Capitulo 7
Sentía que el frio lo impactaba, pero le fue inmune, un calor
abrazador y único lo llenaba y veía todo
de otra forma. La lluvia era cada vez más fuerte y Damián la sintió como un
toque suave de una mujer, dulce y tierna que olvido por completo hace poco la
circunstancias en que antes estaban. Justo en ese momento vio como su enemigo
le iba a golpear de nuevo y Damián abrió los ojos como platos se dio cuenta de
lo que su amigo se había hecho. Sentía lastima por el mezclada con el dolor de
ver finalmente su realidad, de perderlo. Tomo una piedra y le golpeo en la
cabeza con ímpetu y brío lo suficientemente fuerte para aturdirlo. Este cato al
piso con una mirada de sorpresa de desorientación. Damián se levanto lenta y
suavemente y le rodeo cuidando cada uno de sus pasos fuera silenciosos y que
apenas pisara. Sentía una sensación de alerte, seguridad y al mismo tiempo una
corriente que le recorría el cuerpo produciéndole pinchazos. Su cabeza estaba
hirviendo y aquel calor sofocante le nublaba los pensamientos. La pierna herida
que durante tanto rato parecía ausente se penetro con todo el dolor que
abarcaba. Damián trago saliva mientras apretaba los labios para aguantarse el
dolor insufrible que le había llegado como una cachetada. No sabía porque, pero
no podía moverse, a pesar de su cuerpo ardía de deseos de hacerlo, su mente
estaba en blanco y se sentía desorientado. El ver a su amigo tirado en el piso
derrotado al menos por ahora con una herida en la frente le había impactado de
una manera como nunca creyó posible. De un momento a otro sintió como si un
rayo le atravesara la cabeza con un recuerdo súbito.
Avísales
Recordó las palabras del capitán. Mirando
alternativamente al que solía ser su amigo y el camino que se encontraba detrás
de él sintió que la indecisión lo agobiaba. Nuevamente se sintió como un niño,
pero de inmediato fue remplazado por su nuevo yo y con la esencia que lo caracterizaba
domino su conciencia y le dijo
El ya eligió y no va a cambiar, ahora debo elegir yo.
Damián de a poco a poco fue sintiendo que la inseguridad
se iba como las nubes negras que dejaban al sol mostrar su brillo con todo
esplendor. Un orgullo y sentimiento de respeto hacia sí mismo y un deber
insistente que debía cumplir y que deseaba hacerlo. Le dio la espalda a su
amigo y miro el camino de tierra extenso que le llevaría a la salvación de los
demás luchadores de la libertad. Todo estaba en sus manos. Antes de dar el
primer paso, miro por última vez a su amigo y le dijo
Lo siento
Y empezó a caminar, para luego correr sintiendo que el
tiempo lo apremiaba y lo que dejo atrás
podría despertar para perseguirlo y darle muerte. Con la respiración agitada se
introdujo en el bosque lleno de arbustos, matorrales y de criaturas ocultas en
la mesura de estos observando sobrecogidos a aquel humano que parecía tener el
mismo sentimiento que ellos en el día de supervivencia. Damián se sentía
mareado, con la cabeza martillada y con una sensación de ahogo y de asco. Tenía
los pulmones hasta el límite, le dolía todo el cuerpo y la visión se le nublaba,
pero nada de eso lo detuvo. Un sentimiento de apuro lo dominaba y también de
ser atacado en cualquier momento. Finalmente, llego a una casa de reuniones que
estaba protegida por enormes arboles que la ocultaban de la luz del día y
también unas rocas terminaban por hacerla invisible, excepto para quien conoce
sus secretos y que puede ver a través de todo. Damián la miro aliviado y
ansiosa. Miro para atrás con la tensión y el pánico en los ojos, escuchando
cada ruido. El ruido de la lluvia al caer en los arbustos, el viento azotando
las plantas, los arboles y también el correr del agua y los animales. Todo
pasaba en cámara lenta y Damián trataba de encontrar algo que no perteneciera a
ese lugar a pesar del dolor de cabeza. Apretando los labios y las manos,
lentamente volvió la vista y salto las rocas sin prestar atención al ruido que
se había escuchado apenas siguió el camino. Damián solo tenía un objetivo y
nada mas importaba. Al llegar a la puerta la empujo con todas sus fuerzas,
cerrando los ojos con fuerza para aguantar el ardor en todo su cuerpo por las
magulladuras. Habían dejado la puerta trancada como una forma de seguridad. Una
vez que la abrió en el último intento
usando toda la fuerza que podía perdió el equilibrio y cayó en el umbral. La
pierna le dolía como si lo estuvieran estirando de los músculos sin compasión.
