sábado, 24 de diciembre de 2016

Capitulo 4: Un ayer tormentoso y una promesa
Elisa recordó la primera vez que toco el piano. Su padre la había sentado en sus piernas y le tomo la mano. Le hizo conocer las notas, los acordes en todas sus inversiones y formas de tocar y luego con suma terneza y dedicación le ayudo a tocar una canción de cuna. Elisa, desde ese momento se sintió más unida a su padre y sobre todo al piano, el cual a pesar de que a ella le habían inculcado un aprecio por todas las artes musicales era su favorito, su mejor amigo con el cual podía compartir tristezas y cosas de la vida que la música puede dar un sentido más significativo que cuando lo hacemos con la mente fría. El solo tocarlo, le producía un estado de éxtasis y que liderada por aquellas fuerzas celestiales que salían del instrumento aumentaba según mas tocaba el piano y mientras conocía más a fondo todo lo que es el mundo e la música en todo su esplendor. Desde ese momento, siempre en las noches se sentaba en el piano y explotaba a fondo ese instrumento, el cual con su sonido arrebatador de las voces humanas y de los latidos del corazón y además de que era completamente innovador y sorpresivamente seductor la conquisto de inmediato. No sabía cuántas horas pasaba ahí, pero eran las mejores de su vida. Le complacía tanto escuchar a sus padres y a sus hermanos hablar de sus vidas, reírse y cantar con ella las melodías. Era el mejor regalo que le podían dar, además de la vida. El solo poder compartir y el sentirse así de apoyada, acogida, amada por todos sus seres queridos le hacia el ser más feliz de la tierra. Las noches eran dignas de recordar ya que eran tiempos más placenteros y tranquilos que se podían vivir. Elisa podría haber llamado a eso la edad de oro, en la cual su infancia se formo desde la forma más pequeña e inocente hasta convertirse en una golondrina lista para afrontar los vientos, pero con compañía. Aquella compañía tan valiosa que era su familia y que sabía que no la dejarían nunca, como ella a ellos tampoco.

Todo eso se opaco cuando un día en que sus hermanos y ella regresaban del instituto se encontraron la casa oscura, la puerta se hallaba abierta totalmente con el seguro abierto y las cortinas estaban caídas, incluso algunas cortadas. Vidrios cubrían el piso y un viento frio causaba que el aura de la casa fuera de abandono total y de irritación y inquietante. Elisa alarmada corrió hasta la puerta. Sus hermanos la siguieron tratando de detenerla pues sabían muy bien lo que pasaba y también conocían el futuro que le iba a pasar a ella si es que no hacían algo. La tomaron de los hombros, pero ella parecía ausente y les daba golpes en los brazos para que la soltaran. Una inquietud y una intuición le decía que algo terrible estaba pasando en su casa, no solo por la expresión de sus hermanos sino porque desde la mañana había visto a tipo merodear por su casa con una expresión perversa y maléfica. Las caras de sus padres se habían quedado grabadas en su mente y desde ese momento sintió un presentimiento agudo durante todo el día y que al final creyó no ser cierto. Se había equivocado al creer eso. Por el suelo se esparcían los restos de vidrio, libros y muebles quemados.

¡Suéltenme! ¿Es que acaso no ven lo que pasa?

Exclamaba desesperada y tratando de escapar de los fuertes brazos de su hermano.

Por eso mismo debes quedarte aquí

Le dijo David sujetándola fuertemente, pero al igual que su hermana también sentía un impulso muy potente que le obligaba a intentar moverse, Joana estaba nerviosa y miraba a David intentando decidir qué hacer. Elisa los miraba sin entender y le causaba un dolor insufrible el no poder estar allá. Algo terrible estaba pasando y sentía que si no lo hacía algo el asunto iba a empeorar.

¡Noah!

Se escucho gritar desgarradoramente a una voz cargado de terror. Elisa le dio un codazo a su hermano y corrió a su casa.

¡Elisa detente!

