Capitulo 8
Evangeline sintió que se precipitaba abruptamente a un
acantilado. La sensación angustiosa de que la caída era verdadera la envolvía y
cuando iba a caer a la profunda oscuridad que parecía absorberte abrió los ojos
horrorizada con la respiración agitada y con el corazón rebotando desenfrenado,
sin poder encontrar alivio aun y causando que todo lo que se encerraba en el
alma y mente de Evangeline se viera reflejado en todo lo que la rodeaba. La
agitación y el terror se habían presentado tan de repente que Evangeline aun le
costaba poder calmar el dolor de cabeza y el dolor del pecho. Se presento tan
súbitamente como los problemas en la vida sin que nadie pudiera prevenirlos y
evitarlos. Todo como una tormenta devastadora que se detendría cuando la
humanidad dejara de estar sumergida en ambiciones y deseos egoístas que cegaban
cualquier otro rumbo mucho mas lleno de paz y que no traía más catástrofes a
los que los rodeaban. Al abrir los ojos la luz del sol casi la cegó y esta vez sí
que pudo haber caído de verdad ya que estaba subida a la rama de un árbol. Soltó
un grito ahogado agarrándose trastornada y todavía atontada por la pesadilla
tratando de pasar todas sus inquietudes y desesperanzas al tronco y poder creer
que no existían en su corazón. Sus ojos parecían perdidos y en su rostro se
dibujaban la confusión y un presentimiento que junto con lo anterior hacia
parecer que Evangeline pasaba por un momento crítico.
¿Qué es esto? , ¿Por qué siento este presentimiento? Damián…
Pensó cruzándose por su mente todas esas preguntas como
sombras acechantes y finalmente
apareciendo su hermano en medio. El pánico la asedio y tratando de calmarlo se balanceó
haciendo que el libro que leía cayera en la cabeza de su hermana. Esta, que no se había dado cuenta de lo que en
aquellos momentos había quebrado la tranquilidad de Evangeline y sacudido hasta
producirle un desorden que se volvía cada vez mayor. Tan metido se encontraba
en su lectura de poesía y al mismo tiempo en Voltaire que este golpe fue como
si quebraran un jarrón y que le produjo un gran dolor en su cabeza. Miro hacia
arriba a su hermana pasándose la mano por la cabeza y con el ceño fruncido.
Hay mejores maneras de llamar la atención, ¿lo sabías?
La voz de su hermana la saco de sus cavilaciones como un
haz de luz momentáneo.
¿Qué?
Pregunto sintiéndose mareada por las emociones recientes.
Su hermana la miro extrañada y al mismo tiempo con un interés agudo ya que no
siendo nada ciega podía leer en el rostro de su hermana lo que sentía y
pensaba, cosa que Evangeline no se daba cuenta y lo cual no sabía si agradecer
o lamentar. Según Constance no importaba pues la gran mayoría de la gente no se
da cuenta cuando es un libro abierto.
¿Sueños extraños?
Pregunto tanteando el terreno. Evangeline suspiro y se
bajo de un salto de la rama sentándose al lado de su hermana y le dijo en tono
pensativo y con voz ronca.
Más bien odiosos y desorientadores.
Constance trato de analizar las palabras de su hermana y
darle un significado. Conocía muy bien
aquella sensación, pero podía significar diversas cosas para las personas a las
cuales les toca vivirlas. Entonces en su mente apareció el encuentro de aquella
mañana y sonriendo de manera cómplice miro a su hermana inquisitivamente.
Evangeline que trataba de calmarse y al mismo tiempo trataba de encontrarle el
sentido a aquel presentimiento que por alguna razón apuntaba a Damián una y
otra vez, se dio cuenta e incómoda y tratando de que no se le notara le
pregunto.
¿Se puede saber que significa esa mirada?
Constance sonrió divertida y lista para dar su opinión,
la cual creía era la causa de la desorientación de su hermana.
Hermana querida, yo siendo la menor y que solo se esto
por poesía y novelas entiendo mucho mejor lo que te está pasando.
Dijo ella. Evangeline la miro con los ojos entrecerrados
y al mismo tiempo con una ansiedad que empezaba a crecer en su interior. Se
acerco a su hermana y le dijo.
Dímelo
Todos saben que la desorientación es un sentimiento y a
la vez una realidad en la vida, pero en esta situación sin duda es provocada
por dos sentimientos que junto con la propia personalidad forman un circulo y
dependiendo de la situación puede llegar a ser un feliz final o quizás uno que
con tan solo mencionarlo te amarga el alma. Me refiero al odio y el amor los cuales
estuvieron muy presentes esta mañana.
Dijo mirando con una mirada obvia y modulando la voz. No sabía
porque una risa incontrolable urgía por salir, pero quería mantener la postura
de experta que se había propuesto demostrar. Evangeline capto enseguida el
mensaje y como si fuera magia los ojos de Elliot se le aparecieron dejándola
petrificada y con una sensación de languidez y cosquilleos agradables. Aquellos
ojos serios que escrutaban tu ser.
Evangeline deseaba que pudiera estar cerca de ellos, sentir su mirada para toda
la vida ya que la sensación era única y maravillosa. Le provocaba un
sentimiento abrazador y al mismo tiempo abrumador. Se sonrojo y tratando de
ocultar una sonrisa nerviosa dijo.
No sé de qué me estás hablando.
Por favor Evangeline. Como claro es el rio que fluye con ligereza
junto con el viento es que tu y aquel joven se sienten atraídos y si me arriesgo
a decir más es que se enamoraron.
Le dijo exasperada Constance cerrando los ojos.
Evangeline no se atrevía a mirarla. Esos ojos. ¿Por qué la dominaban?, ¿por qué parecía que
cada vez que recordaba aquella mirada tan llena de sentimientos que se
contradecían y almacenaba un alma llena de pasión y seguridad, pero al mismo
tiempo una suavidad y tranquilidad como la voz
de una madre al tranquilizar a su hijo? Todo le atraía y al mismo tiempo
sentía que la quemaba con solo estar cerca de su presencia. Sentía que chocaba
con él, pero que su ser deseaba abrazarse y fusionarse a él para saber más de
su persona y corazón. Evangeline sentía que su corazón se mecía con placer en
aquellos sentimientos y que ese mismo placer la envolvía a ella y todo su ser
haciéndola sentirse como nueva y que la tristeza que había sentido de manera
tan angustiosa se alejaba como una nave en altamar.
No sé qué pensar, es como si en mi vida hubiese un cambio
bruco, como si empezara a girar y mi alma se llenara de sabores tentadores y
seductores que llevan mi corazón a sentirse tan ligero como para emprender
vuelo y que nadie lo pudiese detener salvo su provocador.
Le confesó a su hermana con una sonrisa tierna e
ilusionada, pero recordé como le hablo cuando se conocieron y la rabia y la
irritación se presentaron.
No es más que un egocéntrico y un antipático.
Dijo con enfado, enojada con las emociones anteriores y
con las de ahora que le produjeron aturdimiento. Constance sonrió
encantada, satisfecha y con cariño.
¿No te lo dije?
Evangeline la miro y rio. Se dijo llevar por aquellos
sentimientos liberando sus pensamientos para que estos crecieran como las
raíces de un gran árbol. Su corazón parecía ser acariciado por una suave brisa.
Sonreía encantada y con una felicidad totalmente nueva. Era como si una ola
estuviera encima de ella y pudiera ver y darse cuenta de que aquellas nuevas
sensaciones le llevaban a sus sueños y deseos. ¿Sería amor? Le gustaba, pero lo
odiaba por lo que había dicho. Sonreía cada vez que lo recordaba y tuvo que
reconocer que entre el amor y el odio sin duda alguna ganaba el primera. Se
estaba enamorando.
De repente un ruido entre las rocas la saco de sus
pensamientos y puso todos sus sentidos en alerta. Se paro instintivamente y
busco con la mirada al responsable. Constance también sintió el peligro como si
la misma corriente eléctrica que recorría a Evangeline con tan solo oír el
ruido se haya pasado a ella.
¿Quién anda ahí?
Pregunto Evangeline valientemente, pero sintiendo un levo
temblor en su cuerpo, el cual trataba de detener ya que si lo que sospechaba
era cierto, el causante de aquel ruido podría sentir el miedo a kilómetros de
distancia. Todo seguía en silencio, un silencio inquietante y expectante que hacía
que ambas hermanas no pudieran moverse y de repente todo a su alrededor se
volviera agresivo y que cada ruido o leve movimiento fuese el avisa de una muerte
segura. El rio de repente para ellas sonaba estruendosamente y no hacía más que
poner de punta los pelos de Evangeline y Constance.
Evangeline
Murmuro insegura y temerosa, pero de repente Evangeline
se vio tirada hacia atrás, con un cuchillo apuntándole la garganta.
Ahora vas hacer lo que yo te diga damita
Evangeline sintió ese aliento nauseabundo y lleno de
alcohol chocando contra ella como si se estrellara contra una puerta. Por un
momento la sorpresa y un repentino miedo la había paralizado y hacia que su
cuerpo templara levemente, pero cuando tofo aquello desaparecía como la paz que
su hermana y ella creyeron encontrar en aquel lugar, sintió unas fuerzas en su
interior que la impulsaban a rebelarse. Forcejeo tratando de golpear al bandido
con sus pies, pero este la agarro con más fuerza y con brusquedad la tiro al
suelo. Evangeline sentía el frio suelo en la mejilla. Una desesperación que
no era nada aconsejable la empezó a
pinchar de una forma imperceptible, pero cuando sus ojos vieron al frente fue
como si miles de flechas se clavaran. Estaban tratando de abusar de Constance.
Esta angustiada y aterrorizada trataba de soltarse y empujaba a su agresor con
efecto ya que este se tropezó y cayó al piso. El bandido que tenia agarrada por
detrás a Evangeline saco una voz que espanto tanto a sus victimas como al
compañero del crimen.
¡Muévete imbécil!, ¿te vence una mocosa? ¡Sujétala bueno
para nada!
El otro se movió e intento otra táctica. Agarro a
Constance por la espalda y la levanto. Constance pataleaba con el terror
reflejado en el rostro.
¡Suéltenme!, ¡por favor déjeme!
Sollozaba desesperada. Evangeline sentía el dolor en las
manos como si le clavaran clavos. No podía hacer nada y eso la estaba matando.
Se sacudió ferozmente y grito con potencia.
Dejen a mi hermana, suéltenme malditos, ¡déjenla!
El bandido le dio una cachetada que por un momento la
dejo aturdida. El otro tenia a Constance en el suelo y Evangeline pudo observar
con horror que estaba inconsciente y como el otro le empezaba a sacar el vestido.
¡Ayúdenme!, ¡socorro!, déjala por favor
Suplicaba desesperada. El bandido le tomo el rostro y le
miro de una forma lasciva y espantada. Evangeline sintió una ira y odio
creciente que junto con el latir de su corazón le causaba un fuego interior
como nunca antes había sentido. Lagrimas de impotencia y angustia le recorrían
el rostro.
Pronto será tu turno.
Le murmuro el otro al oído se forma macabra y pervertida.
Evangeline lo miro con repulsión, desdén y le escupió en la cara. El se limpio
el rostro y cuando le dirigió de nuevo la mirada esta sintió un escalofrió
recorriéndola de pies a cabeza. En aquellos ojos vivía el mismo diablo. Golpeo
a Evangeline y esta con la mejilla ardiéndolo y sintiendo que algo caliente le caía
por el labio se preparo para lo peor.
Maldita infeliz
Le susurro el bandido con desprecio.
El único infeliz eres tú
Evangeline al escuchar esa voz se quedo helada, con un
calor y suavidad entrando en su pecho y calmándose de aquel terror que lo había
dominado.
Elliot
Murmuro sin creerlo. De repente se sintió liberada, pero
no podía moverse. Incrédula e impresionada veía como Elliot golpeaba al bandido
con fiereza y con los ojos llenos de ira y lagrimas. Evangeline sintió como
unos brazos la levantaban delicadamente, pero también con decisión. Sus ojos no
se podían despegar de él. Su preocupación
se mezclaba con aquel sentimiento que recién había dado a luz y le
causaba una sensación agobiante. Entonces vio quien la levantaba. Un joven de
facciones suaves y una nariz ligeramente encorvada pero con unos rasgos
atractivos. Vio a su hermana en un caballo inconsciente y al otro bandido
tirado en el suelo de la misma manera.
¡Constance!
Exclamo. El joven la tranquilizo mientras la subía al
otro caballo.
Ella está bien, no le logro hacer nada.
Aun así Evangeline la miraba preocupada, pero un grito de
dolor la saco de aquella preocupación e hizo que esta se volviera con mayor
fuerza de lo que ya estaba. El bandido lo tenía en contra de un árbol y
lentamente con el cuchillo le cortaba un brazo. Elliot echo la cabeza para
atrás y le golpeo en la nariz. Este retrocedió adolorido y Elliot aprovecho
esto para empujarlo, pero el otro reacciono más rápido y lo golpeo en el
estomago. Miro a Evangeline, al joven y a Constance con unos ojos llenos de
perversidad y justo cuando se dirigía done estaban Elliot lo tiro al piso y le
grito a su compañero con un tono de suplica y orden.
¡Llévatelas ya!
Los caballos empezaron a andar y Evangeline con la cabeza
ardiendo se dio cuenta de lo que iba a pasar. Con indecisión al principio que
luego se transforme en una ira y pasión por aquel joven le había dado el placer
de sentir amor otra vez, salto del caballo tomando la espada que este cargaba.
¡Señorita!
Exclamo el otro incrédulo y alertándola. Pero Evangeline
no escucho, lo único que le importaba ahora era él y nadie más. Dando vuelta la
espada mientras corría, al llegar donde el bandido que en ese momento levantaba
el cuchillo Evangeline lo golpeo en la cabeza por detrás. El bandido cayo inconsciente,
encima de Elliot. Este miro a Evangeline con sorpresa, admiración, pero también
enojado. El bandido amenazaba con despertar, pero Elliot tomo fuertemente a
Evangeline de la mano y corrió al caballo. Con un movimiento la sabio a la
silla del caballo y cuando ambos estaban subidos el la miro de una forma tan
llena de deseo y alivio profundo como un bálsamo que curo una herida profunda y
dolorosa mezclado con un amor imposible de ocultar. Puso las manos de
Evangeline en su cintura y le dijo.
No te sueltes de mí.
Aquellos ojos y esa voz tan tentadores que seducía dejo
atontada a Evangeline que asintió y se sujeto fuertemente y apoyado empezó a
correr alejándose de aquel infierno que de repente para Evangeline con tan solo
tener cerca al nuevo dueño de su corazón se había transformado en esperanza y
felicidad que nunca iba a dejar ir.
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