viernes, 30 de diciembre de 2016

Capitulo 21


A la mañana siguiente aunque el sol traspasaba el cristal de la ventana y los iluminaba con insistencia, Evangeline y Elliot no cedían y seguían abrazados, medio soñolientos, pero sin dejar de pensar en lo que había pasado y como no se arrepentían para nada. Evangeline ahora con el corazón más calmado, descansado y con la mente clara sin condiciones y especialmente llena de ingenio y lógica podía pensar en lo que había pasado ayer. Recordaba lo que su padre había dicho y que solo faltaban tres días para que el ataque se produjera. Se lo había contadotodo a Elliot, pero hundida en su pena, angustia y el sentimiento de negatividad pisoteándola todo el cuerpo le impedía poder hablar de ello con mas profundidad, pero apartando todo eso, lo que era mas importante, al menos para su pax interna eran dos cosas. Que Damián seguía vivo y que todas esas horribles pesadillas, torturas y frustradas negaciones no existían y que el volvería para estar con ella y Constance para ser una familia. No se sentía una ingenua o crédula por creer en la corazonada de Elliot, porque el tan solo verlo, ver en sus ojos esa mirada de seguridad, alegría, pero también llena de una leve seriedad ella no necesito más. De alguna manera lo había pensado, pero con todo lo que había  sucedido no quiso que su corazón se hiciera falsas esperanzas, pero sin embargo ahora todo estaba bien y se sentía realizada y llena de vitalidad gracias a la presencia de él y como la había cuidado y apreciado. Como él la quería tal y como era al igual como ella también lo amaba con toda su personalidad. Cuando él se le abrió y le dejó ver esa fragilidad, la pena y todas las desgracias que ella podía ver, pero que nunca creyó que le iba a contar. Se sintió tan agradecida y dispuesta a sacarlo de todo ese pasado que le causaba tanta pena. Quería liberarlo de esas cadenas que a pesar de que él le había dicho que ya no existían, no era completamente verdad. Ella sabía muy bien como se sentía t como ella esperaba que pudiera ser completamente feliz. Lo había meditado y finalmente decidida y sin importarle que dijera él, estaba dispuesta a arriesgarse, solo para ver esos ojos lejos de cualquier herida causada por la nostalgia.

Miro a Elliot, mientras le acariciaba el pecho desnudo y le besaba el mentón. Esto le correspondía acariciándole la espalda y el pelo. Se dieron un lento y suave beso. Despues de poder darse cuenta de que era real, se separaron y se miraron expresando todos los sentimientos que brotaban en su interior. Estuvieron así unos minutos para luego reírse y sentarse en la cama. Elliot se apoyo en la muralla, mientras ella se puso en medio de sus piernas  y apoyaba su cabeza en su pecho. Ambos se quedaron cayados mirando hacia el infinito, sin importarles el silencia, que nunca les había sido tan acogedor y dulce. Así estaban cuando Evangeline le susurro.

Gracias

Elliot la mirí aludido y extrañado, pero con una sonrisa en el rostro. Miro fijamente a esta y también en susurro le pregunto.

¿Por qué?

Ella lo miro con ternura y con las mejillas sonrosadas. Era el momento de decírselo, no podía retrasarlo más.

Por dos razones: una por ser como eres y dejarme compartir la vida contigo en especial la noche anterior. Nunca la olvidare. La segunda por abrirte conmigo y poder darme la ocasión de darte la mas grande felicidad del mundo.

Le respondió murmurando y buscando cada palabra mientras jugaba con las manos de él. Él le sonrió y le dejó seguir con su juego y sus palabras.
Pero si ya me lo has dado y lo sigues haciendo.
Le dijo él con tono cariñoso. Ella le miro sonrojada, con los ojos brillosos y tentada a apoyarse en esa sonrisa, pero por la misma razón se despertó asi misma. Se dio vuelta y se sentó de frente a él y le tomo las manos manteniendo la misma serena y tierna mirada, pero también con un brillo de determinación y de un misterio que Elliot no paso por alto y la miro con el ceño fruncido ligeramente, como un niño al cual le esconden un secreto, algo que le causa ansiedad. Escruto a Evangeline mirándole a los ojos y por un breve instante pudo ver lo que encerraban esos ojos y su sonrisa, pero no quería admitirlo y deseaba que lo que fuera a comunicar no fuera lo que él pensaba porque sabía que si lo hacía estaría atado de pies y manos ya que no le podía negar nada a ella. Este le oculto la mirada tratando de ocultar sus pensamientos y la agitación dentro de él. Evangeline se lamento por dentro al ver su reacción y se preocupo enormemente al poder ver como este cerraba los ojos con tanta fuerza y una pena en el semblante. Con lentitud y suavidad le tomo el rostro y sintió la rigidez de su cuerpo que al contacto de su mano se volvía blando dócilmente. Aún con la mirada baja, Elliot se debatía y tenía miedo de delatarse.

Elliot, cielo mirame.

