jueves, 15 de diciembre de 2016

Los vientos del destino

                            Capitulo 1: Cambios radicales


Elisa sentía como su madre temblaba a su lado. La oscuridad de la noche era lo único que los rodeaba a ellas y a sus dos hermanos. Estos inquietos y con una sensación de ser atacados o descubiertos en cualquier momento no paraban de moverse de un lado a otro. Su padre estaba escondido junto con su esposa. Elisa nunca había sentido tanto miedo como en ese momento. Sentía una sensación fría y punzante en todo el cuerpo que le provocaba escalofríos. De vez en cuando soltaba un gemido pues su pecho le dolía y le costaba respirar además del necesitar desahogar aunque sea en aquellos gemidos tan suaves toda la angustia y un presentimiento que no le dejaba tranquila. Un mal presentimiento de todo aquello.

Mamá

Sollozaba bajo. Su madre que con unos ojos alarmados y aterrados no paraba de ver la ventana, abrazo a su hija y esta sintió al apoyarse en su pecho el latido acelerado como si en el interior de su madre estuviera sucediendo una persecución que te dejaba sin alientos y con una desesperación que te deja muda.

Mamá

Seguía sollozando. Una luz de linterna invadió la casa por un momento. Su madre la atrajo fuertemente hacia ella mientras con una rapidez que Elisa nunca antes había visto se escondía detrás del sillón, tratando de controlar aquellas ganas que tenia de gritar y escapar corriendo.

Ahora

Escucho a su padre susurrar. Elisa se sintió aliviada, pero cuando quiso levantarse y su madre la detuvo tomándola de la mano, entendió que nada había acabado.

David, Joanna  síganme por atrás. Nos esperan a unas cuantas cuadras  y debemos apresurarnos.

Les dijo su padre a sus dos hijos. Estos asintieron tiritando. Elisa no entendía lo que pasaba y quiso si quiera al ver a sus hermanos alguna emoción para poder captar el peligro que ya se hallaba incrustado en sus huesos y no quería que lo estuviera más. Pero sus hermanos le desviaran la mirada y miraron a su padre como sin saber qué hacer. Su padre se acerco y los abrazo y les susurro.

Todo saldrá bien, ahora salgan

¿A dónde iban?, ¿y por qué? Se preguntaba Elisa sin recibir respuesta alguna.

Mamá ¿a dónde vamos?

Le pregunto Elisa. Su madre la miro con cariño y le dijo

A un lugar seguro

Pero yo no quiero irme

Protesto Elisa, dándose cuenta de la realidad. Adoraba su casa, su hogar, no quería dejarlo para quizás nunca volver a verlo.

Yo tampoco, pero es necesario

Le dijo su madre acariciándole el rostro

Pero mamá, ¿por qué…?

Protestaba esta de nuevo sin querer entrar en razón. Su padre la miro y le dijo

Tu madre ya te lo dijo, ahora sigue a tus hermanos

Elisa lo miro y pudo ver la seriedad y desesperación en el rostro de su padre tan marcadas que por un momento a Elisa le pareció un desconocido, que pasaba por una tortura interminable.

No quiero ir, no quiero

Sollozaba Elisa sintiendo como su estomago le dolía y los pies le temblaban al igual que todo su  cuerpo por el pavor que parecía regocijarse al ver a una niña sufrir de esa manera por  ese sentimiento en su pequeño y inocente corazón que aun no estaba lista para enfrentar el mundo que se le imponía ahora y que de repente sin preparación alguna debía hacer y dejar atrás los tiempos que creyó que durarían para la eternidad hasta que ella decidiera dar el primer paso para empezar una nueva vida.

Noah, yo la llevare

Dijo su padre, con una voz que parecía miel y que intentaba tranquilizar a pesar de que ella misma no lo estuviera a su esposo e hija. Elisa se subió a los brazos de su madre y miro su casa con ojos llorosos. No quería despedirse, no quería. Apretó el rostro contra el hombro de su madre y lloro en silencio. Noah se quedo mirando su casa a oscuras y pensó.

Así estará nuestro futuro en esta guerra

Tomo las maletas que faltaban y siguió a su esposa. El frio les impacto de tal manera que el terror y la alarma que sacudían las emociones del alma se desorientaron como ellos lo estaban en esa noche. A Elisa le dolían las manos y  sentía  una turbación a un nivel que parecía irreal. Sus labios temblaban y sentía que si decía o se movía caerían en una trampa o el mal presentimiento que no dejaba de causarle escalofríos se cumpliría. Quería despertar de esta pesadilla que cada vez se ponía peor. No sabía que iba a pasar y cada vez que oía un ruido se espantaba pensando que aquellos hombres vestidos como soldados que se habían llevado a todos sus amigos y familiares. En ese momento vio una luz potente y también oyó el ruido de un motor. Se alegro pensando que eran los que su padre había mencionado.

Mamá están aquí, son ellos.

