Capitulo 4: Un ayer tormentoso y una promesa
Elisa
recordó la primera vez que toco el piano. Su padre la había sentado en sus
piernas y le tomo la mano. Le hizo conocer las notas, los acordes en todas sus
inversiones y formas de tocar y luego con suma terneza y dedicación le ayudo a
tocar una canción de cuna. Elisa, desde ese momento se sintió más unida a su
padre y sobre todo al piano, el cual a pesar de que a ella le habían inculcado
un aprecio por todas las artes musicales era su favorito, su mejor amigo con el
cual podía compartir tristezas y cosas de la vida que la música puede dar un
sentido más significativo que cuando lo hacemos con la mente fría. El solo
tocarlo, le producía un estado de éxtasis y que liderada por aquellas fuerzas
celestiales que salían del instrumento aumentaba según mas tocaba el piano y
mientras conocía más a fondo todo lo que es el mundo e la música en todo su
esplendor. Desde ese momento, siempre en las noches se sentaba en el piano y
explotaba a fondo ese instrumento, el cual con su sonido arrebatador de las
voces humanas y de los latidos del corazón y además de que era completamente
innovador y sorpresivamente seductor la conquisto de inmediato. No sabía cuántas
horas pasaba ahí, pero eran las mejores de su vida. Le complacía tanto escuchar
a sus padres y a sus hermanos hablar de sus vidas, reírse y cantar con ella las
melodías. Era el mejor regalo que le podían dar, además de la vida. El solo
poder compartir y el sentirse así de apoyada, acogida, amada por todos sus
seres queridos le hacia el ser más feliz de la tierra. Las noches eran dignas
de recordar ya que eran tiempos más placenteros y tranquilos que se podían
vivir. Elisa podría haber llamado a eso la edad de oro, en la cual su infancia
se formo desde la forma más pequeña e inocente hasta convertirse en una
golondrina lista para afrontar los vientos, pero con compañía. Aquella compañía
tan valiosa que era su familia y que sabía que no la dejarían nunca, como ella
a ellos tampoco.
Todo eso
se opaco cuando un día en que sus hermanos y ella regresaban del instituto se
encontraron la casa oscura, la puerta se hallaba abierta totalmente con el
seguro abierto y las cortinas estaban caídas, incluso algunas cortadas. Vidrios
cubrían el piso y un viento frio causaba que el aura de la casa fuera de
abandono total y de irritación y inquietante. Elisa alarmada corrió hasta la
puerta. Sus hermanos la siguieron tratando de detenerla pues sabían muy bien lo
que pasaba y también conocían el futuro que le iba a pasar a ella si es que no
hacían algo. La tomaron de los hombros, pero ella parecía ausente y les daba
golpes en los brazos para que la soltaran. Una inquietud y una intuición le
decía que algo terrible estaba pasando en su casa, no solo por la expresión de
sus hermanos sino porque desde la mañana había visto a tipo merodear por su casa
con una expresión perversa y maléfica. Las caras de sus padres se habían
quedado grabadas en su mente y desde ese momento sintió un presentimiento agudo
durante todo el día y que al final creyó no ser cierto. Se había equivocado al
creer eso. Por el suelo se esparcían los restos de vidrio, libros y muebles
quemados.
¡Suéltenme!
¿Es que acaso no ven lo que pasa?
Exclamaba
desesperada y tratando de escapar de los fuertes brazos de su hermano.
Por eso
mismo debes quedarte aquí
Le dijo
David sujetándola fuertemente, pero al igual que su hermana también sentía un
impulso muy potente que le obligaba a intentar moverse, Joana estaba nerviosa y
miraba a David intentando decidir qué hacer. Elisa los miraba sin entender y le
causaba un dolor insufrible el no poder estar allá. Algo terrible estaba
pasando y sentía que si no lo hacía algo el asunto iba a empeorar.
¡Noah!
Se
escucho gritar desgarradoramente a una voz cargado de terror. Elisa le dio un
codazo a su hermano y corrió a su casa.
¡Elisa
detente!
Con una
voz adolorida por el codazo y a la vez seria, ronca y alarmada. Elisa hizo
iodos sordos. Su vista se le iba nublando por aquella angustia y todo a su
alrededor parecía caerse. El cielo parecía borroso y sentía un leve mareo. Una
sed de rabia y a la vez de querer proteger a sus padres le hacía hervir la
sangre al igual que otros sentimientos que iban surgiendo desde los lugares más
escambrosos y difíciles de alcanzar, hasta incluso para el mismo dueño, de los
fondos de nuestra alma. Era la primera vez que los sentía, rencor, odio y un desdén
tan desgarrador e irreal. Le parecía que ya no era la misma persona y que esta
se había adueñado de su ser causando tormentas en su cabeza y en sus
pensamientos con ideas diferentes que al final serán desplomadas por aquellas
olas causadas por el furor que le ardía en su ser y que no le dejaba ni una gota
de razón. Sentía escalofríos violentos por todas partes causándole un frio
constante, pero su hermano no podría hacer nada para convencerla de lo
contrario. Estaba decidida y segura, tal como marino se lanza al alto mar o
también cuando jóvenes nos atrevemos a dar el gran salto hacia un acantilado
que al principio nos puede parecer aterrador y intimidante, pero a la medida
que vamos cayendo vamos aprendiendo de los que nos rodea. De la rapidez de las
cosas, de cómo todo cambio de un día para otro. Las ideas, costumbres, maneras
de ver, mentes abiertas o completamente resentidas a cualquier ventana que de
una luz desconocida. Todo eso implica seguir adelante, lo que nos espera, la
vida que algún día deberemos vivir o que estamos sintiendo en carne propia en
este mismo momento.
¡Mamá!
Gritaba,
pero no recibió respuesta. Elisa sintió un miedo atormentador e inmenso
aferrándose a cada parte de su cuerpo haciendo que este temblara peligrando el
equilibrio de él y que Elisa se balanceara de lado a lado.
¡Mamá respóndeme!,
¡papá!
Volvió a
gritar sin creer lo que por un momento en su mente se había cruzado como in
pinchazo. Sin darse cuenta tropezó con un pedazo de cemente y al tratar de
agarrase de la puerta esta se abrió e hizo que cayera sin remedio al piso
bruscamente en medio de los pedazos de vidrio. Elisa grito de dolor, sintiendo
como los vidrios le abrían la piel y viendo como el suelo se llenaba de sangre.
En ese momento apareció un hombre de adentro con una expresión de satisfacción,
pero al ver a Elisa cambio bruscamente a una de inquietud y de desprecio. Elisa
lo vio a medias, pues el dolor hacia que la vista se volviera cada vez menor y
el olor a sangre la causara nauseas. Su piel se volvía cada vez más pálida y su
expresión se volvía cada vez más grave. El hombre la miro burlón y altivo. Con
una cara deformada por las emociones que se habían formado en ella: de asco,
repugnancia y desaire. Elisa sentía que a través de esas miradas trataba de
hacerla sentirse como un ser inferior, como todos los demás inútiles y
mentirosos además de ciegos que se creen con el derecho de hacer daño y
despreciar a los demás, sin darse cuenta de que están siendo manejados por otra
persona o mejor dicho por el poder que lo domina a él. Pero no le resultaría,
con ella no.
Es que a
caso tu dueño no te enseño que para hacerse hombre debes dejar de ser un idiota
y Dio que tu lo eres por completo.
Le dijo
mirándolo de la misma forma, pero a la vez desafiante con una sonrisa que no
titubeaba. En los ojos de ella había odio, un odio que recalco en cada palabra
que dijo. Detestaba s aquellos hombres que con tan solo vestirse con ese
horrendo uniforme, se creían superiores y trataran al resto como basura como si
fueran abominaciones. Destruir sus vidas como si fuera algo divertido y normal.
¿Cómo podían ver a gente llorar, gritar y suplicarles piedad mientras estos se reían y los miraban de esa forma tan inhumana?
Elia no lo soportaba y no le iba a dar el gusto a aquellos servidores del
diablo.
Ustedes
no son nada más que perros, perros falderos y mediocres que lo único para lo
que sirven es para destrozar y hacer sufrir a la gente. No se confíen mucho,
porque a la primera falla su dueño imbécil y desquiciado los dejara tirados o
los enviara a los lugares con los que ahora son sus enemigos. Los dejara tirados
en la basura, donde pertenecen.
Le dijo
resaltando con creces la última palabra y, mirando al soldado a los ojos y con
una expresión de absoluta valentía y sin miedo alguno. El soldado estallo en la
ira y golpeo a Elisa. Esta cayo a la piso con una mano en el rostro.
¡¿Cómo te
atreves desgraciado?!
Se
escucho gritar y de un momento a otro el soldado salió para atrás. Elisa vio la
espalda de su hermano y nunca se sintió más agradecida con él, como en ese
momento.
Si
vuelves a tocar a mi hermana, morirás de la misma manera de nosotros: a golpes.
Le dijo
David amenazadoramente y mirando al soldado que aún aturdido por el golpe
estaba en el suelo.
Mira que
divertido: La mierda defendiendo a su prole.
Se burlo
este riéndose de forma desdeñosa.
Yo pensé que
los judíos eran buenos para solo una cosa: revolcarse en su avaricia y salvar
su pellejo.
Dijo el
soldado. David trato de tranquilizarse, pero cuando vio que el soldado sacaba
un encendedor de su bolsillo y lo miraba de una forma sádico y estúpido y le
dijo
Hagamos
un experimento
Y encendió
una parte de la casa.
¡Maldito
imbécil!
Grito
lleno de rabia David y se arrojo sobre el haciendo que el encendedor volara y
callera al suelo rompiéndose.
¡Mamá,
papá!
Gritaba Elisa
y Joana. Elisa trato de levantarse pero su pierna no se movió y se sintió
mareada. Joana la atrapo preocupada por la palidez de su hermana y a la vez por
su padre y su hermano. El fuego trepaba por la casa y muy pronto el aire se
lleno de humo haciendo que ya la tensión en el pecho y la sensación de asfixia
de las dos hermanas se incrementara y que a Joana le costara cada vez mas saber
qué hacer.
Joana has
algo por favor
Le
suplicaba Elisa desesperada por aquel impedimento. Joana estaba asustada y
temblaba de pies a cabeza. Tomo un pedazo de madera y sintiendo como todos sus
pelos se ponían de punta y una sensación de seguridad y aceleración le invadía
golpeo en la espalda al soldado que en ese momento estaba encima de su hermano
y lo golpeaba fuertemente y de una forma tan grotesca que este estaba con la
cara llena de sangre y tenía una expresión de ido y de dolor profundo.
¡Aléjate
de él, suéltale ya desgraciado, déjalo en paz!
Gritaba a
todo pulmón Joana golpeando con más fuerza y con lágrimas en los ojos. El
soldado la miro con una cara de desquiciado y con unos ojos aterradores. Tomo a
Joana del brazo y la empezó a sacudir.
¿Te gusta
ser ruda?, ¿Qué te parece esto?
Le decía
mientras la empujaba y la volvía a tomar violentamente. Elisa sintió una furia
inundando todo su cuerpo y tomando el pedazo que se hermana se le había caído
golpeo con fuerza en la cabeza al soldado. Este grito de dolor y con una
expresión de sorpresa e ira se dio vuelta y cuando estaba a punto de golpearla
se escucho un disparo.
¡Salgan
de mi casa ahora si no quieren que los mate! ¡Lárguense!
Grito el
padre de los hermanos
¡Sal de
mi casa imbécil, ¿no me escuchaste? púdrete y lárgate!
Se
escucho gritar adentro a su madre, mientras que con un palo golpeaba a otro de
ellos. Fuera lo que fuera que pasaba ahí, era obvio que quien llevaba la
ventaja era su padre.
¡Lárguense!
Grito
Noah amenazándolos con el arma y disparándoles justo cerca de donde estaba uno
de ellos. Los dos soldados se fueron cojeando y empujándose uno al otro.
¡Esto no
ha terminado, despídanse para siempre judíos!
Dio el
que había estado a punto de golpear a Elisa. Noah apago el fuego y fue donde ella, que ya estaba
a punto de desvanecerse, y donde Joana. Su madre soltó el palo y fue donde
David, el cual estaba reaccionando.
¡Papá!
Sollozaban
ambas. Noah las tenía abrazadas a las dos apretujándolas en su pecho
agradeciendo a Dios. David se levanto, hizo a un lado a su madre y tomo a Elisa
por los hombros.
¡No te
dije que te detuvieras! ¡Eres sorda o estúpida! ¡Respóndeme!
Exclamaba
sacudiéndola con un tono alterado y a la vez angustiado. Elisa se dio cuenta de
lo impulsiva que había sido.
Perdón,
perdóname David
Le
suplicaba sintiendo como la culpa la invadía al ver el rostro de su hermano
lleno de moretones y sangre.
Perdóname
Sollozaba
ella abrazando a David. Este le devolvió el abrazo fuertemente, llorando
agradecido y soltando todo el pavor que había tenido encerrado
Lo siento
tanto
Lloraba Elisa
sobre el pecho de su hermano.
Tranquila
Le decía él.
Su padre los atrajo hacia él y con lágrimas en el rostro miro al cielo y dijo
Gracias
Dios mío
Cuando el
pánico y la tensión pasaron, entraron a la casa y Elisa sintió como el alma se
le derrumbaba. Su piano estaba ardiendo. Sus ojos sufrían al ver aquel
despiadado acto, el ver como el fuego aumentaba y como de repente sentía como
la quemaban junto a él y se sintiese cada vez más débil.
¡Los
odio, los odio maldita sea!
Gritaba
desesperada tratando de apagarlo. Su padre la tenía sujeta y trataba de
tranquilizarla. Elisa vio todas las tardes llenas de un acogedor calor hogareño
y risas repleta de música y alegría esfumarse en las ultimas llamas y como una
parte de su ser era destrozada en mil pedazos. Un vacio la llenaba y se hacía
cada vez más grande conforme miraba lo que quedaba y se decía a si misma que
era la realidad, por cruel que fuera.
¡Los
aborrezco, les detesto con todo mí ser!
Exclamaba
débilmente sollozando.
No los
odies a ellos, odia a la guerra.
Le dijo
su padre. Elisa se dejo caer en su pecho y se puso las manos sobre los ojos
llorando desconsoladamente. David miro la casa y dijo a su padre con un tono de
irritación y desafío.
¿Y ahora
que haremos?, ¿seguir así como si nada?, ¿tenerles compasión por ser víctimas a
pesar de que torturan a sus iguales?
Nos
iremos, eso es seguro al anochecer.
Le dijo
su padre calmado o quizás tratando de calmarse sin dejar de abrazar a su hija. Elisa
no oía, quería largarse de ese lugar, volver al pasado, odiaba el ahora.
En la
noche, una hora después de las doce, los tres hermanos estaban en la sala
principal. Elisa estaba apoyada en las piernas de David y Joana en el hombro de
este, tratando de respirar normal y arrugando las mangas de sus abrigos para
disminuir la angustia y nerviosismo que les recorría el cuerpo como un arma probando
su filo. David tenía la mirada perdida y de repente dijo.
Prométemelo
Las dos
hermanas se miraron preguntándose a quien se dirigía y al final acordaron en
que Joana respondería.
¿Qué?
Que nunca
más nos separaremos, que si mamá y papá mueren nos mantendremos unidos ante
cualquier cosa.
Dijo él. Elisa
lo miro a los ojos y sintió como una sensación de soledad asedia su corazón
haciendo que este se retorciera y le cortara la voz. Así se sentiría si no
estaba con sus hermanos, tomo la mano de su hermano y con una mirada seria y
llena de afecto le dijo.
Lo
prometo.
Yo
también
Dijo
Joana. David suspiro agotado, aliviado y
ansioso.
No quiero
perderte.
Le dijo Elisa
recordando lo que paso en la tarde. Abrazo a David con fuerza y le suplico con
los ojos brillantes.
No te
vayas nunca
Un
sentimiento de miedo le oprimió el pecho y sentía que si e cualquier momento perdía
de vista a si hermano lo perdería para siempre
De eso no
tengas dudas, juro por Dios que nunca te dejare sola.
Dijo
David y abrazo a sus dos hermanas.
Tengo
miedo
Les confeso
con la voz quebrada.
Nosotras
también
Le
dijeron ambas
Tranquilo,
yo te defenderé
Le dijo Elisa
sonriéndole. David se rio y la miro con cariño
Te quiero
Elisa y mucho.
Y yo a ti
Le dijo
esta y se quedaron así sin si quiera ocurrírseles que la promesa que habían
hecho se cumpliría más pronto de lo que
esperaban.
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