Los vientos del destino
Capitulo 1: Cambios
radicales
Elisa
sentía como su madre temblaba a su lado. La oscuridad de la noche era lo único
que los rodeaba a ellas y a sus dos hermanos. Estos inquietos y con una
sensación de ser atacados o descubiertos en cualquier momento no paraban de
moverse de un lado a otro. Su padre estaba escondido junto con su esposa. Elisa
nunca había sentido tanto miedo como en ese momento. Sentía una sensación fría
y punzante en todo el cuerpo que le provocaba escalofríos. De vez en cuando
soltaba un gemido pues su pecho le dolía y le costaba respirar además del
necesitar desahogar aunque sea en aquellos gemidos tan suaves toda la angustia
y un presentimiento que no le dejaba tranquila. Un mal presentimiento de todo
aquello.
Mamá
Sollozaba
bajo. Su madre que con unos ojos alarmados y aterrados no paraba de ver la
ventana, abrazo a su hija y esta sintió al apoyarse en su pecho el latido
acelerado como si en el interior de su madre estuviera sucediendo una
persecución que te dejaba sin alientos y con una desesperación que te deja
muda.
Mamá
Seguía
sollozando. Una luz de linterna invadió la casa por un momento. Su madre la
atrajo fuertemente hacia ella mientras con una rapidez que Elisa nunca antes
había visto se escondía detrás del sillón, tratando de controlar aquellas ganas
que tenia de gritar y escapar corriendo.
Ahora
Escucho a
su padre susurrar. Elisa se sintió aliviada, pero cuando quiso levantarse y su
madre la detuvo tomándola de la mano, entendió que nada había acabado.
David, Joanna
síganme por atrás. Nos esperan a unas
cuantas cuadras y debemos apresurarnos.
Les dijo
su padre a sus dos hijos. Estos asintieron tiritando. Elisa no entendía lo que
pasaba y quiso si quiera al ver a sus hermanos alguna emoción para poder captar
el peligro que ya se hallaba incrustado en sus huesos y no quería que lo
estuviera más. Pero sus hermanos le desviaran la mirada y miraron a su padre
como sin saber qué hacer. Su padre se acerco y los abrazo y les susurro.
Todo
saldrá bien, ahora salgan
¿A dónde
iban?, ¿y por qué? Se preguntaba Elisa sin recibir respuesta alguna.
Mamá ¿a
dónde vamos?
Le
pregunto Elisa. Su madre la miro con cariño y le dijo
A un
lugar seguro
Pero yo
no quiero irme
Protesto Elisa,
dándose cuenta de la realidad. Adoraba su casa, su hogar, no quería dejarlo
para quizás nunca volver a verlo.
Yo
tampoco, pero es necesario
Le dijo
su madre acariciándole el rostro
Pero
mamá, ¿por qué…?
Protestaba
esta de nuevo sin querer entrar en razón. Su padre la miro y le dijo
Tu madre
ya te lo dijo, ahora sigue a tus hermanos
Elisa lo
miro y pudo ver la seriedad y desesperación en el rostro de su padre tan
marcadas que por un momento a Elisa le pareció un desconocido, que pasaba por
una tortura interminable.
No quiero
ir, no quiero
Sollozaba
Elisa sintiendo como su estomago le dolía y los pies le temblaban al igual que
todo su cuerpo por el pavor que parecía
regocijarse al ver a una niña sufrir de esa manera por ese sentimiento en su pequeño y inocente
corazón que aun no estaba lista para enfrentar el mundo que se le imponía ahora
y que de repente sin preparación alguna debía hacer y dejar atrás los tiempos
que creyó que durarían para la eternidad hasta que ella decidiera dar el primer
paso para empezar una nueva vida.
Noah, yo
la llevare
Dijo su padre,
con una voz que parecía miel y que intentaba tranquilizar a pesar de que ella misma
no lo estuviera a su esposo e hija. Elisa se subió a los brazos de su madre y
miro su casa con ojos llorosos. No quería despedirse, no quería. Apretó el
rostro contra el hombro de su madre y lloro en silencio. Noah se quedo mirando
su casa a oscuras y pensó.
Así
estará nuestro futuro en esta guerra
Tomo las
maletas que faltaban y siguió a su esposa. El frio les impacto de tal manera
que el terror y la alarma que sacudían las emociones del alma se desorientaron
como ellos lo estaban en esa noche. A Elisa le dolían las manos y sentía una
turbación a un nivel que parecía irreal. Sus labios temblaban y sentía que si
decía o se movía caerían en una trampa o el mal presentimiento que no dejaba de
causarle escalofríos se cumpliría. Quería despertar de esta pesadilla que cada
vez se ponía peor. No sabía que iba a pasar y cada vez que oía un ruido se
espantaba pensando que aquellos hombres vestidos como soldados que se habían llevado
a todos sus amigos y familiares. En ese momento vio una luz potente y también
oyó el ruido de un motor. Se alegro pensando que eran los que su padre había
mencionado.
Mamá
están aquí, son ellos.
Le dijo Elisa.