Le dijo Elisa. Su madre miro insegura como tratando de comprobar si lo que decía su hija era cierto. Noah la miro extrañado, desconcertado y un tanto confundido. Se acerco de donde provenía la luz dando pasos lentos. Sus hermanos se acercaron a su madre y preocupados siguieron con la mirada a su padre. Elisa estaba ansiosa, pero el mal presentimiento la agobiaba y una angustia que parecía aumentarse se apareció en su corazón. De repente vio detrás de una pared una silueta. Entrecerrando los ojos se dio cuenta de que tenía algo que brillaba. Algo la estremeció causando que su cuerpo se tensara y su mirada llena de pánico y pavor se fijara en su padre y luego en la silueta. Abrió los ojos consternada y grito.

¡Papá!

En ese momento se escucho un disparo y su padre se desplomo en el suelo, ya sin vida.

¡Papá!, ¡papá!

Gritaba con una voz cortada y sollozante cargada de desesperación

¡Noah!, ¡Noah, por favor!

Gritaba llorando su madre. Joanna lloraba y trato de ir donde su padre, pero su hermano la detuvo conteniendo un grito que le estaba desgarrando el corazón poco a poco por la rabia y la pena que contenían.

¡Suéltame!, ¡suéltame imbécil!, ¡papá!

Exclamaba Joanna con su corazón doliéndole y las lagrimas corriéndole en el rostro. Forzaba con su hermano, pero este con una fuerza que nunca antes había usado la sostenía a no más poder. Apretaba las muñecas de su hermana como si de esa manera descargara lo que sentía.

¡Noah!

Exclamaba desgarradoramente su madre. De repente varios soldados los rodearon con unos rostros malignos que hicieron que Elisa se apretujara fuerte contra su madre y el odio que sentía aumentara diez veces más. Uno de ellos empujo a su madre y Elisa cayó al suelo golpeándose la cabeza contra el piso.

¡Aléjense de mi madre bastardos!

Gritaba David  intentando golpear a los soldados, pero estos lo esquivaban y se reían hasta que David golpeo a uno de ellos en el estomago, entonces se abalanzaron sobre cómo un depredador  sobre su presa sin piedad alguna. Joanna al ver lo que le hacían fue donde ellos y con las maletas golpeaba con todas sus fuerzas las espaldas de ellos, pero unos soldados la agarraron de los brazos y la tiraron al suelo. Joanna se sacudía para sacárselos de encima y al sentir su desagradable aliento tan cerca de ella, le produjo una corriente y le dio un golpe en las costillas. Nadie se daba cuenta de que Elisa estaba tirada en el suelo. Esta sentía un dolor palpitante en toda la cabeza, este parecía un martillo que le golpeaba la cabeza sin compasión. Se sentía mareada y la visión se le iba nublando. Algo caliente le recorría la mejilla y al tocarse pudo ver a la luz de la luna que era sangre.

Su sangre.

Papá

Susurraba con el corazón destrozado. En ese instante pudo ver como uno de los soldados se le acercaba y la miraba de una forma despectiva y perturbadora. La cogió del pelo y Elisa lloro.

¡Suéltame por favor!

Sollozaba exasperada y agobiada por el dolor que hacía que el de la cabeza fuero peor.

Oye dispárale a esta, quiero ver como se desangra.

Dijo este disfrutando de los gritos de Elisa. Su madre que estaba siendo sujetada y sacudida violentamente miro horrorizada a su hija y exclamo desesperada y con una angustia que la comía por dentro.

¡Déjenla!, ¡basta déjenla en paz por favor!

¡Mamá!

Gritaba llorando Elisa. El dolor que le provocaba el soldado el soldado era insufrible y sentía que los ojos le eran más pesados y lo que caía por su mejilla aumentaba.

¡Dispárale de una vez!

Le dijo el soldado tirando a Elisa al suelo. Elisa vio que uno la apuntaba y cerró los ojos. El disparo sonó y Elisa apretando los labios y con la respiración agitada abrió los ojos. Sintió como su corazón se quebraba en mil pedazos. Su madre estaba tirada en el suelo y ya lejos se encontraba junto con su padre.

Mamá

Murmuro Elisa aterrada y con una sensación fría y abrumadora se le clavaba en su pecho. Su madre no respondió. Elisa negó con la cabeza y con los ojos llenos de lagrimas sacudió con fuerza a su madre  mientras lloraba.

¡Mamá despierta!, ¡por favor no te mueras, no me dejes! ¡Mamá!

Gritaba con todas sus fuerzas con el corazón latiendo fuertemente y la pena invadiéndola sin protección alguna.

Esta sigue viva

Se escucho a uno decir

¡Mamá respóndeme!

Gritaba con voz potente y cargada de una pena abrumadora.  De repente se sintió desvanecer. Sintió que su visión se desvanecía, se nublaba y como un terrible dolor le ardió la cabeza. Lo último que vio fue a su hermano golpeando a uno de los soldados en el suelo frustrado con una ira iracundo y un odio que lo habían transformado en otra persona y a su hermana mirándola

¡David!

Grito asustada. En ese momento se escucho un auto llegar y como mucha gente bajaba ayudaron a su hermano.

¡Ayúdenme por favor! ¡Ayúdenme!


Suplicaba Joanna tomando a su hermana y mirando con angustia. Fue entonces cuando Elisa perdió la visión, pero nunca se imagino que la perdería para siempre.

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