Con una voz adolorida por el codazo y a la vez seria, ronca y alarmada. Elisa hizo iodos sordos. Su vista se le iba nublando por aquella angustia y todo a su alrededor parecía caerse. El cielo parecía borroso y sentía un leve mareo. Una sed de rabia y a la vez de querer proteger a sus padres le hacía hervir la sangre al igual que otros sentimientos que iban surgiendo desde los lugares más escambrosos y difíciles de alcanzar, hasta incluso para el mismo dueño, de los fondos de nuestra alma. Era la primera vez que los sentía, rencor, odio y un desdén tan desgarrador e irreal. Le parecía que ya no era la misma persona y que esta se había adueñado de su ser causando tormentas en su cabeza y en sus pensamientos con ideas diferentes que al final serán desplomadas por aquellas olas causadas por el furor que le ardía en su ser y que no le dejaba ni una gota de razón. Sentía escalofríos violentos por todas partes causándole un frio constante, pero su hermano no podría hacer nada para convencerla de lo contrario. Estaba decidida y segura, tal como marino se lanza al alto mar o también cuando jóvenes nos atrevemos a dar el gran salto hacia un acantilado que al principio nos puede parecer aterrador y intimidante, pero a la medida que vamos cayendo vamos aprendiendo de los que nos rodea. De la rapidez de las cosas, de cómo todo cambio de un día para otro. Las ideas, costumbres, maneras de ver, mentes abiertas o completamente resentidas a cualquier ventana que de una luz desconocida. Todo eso implica seguir adelante, lo que nos espera, la vida que algún día deberemos vivir o que estamos sintiendo en carne propia en este mismo momento.

¡Mamá!

Gritaba, pero no recibió respuesta. Elisa sintió un miedo atormentador e inmenso aferrándose a cada parte de su cuerpo haciendo que este temblara peligrando el equilibrio de él y que Elisa se balanceara de lado a lado.

¡Mamá respóndeme!, ¡papá!

Volvió a gritar sin creer lo que por un momento en su mente se había cruzado como in pinchazo. Sin darse cuenta tropezó con un pedazo de cemente y al tratar de agarrase de la puerta esta se abrió e hizo que cayera sin remedio al piso bruscamente en medio de los pedazos de vidrio. Elisa grito de dolor, sintiendo como los vidrios le abrían la piel y viendo como el suelo se llenaba de sangre. En ese momento apareció un hombre de adentro con una expresión de satisfacción, pero al ver a Elisa cambio bruscamente a una de inquietud y de desprecio. Elisa lo vio a medias, pues el dolor hacia que la vista se volviera cada vez menor y el olor a sangre la causara nauseas. Su piel se volvía cada vez más pálida y su expresión se volvía cada vez más grave. El hombre la miro burlón y altivo. Con una cara deformada por las emociones que se habían formado en ella: de asco, repugnancia y desaire. Elisa sentía que a través de esas miradas trataba de hacerla sentirse como un ser inferior, como todos los demás inútiles y mentirosos además de ciegos que se creen con el derecho de hacer daño y despreciar a los demás, sin darse cuenta de que están siendo manejados por otra persona o mejor dicho por el poder que lo domina a él. Pero no le resultaría, con ella no.

Es que a caso tu dueño no te enseño que para hacerse hombre debes dejar de ser un idiota y Dio que tu lo eres por completo.

Le dijo mirándolo de la misma forma, pero a la vez desafiante con una sonrisa que no titubeaba. En los ojos de ella había odio, un odio que recalco en cada palabra que dijo. Detestaba s aquellos hombres que con tan solo vestirse con ese horrendo uniforme, se creían superiores y trataran al resto como basura como si fueran abominaciones. Destruir sus vidas como si fuera algo divertido y normal. ¿Cómo podían ver a gente llorar, gritar y suplicarles piedad  mientras estos se  reían y los miraban de esa forma tan inhumana? Elia no lo soportaba y no le iba a dar el gusto a aquellos servidores del diablo.
Ustedes no son nada más que perros, perros falderos y mediocres que lo único para lo que sirven es para destrozar y hacer sufrir a la gente. No se confíen mucho, porque a la primera falla su dueño imbécil y desquiciado los dejara tirados o los enviara a los lugares con los que ahora son sus enemigos. Los dejara tirados en la basura, donde pertenecen.
Le dijo resaltando con creces la última palabra y, mirando al soldado a los ojos y con una expresión de absoluta valentía y sin miedo alguno. El soldado estallo en la ira y golpeo a Elisa. Esta cayo a la piso con una mano en el rostro.