Su madre miro insegura como tratando de comprobar si lo que decía su hija era
cierto. Noah la miro extrañado, desconcertado y un tanto confundido. Se acerco
de donde provenía la luz dando pasos lentos. Sus hermanos se acercaron a su
madre y preocupados siguieron con la mirada a su padre. Elisa estaba ansiosa,
pero el mal presentimiento la agobiaba y una angustia que parecía aumentarse se
apareció en su corazón. De repente vio detrás de una pared una silueta. Entrecerrando
los ojos se dio cuenta de que tenía algo que brillaba. Algo la estremeció causando
que su cuerpo se tensara y su mirada llena de pánico y pavor se fijara en su
padre y luego en la silueta. Abrió los ojos consternada y grito.
¡Papá!
En ese
momento se escucho un disparo y su padre se desplomo en el suelo, ya sin vida.
¡Papá!,
¡papá!
Gritaba
con una voz cortada y sollozante cargada de desesperación
¡Noah!, ¡Noah,
por favor!
Gritaba
llorando su madre. Joanna lloraba y trato de ir donde su padre, pero su hermano
la detuvo conteniendo un grito que le estaba desgarrando el corazón poco a poco
por la rabia y la pena que contenían.
¡Suéltame!,
¡suéltame imbécil!, ¡papá!
Exclamaba
Joanna con su corazón doliéndole y las lagrimas corriéndole en el rostro.
Forzaba con su hermano, pero este con una fuerza que nunca antes había usado la
sostenía a no más poder. Apretaba las muñecas de su hermana como si de esa
manera descargara lo que sentía.
¡Noah!
Exclamaba
desgarradoramente su madre. De repente varios soldados los rodearon con unos
rostros malignos que hicieron que Elisa se apretujara fuerte contra su madre y
el odio que sentía aumentara diez veces más. Uno de ellos empujo a su madre y Elisa
cayó al suelo golpeándose la cabeza contra el piso.
¡Aléjense
de mi madre bastardos!
Gritaba
David intentando golpear a los soldados,
pero estos lo esquivaban y se reían hasta que David golpeo a uno de ellos en el
estomago, entonces se abalanzaron sobre cómo un depredador sobre su presa sin piedad alguna. Joanna al
ver lo que le hacían fue donde ellos y con las maletas golpeaba con todas sus
fuerzas las espaldas de ellos, pero unos soldados la agarraron de los brazos y
la tiraron al suelo. Joanna se sacudía para sacárselos de encima y al sentir su
desagradable aliento tan cerca de ella, le produjo una corriente y le dio un
golpe en las costillas. Nadie se daba cuenta de que Elisa estaba tirada en el
suelo. Esta sentía un dolor palpitante en toda la cabeza, este parecía un
martillo que le golpeaba la cabeza sin compasión. Se sentía mareada y la visión
se le iba nublando. Algo caliente le recorría la mejilla y al tocarse pudo ver
a la luz de la luna que era sangre.
Su sangre.
Papá
Susurraba
con el corazón destrozado. En ese instante pudo ver como uno de los soldados se
le acercaba y la miraba de una forma despectiva y perturbadora. La cogió del
pelo y Elisa lloro.
¡Suéltame
por favor!
Sollozaba
exasperada y agobiada por el dolor que hacía que el de la cabeza fuero peor.
Oye dispárale
a esta, quiero ver como se desangra.
Dijo este
disfrutando de los gritos de Elisa. Su madre que estaba siendo sujetada y
sacudida violentamente miro horrorizada a su hija y exclamo desesperada y con
una angustia que la comía por dentro.
¡Déjenla!,
¡basta déjenla en paz por favor!
¡Mamá!
Gritaba
llorando Elisa. El dolor que le provocaba el soldado el soldado era insufrible
y sentía que los ojos le eran más pesados y lo que caía por su mejilla
aumentaba.
¡Dispárale
de una vez!
Le dijo
el soldado tirando a Elisa al suelo. Elisa vio que uno la apuntaba y cerró los ojos.
El disparo sonó y Elisa apretando los labios y con la respiración agitada abrió
los ojos. Sintió como su corazón se quebraba en mil pedazos. Su madre estaba
tirada en el suelo y ya lejos se encontraba junto con su padre.
Mamá
Murmuro Elisa
aterrada y con una sensación fría y abrumadora se le clavaba en su pecho. Su
madre no respondió. Elisa negó con la cabeza y con los ojos llenos de lagrimas
sacudió con fuerza a su madre mientras
lloraba.
¡Mamá
despierta!, ¡por favor no te mueras, no me dejes! ¡Mamá!
Gritaba
con todas sus fuerzas con el corazón latiendo fuertemente y la pena
invadiéndola sin protección alguna.
Esta
sigue viva
Se
escucho a uno decir
¡Mamá respóndeme!
Gritaba
con voz potente y cargada de una pena abrumadora. De repente se sintió desvanecer. Sintió que su
visión se desvanecía, se nublaba y como un terrible dolor le ardió la cabeza.
Lo último que vio fue a su hermano golpeando a uno de los soldados en el suelo
frustrado con una ira iracundo y un odio que lo habían transformado en otra
persona y a su hermana mirándola
¡David!
Grito
asustada. En ese momento se escucho un auto llegar y como mucha gente bajaba
ayudaron a su hermano.
¡Ayúdenme
por favor! ¡Ayúdenme!
Suplicaba
Joanna tomando a su hermana y mirando con angustia. Fue entonces cuando Elisa
perdió la visión, pero nunca se imagino que la perdería para siempre.
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