Se paro lentamente aguantando un gemido al apoyarse en la herida. Al mirar la
habitación sintió como una oleada de nostalgia lo inundaba, sus ojos ardieron
por las lagrimas. En aquella habitación que había estado llena de nerviosismo
antes del desastre se habían compartido penas, sueños, opiniones, alegrías y se
habían cruzado caminos que le habían
iluminado la existencia. En esa habitación había pasado tanto y a pesar
de que a veces sus compañeros no estaban de humor, sacaban su lado cómico para
no bajarles las ilusiones y las esperanzas a los demás. Damián se paseo
sintiendo en cada parte la presencia de sus amigos, con un nudo en la garganta
al recordar el discurso del capitán.
Los veré jóvenes con la libertad a nuestras puertas
Pero no paso
Susurro Damián triste. Pero aquel sentimiento desapareció
cuando recordó lo que soñó.
Olvida el pasado y concéntrate en el ahora. Es lo que
vale.
Se dijo así mismo. Busco el lugar donde estaban los
papeles para los avisos urgentes. Buscaba frenético en cada cajón hasta que
encontró en una mesa pequeña los papeles y todo lo demás. Damián tomo un rollo
de papel y con la pluma en mano empezó a dar las señales. Sentía que su corazón
temblaba y sus manos lo mismo, lo que causaba que las señales le fueran
difíciles de escribir. Cuando estaba terminando escucho el rechinido de la
puerta al abrirse, mientras que una sombra que surgió con una majestuosidad terrorífica.
Perdona si te interrumpo, pero no pudimos terminar de
hablar.
Dijo con un tono lleno de rabio, vengativo y sentido que
le puso los pelo de punta. Oculto los papeles y la pluma y vio la cara de su
amigo. La sangre aun le corría y el brillo de ira que dominaba sus ojos
revelaban una oscuridad terrible, que por un momento causaron pánico en Damián.
Frente a el mismo diablo. Inflando el pecho y ocultando el pergamino en su mano
lo más posible, poniendo los ojos serios y dejándose llevar por esa fuerza inquebrantable
y reconfortante le dijo sin temblor alguno.
No tenemos nada más que hablar.
Aquel tono molesto a su enemigo que enseguida lo apunto
con la pistola y dijo
Cierto, solo me queda matarte.
Y disparo. Damián la esquivo arrugando el papel en su mano. Su amigo lo aprisiono en un
rincón, pero Damián no se dejo vencer. Tiro unas sillas delante de él y abrió
la ventana. La expectación y el miedo le recorrían, pero pudo controlarlo y
justo cuando iba a saltar una bala le rozo el hombre. El dolor era
incomparable. Cayó al suelo tocándose la herida con lágrimas en los ojos. Se
sentía inmovilizado, pero sosteniendo el pergamino en su mano y protegiéndolo
de la lluvia. Se levanto y salió tropezándose hasta llegar a un conducto
subterráneo. Otro disparo más le hizo perder el equilibrio cayendo justo al lado
del conducto. Sintió la cabeza sacudida y aturdida por unos segundos abrió el
conducto y metió el pergamino dentro,
pero antes de que pudiera empujarlo sintió que algo le pisaba la mano.
Ni creas que lo harás. Deja eso ahora mismo.
Le dijo él. Damián dejo el pergamino cuidadosamente
oculto para que no lo viera y se dio vuelta. La sangre le hervía y su mente elaboraba
un plan, mientras su enemigo se regocijaba de su éxito.
Prepárate para ser polvo Damián, que es lo único para lo
que sirves.
Damián sigilosamente puso sus pies al lado de los de él. Sonrió
burlonamente y dijo
No es lo único.
Y apretando con sus talones lo empujo a un lado, empujo
con el codo el pergamino y este se deslizo con velocidad por el conducto,
perdiéndose en la oscuridad.
¿Sorprendido?
Le dijo Damián. El otro tenía unos ojos incrédulos, pero
prontamente se contrajeron por la rabia y súbitamente se tiro sobre Damián.
Este lo esquivo y sintiendo el peligro en el aire comenzó a correr. Sentía las
pisadas de su perseguidor pisándole los talones. Se escondió en unos arbustos y
se quedo callado.
¡Sal de ahí maldito infeliz!
Se escucho gritar con un tono que dejo petrificado a
Damián. La voz de su enemigo temblaba de rabia.
Te haces el valiente, pero no eres nada. Eres la mugre
que nadie quiere, la oveja negra, el inservible. ¡Sal de una buena vez
maldición!
Bramo el otro provocándolo fuera de sí. Damián apretó las
manos aguantándose el impulso frenético de salir y para retener la fuera que le
desgarraba las entrañas por salir. Se levanto y tranquilamente se acerco al
otro, que sonrió triunfante y con regocijo. Había atrapado nuevamente a su
presa, o al menos eso creía pues se quedo mudo por lo que vino a continuación.
Me das lastima
Le dijo Damián seca y fríamente. Su voz denotaba una dureza
y autoridad que nunca antes había demostrado, y el dolor palpitante en su
hombro incrementaba su voz, quitándole todo temblor. Por un momento a su
contrincante esas palabras hicieron que perdiera la fuerza, que de repente el monstro
que lo poseía por dentro y por fuera se quebrara y dejara ver a un niño que se
enfrentaba a una verdad agobiante.
¿Para qué sirves tu?, ¡dímelo si lo sabes! Solo insultas
a los demás y te burlabas de sus miedos y desesperanzas, ¡pero al menos ellos
tienen una misión, una razón para pelear en este cruel mundo en el nos
encontramos y no temen en luchar por ello hasta la muerte, aunque les duela
decir adiós! Tú no eres más que una marioneta transformado en el mismo diablo,
en la personificación de todos los males de este mundo y que te pudren por
dentro.
Eso eres tú, no eres nada.
Le dijo duramente, sintiendo una punzada de tristeza que
luego fue sepultada de sopetón. No se iba arrepentir de lo que dijo, esas eran
las mejores palabras que se merecía aquel ser tan desgraciado. Sentía que en
cada una de sus palabras estaba la esencia de sus compañeros, sus últimos
suspiros y las suplicas que esa farsa delante de él les hubiera arrebatado. Se
merecía que le dijera esa. Había que darle una lección y aunque se regañaba por
un deseo que ocultaba en su corazón, también para su bien.
Cállate
Dijo el otro tratando de no sonar afectado, pero Damián
no tenía intenciones de detenerse. Lo salvaría, aunque lo había traicionado.
¿No te gusta? Tú sabes que es la verdad y por esa la
rechazas. ¿Por qué dejaste que pasara?, te vendiste, te hiciste a ti mismo
alguien que no tiene voz, que no vale nada ante aquellos que te engañaron con zalamerías
y mentiras. Podrías haberte quedado con nosotros, te apreciábamos tal y como
eras, ¿Por qué no lo hiciste?, responde.
El silencio fue como si hubiera detenido el tiempo. Damián
solo sentía su corazón latiéndole y haciendo que escalofríos le recorrieran el
cuerpo, sentía que la cabeza le ardía y que una sensación de ansiedad lo
devoraba al igual como la impaciencia de saber esa respuesta que aun no lo
dejaba en paz.
