con algo que todavía no lograba descubrir que era, Evangeline recordó que su hermano hablar de una misión secreta, quizás las dos cosas estuvieran relacionadas y Damián podría estar…

¡No, no, no y mil veces no!, tiene que ser otra cosa, ¿pero qué?

Pensaba Evangeline espantando los malos augurios meneando fuertemente la cabeza y apretando con todas sus fuerzas la carta contra su pecho, como si quisiera que su hermano traspasara la tranquilidad y la paz que tanto quería alcanzar. Deseaba con una intensidad que le era poderosa y desconocida que aquel presentimiento no fuera verdadero, pero mientras más trataba de buscar otra explicación se sentía abatida y perdida. Si bien quería eliminar esa posibilidad, al mismo tiempo su corazón no la dejaba, porque era la única noticia que tenia de su hermano. Ya no había llegado más cartas y al pensar en ello, la negatividad la hacía sentirse inútil y sin saber cómo reaccionar o que hacer. Damián no podía estar muerto, eso estaba descartado desde el principio, pero algo le había pasado y necesitaba saber que para hacer alfo y estar tranquila. Deseaba tanto que en aquel momento Elliot estuviera con ella y le explicara que pasaba, para así estar segura  por el simple hecho de que si volvía, seria la señal de que había remedio para lo que hubiera sucedido. La verdad más pura  y sensata era que necesitaba su hombro para apoyarse y calmar su inquietud, que su calor la embriagara y pudiera estar sin ese frio de mala muerte recorriéndole la sangre y quitándole las ganas de sonreír. Necesitaba verlo para calmar la tormenta en su corazón, necesitaba saber de Damián. Necesitaba saber que pasaba, sino el abismo que se profundizaba en su ser se llenaría de desesperación y no conseguiría respirar.

Los necesito tanto.

Pensó anhelante y con la garganta hecha un nudo. Sus ojos ardían del agobia que atormentaba sus pensamientos y una pena inexplicable hacían que unas lagrimas silenciosas, pero profundas empezaran a aparecer. Apoyo le frente en la ventana y dejo que el cristal frio le calmara el ardor de sus pensamientos y el dolor del pecho para pensar que hacer. Lo único que en ese momento se le ocurría era ir donde Elliot y preguntarle todo acerca de la sociedad. Pensó en Constance y decidió que ella le acompañaría. Eso haría. Evangeline levanto la cabeza y se bajo del alfeizar, se paro firme y respiro hondo, para llenarse de confianza y determinación. Cuando estaba a punto de ponerse la bata, escucho unos golpes en la puerta de entrada. Se quedo quieta mientras el desconcierto iba en aumento. ¿Quién seria a estas horas de la mañana?, pensó con el ceño fruncido y con las manos en el cuello de la bata. Los golpes volvieron a sonar y esta vez con más insistencia y apremio. Esto hizo que Evangeline se alarmara, no era Elliot de seguro, pero entonces quien seria. Con cuidado de no hacer ruido, salió de la habitación, únicamente con todos los sentidos concentrados en la puerta de entrada y en la persona que estaba produciendo ese alboroto. Avanzo con cuidado en los pasillos y al bajar las escaleras, agacho la cabeza respirando con calma o tratando de hacerlo. Cuando se estaba acercando a la puerta oyó unos pasos que venían del pasillo donde se entraba a la habitación de sus padres. Evangeline por un momento se quedo paralizada por el susto y una desorientación la abatió por unos segundos sin saber donde esconderse. Al sentir los pasos cada vez más cerca, fue al pasillo de la izquierda y se escondió detrás de un mueblo donde tenía la vista de la entrada al vestíbulo. Evangeline estiro un poco el cuello para ver de quien se trataba. Su padre, que iba en camisón llego a la puerta y con una mirada escrutadora miro por ambos lados para asegurarse de que el ambiente fuera seguro y nadie estuviera escuchando. Evangeline aparto bruscamente la mirada, sintiendo la penetrante mirada de su padre como una luz potente que le atravesaba el cuerpo. En la mirada de su padre había algo siniestro y oscuro que la atemorizo. Sin respirar, ni hacer el menor ruido se oculto lo más que pudo y no saco la cabeza. Cuando oye que su padre abría la puerta, se sintió a salvo, había logrado escapar de aquellos ojos que por primera vez a Evangeline le parecía desconocidos y peligrosos. Como una daga en las manos de un perverso asesino.

¿Qué noticias traes?

Murmuro su padre dejando entrar al sujeto, pero manteniéndose en la entrada. Este suspiro y dijo con un tono malicioso y escalofriante que hizo que a Evangeline se le pusiera la piel de gallina.
Fue un éxito

El padre de Evangeline lanzo una suave carcajada, cruel y llena de desdén. Evangeline sintió que esa conversación se encontraba relacionada con ese presentimeinto que la venia persiguiendo y se apretujo las contra la pared y trago saliva lista para segur escuchando.

Perfecto, ahora deben estar como unos pobres desgraciados, buscando la salida como unos condenados

Es lo mas seguro, con esa gran cantidad de vidas perdidas y además el hecho de que todos sus planes de vinieron abajo, deben estar peleándose entre ellos por saber quien es el traidor entre ellos. Es la oportunidad perfecta para derrotaros.

Dijo el otro con tono burlon y asqurosamente soncarron. Evangeline hizo una mueca, mientras en su corazón unas piezas empezaban a encajar y su presentimietno se empezaba a ver mas claro. Traicion, planes arruinados, las expresiones de Elliot y Sebastian, el hecho de que Damian no volviera y otras cosas mas se empezaban a unir y Evangeline sentía una mezcla de sentimeintos: rabia, sorpresa, temor y ansiedad. Se apretó las piernas para callarlos.

¿En cuantos días será el ataque?

Le pregunto el padre de Evangeline.

En tres días, no se lo esperaran. Será en la madrugada, empezaremos por el lado oeste y el resto el al oeste de su refugio.

Explico el otro. Evangeline grabo esa conversación y la repitió para mantenerla en su cabeza.

Perfecto. Para ese entonces tendremos suficientes hombres para reducirlos a la nada.

Lamentaran haberse querdo hacerse los justicieron cuando no les convenia.
Dijo su padre. Evangeline sintió que el tono de su padre al decir esas palabras era como una balde de agua fría. Ese tono amenazante, lleno de odio, cruel y vengativo le hizo sentir un dolor en el pecho. Su padre iba a matar a aquellos hombre, iba a matar a Elliot y Sebastian. Sus ojos se abrieron con horror y espero que aquel hombre se fuera. Luego escucho como su padre se reia satisfactoriamente yse quedo sentada ahí meditando lo que había pasado. No podía permitirlo, tenia que avisarles. Tenia que aclararlo todo, no les permitiría triunfar en aquel plan tan mounstrosos y barbaro.  Se levanto lentamente y con cuidado, pero con firmeza, subió las escaleras y llego al cuarto de su hermana. Abrió la puerta y se acerco a la cama. Con suavidad, pero también con impaciencia la sacudió para despertarla. Constance frunció el ceño y abrió lentamente los ojos. Al ver a su hermana, puso una expresión de extrañada y de incomprensión, pero al ver la mirada seria y como el semblante de Evangeline estaba ensombrecido se alarmo y le pregunto.

¿Qué pasa?

Elliot y Sebastian están en peligro y Damian también.

Le constesto Evangeline. Constance sintió unos terribles escalofríos y también que el pánico la invadía. Evangeline lo pudo ver, le tomo las manos y le dijo tratando de poner calma, serenidad y firmeza para que pudiera trasnmitirle la valentía que necesitaban para lo que se venia.

Te lo voy a explicar, pero no puedes decir nada, atuaremos enseguida ¿entiendes?, somos las únicas que podemos ayudarlos.

Constance asintió y respiro para llenarse de valor. Miro a su hermana segura y Evangeline le sonrio.


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