¡¿Cómo te atreves desgraciado?!

Se escucho gritar y de un momento a otro el soldado salió para atrás. Elisa vio la espalda de su hermano y nunca se sintió más agradecida con él, como en ese momento.
Si vuelves a tocar a mi hermana, morirás de la misma manera de nosotros: a golpes.
Le dijo David amenazadoramente y mirando al soldado que aún aturdido por el golpe estaba en el suelo.

Mira que divertido: La mierda defendiendo a su prole.

Se burlo este riéndose de forma desdeñosa.

Yo pensé que los judíos eran buenos para solo una cosa: revolcarse en su avaricia y salvar su pellejo.

Dijo el soldado. David trato de tranquilizarse, pero cuando vio que el soldado sacaba un encendedor de su bolsillo y lo miraba de una forma sádico y estúpido y le dijo

Hagamos un experimento

Y encendió una parte de la casa.

¡Maldito imbécil!

Grito lleno de rabia David y se arrojo sobre el haciendo que el encendedor volara y callera al suelo rompiéndose.

¡Mamá, papá!

Gritaba Elisa y Joana. Elisa trato de levantarse pero su pierna no se movió y se sintió mareada. Joana la atrapo preocupada por la palidez de su hermana y a la vez por su padre y su hermano. El fuego trepaba por la casa y muy pronto el aire se lleno de humo haciendo que ya la tensión en el pecho y la sensación de asfixia de las dos hermanas se incrementara y que a Joana le costara cada vez mas saber qué hacer.

Joana has algo por favor

Le suplicaba Elisa desesperada por aquel impedimento. Joana estaba asustada y temblaba de pies a cabeza. Tomo un pedazo de madera y sintiendo como todos sus pelos se ponían de punta y una sensación de seguridad y aceleración le invadía golpeo en la espalda al soldado que en ese momento estaba encima de su hermano y lo golpeaba fuertemente y de una forma tan grotesca que este estaba con la cara llena de sangre y tenía una expresión de ido y de dolor profundo.

¡Aléjate de él, suéltale ya desgraciado, déjalo en paz!

Gritaba a todo pulmón Joana golpeando con más fuerza y con lágrimas en los ojos. El soldado la miro con una cara de desquiciado y con unos ojos aterradores. Tomo a Joana del brazo y la empezó a sacudir.

¿Te gusta ser ruda?, ¿Qué te parece esto?

Le decía mientras la empujaba y la volvía a tomar violentamente. Elisa sintió una furia inundando todo su cuerpo y tomando el pedazo que se hermana se le había caído golpeo con fuerza en la cabeza al soldado. Este grito de dolor y con una expresión de sorpresa e ira se dio vuelta y cuando estaba a punto de golpearla se escucho un disparo.

¡Salgan de mi casa ahora si no quieren que los mate! ¡Lárguense!

Grito el padre de los hermanos

¡Sal de mi casa imbécil, ¿no me escuchaste? púdrete y lárgate!

Se escucho gritar adentro a su madre, mientras que con un palo golpeaba a otro de ellos. Fuera lo que fuera que pasaba ahí, era obvio que quien llevaba la ventaja era su padre.

¡Lárguense!

Grito Noah amenazándolos con el arma y disparándoles justo cerca de donde estaba uno de ellos. Los dos soldados se fueron cojeando y empujándose uno al otro.

¡Esto no ha terminado, despídanse para siempre judíos!

Dio el que había estado a punto de golpear a Elisa. Noah  apago el fuego y fue donde ella, que ya estaba a punto de desvanecerse, y donde Joana. Su madre soltó el palo y fue donde David, el cual estaba reaccionando.

¡Papá!

Sollozaban ambas. Noah las tenía abrazadas a las dos apretujándolas en su pecho agradeciendo a Dios. David se levanto, hizo a un lado a su madre y tomo a Elisa por los hombros.