Porque no quiero que me miraran como un fracasado, porque
no quería morir por un sueño que nunca llegara a cumplirse por mucho que se
intente. Soy joven Damián y no arriesgare mi vida por tener algo que ni
siquiera disfrutare.
Le dijo él con un cambio en su voz, pero que no invitaba
a seguir una conversación. Este se quedo helado al escuchar esas palabras. De
repente le parecía que hablaba con un niño que estaba muerto de miedo, miedo de
decir la verdad y cuando lo hace trata de hacer parecer que no importa.
Tenías miedo.
Dijo él con un
tono comprensivo que irrito a su contrincante.
Se llama tener sentido común
Le recrimino apuntándolo. Damián no se atemorizo, si no
que la seriedad y la seguridad construyeron un muro inmune al terror que él
quería provocar.
Nos tenías a nosotros, jamás te dejaríamos solo, eras
como un hermano.
Le dijo con sentimiento, suplicante y tristeza Damián.
Por primera vez aquellas palabras hicieron que el rostro de su amigo se llenara
de culpa y remordimiento.
Aun puedes rendirte, empezar conmigo otra lucha. Podemos
ayudar a mucha gente, no solo la de hoy, sino también la del futuro. Por favor déjalos
y ven conmigo, arrepiéntete yo no te dejare.
Le dijo Damián acercándose cuidadosamente y mirándolo a
la cara. El otro parecía estar viviendo una cruel guerra en su interior, el monstro
que hace un rato lo había dominado con la inseguridad y el miedo de fracasar
parecía golpearlo con un látigo tanto en su cabeza como en su corazón, mientras
que una pequeña luz parpadeaba llamándolo para que siguiera el buen camino,
mientras resonaban las palabras de Damián como un indeciso descanso que le ofrecía
de aquel tormento. Se sintió mareado y en una encrucijada que se le clavaba en
el pecho y que lo ahogaba.
Por favor
Le murmuro Damián sintiendo como la cabeza le daba
vueltas por la herida en el hombro. El otro lo miro con angustia profunda, que
poco a poco se transformo en dureza y una expresión que parecía espantar todos
los buenos sentimientos que había intentado aflorar en su alma.
Lo siento.
Le dijo y apunto a Damián. Este corrió tratando de
ocultar la pena y la decepción. Quería largarse de aquel lugar, empezar su
misión lejos para que lo que ya eran desgracias en sus recuerdos no se transformaran
en tragedias. De repente no sintió tierra bajo sus pies, miro abajo y
horrorizado vio como caía en un barranco. La caída fue lenta, abrupta y terriblemente dolorosa. Damián quedo tirado
apenas consiente, sintiendo como ya no podía moverse. Su enemigo que le
perseguía lo vio y con una pena y sin saber qué hacer en sus ojos retrocedió y
se alejo de ese lugar.
Damián sentía como
se alejaba cada vez mas del mundo real, sus ojos le pesaban y cada vez más le
costaba mantenerlos abiertos. Vio a sus hermanas recordando todos los momentos
que paso con ellas. Una persona se acerco a él y lo que vio a continuación lo dejo
helado y sin aliento, pero también cautivado e hizo que su corazón parara de
latir. Un rostro moreno, con unos ojos café mezclado con ámbar centellante lo
miraban. Una fragancia lo arrullo y lo envolvió. Lo hizo sentirse en el
paraíso. Se sintió liviano y un calor agradable lo mecía al ritmo de una
canción que esa chica transmitió con su mirada tan encantadora y única.
Debe ser un ángel, mi ángel.
Pensó dándose cuenta de algo nuevo para él. Se había
enamorado a primera vista. Ella sería su salvación, su luz que siempre lo
guiaría. Sintió su toque y entonces cerró los ojos, no sin antes sonreír por
aquel maravilloso sentimiento, sabiendo lograría sobrevivir.
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