Le dijo con voz calmada, dulce como la miel, pero también firme ella. Este lentamente la miro y al ver esos ojos tan especiales, a los que deseaba ver cada instante no pudo seguir forzando consigo mismo y cedió a sus sentimientos que le desgarraban la garganta. Empezó a llorar silenciosamente apoyando la cabeza en el pecho de ella. Evangeline con ese sexto sentido que poseía decidió guardar silencio por un momento y lo miro con comprensión y amor. Lo sentía tan indefenso, tan vulnerable y también desolado. Pudo ver ahora realmente el dolor que había estado escondiendo durante tanto tiempo. Sentía sus temblores y los sollozos entrecortados. Le acaricio los cabellos y apoyo su mentón en su cabeza abrazándolo con ternura y calidez. Tenía que decírselo para poder aliviar su dolor.
Se que te duelo, no tienes idea como te comprendo. Tratas de ser fuerte, pero puedo ver tu sufrimiento y me duele tanto, en el alma verte asi, mi amor. Entiendo que quieras esconderlo, pero eso solo hace que se haga mas profundo porque anhelas poder abrazar a tu madre y tu hermana. Cariño no lo ocultes más, confía en mi, desahógate. Estoy aquí para ti.
Le susurro con voz melodiosa y adormecedora mientras le acariciaba la espalda, llenándole de esas palabras que entran como las gotas del rocia a ese corazón ardiente por el fuego interior y que transmitían la fragancia de el ensueño y un cariño sin igual. Elliot escucho estas palabras sin para de llorar por fin liberado d esa tortura en su corazón. Toda la angustia, deseos de cariño y consuelo de su madre y una culpabilidad horrorosa se derramo en ese llanto. Solo ella lo pudo salvar de ahogarse. La quería tanto, no sabía cuan poderoso era su sentimiento por ella. Se separo ligeramente levantando la cabeza y quedando a diez centímetros del rostro de ella, para poder refugiarse en su pecho y ahuyentar todo miedo.

Me dolio tanto y me senti tan egoista al dejarla sola, pero no sabía que hacer. Me sentí culpable por tanto tiempo. Cada día era una tortura y la padecía con desesperación. Necesitaba tanto su cariño. Necesitaba saber si estaba bien, saber si sufrían hambre, si estaban enfermas y al pensar esto me desgarraba el corazón de pensar que pudieran estar mal. Me sentía miserable y perdido hasta que te conoci, me iluminaste y me diste la bendición de poder seguir a tu lado, de abrazarte y de poder ver tus ojos. Pero aún así algo en el fondo me dolía y no sabía como sacarlo  o expresarlo. No tienes idea de cuanto te lo agradezco de verdad.
Le confesó él, con la voz quebrada y apretándole las manos con deseo y también con alivio en el pecho.

Es por eso que quería decírtelo. Quiero completar tu felicidad, no quiero que sufras más. Se me ocurrió que tu madre y hermana podrían estar vivas y si es así puedes reunirte con ellas y poder darle todos los abrazos y besos que te hicieron falta. Deseo que seas tan feliz como tu lo hiciste conmigo. ¿Me entiendes?

Le dijo ella eligiendo con cuidado sus palabras y llenándolas de terneza y cariño. Elliot la miro sin creer lo que escuchaba y la sorpresa se le había implantado en el rostro. Era como si hubiese deseado desde hace tiempo que alquien le dijera eso y de hecho lo deseaba, pero nadie se había atrevido a decírselo salvo ella. Sentía la ilusión y esperanza en su pecho haciendo que este latiera agitado. Pero de repente sintió la negatividad y desilusión aplastarle. La miro angustiado y pregunto temeroso.

¿Y si están muertas?

Evangeline no cambió su semblante y pausadamente, con seguridad, pero también con dulzura y comprensión dijo.

Si es así podrás visitarlas donde descansan y calmar tu espíritu ya que ellas siempre permanecerán en tu corazón y estoy segura de que las dos siempre te quisieron como es obvio que tú te mereces. Ellas siempre van a estar a tu lado.

Elliot la miro con los ojos llorosos, pero sintiendo la seguridad y dulzura de las palabras de Evangeline en su corazón. Pensó en su madre, en su cariño y su sonrisa y se dio cuenta de que Evangeline tenía razón. Ella estaría siempre en su interior, con él al igual que su hermana. Ahora entendió que su madre nunca en verdad le tuvo rencor que era lo que más le dolía, sino nunca lo hubiera dejado ir. Estaba ganando determinación, esperanza y una valentía que lo iba sacando desde el fondo se du propio pozo, gracias a ella. Su Evangeline. La miro agradecido y encandilado y sin mediar palabra la beso con lentitud y lleno de ternura. Esta le correspondió. Sus brazos se entrelazaron en su cuello y se estrecho contra su pecho. Elliot ensimismado e hipnotizado por el sabor de sus labios y sintiendo su corazón rebosante en miel, le abrazo y acaricio su espalda. Se separaron y Elliot le dijo sin aliento por el beso.

Te amo tanto.

Evangeline sonrió emocionada ante esto y abrazándole con más fuerza le dijo

Yo más. 

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