¡No te dije que te detuvieras! ¡Eres sorda o estúpida! ¡Respóndeme!

Exclamaba sacudiéndola con un tono alterado y a la vez angustiado. Elisa se dio cuenta de lo impulsiva que había sido.

Perdón, perdóname David

Le suplicaba sintiendo como la culpa la invadía al ver el rostro de su hermano lleno de moretones y sangre.

Perdóname

Sollozaba ella abrazando a David. Este le devolvió el abrazo fuertemente, llorando agradecido y soltando todo el pavor que había tenido encerrado

Lo siento tanto

Lloraba Elisa sobre el pecho de su hermano.

Tranquila

Le decía él. Su padre los atrajo hacia él y con lágrimas en el rostro miro al cielo y dijo

Gracias Dios mío

Cuando el pánico y la tensión pasaron, entraron a la casa y Elisa sintió como el alma se le derrumbaba. Su piano estaba ardiendo. Sus ojos sufrían al ver aquel despiadado acto, el ver como el fuego aumentaba y como de repente sentía como la quemaban junto a él y se sintiese cada vez más débil.

¡Los odio, los odio maldita sea!

Gritaba desesperada tratando de apagarlo. Su padre la tenía sujeta y trataba de tranquilizarla. Elisa vio todas las tardes llenas de un acogedor calor hogareño y risas repleta de música y alegría esfumarse en las ultimas llamas y como una parte de su ser era destrozada en mil pedazos. Un vacio la llenaba y se hacía cada vez más grande conforme miraba lo que quedaba y se decía a si misma que era la realidad, por cruel que fuera.
¡Los aborrezco, les detesto con todo mí ser!

Exclamaba débilmente sollozando.

No los odies a ellos, odia a la guerra.

Le dijo su padre. Elisa se dejo caer en su pecho y se puso las manos sobre los ojos llorando desconsoladamente. David miro la casa y dijo a su padre con un tono de irritación y desafío.

¿Y ahora que haremos?, ¿seguir así como si nada?, ¿tenerles compasión por ser víctimas a pesar de que torturan a sus iguales?

Nos iremos, eso es seguro al anochecer.

Le dijo su padre calmado o quizás tratando de calmarse sin dejar de abrazar a su hija. Elisa no oía, quería largarse de ese lugar, volver al pasado, odiaba el ahora.
En la noche, una hora después de las doce, los tres hermanos estaban en la sala principal. Elisa estaba apoyada en las piernas de David y Joana en el hombro de este, tratando de respirar normal y arrugando las mangas de sus abrigos para disminuir la angustia y nerviosismo que les recorría el cuerpo como un arma probando su filo. David tenía la mirada perdida y de repente dijo.

Prométemelo

Las dos hermanas se miraron preguntándose a quien se dirigía y al final acordaron en que Joana respondería.

¿Qué?

Que nunca más nos separaremos, que si mamá y papá mueren nos mantendremos unidos ante cualquier cosa.

Dijo él. Elisa lo miro a los ojos y sintió como una sensación de soledad asedia su corazón haciendo que este se retorciera y le cortara la voz. Así se sentiría si no estaba con sus hermanos, tomo la mano de su hermano y con una mirada seria y llena de afecto le dijo.
Lo prometo.

Yo también

Dijo Joana. David  suspiro agotado, aliviado y ansioso.

No quiero perderte.

Le dijo Elisa recordando lo que paso en la tarde. Abrazo a David con fuerza y le suplico con los ojos brillantes.

No te vayas nunca

Un sentimiento de miedo le oprimió el pecho y sentía que si e cualquier momento perdía de vista a si hermano lo perdería para siempre

De eso no tengas dudas, juro por Dios que nunca te dejare sola.

Dijo David y abrazo a sus dos hermanas.


Tengo miedo

Les confeso con la voz quebrada.
Nosotras también

Le dijeron ambas

Tranquilo, yo te defenderé

Le dijo Elisa sonriéndole. David se rio y la miro con cariño

Te quiero Elisa y mucho.

Y yo a ti


Le dijo esta y se quedaron así sin si quiera ocurrírseles que la promesa que habían hecho se cumpliría más pronto  de lo que esperaban.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario